Estética del juego
Aunque muchas disciplinas se han dedicado a estudiar el fenómeno del juego desde múltiples perspectivas, encontrar una definición unívoca de las palabras "juego" y "jugar" es una labor, por principio, imposible de llevar a cabo. La palabra "juego" no es un concepto científico en sentido estricto y por ello, no hay una delimitación satisfactoria de las actividades denominadas como tales, ni una explicación de las diferentes formas de juego.
Por lo demás, los vocablos "juego" y "jugar" tienen muchas acepciones. La palabra "juego" se emplea con el significado de entretenimiento o diversión: "Ejercicio recreativo sometido a reglas , y en el cual se gana o pierde". "Jugar" significa divertirse; también se emplea en el sentido figurado de obrar de una determinada manera: "jugar limpio"; ocupar cierta posición: "jugar un papel rector"; correr un riesgo: "jugarse la vida"; tratar algo con ligereza: "jugar con fuego"; disposición particular de algunas cosas: " juego de luces"; relación entre un número determinado de cosas y que sirven al mismo fin: "juego de té", etc. (Diccionario de la Real Academia, 778-779). Los diccionarios hacen distinción entre el sentido directo (fundamental) y el figurado de estas locuciones, no obstante, la diferencia no aparece con la suficiente claridad. ¿Por qué, por ejemplo, en la expresión "jugar en la bolsa" (dedicarse a especulaciones bursátiles) la palabra "jugar" tiene sentido figurado, y en la expresión "jugar a las cartas", sentido directo?. Es difícil saber qué clase de actividades y sus rasgos abarcaba el significado inicial de dichas locuciones y cómo fueron adquiriendo nuevos y tan diversos sentidos.
También entre los distintos pueblos el concepto de "juego" presenta algunas diferencias. Así, para los griegos antigüos la locución "juego" (paideia) significaba las acciones propias de los niños y expresaba principalmente lo que entre nosostros se denomina hoy "hacer niñerías"; pero existían también otras palabras que no se limitaban a la esfera del juego infantil como paidia -que puede designar a todas las formas de juego- adurma -señala el matiz de retozo y frivolidad-, y agwn (agón), juegos de competición y de lucha-. Entre los hebreos, juego y risa van juntos en la palabra "sahaq". Para los romanos, "ludus, ludere" -juego, ,jugar- significaba lo no serio, el simulacro, la burla, el juego infantil, el recreo, la representación litúrgica y teatral, los juegos de azar. En sánscrito, "kridati" designa el juego de niños, adultos y animales, también el movimiento de las olas y del viento, brincar o danzar. Entre los germanos, la antigua palabra alemana "spielen" definía un movimiento ligero y suave como el del péndulo que producía un gran placer. Posteriormente, la palabra "juego" empezó a significar en todas estas lenguas un grupo numerosos de acciones humanas que no requieren un trabajo arduo y proporcionan alegría y satisfacción.*
El concepto de juego es por tanto, múltiple, complejo, sujeto incluso a las variables lingüísticas y culturales. De igual manera, a través de la historia del pensamiento el juego ha sido mirado de forma diferente. Ya los filósofos de la antigüa Grecia se ocuparon del tema. Platón identifica el juego con el culto sacro, mientras que la teoría aristotélica de la eutropelia, o de la virtud del juego -adoptada luego por los pensadores romanos-, lo considera sólo como reposo, como simple interrupción de la actividad que proporciona alivio al intelecto fatigado. En el libro IV de la Etica de Aristóteles se recomienda como actividad complementaria a la hora del descanso. En De los Oficios de Cicerón, se postula la misma regla proporcional entre el juego y las actividades serias que la que hay entre la vida activa y el sueño. (De officiis, I, xxiv). También para los autores clásicos el juego es pertinente a la hora de formar el carácter del individuo, así lo registra Aristóteles en el libro VIII de la Política, dedicado a la función de los juegos en la educación de los ciudadanos. Los medievales, siguiendo también a Aristóteles, se interrogaron sobre la relación juego-virtud. De ahí que su interés primero no fué teorizar sobre el juego en sí sino sobre su licitud, armonizando la tendencia socialmente arraigada al juego con el marco teológico y religioso. (González, 74-75).
Sin embargo, si bien ya los
filósofos antigüos hablan del juego, podemos afirmar que la
reflexión sobre el juego se inicia con el pensamiento
moderno. Y más aún, el interés por el juego y
su naturaleza coincide con la consolidación de la Estética,
en el siglo XVIII, como disciplina autónoma en el campo de la filosofía.
Esta coincidencia permite aventurar un nexo paralelo entre la reflexión
estética y la reflexión sobre el juego que posibilitará,
a pesar de lo multiforme del concepto, definir los signos fundamentales
de lo que podemos denominar como estética del
juego y sus nexos con la literatura.
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