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Juego y novela

Julia Kristeva, al igual que Bajtin, coloca en la base de la definición de la novela su particular forma de ser siempre inacabada, siempre en proceso:

Si el «contenido» novelesco parece limitado por el principio y el fin del texto (_), la «forma» novelesca es un juego, un cambio constante, un movimiento hacia un fin jamás alcanzado, una aspiración hacia una finalidad defraudada, o, dicho en palabras actuales, una TRANSFORMACION. (...) Encerrada en su «contenido», la novela desata una multiplicidad de «formas », de modo que Blanchot ve en ella "el género más simpático, que ha tomado como misión, a fuerza de discreción y de gozosa nulidad, olvidar aquello que los demás degradan llamándolo lo esencial... Su canto profundo es la diversión. Cambiar sin cesar de dirección, ir como al azar huyendo de toda finalidad, por un movimiento de inquietud que se transforma en distracción feliz, tal ha sido su primera y más segura justificación. Hacer del tiempo humano un juego, y del juego una ocupación libre, desprovista de todo interés y de toda utilidad, esencialmente superficial y capaz, sin embargo, por este movimiento de superficie, de absorber todo el ser, esto, no es poca cosa. (El texto de la novela, p.22) También las observaciones de Lukács quien ve en la novela una «movilidad vacía» que comporta "una aparente afinidad con un proceso cuyo último contenido escapa a toda racionalización" (Citado por Kristeva, p.23), nos remite directamente a la particularidad de la experiencia lúdica de expresar la racionalidad gratuita y sin finalidad que Jean Duvidnaud sintetiza en la expresión "intencionalidad cero".

Además de esta distinción fundamental, Kristeva aporta nuevos elementos en la comprensión del ser novelesco y su vinculación con lo lúdico mediante el análisis del Carnaval y su significado en el paso de la épica (del símbolo: lineal y unívoco) a la novela (el signo: discontinuo y heterovalente). (p.228)

Examinemos, en primer lugar, tres elementos principales a tener en cuenta en esta relación Carnaval-juego: la ley, los participantes y el tiempo. El carnaval se sustenta en su base por la transgresión de la ley que, sin embargo, exige la existencia de esa ley que de otra forma no podría ser transgredida. El carnaval necesita de la ley así como el juego de la regla. En cuanto a la novela, ésta ha tomado también del carnaval esta tendencia a desvalorizar el texto que la precede y que, por el hecho de su anterioridad, se ha convertido en la ley del género. "La novela parece, desde siempre, haber querido constituírse como oposición a una ley que no es solamente la del género, sino también la ley ideológica del discurso de su época, y esta oposición es la marca misma de la participación del texto de la novela en la historia." (p.247) El significado del discurso novelesco es un insulto al significado del discurso oficial, por lo tanto de la Ley.

En el espacio del Carnaval, como en el juego, no puede haber simples espectadores: la masa (Destinatario) es también "Autor'(Destinador) y "Actor" porque ésta es la regla del carnaval-juego: "todos participan por un igual. Es decir, todos son a la vez Autor/Actor y espectador." (p.230) "Bajo la capa de la risa (del significado negativo, pero no negado), el Autor y el destinatario se reúnen en el eje del actor, que es el eje del juego. " (p.231)

Y en cuanto al tiempo, éste "no existe en la escena carnavalesca, o, si se prefiere, no existe la linealidad temporal, sino que todo el cronos está allí, en su presencia masiva y condensada." (p.233) En un presente absoluto que conjura el devenir.

En segundo lugar, la autora da vital importancia a la vivencia del lenguaje en el Carnaval la cual refleja una innegable afinidad con los recursos lúdico-lingüísticos de la novela contemporánea. Los «juegos verbales» de la escena carnavalesca son fenómenos discursivos sin finalidad y sin sentido. "Se trata en este caso de una mera serie de significantes que se encadenan, emparentados por su parecido vocálico, sin ninguna subordinación a un sentido (semántico o sintáctico), por consiguiente de una serie exterior a las exigencias de la significación y de la gramaticalidad." (p.239)

Entre estos juegos, Kristeva enumera algunos como: la jerga ininteligible (de las palabras que no tienen sentido en ninguna lengua...); la enumeración (tendencia a reconstituir toda la serie de un conjunto por una simple yustaposición, sin ninguna sintaxis (...); la repetición (construcción de una secuencia sobre el fonetismo de una sola palabra que, por ello, aparece repetida, deformada, variada ...); las ideas sin continuidad (yuxtaposición de palabras autónomas, sin ningún encadenamiento de causalidad o motivación ...). (p.239)

Estos «juegos significantes» entran a formar parte, desde las primeras novelas, en la trama narrativa. "Rabelais será el primero que los use, y encontramos en él tantas ideas sin continuidad, palabras ininteligibles, enumeraciones y repeticiones, como en toda novela posterior que no olvide sus orígenes carnavalescos..." (p.239-240)

Finalmente, encontramos también otro tipo de palabras carnavalescas, los «fatras», que traducen "un esfuerzo por realizar la ausencia total de razón a través de un trabajo racional" (p.244)

Las fatraseries (...) expresan el rechazo de la expresión de un sentido, y, como tales, no solamente «preparan» el campo transformacional de la novela, sino que llegan a ser recuperadas, bajo formas distintas, por la historia posterior de la novela occidental (Joyce, y ecos menores de Beckett). Es el propio acto de hablar, desconectado del sentido que podría poseer este acto, lo que pasa a ser la preocupación esencial del enunciado. (p.244-245) En síntesis, el discuro carnavalesco se encuentra bajo la presencia de una ambigüedad permanente; en un extremo "la presencia constante -y necesaria- de la ley, de la normalidad o del significado transcendental, y en el otro la liberación que supone la posibilidad de pronunciar la infinidad de la serie significante no-bloqueada por un significado, y de acentuar la palabra como significante. (p.245-246)

Juego y novela se encuentran en las palabras de Julia Kristeva: la novela, en su forma, es un juego; y si la forma es el contenido...   Juego porque es proceso, hipótesis, ironía, parodia, risa, imperfección, movimiento superficial sin fin, transgresión, orden, racionalmente irracional.