De tanto saltar entre fragmentos desordenados el lector se «marea». Esta lecto-escritura del mareo pertenecería, según la clasificación de Roger Caillois, a los juegos el grupo «Ilinx», que producen tal aturdimiento que provocan la destrucción de la realidad. Los movimientos rápidos de rotación o caída ocasionan confusión y desconcierto pero, además, una intensificación de la autopercepción conciente. Por ello, "La novelística de mareo-lectura, del Lector Mareado, del no ser del lector, es la que propongo para este siglo de conciencia intensiva, de Comienzo de lo Humano. Las generaciones que leían novelas, dramas, poemas efusivos, confidenciales, no conocieron lo Humano: comienza mañana." (Epistolario, p.419)
El lector-personaje se marea cuando descubre su condición de no ser en la novela: "-Quizagenio: ¿De veras, lector, eres quien lee, o ahora eres leído por el autor, puesto que te dirige la palabra, habla a la representación que de ti tiene y te sabe como se sabe a un personaje? -Lector: Nada me interesa quién sea; me basta este delicioso mareo que me entra en los ámbitos sutiles de la novela." (MNE, 297)
La estética de la Belarte es el mareo del Yo, el soñar no ser, el creer soñar en el lector. El lector debe buscar en la novela un particular estado de conciencia, no los desarrollos ni las soluciones argumentales: "El lector que no lee mi novela si primero no la sabe toda es mi lector, ése es artista, porque el que busca leyendo la solución final, busca lo que el arte no debe dar, tiene un interés de lo vital, no un estado de la conciencia: sólo el que no busca una solución es el lector artista." (MNE, p.79)
El siguiente diálogo entre Lector y Autor confronta las dos posibilidades de lector según busque o no un final, una garantía lógica o un supuesto verosímil:
- Autor: Por favor, no me pidas que te oculte desenlaces, que te adule tus gustos por el todovaliente pistolero, por el todosagaz pesquisante, por la modistilla que casa con el millonario, por el chofer de quien se enamora la princesa, por la venganza que se cumple plenamente contra una injusticia; te pido, lector, que no me vulgarices, pues los autores están muy expuestos a ello y hay que sostenerlos hacia el verdadero arte. ¿No leíste mis prólogos?
- Sí, fácil es ahorrar trama cuando se carece de imaginación; ¿cómo concluye tu novela?
- ¡Eso es lo que querías!
- Demás lectores: ¡Fuera, lector de desenlaces! Te daremos la «novela rosa». Y si no te basta, uno de nosotros te contará la trama. O llamaremos a los personajes y podremos luego librarlos de tu curiosidad. Aquí viene uno.
- Personaje: Voy a contar en seguida lo que pasa en la novela; me río de los desenlaces ocultos, inadivinables, como algunos que se dicen músicos y todo lo que alcanzan a hacer es un acorde imperfecto y tener al público esperando su resolución. Mi vida_
-Lector: Perdón, procuraré enmendarme. Veré si logro desinteresarme de que la novela termino o no.
- Demás lectores: Todos lo deseamos.
- Autor: Me siento muy flojo, lector. Yo lo he dejado dormir a sus anchas, ahora déjeme usted dormir a mí.
- Demás lectores:
No molestemos al autor. Obra de arte en que se espera el fin ni es arte
ni hay emoción. Sé nuevo, lector. No adules nuestras pasiones.
Que esta novela no termine. No hay más momento de arte que el de
plena lectura de presente. (MNE, 346-347)