Cortázar

NOVELA MECANO

Rayuela

Heredero en primera línea de la novela collage de Macedonio y de las historia multiformes de Borges, Cortázar diseña su rayuela-laberinto colocando al espacio como núcleo generador de la narración: "escribir es dibujar mi mandala *  y a la vez recorrerlo" (c.82) Juego y espacio tienen una relación obligada: "el juego humano requiere su propio espacio de juego. La demarcación del campo de juego (...) opone, sin transición ni mediaciones, el mundo del juego, como un mundo cerrado, al mundo de lo objetivos." (Gadamer, "El juego como hilo conductor de la explicación ontológica", 150) En este espacio delimitado se desarrolla su movimiento lúdico de "vaivén": Del Lado de allá (París) hacia Otros lados, y luego, al Lado de acá (Buenos Aires). Jugar a la Rayuela es cumplir con ese vaivén repetitivo, movimiento sin objeto que sólo tiene sentido en la plena realización de sí mismo. Movimiento de ir y venir en un espacio demarcado; espacio del juego: la rayuela. Movimiento crítico y transgresor del Orden. Con una finalidad que se aleja del mundo de los objetivos de la vida corriente. Fin in-útil, fin dimensionable únicamente en el ámbito autónomo del juego: alcanzar el cielo. Y aunque no se alcance, el juego no deja de ser tal.

Pero la rayuela es también, un símbolo dentro de la obra, un espacio simbólico de la búsqueda-movimiento vital de Horacio Oliveira por encontrar el Centro del laberinto, su eje, su razón de ser, la unidad, mediante el logro de un nivel de percepción por el cual "el mundo, la realidad, aparezca en sus conexiones extra-conceptuales" (Nifantani, 74). Búsqueda representada en varios símbolos que se repiten insistentemente: la luz negra, la llave (c26), el kibbutz del deseo , el Cielo (c.36), el centro del mandala, el Ygdrassil (c.54); una realidad más profunda que se revela en la esfera del juego, del homo ludens no del homo sapiens. (Alazraki, 100) La rayuela, como los laberintos, esconde un centro. Y, como en el ajedrez infinito, el juego termina cuando se encuentra el centro:

-Jugada veinticinco, las negras abandonan -dijo Morelli, echando la cabeza hacia atrás. De golpe parecía mucho más viejo-. Lástima, la partida se estaba poniendo interesante. ¿Es cierto que hay un ajedrez indio con sesenta piezas de cada lado?

-Es postulable -dijo Oliveira-. La partida infinita.

-Gana el que conquista el centro. desde ahí se dominan todas las posibilidades, y no tiene sentido que el adversario se empeñe en seguir jugando. Pero el centro podría estar en una casilla lateral, o fuera del tablero. (c.154)

"Porque un juego, bien mirado, ¿no es un proceso que parte de una descolocación para llegar a una colocación, a un emplazamiento -gol, jaque mate, piedra libre? ¿No es el cumplimiento de una ceremonia que marcha hacia la fijación final de la corona?". (La vuelta al día en ochenta mundos, 21)

Rayuela es el intento por buscar un "centro" que por definición es inalcanzable ("podría estar en una casilla lateral, o fuera del tablero"); es una partida infinita. El "movimiento lúdico" transgresor y utópico deja lugar a la sospecha de un paraíso recuperable ya que "no puede ser que estemos aquí para no poder ser."(c.18).

Morelliana. ¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre (...) el Paraíso, el otro mundo, la inocencia hollada que oscuramente se busca llorando, la tierra de Hurqalya. De una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (...) Esta nostalgia barroca de la edad de oro, del paraíso terrenal, de la Arcadia está en relación directa con el Carnaval, ese tiempo de excepción en el cual "la civilidad abre un paréntesis en favor de la locura, la decencia fait la part du feu a la licencia, la personalidad al anónimo (máscaras, disfraces), el orden al desorden, Apolo a Dionisios, Logos a Pan." (D'oors, 131). Paraíso Perdido y Carnaval son justamente la ocasión de evadir el tiempo cotidiano, alienante sus normas e imposiciones que ocultan las posibilidades de una vida auténtica.

Recobrar el paraíso de la rayuela es la oportunidad de librarnos de las trampas de Occidente, de su lógica cerrada que instaura las categorías, las oposiciones, las dualidades, la no contradicción, la identidad de lo uno igual a sí mismo y del Fundamento absoluto que han posibilitado la cultura occidental hasta hoy, y de descubrir "todo lo que está del otro lado de la Gran Costumbre". Pero aún así la búsqueda no culmina, no encuentra su fin, la esperanza se diluye.

Terrible tarea la de chapotear en un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, por decirlo escolásticamente. ¿Qué se busca? ¿Qué se busca? Repetirlo quince mil veces, como martillazos en la pared. ¿Qué se busca ? ¿Qué es esa conciliación sin la cual la vida no pasa de una oscura tomada de pelo?" (c.125) La vida, la rayuela, el libro, constituyen un juego sin esperanza de solución pero con la esperanza de poder seguir jugando, de mantener el movimiento, la búsqueda.

Cuando la estructura narrativa espacial se coloca en primer plano el orden temporal pierde su sentido. Schiller analiza este aspecto indicando que en el juego la sucesión se diluye para dar paso, no a la atemporalidad, sino al instante del presente absoluto. En palabras de Alberto Sacido: "Tanto la casualidad como el juego... necesitan de un espacio donde poder ser representados y, al mismo tiempo, están caracterizados por una temporalidad difusa, dominada por el presente. En ambos, la falta de un orden temporal preciso es necesario, ya que una cronometría rigurosa eliminaría su esencia y no serían ya más un juego puro y una pura casualidad." ("El espacio, esqueleto representacional en la crisis lúdica de la Rayuela", 79) La ordenación espacial de Rayuela elimina la sucesión cronológica, núcleo fundamental del paradigma de la novela, en favor de la discontinuidad y la simultaneidad.
 
 

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