Equipo personal para viajar
- en una Gran Expedición
Llevar
cuarenta personas entre profesores, estudiantes y profesionales de toda
índole en un recorrido por todo el país y lograr la supervivencia
de la Expedición... iba a ser una tarea titánica. Por lo
que fue indispensable hacer una lista de los implementos que tendría
que llevar cada persona para sobrevivir.
-
- Ignacio Manuel Zarante, M.D.
- Expedición Humana
-
- La preparación para los viajes tenía
que incluir un equipaje que fuera estandar por persona. Esto con dos objetivos:
que cada uno pudiera tener todo lo necesario en el viaje, para que su estadía
fuera agradable en cada sitio y ser capaces de manejar la cantidad de equipo
que podían transportar en las cuatro camionetas. En los vehículos
se tenía disponibilidad de dos platones con capacidad de una tonelada
y dos parrillas metálicas sobre los microbuses (las cuales resistieron
casi una tonelada antes de destruirse por completo).
-
- El equipo básico personal que debería
portar cada expedicionario debería ser introducido en un morral,
maleta o tula (la lista entregada a cada viajero especificaba claramente:
UNA sola pieza) con el objetivo de cargar allí con la casa, compuesta
por una hamaca, un mosquitero y dos cuerdas de nylon grueso acompañadas
de una cobija o manta delgada en caso de los sitios cálidos o un
saco de dormir en los fríos. La sugerencia hecha para la indumentaria
nocturna fue una sudadera, ya que esta permite dormir cómodamente
soportando las inclemencias del tiempo y además levantarse en la
mitad de una comunidad multitudinaria de manera presentable.
-
- El paquete de los utensilios de aseo dentro de
los que se encontraba el cepillo de dientes con su respectiva crema, el
jabón, la peinilla, talco y champú fue enriquecido en muchas
ocasiones por cremas ricas en proteinas y vitamina E, mezclas con todo
tipo de extractos para el pelo, cargas de maquillaje emvidiables en cualquier
concurso de belleza, y dicen las malas lenguas, que hasta secadores para
el pelo. A esto se le adjuntaba la precisión de llevar dos toallas
en vista de que la premura de los desplazamientos no dejaba secar las prendas
mojadas, que según contaron algunos después, le transmitían
un olor muy peculiar a los demás elementos del morral.
-
- Los otros implementos necesarios estaban compuestos
por: una linterna con pilas (buenas) que no solo servía para iluminar
el camino en la oscuridad, sino hasta para lumbrar la boca de los pacientes
odontológicos en las largas noches de trabajo, una navaja con varios
servicios y una cantimplora para guardar la ración líquida
en los momentos de escasez.
-
- La experiencia de toda la Expedición Humana
en la que nuestros trastes eran la vajilla de las comunidades indígenas
anfitrionas, nos sugirió que cada uno debería llevar sus
propios platos, cubiertos y pocillo. Desde el primer viaje vimos desfilar
expedicionarios sin enseres propios que luchaban por los ajenos, vajillas
dignas de culaquier restaurante cinco estrellas, platos plásticos
multiusos para niños menores de tres años, menajes traídos
directamente de los "boy scouts of America", latas de pintura
o leche en polvo vacías y hasta platos desechables con el fin de
no tener que lavarlos al final.
-
- Por obvias razones se restringieron los artículos
y prendas de uso privativo de las fuerzas armadas, así como tener
que implantar la estricta orden de llevar los documentos de identificación
y carnés universitarios en regla. Además de estos papeles
se hizo indispensable dinero y tarjetas de cajero para comprar artesanías
de toda clase, regalos para la familia y allegados, así como toda
suerte de golosinas y abarrotes para consumo individual.
-
- Las temidas picaduras de mosquitos en expedicionarios
citadinos fueron combatidas no sólo con el mosquitero de la hamaca
y la ropa de manga larga, sino con numerosas barras de repelente que en
la mayoría de novatos, no fueron suficientes para detener las arremetidas
de escuadrones completos de bichos, que dejaron una enorme cantidad de
ronchas pruriginosas en toda su humanidad. Para remediar estos inconvenientes
no se hicieron esperar los remedios que fluctuaban desde sofisticadas recetas
médicas con antipruriginosos y antihistamínicos hasta los
menjurges hechos con tabaco, alcanfor y alcohol sin olvidar los sahumerios
de boñiga que estuvieron a la orden del día en los sitios
donde existían rumiantes que aportaran dicha materia prima.
-
- La incomodidad del género femenino para
ir al baño fue mitigada en parte por unos curiosos elementos en
cartulina plastificada llamados "pi-pis" (los venden en cualquier
supermercado, rezaba la lista) que aunque fue una estricta sugerencia de
las expedicionarias antiguas, fue sólo usado por una parte del equipo
femenino de la Expedición en vista de los problemas para seguir
al pie de la letra las instrucciones de su uso. Para lo que si fueron definitivamente
necesarios estos adminículos fue para lograr administrarle el aceite
a las plantas eléctricas con lo que quedó demostrado que
no hubo ningún utensilio en la lista que no fuera absolutamente
indispensable en algún viaje.
-
- La única ley inobjetable para todo este
equipaje fue, es y seguirá siendo, el embalaje de cada cosa en bolsas
plásticas ya que la empapada podía perfectamente iniciarse,
el primer día de viaje cuando el equipaje se mojaba en el techo
de las camionetas y tenía que durar cinco días cultivándose
dentro del morral toda suerte de hongos, bacterias y otros bichos.
-
- La ropa requerida para los viajes se discriminó
de la siguiente manera: pantalones de dril (2), una bermuda o pantaloneta
corta, camisetas al gusto (manga larga según la cantidad de insectos
previstos), un saco (que servía lo mismo para la salida y llegada
a Bogotá así como de almohada en la hamaca), ropa interior
y medias a voluntad y por supuesto un poncho impermeable que aunque fue
muy útil para los experimentados, siempre estuvo en el fondo del
moral, que a su vez, siempre estaba en la base de la "otra canoa"
en el momento en que lo necesitaban los novatos. Las únicas variaciones
hechas fueron en los viajes a tierra fría en los que se aumentó
la cantidad de sacos, cobertores y... pastillas antigripales.
-
- Cómo última sugerencia para el
calzado, se recomendó llevar botas pantaneras o según la
comodidad, botas de cuero, además de alpargatas, "abuelitas"
o chanclas. Definitivamente en sitios como los llanos orientales, las selvas
del Putumayo o el Chocó fue imposible andar sin las botas, en vista
de los impresionantes barriales a los que estuvo sometida la Expedición.
-
- Lo que no se podía prever con la lista
era si el equipaje, más los equipos de laboratorio, medicina y odontología,
además del mercado, cabrían en el estrecho espacio de las
camionetas. Eso sólo se pudo solucionar felizmente el mismo 12 de
octubre en que enfilamos rumbo al mar Pacífico cargados de equipaje
y expectativas... literalmente hasta el techo.