
- Algo que no podia
- dejar de contar
- Adriana Ordoñez
- Bacterióloga. Expedición Humana
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- Era una noche muy oscura, entrábamos por
el Río San Juan, en una pequeña y muy móvil embarcación,
antes de bajar se solicito autorización, para desembarcar y pasar
la noche, dormimos en hamacas en una gran maloca, al llegar el día
siguiente, sabiamos que pronto llegaríamos a la comunidad, de nuevo
en la embarcación unas horas, hasta que a orillas del río
se fue abriendo el mas bello e insospechado paisaje, fueron apareciendo
ante nuestros ojos, muchas personas en su mayoría niños,
que nos miraban tanto como nosotros los mirábamos, sentí
algo raro, y lo raro era ese gran grupo de Universitarios al que yo pertenecía,
me sentí rara, poco natural, y es que ellos si hacían parte
del paisaje, de su armonía, sus risas y murmullos en palabras que
no conocía se confundían con el sonido del agua, de los pájaros,
de la naturaleza.
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- Desembarcamos y desde ese momento en el que sin
entender algunos lo que decíamos, ni nosotros lo que ellos decían,
mujeres y niños recibieron nuestro acabado equipaje, y ayudándonos,
nos instalaron en una casa y en su iglesia, cerca a la escuela.
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- Para mi este fue el primer contacto real con
aquellas personitas que en medio de mi ignorancia solo pertenecían
a los libros de historia y estaban relacionados con selva, trajes, caza
y pesca, hoy gracias a ellos abrí mis ojos y mi pensamiento a esa
gran diversidad humana que me rodea y a la que de una u otra manera pertenezco.
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- De ellas aprendí tantas cosas, el divertirme
pintando lo cotidiano, el jugar mimetizados en una capa de greda, el correr
en noches de luna llena, el compartir, el vivir de una manera tan sencilla
como agradable, dejando de lado muchas cosas que hasta ese dia creí
imprescindibles y que hoy sé son superficiales.
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- A ese niño, a esa mujer, a ese hombre,
gracias.