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Juego, magia, rito y fiesta
Huizinga es el primero en vislumbrar y desarrollar con claridad la relación entre lo lúdico y lo sagrado. Si el mito y el culto son el origen de la cultura y son formas lúdicas, entonces la cultura tiene un carácter lúdico: "... en el mito y en el culto es donde tienen su origen las grandes fuerzas impulsivas de la vida cultural: derecho y orden, tráfico, ganancia, artesanía y arte, poesía, erudición y ciencia. Todo esto hunde así sus raíces en el terreno de la actividad lúdica." (p.16). Y más adelante: "... el juego humano, en todas sus formas superiores, cuando significa o celebra algo, pertenece a la esfera de la fiesta o del culto, la esfera de lo sagrado." (p.21)
En el juego, la magia y el
rito la acción está encerrada en sí misma, limitada
en el tiempo y en el espacio, ligada a la ficción, concediendole
gran importancia a la imaginación. Cada acto depende de reglas particulares
cuya transgresión aniquilaría la atmósfera de la acción
mágica o lúdica. (Boss, p.15). Y, si la fiesta es celebración
como ruptura del presente; la experiencia estética -y lúdica-
es un "tiempo de celebración" que nos despoja del tiempo (lineal
o acumulativo) y que nos sugiere lo eterno.
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