|
Hipertexto
y carnaval
(Agelastas vs. rumberos) |
IntroducciónAhora que acabamos de describir esa curiosa reactualización de la fiesta barroca que se lleva a cabo en nuestra cultura contemporánea, y que, simultáneamente, hemos intentado inscribir un posible barroquismo del hipertexto, retomemos un hilo suelto: la posibilidad de enfrentar, desde una historia de las resistencias, dos imaginarios colectivos, dos sistemas de representación antagónicos. Profundicemos, pues, en el parangón de dos actitudes: la del agelasta, enemigo del devenir y del cambio, y la del rebelde que lo proclama; la del conservador que sólo admite la existencia y legitimidad de lo estable y prescrito, y la del perturbador que vive a gusto en medio de la diversidad, la fragmentación y la inestabilidad. Parangón que tiene por objetivo final examinar (cosa que haremos en el aparte siguiente) una posible política subyacente en las posturas frente al hipertexto. Este paso previo nace de una intuición: la eventualidad de explicar los conflictos ideológicos suscitados alrededor de la discusión sobre la pertinencia del hipertexto en la literatura como resultado de considerarlo una invitación al carnaval de la escritura. Unos, los entusiastas, acogen la invitación; otros: los detractores intentan ignorarla o deslegitimarla. Esa intuición inicial estará guiada aquí por las siguientes preguntas: ¿No es acaso festiva la actitud que hay tras esa invitación a carnavalizar de la escritura? ¿No es el entusiasmo por la práctica del hipertexto una convocatoria a la celebración de la era del lector? Si es así: ¿qué tipo de fiesta es? Ahora, el hecho de que el hipertexto sea una practica intelectual (que a lo sumo permite una carnavalización entonces de “segunda” dimensión), ¿no le resta autenticidad? Pero, también, ¿no es el carnaval el soporte de larga duración de esa celebración? De otro lado, en tanto “retorno” (de lo oral, de lo popular, de lo medioeval, de lo barroco ), ¿no configura el hipertexto una reivindicación de lo siempre deseado? ¿No es el hipertexto una fiesta de su tiempo, que inventa (reactuliza) lenguajes y prácticas? ¿No es por eso la fiesta del hipertexto un observatorio privilegiado (en cuanto representación, purga, etc.) de gestos, comportamientos colectivos, actitudes, sensibilidades y expresiones del imaginario social? El hipertexto —algo así como carnaval moldeado por herencias lejanas que conviene descifrar— ¿no nos enfrenta al problema de las invariantes reactulizadas? ¿No hay que estar, por eso, atento a dilucidar qué es lo que alimenta el imaginario de su época (gusto neobarroco y tras de ello, la posmodernidad, el capitalismo tardío, etc.)? HIPERTEXTO Y ESPERANZA.—Para intentar responder estas preguntas voy a seguir muy de cerca los planteamientos de un viejo conocido: François Laplantine, consignados en su libro Las voces de la imaginación colectiva. Recordemos que Laplantine propone el estudio de tres tipos de comportamiento colectivo: la espera mesiánica (necesidad de convertir la desesperación en esperanza al rededor del profeta o de los pequeños iluminados), la posesión (reacción ante la frustración intensa que ya no espera, puesta en marcha de una alternancia temporal) y la utopía (o pasión de la perfección alcanzada de una vez por todas). Tres tipos posibles de respuesta a fenómenos de degradación de los vínculos sociales tradicionales. Recordemos, también, que Laplantine afirma que, por encima de las discontinuidades, es posible siempre hallar las invariantes de la imaginación colectiva. Pero, de igual modo, que esta “memoria” colectiva de la esperanza y de la rebelión se re-actualiza continuamente. Además, es importante tener en cuenta que la visualización y estructuración de comportamientos “invariantes” no sólo es aplicable a sociedades tradicionales, sino que, una vez deconstruidas las fronteras entre arcaísmo y modernidad, es posible aplicarla a manifestaciones contemporáneas. Quizás por eso, Laplantine afirma que, hoy, estamos nuevamente disponibles para la utopía, el mesianismo y la posesión, y que no hay nada de lo que solemos llamar arcaísmo o primitivismo que no se refleje en nuestra modernidad. Una circunstancia más me anima para seguir adelante por este sendero: al hacer una introducción de las actitudes en que se diversifica la matriz de la imaginación colectiva de la esperanza, Laplantine propone relacionar sus manifestaciones específicas según ciertas oposiciones y cruces. Presiento que, una vez examinada con los parámetros adecuados, la práctica hipertextual va a mostrar (en oposición, pero sobre todo hibridados) elementos tanto de mesianismo, como de utopía y de posesión, lo cual podría confirmar la presencia subyacente de ese imaginario que el teórico francés llama “de la esperanza” en los discursos que la justifican (y la reacción concomitante en los discursos que la deslegitiman). ¿Cómo observo yo, en primera instancia, esa presencia “híbrida” del imaginario de la esperanza en el discurso que promociona el hipertexto? Primero, porque el hipertexto se exhibe como posibilidad de libertad e igualdad. Recordemos que se insiste mucho en que el hipertexto le otorga libertad al lector y “equipara” su potencia creativa con la del escritor. Esta posibilidad de ser, por fin, todos creadores, puede apreciarse como nostalgia de un deseo nunca cumplido, y, a la vez, como instauración del ya propio de la posesión. De otro lado, se acude al mito de la técnica, por el cual, como nunca antes, se adquiere una vía segura para el alcance de esa libertad deseada. También, en la promoción del hipertexto, se da cuenta de profetas (del lado de la literatura, los posestructuralistas, del lado del discurso tecnológico, autores como Bush o Nelson; este último hasta se autoproclama como tal). Finalmente, aquéllas actitudes que fomentan la exploración de la nueva herramienta y acciones para su institucionalización (búsqueda de lenguajes, estrategias de circulación específicas, etc.), estarían jugando, según esta lógica, a la construcción de la “ciudad ideal” del hipertexto; una ciudad que, por lo visto, sería privada, a la que no accederían sino los privilegiados, lo que la acerca a la ciudad utópica. Veamos cómo procede Laplantine para facilitar la aplicación de la matriz de la esperanza a fenómenos contemporáneos y cómo podemos beneficiarnos de su estrategia para hacerlo nosotros con uno tan cercano y novedoso como el hipertexto y sus potencialidades “literarias”. |