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Juego y novela
Julia Kristeva, al igual que Bajtin, coloca en la base de la definición de la novela su particular forma de ser siempre inacabada, siempre en proceso:
Además de esta distinción fundamental, Kristeva aporta nuevos elementos en la comprensión del ser novelesco y su vinculación con lo lúdico mediante el análisis del Carnaval y su significado en el paso de la épica (del símbolo: lineal y unívoco) a la novela (el signo: discontinuo y heterovalente). (p.228)
Examinemos, en primer lugar, tres elementos principales a tener en cuenta en esta relación Carnaval-juego: la ley, los participantes y el tiempo. El carnaval se sustenta en su base por la transgresión de la ley que, sin embargo, exige la existencia de esa ley que de otra forma no podría ser transgredida. El carnaval necesita de la ley así como el juego de la regla. En cuanto a la novela, ésta ha tomado también del carnaval esta tendencia a desvalorizar el texto que la precede y que, por el hecho de su anterioridad, se ha convertido en la ley del género. "La novela parece, desde siempre, haber querido constituírse como oposición a una ley que no es solamente la del género, sino también la ley ideológica del discurso de su época, y esta oposición es la marca misma de la participación del texto de la novela en la historia." (p.247) El significado del discurso novelesco es un insulto al significado del discurso oficial, por lo tanto de la Ley.
En el espacio del Carnaval, como en el juego, no puede haber simples espectadores: la masa (Destinatario) es también "Autor'(Destinador) y "Actor" porque ésta es la regla del carnaval-juego: "todos participan por un igual. Es decir, todos son a la vez Autor/Actor y espectador." (p.230) "Bajo la capa de la risa (del significado negativo, pero no negado), el Autor y el destinatario se reúnen en el eje del actor, que es el eje del juego. " (p.231)
Y en cuanto al tiempo, éste "no existe en la escena carnavalesca, o, si se prefiere, no existe la linealidad temporal, sino que todo el cronos está allí, en su presencia masiva y condensada." (p.233) En un presente absoluto que conjura el devenir.
En segundo lugar, la autora da vital importancia a la vivencia del lenguaje en el Carnaval la cual refleja una innegable afinidad con los recursos lúdico-lingüísticos de la novela contemporánea. Los «juegos verbales» de la escena carnavalesca son fenómenos discursivos sin finalidad y sin sentido. "Se trata en este caso de una mera serie de significantes que se encadenan, emparentados por su parecido vocálico, sin ninguna subordinación a un sentido (semántico o sintáctico), por consiguiente de una serie exterior a las exigencias de la significación y de la gramaticalidad." (p.239)
Entre estos juegos, Kristeva enumera algunos como: la jerga ininteligible (de las palabras que no tienen sentido en ninguna lengua...); la enumeración (tendencia a reconstituir toda la serie de un conjunto por una simple yustaposición, sin ninguna sintaxis (...); la repetición (construcción de una secuencia sobre el fonetismo de una sola palabra que, por ello, aparece repetida, deformada, variada ...); las ideas sin continuidad (yuxtaposición de palabras autónomas, sin ningún encadenamiento de causalidad o motivación ...). (p.239)
Estos «juegos significantes» entran a formar parte, desde las primeras novelas, en la trama narrativa. "Rabelais será el primero que los use, y encontramos en él tantas ideas sin continuidad, palabras ininteligibles, enumeraciones y repeticiones, como en toda novela posterior que no olvide sus orígenes carnavalescos..." (p.239-240)
Finalmente, encontramos también otro tipo de palabras carnavalescas, los «fatras», que traducen "un esfuerzo por realizar la ausencia total de razón a través de un trabajo racional" (p.244)
Juego y novela se encuentran en las palabras de Julia Kristeva: la novela, en su forma, es un juego; y si la forma es el contenido... Juego porque es proceso, hipótesis, ironía, parodia, risa, imperfección, movimiento superficial sin fin, transgresión, orden, racionalmente irracional.