En La vuelta al día en ochenta mundos,
Julio Cortázar hace la descripción del prototipo de una máquina
con aire de triclinio, diván comedor usado por los antiguos griegos
y romanos, que permite leer Rayuela en la cama, "a fin de no dormirse en
otras posiciones de luctuosas consecuencias" (p.129), mientras se tiene
a la mano el mate o una ginebra. Consta de seis botones cada uno con una
función especial:
A. Inicia el funcionamiento a partir del
capítulo 73 (sale la gaveta 73); al cerrarse ésta se abre
la No. 1, y así sucesivamente. Si se desea interrumpir la lectura,
por ejemplo en mitad del capítulo 16, debe apretarse el botón
antes de cerrar esta gaveta.
B. Cuando se quiera reiniciar la lectura
a partir del momento en que se ha interrumpido, bastará apretar
este botón y reaparecerá la gaveta N0. 16, continuándose
el proceso.
C. Suelta todos los resortes, de manera
que pueda elegirse cualquier gaveta con sólo tirar de la perilla.
Deja de funcionar el sistema eléctrico.
D. Botón destinado a la lectura
del Primer Libro, es decir, del capítulo 1 al 56 de corrido.
E. Botón para interrumpir el funcionamiento
en el momento que se quiera, una vez llegado al circuito final: 58-131-58-131,
etcétera.
F. En el modelo con cama, este botón
abre la parte inferior, quedando la cama preparada.
Además, atendiendo a las previsibles
exigencias estéticas de los consumidores se han previsto modelos
especiales de la máquina en estilo Luis XV y Luis XVI. (p.132-133)
Estas dos máquinas ilusorias son
un ejemplo de la interrelación escritor-tecnología-lector
que ha existido desde la invención de la escritura misma, y cuyas
profundas consecuencias culturales han determinado el desarrollo de la
historia y del pensamiento. Con el "acontencimiento" de la escritura hipertextual
nos enfrentamos con la más reciente modalidad de esa tríada.
Tanto el autor, como el soporte de la escritura y su recepción se
ven sometidos a un proceso de reconfiguración que abre posibilidades
inéditas a la expresión y al conocimiento. Y esta es la convergencia
entre el científico, Vannevar Bush, y el escritor, Julio Cortázar.
Ambos anticipan la necesidad de nuevos medios acordes con nuevas realidades
y, tal vez, con viejos ideales hoy revalorados en las formas y en el gusto
de nuestra época.