Estética de la recepción

La teoría hermenéutica de Gadamer es el cimiento filosófico de la Estética de la recepción. Gadamer se pregunta si es posible y cómo, el acceso a la verdad en aquellos "objetos" que escapan a la ciencia y sus métodos.  A modo de respuesta desarrolla una teoría de la experiencia humana llamada entender: un concepto de conocimiento y de verdad que correspondan a la totalidad de nuestra experiencia comprensiva e interpretadora. El conocimiento científico no es la única vía para llegar a la verdad, la experiencia completa del comprender es otro camino.

En la teoría de la comprensión es, por tanto, ineludible la presencia del "espectador":

La dependencia del ser estético respecto de la representación no significa pues ni indigencia ni falta de un sentido autónomo y circunscrito. esta dependencia pertenece a su esencia verdadera. El espectador es un factor esencial del juego mismo que llamamos estética. Acordémonos de la célebre definición de la tragedia en la Poética de Aristóteles: la disposición del espectador está expresamente incluida en la definición de la esencia de la tragedia. (Verdad y Método, p.
Para la estética de la recepción, adoptando una evidente posición crítica ante el formalismo, no basta el análisis textual para la cabal comprensión  del hecho poético.  Forma parte de ese hecho su recepción por parte del lector: "El lector es el primer destinatario de la obra literaria... la vida histórica de la obra literaria es inconcebible sin el papel activo que desempeña su destinatario"(Jauss, "La historia literaria como desafío a la ciencia literaria", p.) Y esto es posible si se acepta el carácter fundamental de indeterminación del texto literario.

También para la estética de fuerzas, la doble productividad -la integración del proceso creativo y receptivo- es el núcleo de la constitución de la obra de arte que responde a una sensibilidad y a una "funcionalidad" diferentes.
 

La polifonía del discurso
De la obra al texto
Obra abierta