Borges
HISTORIAS CALIDOSCÓPICAS
Examen de las obras de Herbert Quain, Pierre
Menard y Ts'ui Pen
Herbert Quain, décadas antes de los experimentos
creativos oulipianos, escribió unas obras
inexistentes que no por ello, no merecen ocupar un lugar de honor en la
historia
del libro-juego. Son éstas:
The God of the Labyrinth: novela policial,
"publicada" en 1933. La historia:
hay un indescifrable asesinato en
las páginas iniciales, una lenta discusión en las intermedias,
una solución en las últimas. Ya aclarado el enigma, hay un
párrafo largo y retrospectivo que contiene esta frase: Todos
creyeron que el encuentro de los dos jugadores de ajedrez había
sido casual. Esa frase deja entender que la solución es errónea.
El lector, inquieto, revisa los capítulos pertinentes y descubre
otra solución, que es la verdadera. El lector de ese libro singular
es más perspicaz que el detective. (462)
April March: novela regresiva y ramificada cuya
tercera (y única) parte fue "publicada" en 1936. Juego (simétrico,
arbitrario, tedioso) compuesto por trece capítulos:
el primero refiere el ambiguo diálogo
de unos desconocidos en un andén. El segundo refiere los sucesos
de la víspera del primero. El tercero, también retrógrado,
refiere los sucesos de otra posible víspera del primero; el cuarto,
los de otra. Cada una de esas tres vísperas (que rigurosamente se
excluyen) se ramifica en otras tres vísperas, de índole muy
diversa. La obra total consta pues de nueve novelas; cada novela, de tres
largos capítulos. (El primero es común a todas ellas, naturalmente).
De esas novelas una es de carácter simbólico; otra, sobrenatural;
otra, policial; otra, psicológica; otra, comunista, etcétera.
(462-463)
The Secret Mirror: comedia heroica en dos actos
menos afectada por la complejidad formal de sus antecesoras:
El primer acto (el más extenso)
ocurre en la casa de campo del general Thrale... El invisible centro de
la trama es Miss Ulrica Thrale, la hija mayor del general. A través
de algún diálogo la entrevemos, amazona y altiva; sospechamos
que no suele visitar la literatura; los periódicos anuncian su compromiso
con el duque de Rutland; los periódicos desmienten el compromiso.
La venera un autor dramático, Wilfred Quarles... Los personajes
del primer acto reaparecen en el segundo -con otros nombres. El "autor
dramático" Wilfred Quarles es un comisionista de Liverpool; su verdadero
nombre John William Quigley. Mis Thrale existe; Quigley nunca la ha visto,
pero morbosamente colecciona retratos suyos del Tatler o del Sketch. Quigley
es autor del primer acto... La trama de los actos es paralela, pero en
el segundo todo es ligeramente horrible, todo se posterga o se frustra.
(463-464)
Statements: de 1939, es su libro más original
y secreto. Compuesto por ocho relatos;
cada uno de ellos prefigura o promete
un buen argumento, voluntariamente frustrado por el autor. Alguno -no el
mejor- insinúa dos argumentos. El lector, distraído por la
vanidad, cree haberlos inventado. (464)
Cada una de estas obras es, a su vez, muchas y promete
la "obra-total", la obra que las contiene todas. De igual manera otros
autores rememorados por Borges están animados por la noción
de que todos los autores escriben el mismo y único libro y podrían
ser uno sólo y el mismo autor pero con diferentes caras:
George Moore y James Joyce han incorporado
en sus obras, páginas y sentencias ajenas; Oscar Wilde solía
regalar argumentos para que otros los ejecutaran; ambas conductas, aunque
superficialmente contrarias, pueden evidenciar un mismo sentido del arte.
Un sentido ecuménico, impersonal...Otro testigo de la unidad profunda
del Verbo, otro negador de los límites del sujeto, fue el insigne
Ben Jonson, que empeñado en la tarea de formular su estamento literario
y los dictámenes propicios o adversos que sus contemporáneos
merecían, se redujo a ensamblar fragmentos de Séneca,
de Quintiliano, de Justo Lipsio, de Vives, de Erasmo, de Maquiavelo, de
Bacon y de los dos Escalígeros. ("La flor de Coleridge", Otras
Inquisiciones, 641).
La obra multiforme está
atrevesada por varias pretenciones: primera, la idea de un autor único;
segunda, la idea de una obra única. En ambos casos se trata
de una noción panteísta: la pluralidad es una ilusión,
todos los autores son uno sólo y todas las obras son una misma.
Y Borges no se escapa a ésto: al final de la descripción
de Statements de Quain, agrega: "Del tercero, The rose of Yersterday,
yo cometí la ingenuidad de extraer Las ruinas circulares,
que es una de las narraciones del libro El jardín de senderos
que se bifurcan." (464)
La intra e intertextualidad, propia de la apertura
del texto, se ratifica como inseparable del proceso de escritura. "El libro
no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables
relaciones." ("Nota sobre (hacia) Bernard Shaw",
Otras Inquisiciones,
747) La obra está "enlazada" con las obras de su autor, con
otras obras literarias y artísticas y con el conjunto de la cultura.
"Esta presencia intertextual no sólo corrobora la heterogeneidad
del discurso ficticio sino que cuestiona una vez más, las nociones
de autoridad y de poder. En este caso, se cuestiona el status y la validez
de los discursos primarios vis-a-vis los discursos secundarios." (Manzor,
64) Una obra es sólo un fragmento del gran texto, una variante entre
muchas posibles, un centro provisional; El imperialismo de una voz,
de un discurso, de un género queda abolido. Se impone el punto de
vista Quain propone en sus obras hacer evidente esta idea: construir historias
como juegos de posibilidades abiertas.