Paciente sexo femenino de 21 años, sistémicamente sana, llega a consulta por inflamación del labio superior y malestar general. Al momento de la evaluación clínica, se observa edema extra e intraoral a nivel de la mucosa vestibular del incisivo central superior izquierdo, el cual se encuentra restaurado con una corona completa de metal/porcelana en buen estado y clínicamente bien adaptada. La paciente presenta dolor a la percusión y a la palpación por vestibular. Al sondaje no presenta bolsas periodontales. Radiográficamente, el incisivo central superior izquierdo presenta área periapical radiolúcida, ápice abierto, un espigo intrarradicular corto sin tratamiento de conducto radicular y un puente dentinario en la unión de los tercios cervical y medio de la raíz (figura 1). La paciente refiere que cuando tenía 8 años se golpeó ese diente y que le realizaron tratamiento endodóntico en ese diente, el cual fue restaurado con resina. Hace 2 años, le cambiaron la restauración de resina por una corona metal/porcelana con núcleo intrarradicular.
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Figura 1  |
Se diagnosticó absceso apical agudo, y se procedió a drenar el absceso vía intraoral realizando una incisión con una hoja de bisturí, y se medica con antibiótico (Clindamicina 300 mg c/12 horas por 5 dias). La paciente refiere que se siente satisfecha con la corona y que no quiere retirársela para intentar realizar el tratamiento endodóntico por vía convencional, por lo que se programa para cirugía apical 2 semanas después.
El día de la cirugía la paciente se encuentra asintomática y sin evidencia del edema o de la incisión del drenaje (figura 2).
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Figura 2  |
Se realiza un colgajo triangular con incisión vertical en mesial del canino superior izquierdo e incisión intrasulcular que se extiende hasta el central superior derecho (figura 3).
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Figura 3  |
Luego de levantar el colgajo, se observa la cortical perforada, facilitando la localización de la lesión apical (figura 4).
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Figura 4  |
Se realizó ostetomía con fresa zecrya en pieza de mano de alta velocidad y con abundante irrigación, y se curetea la cavidad ósea, removiendo todo el contenido de la lesión para despejar el ápice radicular (figura 5).
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Figura 5  |
Se realizó la apicectomía con fresa zecrya, haciéndose evidente lo amplio del conducto (figura 6).
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Figura 6  |
Por lo amplio del conducto se decide realizar la retroinstrumentación del conducto para remover la mayor cantidad de tejido necrótico posible. Para ello, se utiliza una lima tipo K doblada en ángulo de 90° (figuras 7 y 8).
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Figura 7  |
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Figura 8  |
Luego se procede a secar el conducto con puntas de papel (figuras 9 y 10).
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Figura 9  |
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Figura 10  |
Inicialmente se decidió sellar el conducto con MTA, el cual fue condensado hasta al fondo de la cavidad, pero ante la dificultad de sellar todo el conducto con este material, se decidió sellar la porción apical del conducto con Super-EBA (figura 11 y 12).
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Figura 11  |
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Figura 12  |
Se compactó bien el Super-EBA contra el MTA que se encontraba por debajo, y se retiraron los excesos (figura 13).
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Figura 13  |
Se tomó radiografía para verificar que el material hay quedado bien empacado en la cavidad (figura 14).
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Figura 14  |
Finalmente se reposicionó y se suturó el colgajo (figura 15).
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Figura 15  |
La paciente se cita a los 8 días para retirar la sutura y se mantendrá en controles clínicos y radiográficos periódicos.
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Figura 16  |
Control post quirúrgico reparación total.
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