JUGUETES

Estética del diseño


El libro-juego, más que una mediación neutra de función instrumental, es un determinante de la actividad del lector-jugador. El juguete determina la conducta del jugador así como el libro, que no es sólo un objeto receptor de un texto sino una forma significante,  influye en la interpretación y apropiación que el lector haga de él. En esto coinciden Graciela Scheines, desde la psicología,  y Roger Chartier, desde la historia de la escritura y la lectura.  Afirma Sheines que:

El juguete -como la máscara y el disfraz- abre el juego, y no es una herramienta que el niño maneja a su antojo sino que, por el contrario, es aquello que ejerce sobre quien lo porta una especie de fascinación, de encantamiento que determina la conducta del jugador. Los movimientos y las actitudes lúdicas no parten del jugador hacia el juguete sino que corren en sentido inverso: es el juguete lo que define la conducta del que juega. El jugador se une a su juguete, se  convierte en su apéndice, en una prolongación de la cosa que manipula jugando. (Los juegos de la vida cotidiana, 20)
En igual dirección,  Chartier resalta la importancia de las formas a través de las cuales el lector recibe y se apropia del texto. Estas formas influyen en la significación del texto, en las anticipaciones del lector con respecto al texto, en el registro de referencias y el modo de interpretación e, incluso, en la atracción de públicos nuevos o usos inéditos:
... los textos no se han depositado en los libros, escritos a mano o impresos por la prensa, como en simples receptáculos. Los lectores sólo los encuentran inscritos en un objeto cuyos dispositivos y organizaciones guían y constriñen la operación de producción del sentido (...) La disposición de la página impresa, las modalidades de la relación entre el texto y lo que no lo es (glosas, notas, ilustraciones, índices, cuadros, etc.), o también la ordenación misma del libro, con sus divisiones y sus señas, eran otros tantos datos esenciales para restituir las significaciones de que un texto pudo estar investido.(Libros, lecturas y lectores en la edad moderna, 20)
De otra parte, si el texto no puede existir separado de su soporte tampoco puede serlo fuera de la lectura (o del hecho de escuchar, agrega Chartier) como lo constatan las teorías estéticas que se fundan en la recepción e interpretación del lector como fundantes de la comprensión de lo escrito.
La contrucción del sentido, histórica y socialmente variable, se halla pues comprendida en el cruce entre, por un lado, las propiedades de los lectores (dotados de competencias específicas, identificados por su posición social y sus disposiciones culturales, caracterizados por su práctica del leer) y, por otro, los dispositivos escriturarios y formales -llamémoslos "tipográficos" en el caso de los textos impresos- que son los de los textos apropiados por la lectura.(Chartier, Libros... 36-37).
Estos dispositivos formales  de lo escrito han sufrido cambios a través de la historia. Chartier denomina estos momentos de cambio como "revolución de los soportes". La primera revolución fue la sustitución del libro en forma de rollo por el códice, o libro compuesto de cuadernos, que se ha constituido en el soporte de la cultura escrita desde los inicios de la cristiandad en Occidente hasta nuestros días y que, en esencia, ha permanecido inalterable. La segunda, consecuencia del desarrollo de nuevas tecnologías, es la sustitución del códice por el libro electrónico compuesto en el ordenador o digitalizado y que llega al lector en una pantalla.

El "libro-juego" sería la bisagra que permite una comunicación entre ciertas expresiones de la  literatura impresa y de la digital  que,  aunque obedecen a las restricciones y posibilidades de sus respectivos soportes, comparten una misma estética, la estética del juego.
 

EL LIBRO
EL LIBRO-JUEGO
EL HIPERTEXTO