Muchos creemos que filosofar y creer son compatibles; más
aún, que entender, dar razón, son exigencias de la
fe cristiana. Pienso, además, que en esta Facultad aun los
no creyentes han encontrado un espacio de libertad de pensamiento
y de respeto igual o mayor que en otros ambientes o instituciones
no confesionales. Para hacer filosofía no hay que disimular
que pertenecemos a una universidad católica.
No somos una profesión cerrada: entre los egresados hay
tanto rectores de la Universidad, profesores de colegio, artistas,
políticos, como personas que se arriesgan por combatir el
sida en el África, o que han muerto asesinados porque daban
un testimonio a favor de los pobres: recuerdo a Sergio Restrepo
y a Ignacio Martín Baró.
La Filosofía no es simplemente una disciplina académica,
y no lo ha sido en nuestra Facultad. De distintas maneras, filosofar
implica un ethos , un ejercicio vital, un compromiso, o
como queramos decir. Y sobre todo, su ejercicio se hace posible
y se conserva en un compartir que es la amistad. Es lo que expresó
Aristóteles cuando, al regresar de Atenas, años después
de muerto Platón, erigió un momento a la amistad del
maestro, 'el único, o el primero, que mostró con su
vida y sus palabras que es lo mismo ser bueno y ser feliz'".
Tomado de Ramírez Muñoz Fabio, S.J., Ochenta
años de la Facultad de Filosofía de la Pontificia
Universidad Javeriana , Bogotá, CEJA, 2002 pp. 21 y
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