ESTETICA DE LA RECEPCION: LA INDETERMINACION Y SUS ESTRATEGIAS
 

La estética de la recepción, desde sus inicios con el círculo de Praga, propone una consideración funcional de los textos en un modelo pragmático * En esta línea nos interesa especialmente las propuestas de Wolfgang Iser centradas en la categoría de indeterminación que, a su vez, Iser retoma de Roman Ingarden. Siguiendo a Iser, todos los textos literarios tienen un primer valor de indeterminación dado por su carácter de ficción.  "Un texto literario ni describe objetos ni los produce...; en el mejor de los casos describe reacciones producidas por los objetos (...) Si tiene como contenido reacciones ante los objetos, entonces ofrece actitudes hacia el mundo por él constituido. Su realidad no se basa en producir realidades existentes, sino en preparar intuiciones de la realidad (...) La realidad de los textos es siempre constituida por ellos y, por lo tanto, una reacción a la realidad." (La estructura apelativa de los textos, p.135-136). Los textos literarios no están radicados en el mundo sino en el proceso de lectura  y por consiguiente en la propia experiencia del lector, pero no como una adecuación sino como una tensión. El texto no se corresponde con las experiencias del lector sino que le ofrece enfoques y perspectivas con las que el mundo de la experiencia aparece de otra manera. (p.136) El texto literario no se adecúa ni a los objetos reales del "mundo vital" ni a las experiencias del lector y es esta falta de adecuación la que produce su  Indeterminación.

Pero existen también, condicionamientos formales que producen indeterminación en el texto. Entre ellos tenemos las denominadas por Iser, "técnicas de corte": fragmentación, montaje o segmentación "que garantizan una independencia relativamente alta con relación a la atracción ejercida por los modelos textuales"(p.142) Tal es el caso de las novelas por entregas decimonónicas, como las de Dickens, en las cuales se  impone al lector una forma determinada de lectura  mediante la interrupción de la narración, creando una tensión, un "suspense" que obliga al lector a imaginar la continuación de los acontecimientos, o introduciendo nuevos personajes mediate sucesivos cortes originando nuevas líneas de acción imprevisibles. El lector es incentivado a producir nuevas conexiones y posibles soluciones. "En tal proceso se muestra en qué medida el componente de indeterminación de los textos literarios crea el grado necesario de libertad que debe garantizarse al lector en el acto de comunicación para que el "mensaje"  sea recibido y elaborado. Al aumentar así la eficacia de la novela se ve claramente el peso de los lugares vacíos en la comunicación entre el texto y el lector." (p.140)

Además de los "cortes", también los comentarios del narrador, que abren perspectivas en la historia contada y ofrecen al lector un espectro de ofertas de valoración, las precisiones extremas en la exposición narrativa que chocan con la necesidad de consistencia del lector y las técnicas de distanciación en general,  son otras estrategias formales que produce indeterminación. "Sólo esos lugares vacíos garantizan una participación del lector en la realización y la constitución de sentido de los acontecimientos."  (p.139)

A propósito, la descripción de Iser del Ulysses de Joyce es bastante oportuna: "En el Ulises no hay mundos ideales de fondo. En lugar de ello el texto despliega una riqueza de puntos de vista y de modelos de exposición desconocidos hasta entonces, que confunden al lector. Las innumerables facetas del día actúan como si sólo fueran propuestas para la observación del lector. Las perspectivas ofrecidas chocan entre sí directamente, se solapan, se fragmentan, y con su espesor fatigan la mirada del lector. Falta el guiño del autor en ayuda suya. Pues éste es, como Joyce dijo una vez, una especie de deus absconditus, encogido tras su obra y que se dedica allí a recortarse las uñas de los dedos."(p.145)

El autor que se oculta fuerza al lector a buscar su propia composición mediante el montaje, el espesor del retículo expositivo, la interferencia de las perspectivas, el ofrecimiento de idénticos sucesos visto desde posiciones encontradas. A partir de su imagen del mundo el lector selecciona y ordena para producir una lectura consistente, determinada. Pero el resultado será siempre una Ilusión en la medida en que el texto no perderá su alto grado de ambigüedad:
 

Si la novela realista del XIX se ocupaba de transmitir a sus lectores una ilusión de realidad,  el alto número de lugares vacíos del Ulises hace que todos los significados atribuidos a la jornada sean una ilusión. La indeterminación del texto moviliza al lector a la búsqueda de sentido. Para encontrarlo tiene que activar su imagen del mundo. Si ocurre esto, tendrá la oportunidad de hacerse consciente de sus propias disposiciones, al experimentar  que sus proyecciones de sentido nuca coinciden plenamente con las posibilidades del texto. Pues toda significación tiene carácter parcial, y todo lo que sabemos se expone, porque lo sabemos, a la probabilidad de ser superado. Cuando, así pues, en los textos modernos, se elimina toda significación representativa, queda garantizada en el proceso de recepción la oportunidad de que el lector, enfrentado a la reflexión, consiga relacionarse con sus propias representaciones. (p.146)
Y consiga, también,  chocar ante sus propias expectativas del logro de la representación no contradictoria. "Estos textos tienen capacidad de comunicación en la medida en la que cambia nuestras representaciones y nuestro "sistema de preferencias". Sólo en la crisis de nuestro esquema de comprensión y percepción logran su eficacia y consiguen abrir paso a la intuición de que nuestra libertad no se consolida si nos encerramos en nuestro mundo privado de representaciones." (p.147)

Entre texto literario y lector existe una correlación insalvable. El proceso de la lectura es un elemento de la estructura misma del texto. La lectura busca una significación condicionada por el texto pero a su vez, el texto permite que sea el lector mismo quien la produzca. Pero la obra de arte no es reductible a ninguno de los dos aspectos.

El que la obra literaria invoque la participación del lector garantiza la permanencia de la obra de arte a través del tiempo porque siempre estará dispuesta a la actualización de su significado en la lectura. Y ésto si el texto se asume como una estructura de reglas de juego que hacen posible el ejercicio productivo del lector. Por supuesto, existirán también los límites: la obra que lo dice todo, o la que lleva a la fatiga y la confusión extrema. ("El proceso de lectura", p.150)

Aunque Ingarden e Iser afirman la indeterminación como rasgo característico de todo texto literario éste no se hace presente siempre de igual forma. Existen grados en el nivel del requerimiento de la producción del lector.( Al respecto, Iser afirma que la indeterminación de los textos literarios ha ido en aumento desde el siglo XVIII. (p143)) Aclarando que no nos interesa constatar un cierto nivel de "evolución" a través de la historia, en el tipo de obras que he denominado libros-juego , el nivel de indeterminación es especialmente alto porque la participación del lector está en el centro de la intención artística. Define a la obra y la coloca en un nivel diferente. La Indeterminación en estas obras es producto de estrategias de escritura -reglas de juego- diseñadas intencionalmente para promover nuevas lecturas.