De la obra al texto
Del autor al lector
Barthes contribuye decididamente a un "deslizamiento epistemológico" que cambia la noción de obra por un objeto nuevo de estudio: el texto. En seis proposiciones establece las diferencias:
1. La obra es un objeto que se ve, se sostienen en la mano, ocupa un espacio. El texto es un "campo metodológico" (75) que no se muestra sino que se demuestra, que se sostiene en el lenguaje, que "no se experimenta más que en un trabajo, en una producción" ;(75) por ello no está inmóvil sino en movimiento y su movimiento constitutivo es la "travesía".
2. El texto no pertenece a ningún género ni a ninguna clasificación; es siempre "paradójico".
3. La obra se cierra sobre un significado que se convierte en objeto de la filología o de la hermenéutica. El texto se experimenta en relación al significante que no se encuentra sino que se busca indefinidamente.
4. El texto es plural no en el sentido de que tiene varios sentidos, "sino que realiza la misma pluralidad del sentido: una pluralidad irreductible. (...) el Texto no es coexistencia de sentidos, sino paso, travesía; no puede por tanto depender de una interpretación, ni siquiera de una interpretación liberal, sino de una explosión, una diseminación. La pluralidad del Texto, en efecto, se basa, no en la ambigüedad de los contenidos, sino en lo que podría llamarse la pluralidad estereográfica de los significantes que lo tejen (etimológicamente, el texto es un tejido:(...) está enteramente entretejido de citas, referencias, ecos: lenguajes culturales (¿qué lenguaje puede no serlo?), antecedentes o contemporáneos, que lo atraviesan de lado a lado en una amplia estereofonía."(77-78) De esta forma, todo texto se inscribe en una intertextualidad, en una red de citas "sin entrecomillado".
5. La obra es propiedad del autor, pero el autor no es propietario del Texto: "la metáfora del Texto es la de la red; si el texto se extiende es a causa de una combinatoria, de una sistemática "que sobrepasa los controles del yo que escribe. (78) En el espacio social que es el texto todos los lenguajes y todos los sujetos de la enunciación se encuentran en una situación de equilibrio, ninguno tiene poder de juicio sobre otro.
6. La obra es el objeto de un consumo, el Texto "decanta a la obra (...) de su consumo y la recoge como juego, trabajo, producción, práctica." (79) En este sentido disminuye la distancia entre la escritura y la lectura para inscribirla dentro de una misma práctica significante. El Texto solicita del lector una colaboración práctica: no sólo consumir sino producir el texto, ejecutarlo, deshacerlo, ponerlo en marcha. (80-81).
Sintetizando: "... un texto no está constituido por una fila de palabras, de las que se desprende un único sentido, teológico, en cierto modo (pues sería el mensaje del Autor-Dios), sino por un espacio de múltiples dimensiones en el que se concuerdan y se contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original: el texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura." ("La muerte del autor", 69)
La muerte del autor; el nacimiento del
lector
De esta concepción del texto se desprende que en la escritura no hay un sujeto con identidad; el comienzo de la escritura es la "muerte "del autor, de esa entidad moderna que surge sólo cuando se reconoce históricamente al individuo y a la persona como un valor. Pero en la escritura, como ya lo anticipaba Bajtin, es el lenguaje, no el autor, el que habla. Este debilitamiento de la posición privilegiada del autor se traduce en un fortalecimiento de la función del lector:
...sentido total de la escritura: un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino, pero este destino ya no puede seguir siendo personal: el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito. ("La muerte del autor", 71)Si bien los planteamientos de Barthes difieren de la hermenéutica y de la estética de la recepción, en tanto defienden un "ahistoricismo" en la producción y en la recepción discursiva , están indudablemente en la posición crítica que defiende el "reinado del lector" y que constituye, desde la teoría literaria, el antecedente más importante en la consolidación de una estética de la interactividad es decir, de una estética del juego.
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Obra abierta El lector activo |