La "obra en movimiento"

Umberto Eco adopta la denominación de  "obras en movimiento" para referirse a un tipo restringido y particular de "obras abiertas" en las que el lector colabora a "hacer" la obra. Eco encuentra ejemplos de este tipo de obras en la música, las artes plásticas, el diseño y, por supuesto, en la literatura. Son obras que tiene en sí mismas una capacidad de movimiento, de metamorfosearse, "de replantearse calidoscópicamente a los ojos del usuario como permanentemente nuevos(...), asumiendo disposiciones espaciales diversas, creando continuamente el propio espacio y las propias dimensiones." (Obra abierta, 85). Son, en términos de Calabrese, obras inestables y,  por ello, in-formes o en permanente búsqueda de forma; búsqueda que reclama la complicidad del lector-jugador.

Esta volubilidad de la obra abierta no quiere decir carencia de una estructura, sino la asunción de una estructura en movimiento capaz de contener y permitir otras estructuras; su orden es un rechazo de un orden singular para proponer una pluralidad de órdenes. "Como en el universo einsteniano en la obra en movimiento, negar que haya una única experiencia privilegiada no implica el caos de las relaciones, sino la regla que permite la organización de las relaciones. La obra en movimiento, en suma, es posibilidad de una multiplicidad de intervenciones personales pero no es una invitación amorfa a la intervención discriminada: es la invitación no necesaria ni unívoca a la intervención orientada, a insertarnos libremente en un mundo que sin embargo es siempre deseado por el autor." (Obra abierta, 96)

Como ejemplo literario, Eco se detiene a examinar la obra irrealizada de Mallarmé: El Livre. Esta creación debía ser una obra móvil no sólo por la indeterminación de las relaciones de sus elementos sino, además, porque ni siquiera sus páginas seguirían un orden fijo: "habrían debido ser relacionables en órdenes diversos según leyes de permutación. Tomando una serie de fascículos independientes (no reunidos por una encuadernación que determinase la sucesión), la primera y la última página de una fascículo habría debido escribirse sobre una misma gran hoja plegada en dos que marcase el principio y el fin del fascículo; en su interior, jugarían hojas aisladas, simples, móviles, intercambiables, pero de tal modo que, en cualquier orden que se colocaran, el discurso poseyera un sentido completo. "(...) Le volume, malgré l'impression fixe, devient, par ce jeu, mobile -de mort il devient vie."(86-87)  Por supuesto, la descripción del Livre, que sugiere una descomposición del libro,  se acerca mucho a lo que podría ser una obra hipertextual en la que se pone en juego una dinámica combinatoria que le da al producto literario,  formas provisionales. "El autor ofrece al usuario, en suma, una obra por acabar". (Obra abierta, 96)