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Juego y novela
Bajtin caracteriza la novela a partir de su oposición con la Epica antigüa. Así, resulta que la epopeya aparece como un género acabado, de firme estructura y poco maleable; un género más antigüo que la escritura y el libro y, por lo tanto, aún cercano a su naturaleza oral. ("Epica y novela", en: Teoría y estética de la novela, 449)
Resumiendo, los tres rasgos esenciales de la epopeya -que nos darán por constraste los de la novela- son:
1) El mundo de la epopeya es el pasado heroico nacional, el mundo de los «comienzos» y de las «cimas» de la historia nacional, de los padres y de los fundadores, de «los primeros» y de «los mejores». Este pasado es absoluto, no relativo, inaccesible y venerado.
2) Sirve de fuente a la epopeya la tradición, la leyenda nacional sagrada, incontestable y de validez universal; y no la experiencia personal, los puntos de vista o valoraciones individuales, ni la libre ficción que se desarrolla a partir de éstas.
3) El universo épico está separado de la contemporaneidad, es decir, de la época del rapsoda (del autor y de sus oyentes), por una distancia épica absoluta que excluye toda posibilidad de cambio y de reinterpretación y "todo posible contacto con el presente en proceso de formación, imperfecto, inestable, y propicio, por lo tanto, a reinterpretaciones y revaluaciones." (p.463) Por ésto, la realidad contemporánea como tal, no podía convertirse en objeto de representación de los géneros elevados. (p.465)
Y así como su horizonte temporal, el hombre representado de los géneros elevados, distanciados, es el hombre del pasado absoluto y lejano.
Si las relaciones de la novela con sigo misma son paródicas, no lo son menos sus relaciones con otros géneros: "La novela parodia otros géneros (precisamente, en tanto que géneros), desvela el convencionalismo de sus formas y su lenguaje, excluye a algunos géneros, incluye a otros -literarios o extraliterarios (de la vida cotiadiana e ideológicos)- en su propia estructura, interpretándolos y reacentuándolos." (p.451) Ya desde el siglo XVIII se entiende la novela como crítica de otros géneros y de su visión de la realidad: la heroización enfática, el convencionalismo, la poetización estrecha e inerte, el carácter monótono y abstracto, la naturaleza acabada e inmutable de sus héroes." (p.456)
Y de manera refleja, los demás géneros se novelizan haciendose más libres y plásticos, introduciendo la diversidad de los lenguajes no literarios, la risa, la ironía, el humor, la autoparodización, la imperfección semántica, el contacto con la contemporaneidad no acabada, imperfecta. (p.452)La novela aparece pues, como un género crítico y autocrítico, destinado a su continua renovación.
También la novela registra un cambio esencial con respecto a la situación temporal. Ahora -y contrario al mundo épico- el punto de vista lo proporciona la contemporaneidad, el presente imperfecto y por lo tanto, se acude a la experiencia, el conocimiento y la ficción personales. (p.461) Las consecuencias de este proceso gracias al cual el presente es el nuevo centro de la orientación humana en cuanto al tiempo y al mundo, son definitivas: "el tiempo y el mundo pierden su perfección (...) el tiempo y el mundo se convierten por primera vez en históricos: se revelan (...) como proceso de formación, como movimiento constante hacia el futuro real, como proceso unitario, completamente abarcador y no terminado." (p.475)
En este sentido, la creación cómica popular, considerada género inferior, sería el antecedente primero de la novela. En los géneros serio-cómicos: