Presentación General  

A modo de genealogía

En el subfondo de esta escritura diversa se encuentra el deseo por conocer los secretos de la creatividad literaria. Quizás sea eso lo que pueda dar unidad a un texto tan heterogéneo como el que ahora presento a mis lectores. Pero esta afirmación merece una exégesis y ésta no puede tomar otra forma distinta que la de una genealogía.

Debo comenzar por aclarar que mi formación profesional básica no es la de humanista, que esa vocación es tardía y está ligada a un afán de expresión que, dada mi historia personal, no podía tener otro cauce de comunicación que la palabra, la palabra literaria. Mis primeros intentos tuvieron que ver con la escritura de versos. A la manera de Orfeo, necesitaba encontrar un sucedáneo del amor perdido y creí encontrarlo en la poesía; en su lectura primero y, después —temerario— en su escritura. Sin saberlo, se había puesto en marcha eso que Barthes llama el oculto deseo de escribir que hay tras todo gusto por la lectura.

Pero no estaba destinado a un género tan delicado y exigente. De modo que, tras la frustración que puede producir la escritura desafortunada de unos doscientos poemas, abandoné ese camino y me aventuré por el de la narrativa. Tomé talleres, escribí algunos relatos, me armé de todo el arsenal que los estereotipos me ofrecían. No me fue del todo mal: gané un concurso, publiqué algunos cuentos y tuve la (¿mala?) idea de acudir a la academia con el ánimo de conocer mejor lo que yo pretensiosamente intuía entonces como el funcionamiento de la literatura. Suponía que un conocimiento más sistemático de la tradición y la teoría literarias podrían aproximarme al secreto.

En realidad lo que logré al comienzo fue un penoso bloqueo de mi propia escritura. Tardé un par de años para salir de ese atolladero por el cual entre más me metía en el estudio de la literatura más me alejaba de la posibilidad de expresarme con mis propias palabras. El intento de novela que por entonces había iniciado tuvo que esperar varios años antes de redondearse; fueron los años del aprendizaje y de la autoconciencia.

Precisamente, el primer libro de ensayo que publiqué (Autoconciencia y posmodernidad. Metaficción en la novela colombiana) fue un intento por resolver dos inquietudes que me asaltaban simultáneamente en aquella época. En primer lugar, estaba la pregunta por el estado de la novelística colombiana reciente (que a su vez era una manera de acotar una inquietud más amplia por el estado de la novelística latinoamericana postboom). En segundo lugar, el problema mismo de los bloqueos que causaba en mi escritura creativa el alto grado autoconciencia que estaba alcanzando, y su posible solución. Me preguntaba si eso que constituía por ahora una especie de diario paralelo en el que iba consignado toda clase de inquietudes sobre mi proceso creativo podría tener alguna utilidad en mi novela, cuya acción se taimaba tanto más en cuanto más crecía esa reflexión paralela. El seminario del Profesor Alvaro Pineda Botero y su libro sobre la novela colombiana de los ochenta me ofreció un horizonte de salida  La idea (que después alcanzó el estatuto de hipótesis en el ensayo mencionado) era la siguiente: cierta tendencia de la novela contemporánea (y que tenía su expresión también en Colombia) respondía a una especie de dramatización de los avatares del proceso creativo y de la escritura en general. Muchas novelas incluían, con una densidad específica muy alta, la autoconciencia como parte de su estructura o su acción. Fue en el Seminario del profesor Pineda Botero donde primero escuché el término que se le daba a esta actitud: metaficción. Inicié una indagación sobre el fenómeno y pronto me di cuenta que, siendo la autoconciencia un elemento inherente a toda escritura, la metaficción era la forma de expresión más compatible con un estado de cosas en el que se tendía a proclamar que todo era ficción (la posmodernidad): «Ya no sólo se trata de la posibilidad de re-presentar el mundo de la ficción, sino de re-presentar el mundo como una gran ficción», afirmaba entonces. Dos autores me ofrecieron el puente con la posmodernidad: Patricia Waugh (gracias a su libro Metaficition. Theory and practice of selfconciencius ficiton): y Rolf Brewer (con la propuesta que hace en su artículo: La auto-reflexividad en la literatura, ejemplificada en la trilogía novelística de Samuel Beckett); puente que se fue solidificando hacia un segundo momento de mi reflexión que me conduciría a la incursión más profunda en ese terreno movedizo llamado la posmodernidad. Aunque no es el primer texto de este libro, el capítulo sobre metaficción en la novela colombiana debe apreciarse también como un primer paso por el recorrido que entonces emprendí y que ahora cierro de alguna manera.

La estructura y la secuencia de los textos de la primera parte de este libro obedecen a esa incursión profunda en el fenómeno de la posmodernidad, y son el resultado de la sistematización de algunos de los logros alcanzados en los seminarios que dicté en la Maestría en Literatura de la Universidad Javeriana. El primer capítulo es una compilación de lecturas ordenadas bajo la perspectiva de lo que allí se llaman las “escrituras” sobre la posmodernidad, es decir, el discurso que podría ambientar el debate mismo sobre la posmodernidad como una condición de la cultura contemporánea. Deseo destacar la presencia de dos autores que hacen parte del “estrellato” de los posmodernos: Giani Vattimo y Francois Lyotard. En realidad, el capitulo en mención está centrado en un desarrollo de las ideas de estos autores y sus conexiones con varios fenómenos culturales tales como la resistencia, la esperanza, la creatividad, la estética y la crisis. Algunos autores como Paul Virilio y Cornelius Castoriadis aparecen también allí por primera vez en mis indagaciones.

El segundo capítulo de esta primera parte del libro es un desarrollo de varias intuiciones en torno a lo que vagamente denominada entonces una posible “estética posmoderna”. En él me pregunto primero cuál debería ser la especificidad de una estética compatible a la condición posmoderna de la cultura contemporánea. Luego procedo a comparar una estética de “formas” con una estética de “fuerzas” y deduzco de allí las actitudes y operaciones de un arte posmoderno, aplicadas posteriormente a la novela

El tercer capítulo, obedece a la necesidad de proponer una crítica capaz de afrontar los retos a que se ve enfrentado todo el discurso de la modernidad por el embate posmoderno. Retos que tienen que ver con lo que allí se llaman las tres encrucijadas de la crítica: la del sentido, la de la legitimidad y la de las funciones mismas de la crítica en tiempos posmodernos. Una propuesta concreta se define al final de este capítulo que en realidad debería ser el cuarto. El tercer capítulo de la estructura original pasó, en este libro, a ser el primero de la segunda parte, dedicada básicamente a la revisión de la posmodernidad literaria en varias novelas colombianas.

Como comienzo de la segunda parte del libro está un artículo que sintetiza los principales características de la novela posmoderna y hace un breve recorrido por algunas de las que podríamos considerar novelas posmodernas colombianas. El segundo capítulo de esta parte, dedicado a la metaficción tiene aquí la función de complementar esa revisión panorámica, mientras que los restantes son “aplicaciones” concretas a algunas novelas. Se trata de reseñas aparecidas en distintas revistas que desarrollan el perfil posmoderno en cada una de ellas y dentro de las cuales incluyo un estudio de la novela de José Asunción Silva: De Sobremesa..

Si bien el asunto de la posmodernidad literaria tiene su desarrollo explícito hasta aquí, vuelve a aparecer como referencia en un segundo ensayo publicado con el nombre: Hipertexto y literatura. Una batalla por el signo en tiempos posmodernos.  Curiosamente, este ensayo surge como respuesta a una conferencia ofrecida por el escritor Mexicano Guillermo Samperio, titulada precisamente: Novela y posmodernidad, en la que el mexicano plantea las dificultades para la expresión novelística en tiempos posmodernos. Entre otras cosas, Samperio propone resistir a lo que él llama la simplificación del sistema de pensamiento tecnológico. En mi ensayo yo propongo una visión más positiva de las posibilidades de la expresión apoyada en la tecnología, específicamente mediante la utilización del Hipertexto.

El desarrollo de esta hipótesis tiene que ver con lo que podría llamarse  un ”segundo ciclo” en mis propias reflexiones sobre la expresividad literaria. Este ciclo se apoya en algunos contactos interdisciplinarios, especialmente con la historia de las mentalidades y la antropología posmoderna. La tercera parte de este libro, bajo el título “Otras yerbas”, refleja ese segundo ciclo en el que la cultura, actuando como marco, y la interdisciplinariedad, como estrategia, se conjugan con el objeto de seguir indagando sobre las posibilidades de la expresión literaria en nuestra cultura contemporánea.

El primer capítulo de esta tercera parte es una re-visión de la llamada “novela de la violencia” en Colombia. En él propongo que las distintas figuras de la novela de la violencia (Pájaros, Bandoleros y Sicarios), pueden ser vistos como reflejos y manifestaciones de una mentalidad arraigada en la hibris y la abyección. Habría, según mi hipótesis, una macabra continuidad de la abyección en nuestra historia que la novela reflejaría de manera privilegiada. Me apoyo en las propuestas de Michelle Vovelle y otros historiadores de las mentalidades, así como en la idea de una “modernidad postergada” en Colombia que he tomado del filósofo Rubén Jaramillo, pero también en el estudio sobre el héroe abyecto de Avaro Pineda Botero.

El segundo capítulo aborda la cuestión de género, a partir del análisis de una obra de Camilo José Cela. En este artículo propongo que la forma de la novela en cuestión habría surgido como una estrategia de evasión de la censura franqusista, y que, en ese intento, la escritura de Cela habría devenido femenina. Se realiza un extenso examen de la literatura más reciente sobre teoría literaria feminista y se desarrolla el análisis con base en la observación de tres planos: el de la representación, el de la narración y el del discurso.

En el tercer capítulo, expongo algunos resultados de la investigación sobre la narración oral urbana que realicé en el año 1997. La idea en él es ofrecer una aplicación de lo que Néstor García Canclini ha llamado “géneros híbridos”. Incluyo una extensa entrevista con el narrador Jaime Riascos y hago un reconocimiento a este fenómeno cultural contemporáneo mas bien poco estudiado

Cierro la tercera parte y el libro con un artículo sobre hipertexto en el que planteo que la ficción hipertextual está en vías de constituirse en un auténtico género nuevo, capaz de ofrecer estructuras, lógicas y pragmáticas completamente autónomas, desprendidas ya de la literatura tradicional, pero aún ligadas a las pragmáticas propias de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Todos los artículos incluidos aquí han sido publicados previamente y su conjunto constituye una recopilación personal de los últimos diez años de trabajo continuado. En cuanto al destino de la escritura creativa personal, ésta ha logrado hacer aprendizajes a partir de las indagaciones teóricas. Así es como se explica que la novela que debí suspender para desarrollar mi primer ensayo no haya logrado su forma final sino cuando estuvo listo el ensayo sobre hipertexto. Entretanto, una novela metaficcional y un volumen de cuentos, donde la reflexión se ha dramatizado, han salido a luz pública, y hacen turno: otro volumen de relatos, ya terminado, y una nueva novela en plena gestación. Pero más importante aún: los escritos teóricos han ido, cada vez con mayor fuerza, acomodándose a una lógica donde lo creativo, lo narrativo y lo ficcional asumen su necesario protagonismo
 

JARR
Marzo del 2000
 
 

© Jaime Alejandro Rodríguez
Posmodernidad, literatura y otras yerbas - Foro abierto