La tercera fase de la evolución cultural corresponde a la cibercultura. Según Lévy, ésta se caracteriza porque "mantiene la universalidad al tiempo que disuelve la totalidad" (Lévy, 30). Se mantiene la universalidad através de la planetarización económica y comunicacional, pero se disuelve la totalidad porque el sentido rompe su clausura y se abre a la multiplicidad al exponerse al contacto generalizado y efectivo de comunidades pluriculturales, de "micrototalidades dinámicas", sin centro organizador y sin importar la carga semántica de las entidades relacionadas.
... el ciberespacio acaba con la pragmática de la comunicación que, a partir del invento de la escritura, había unido universalidad y totalidad. Nos conduce, en efecto, a la situación anterior a la escritura -aunque a otra escala y en otra órbita- en la medida en que la interconexión y el dinamismo en tiempo real de las memorias en línea hacen compartir de nuevo el mismo contexto, el mismo inmenso hipertexto viviente a quienes participan en la comunicación. (Lévy, 23)Esto es posible gracias al surgimiento de las redes de comunicación e información globales como Internet. La particularidad de este medio comunicativo, que lo hace diferente a otros medios electrónicos, es su capacidad para lograr la interconectividad de sus usuarios a una escala colectiva importante; es decir, que por medio de las redes de información las usuarios no sólo reciben o publican información sino que además, y por el mismo medio, se comunican entre sí y, potencialmente, pueden conformar colectivos de pensamiento y de acción. (Kerckhove, 32 ss.)
De lo anterior inferimos que la cibercultura es la forma cultural que respondería a dos nuevas lógicas: una comunicacional, representada por el novedoso poder de interconectividad de las redes de información digitales, y una escritural, representada por el hipertexto y su modelo -no tan novedoso pero al fin "real"- alternativo de textualidad.