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En esta sección se referencian los resultados de investigaciones de profesores del Departamento de Filosofía, las Tesis Doctorales que lo ameriten, las traducciones significativas e inexistentes en nuestra lengua; y las ediciones propias o en co-ediciones debidamente pactadas.


Miguel Ángel. Pérez Jiménez, Lógica clásica y argumentación cotidiana. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2006.

Este libro está hecho con una finalidad eminentemente práctica. Su objetivo es servir de ayuda a estudiantes de primeros semestres de universidad en aquellos cursos que buscan contribuir al desarrollo de habilidades argumentativas básicas. Se trata de un texto clásico, pero no por ello es uno más de los que se encuentran a disposición del maestro de lógica. Algunos de los  manuales que con mayor frecuencia se utilizan para el desarrollo de las competencias argumentativas en la universidad son demasiado técnicos desde el punto de vista lógico y olvidan realizar una aproximación a los problemas de argumentación en la vida ordinaria, fundamental para el estudiante que se inicia en el trabajo universitario.

Otros manuales resultan demasiado concentrados en los aspectos ordinarios de la argumentación y terminan prestando menor atención a problemas estrictamente lógicos, descuidando la posibilidad de fortalecer el pensamiento crítico característico de una persona competente en argumentación. Este libro es un intento por moverse en medio de estos dos extremos.
El texto contiene cuatro capítulos en los que se presenta la lógica aristotélica clásica en diálogo permanente con el uso argumentativo del lenguaje en la vida ordinaria, y termina con un apéndice sobre la elaboración y presentación de trabajos académicos como los que con frecuencia se requieren en el trabajo universitario.


 

Anna Maria Brigante; , Gustavo Chirolla; , Gabriela Häbich; Rubén Sánchez. El cuerpo, fábrica del yo. Producción de subjetividad en el arte de Luís Caballero y Lorenzo Jaramillo, Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2005.

Abordar la pintura desde la filosofía no es hacer de la pintura un objeto. La filosofía se encuentra con la acción de pintar como actividad misma del pensamiento, por esto, la pregunta ¿qué forma de pensar es la pintura?, gravita a lo largo de este texto.

Nos proponemos pintar este cuerpo en su relación con la pintura y, además, con la producción de subjetividad; para ello, nos hemos servido de la obra de filósofos como Baruch Spinoza, Friedrich Nietzsche, Maurice Merleau-Ponty, Jean Françoise Lyotard y Gilles Deleuze para el caso del cuerpo, y de Michel Foucault y Felix Guattari, especialmente, para el caso de la producción de subjetividad.


 

Juan José Acero, Alfonso Flórez (editores). Viejos y nuevos pensamientos. Ensayos sobre la filosofía de  Wittgenstein. Granada: Editorial Comares, 2003.

El día 29 de abril de 1951 Ludwig Wittgenstein fallecía en Cambridge. Hoy ya no es necesario justificar la importancia de la obra de este pensador y la extraordinariamente profunda  influencia que ha ejercido y sigue ejerciendo en la filosofía posterior para hacer plausible la conveniencia y el interés de un volumen dedicado a estudiar diferentes facetas de su obra. No es sólo que disciplinas como la lógica y la filosofía del lenguaje han experimentado transformaciones y desarrollos decisivos con al menos dos de las grandes obras clásicas de la filosofía de todos los tiempos, el Tractatus logico-philosophicus (1921) y las Investigaciones filosóficas (1953); ni tampoco que prácticamente la totalidad de las restantes áreas de la filosofía ― la filosofía de la lógica y la matemática, la epistemología, la filosofía lo  mental y de la psicología o la filosofía de la religión y de los valores ― han debido enfrentarse al reto de repensar  sus objetos y métodos. A todo esto hay que añadir el ritmo constante con que intelectuales con múltiples intereses y formaciones vuelven sobre la obra de Wittgenstein y hallan en ellas interpretaciones novedosas o estímulos para su propia tarea.


 

Alfredo Gómez Muller. Ética, coexistencia y sentido. Prefacio de Jean Ladrière. Bogotá: CEJA, 2003.

Desde la realidad actual de Colombia, marcada por la violencia y la injusticia social, la reflexión a la cual invita este libro puede parecer particularmente urgente. Nuestra sociedad clama sin duda por “ética”, por “coexistencia” y por “sentido”, pero una parte esencial de nuestros problemas provienen precisamente del hecho de que estas palabras no significan lo mismo para todos los colombianos. Queremos “coexistir” en paz unos con otros, pero no estamos de acuerdo sobre los términos de la paz y de la coexistencia. ¿La paz se reduce a la simple coexistencia pacífica? ¿Es posible la paz sin justicia social? Anhelamos que la ética sea una dimensión esencial de la vida de cada colombiano, pero no entendemos lo mismo cuando hablamos de “ética”. ¿Se reducen las normas éticas a las reglas del pacífico coexistir? ¿O se refieren esas normas a algo más fundamental, que pone en juego el “sentido” de vivir y del obrar, individual y colectivo? En otros términos: ¿La ética se refiere a la coexistencia o a la convivencia.

 


 

Alfonso Flórez, La filosofía del lenguaje de Ockham. Exposición crítica e interpretación cognitiva, Granada: Editorial comares, Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2002.

Aunque en este estudio se habla mucho del lenguaje, su tema no es el lenguaje sino la mente. Como de la mente, y posiblemente más de ésta  que de aquél. Me he servido de lo que un filósofo contemporáneo (Fodor) dice sobre la mente para poder determinar lo que Ockham mismo dice sobre ella. El desenvolvimiento del propósito central en dos tiempos marca la estructura del trabajo. En la primera parte se hace una exposición detallada del lenguaje mental ockhamiano. He caracterizado dicha exposición como crítica no tanto porque se critique el pensamiento de Ockham ― aunque algunas críticas hay ― sino porque la exposición se desarrolla prestando atención a los pormenores del texto ockhamiano, a las diferentes versiones que sobre una misma idea, a las conclusiones implícitas que pueden hacerse explícitas, al modo de completar un cuadro que a veces el autor deja solo bosquejado, a mostrar la viabilidad del proyecto ockhamiano contra las críticas de algunos intérpretes.

La segunda parte constituye el momento más abiertamente interpretativo y es allí donde lo expuesto en la primera parte adquiere consistencia para una teoría de la mente. Pero, antes de proceder a ello, hay que situar la interpretación en el marco más amplio trazado por el proyecto del congnitivismo contemporáneo y, dentro de este, por el proyecto de Fodor. El orden de las  ideas de este último se ha seguido de modo estricto, pues para eso es que ha de servir un modelo. Hay puntos en que el franciscano calla por falta de material textual, y toda la carga de la prueba queda en manos del intérprete. Esto para decir que hay puntos que son más especulativos que otros y que la interpretación sigue al modelo con grados diversos de ajuste.


 

Luís Fernando Cardona, Inversión de los principios. La relación entre libertad y mal en Schelling, Granada: Editorial Comares, Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2002.

Con la teoría de la inversión de los principios Schelling quiere superar las contradicciones teóricas de la teodicea clásica que piensa el mal como una simple privatio boni, al mismo tiempo, ir más allá de la determinación Kantiana del mal radical y de la doctrina idealista de la libertad como la pura autonomía de la voluntad humana. Para Schelling, la determinación positiva del mal sólo se puede alcanzar plenamente cuando el mal mismo es pensado a partir de su fundamento en la libertad, y cuando se piensa la libertad de modo tal que en su interior se incluya, al lado del poder para el bien, un poder real para el mal, que como contrapoder tiene también la capacidad para trastocar el orden moral de los elementos constitutivos de la libertad y provocar así su abuso. Esto implica abandonar el esquema clásico de la teodicea moderna y superar el formalismo de  la doctrina idealista de la libertad. Por esta razón, la teoría schellingiana sobre el mal es tanto una investigación metafísica del mal como una defensa real de la libertad humana.


 

Eric Weil, Filosofía y violencia. Introducción a la lógica de la filosofía. Traducción de Francisco Sierra Gutiérrez, Bogotá: CEJA, 2002.

El texto que el lector tiene entre sus manos, no es sólo la introducción a otro texto: La lógica de la filosofía, de Éric Weil; es una especie de Postfacio colocado antes para dar inicio al filosofar. Es una  propedéutica, un protréptico, una invitación a filosofar. Weil nos coloca en medio de la tensión esencial del ser humano. Podemos elegir entre el discurso coherente y la violencia; pero sucede que esta selección nunca es razonable, sino que es una elección libre, una elección a-razonable, absurda.

La filosofía es el ser humano concreto que hace filosofía. Es la interrupción y el rechazo e la violencia; es voluntad de sentido, de sensatez, es un hecho de la libertad. La filosofía se comprende a sí misma como posibilidad humana. La no-violencia es tanto su punto de partida como de llegada.

La violencia es la otra posibilidad humana irreductible al discurso; es su amenaza constante. La violencia es la interrupción del discurso por la fuerza brutal o por el silencio o por el lenguaje no coherente. Pero, sólo con conocimiento de causa la violencia podrí ser pura.
Es en el seno de la historia que el ser humano vive esta tensión y realiza su elección; en ella el ser humano se manifiesta a sí mismo y sólo en su discurso toma conciencia de esa realización.
En el incierto comienzo de una nueva centuria, Weil continúa advirtiéndonos que: “El pensamiento debe haber avanzado lo suficiente como para que cualquiera pueda declarar que arroja su revólver al suelo tan pronto comprende el significado de la palabra ‘civilización’.”


 

Iván Cepeda y Claudia Girón, Procesos de la Inculturación. Problemas de la apropiación de algunas corrientes del pensamiento social contemporáneo, Santa Fe de Bogotá: CEJA, 1999.

Los años vividos en  la universidad, en la experiencia del aprendizaje y la docencia, condujeron a los autores a la pregunta sobre la  función que en una sociedad convulsionada, como la nuestra, puede y debe cumplir el pensamiento filosófico y la investigación de las ciencias sociales. La cuestión del sentido que tiene acumular conocimiento sin tener en cuenta su pertinencia y aplicabilidad social no ha perdido vigencia y, por el contrario, exige en el presente, ante la situación de acentuada descomposición de nuestra sociedad, nuevas interpretaciones conceptuales de la configuración social y la historia colombianas.

Es así como  los autores consideran que la  inculturación ha sido el movimiento de ingreso y, a la vez, de transformación de los conceptos y doctrinas creados en otras tradiciones culturales que ha servido para inspirar y ampliar el patrimonio intelectual de las sociedades latinoamericanas. Ha sido, en una misma acción, el conocimiento e la experiencia y el saber acumulados en otros ámbitos y, por otra parte, la ‘toma de conciencia’ sobre la existencia de un entorno cultural propio, de un acervo al que pertenecemos, que suscita interrogantes asistenciales e históricos.

 
 
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