Lectura salteada
 

En la obra de Macedonio Fernández,  Escritura y Lectura son un único proceso que se va elaborando en su misma realización. No proponer una obra cerrada significa tambien cambiar el rol del lector en la medida en que es desafiado a completar y desarrollar la obra. El lector se sustrae de su función de mero receptor del texto para colaborar con el autor. Lector y autor interactúan creando juntos y así lo solicita Macedonio a su lector:

(...), reconóceme que esta novela por la multitud de sus inconclusiones es la que ha creído más en tu fantasía, en tu capacidad y necesidad de completar y sustituir finales. Exceptuando yo, ningún novelista existió que creyera en tu fantasía. La novela completa, que es la más fácil, la única usada en el pasado, aquella toda del autor, nos tuvo a todos como infantes de darles de comer en la boca. De esta omisión irritante y de pésimo gusto, tomamos libre resarcimiento en la mía. (MNE, 351) La Belarte en su hacer autocuestionante «conmociona» al lector para que éste pase a ser protagonista y hacedor, superando límites y encasillamientos. "De esta forma, su conciencia se sacude las telarañas convencionales intentando una valoración diferente de la palabra, que a través del absurdo desequilibre las pautas racionales de la realidad, y lo lleve a liberarse del temor a la muerte." (Díaz, 511)

Si la Escritura es inseguida, inconclusa, asistemática , descentrada; la Lectura es «salteada», «accidentada», «mareada», «loca» *.   Macedonio es escritor para quien quiera ser «lector salteado» " pues mientras otros escritores tienen verdadero afán por ser leídos atentamente, yo en cambio escribo desatentamente, no por desinterés, sino porque exploto la idiosincrasia que creo haber descubierto en la psique de oyente o leyente, que tiene el efecto de grabar más las melodías o los caracteres o sucesos, con tal que unas y otros sean intensos, dificultando al oidor o lector la audición o lectura seguidas". (Papeles de Recienvenido, 42)

En los Prólogos Macedonio desarrolla esta particular exigencia de la creación:

(Prólogo) (En que se observa que los lectores salteados son, lo mismo, lectores completos. Y también, que cuando se inaugura como aquí sucede la literatura salteada, deben leer corrido si son cautos y desean continuarse como lectores salteados ...)

No te pido, lector salteado (..) disculpa por presentar un libro inseguido que como tal es una interrupción para ti que te interrumpes solo y tan incómodo estás con el trastorno traídote por mis prólogos en que el autor salteado te hacía figurarte y soñar sobresaltado que eras lector continuo hasta dudar de la inveterada identidad del yo salteante. (MNE, 200)
 

(Prólogo) AL LECTOR SALTEADO. Confío en que no tendré lector seguido. Sería el que puede causar mi fracaso y despojarme de la celebridad que más o menos zurdamente procuro escamotear para alguno de mis personajes. Y eso de fracasar es un lucimiento que no sienta a la edad.
    Al lector salteado me acojo. He aquí que leíste toda mi novela sin saberlo, te tornaste lector seguido e insabido al contártelo todo dispersamente y antes de la novela. El lector salteado es el más expuesto conmigo a leer seguido.
    Quise distraerte, no quise corregirte, porque al contrario eres el lector sabio, pues que practicas el entreleer que es lo que más fuerte impresión labra, conforme a mi teoría de que los personajes y los sucesos sólo insinuados, hábilmente truncos, son los que más quedan en la memoria.
    Te dedico mi novela, Lector Salteado; me agradecerás una sensación nueva: el leer seguido. Al contrario, el lector seguido tendrá la sensación de una nueva manera de saltear: la de seguir al autor que salta." (MNE, 262)
 

Si usted, lector, no entiende es porque no ha leído bien salteado. "Ha caído usted en el vicio de la lectura seguida." Y ya el autor le ha advertido ampliamente que "Mi novela no es novelón". (MNE, 319)

Si en Museo, al seguir la secuencia de fragmentos se produce la lectura salteada, en Rayuela se propone la lectura a saltos en una secuencia alternada, de vaivén. El lector "entrañado" en la sucesión lineal y en la seducción de lo continuo es sacado, "extrañado" y arrojado a un orden que él mismo debe componer, en complicidad con el diseñador del juego, inventando o suponiendo las relaciones entre los fragmentos y sus sentidos posibles; pero, primero que todo, el lector es invitado a elelgir:
 

... un espacio de lectura, un modo de recorrer el espacio que elijamos, una manera de movernos mientras leemos. Espacio, movimiento, actividad (lectura) (...) el lector ( en la lectura total)  debe hacerse cargo no solamente de las relaciones espaciales interiores sino también del «espaciamiento», de esa distribución exterior en capítulos que no se continúan, en «lados» que se diferencian: también nosotros debemos desplazarnos físicamente, como alguno de los personajes, de una a otra parte, de uno a otro «lado». Esta primera verificación nos conduce a afirmar que en Rayuela lo que se «dice» (en este caso, sobre la actividad del lector, sobre la lectura como actividad, etc.), no sólo «se dice» sino que también se «inscribe» en el nivel de los significantes." (el decir es hacer). (Gonoboff, 244,245)
 
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