&laqno;Las
facultades de Comunicación no pueden renunciar a un proyecto de país»
Conversación con Jesús Martín
Barbero
Los
&laqno;lugares comunes» suelen orientar la discusión sobre
la enseñanza de la comunicación y su vinculación con
el campo laboral en Colombia. El primero es aquel que ha reducido las relaciones
entre la academia y el mundo laboral a una pregunta tan tramposa como ambigua:
¿Más teoría o más práctica? El segundo,
es aquel que se ha empeñado en continuar una vieja discusión
entre quienes aseguran que no es necesario estudiar una carrera de comunicación
para ser periodista y aquellos que defienden la formación académica
de los comunicadores desde una perspectiva que busca ampliar la comunicación
-y sus temáticas- más allá del campo mass-mediático.
El resultado de ésto ha sido la reproducción de un &laqno;diálogo
de sordos» que en buena parte de los casos tiene más de crítica
visceral que de planteamiento racional, sobre todo en aquellos que, movidos
por intereses particulares, han obtenido del derecho a la información
y a la expresión pública de los ciudadanos el usufructo reducido
de un &laqno;negocio», el negocio de la información.
Convoca esta entrevista con Jesús Martín
Barbero la necesidad de debatir sobre interrogantes que desborden ese &laqno;diálogo
de sordos». Por ejemplo, ¿cuál es el sentido de la formación
teórica en una carrera que como la comunicación tiene tanto
de profesión práctica? ¿Qué dimensiones de la
vida social de un país como Colombia están pasando por la
comunicación y sus sistemas de información? ¿Cómo
formar comunicadores en un país en guerra y con un déficit
tan diciente de convivencia democrática? Para las Facultades de Comunicación
enfrentar tales cuestionamientos no puede llevarnos, simplemente, a enterrar
la &laqno;cabeza en la tierra» y señalar a los medios de comunicación
como los únicos responsables del &laqno;desastre», pues aquí
también habría que decir que muchas de las carencias en la
formación de los comunicadores provienen de la ausencia de un proyecto
ético, político y cultural de las mismas Facultades y de las
universidades donde éstas se ubican.
Para Signo y Pensamiento, esta entrevista con Jesús
Martín Barbero apunta, entonces, al reto de recomponer la discusión
cuando de pensar la enseñanza de la comunicación y su vinculación
con el mundo laboral se trata.
Los ingredientes del debate:
Comunicación, campo social y universidad
Jesús Martín Barbero: Quiero comenzar ubicando
el tema de la formación de los comunicadores para este país.
En el momento que está viviendo Colombia decir Comunicación
es algo mucho más &laqno;ancho» que hablar del periodismo y
de lo que hacen los periodistas, más aún cuando éstos
son incapaces de entender qué es lo que se está jugando, ahora
mismo, en la licitación de televisión, o en la licitación
de la telefonía celular, para citar dos casos. Se trata de preguntarnos
qué sucede en las Facultades de Comunicación y qué
pasa en las empresas periodísticas para que haya este malentendido
permanente entre lo que las escuelas de Comunicación intentan, entre
lo que hacen y entre lo que ven los de afuera, a partir de los resultados
que presentan los egresados, porque ésto ocurre en todos los países
pero en forma diferente. En España, por ejemplo, nadie descalifica
como aquí, por cualquier razón, a las Facultades. He visto
que se hacen críticas concretas sobre la masificación en las
escuelas o sobre la imposibilidad de que los estudiantes realicen prácticas,
pero nunca sobre las generalidades que se dicen en Colombia.
Es necesario entonces recolocar el tema, pues tampoco se
trata de decirles a los periodistas: &laqno;dejen de decir generalidades
y obviedades». Más allá de &laqno;las Marías»,
de Plinio Mendoza y de las tonterías que dice El Tiempo con sus separatas,
lo que yo quiero plantear espero que sirva para que en las facultades de
Comunicación se reflexione, en serio, sobre lo que estamos haciendo.
Nuestro problema no es, por tanto, salir a pelear con los periodistas que
afirman que la formación académica no es necesaria, pues nos
podrían echar en cara muchas cosas en las que tendrían toda
la razón. Y si además García Márquez viene a
decirles que eso es verdad, que él aprendió a hacer periodismo
en la bohemia bogotana, en los cafetines... ¿cómo se sale
de ese enredo?
Por eso, quiero ligar esta problemática al nuevo
papel que los medios de comunicación están cumpliendo en nuestra
sociedad. Cómo cada vez, a su manera, más país aparece
por ahí. Evidentemente no el país que nosotros quisiéramos
que pasara, pero que pasa en otras dimensiones. Cada día estoy más
convencido de que Colombia es un país en guerra, y a un país
en guerra no se le puede tratar como a un país normal. Y en buena
medida, los medios reproducen esa imagen. La pregunta es entonces, ¿qué
enseñar en una sociedad en guerra que no nos conduzca a todos al
suicidio, pero que tampoco nos tape los ojos? ¿Cómo hacer
para construir un país que cuando se mire en los medios, vea algo
más...? Posiblemente en la formación de comunicadores no hemos
sabido hacerlo bien hasta ahora, de modo que lo que debemos intentar es
formar periodistas capaces de no lavarse las manos -como evidentemente se
las están lavando muchos de nuestros críticos-, aunque hablemos
sólo de algunas Facultades.
Jorge Iván Bonilla: Sin embargo, la crítica
a las Facultades de Comunicación no sólo viene del periodismo.
También existe un cuestionamiento muy fuerte que se traduce en la
desconfianza que algunos saberes académicos tienen hacia la Comunicación.
Según esto, pareciera que quienes estuvieran en el &laqno;ojo del
huracán» de la crisis de la educación universitaria
en Colombia fueran los comunicadores. ¿Cómo analiza usted
a las Facultades de Comunicación entre esos dos fuegos?
JMB: Al final del artículo que hicimos con Germán
Rey (Signo y Pensamiento, No. 30) sale algo de esto: Allí afirmamos
que si el asunto es de baja calidad, el problema no es de Comunicación
sino de la Universidad colombiana. No creo que las Facultades de Comunicación
sean peores que otras Facultades de nuestras universidades. Yo pienso que
en Colombia se ha vivido una situación muy extraña: en el
lapso de unos quince o veinte años se ha pasado de la valoración
social de cualquier tipo de título universitario como un &laqno;plus»
social, a que éste no tenga ninguno. Yo recuerdo haberle oído
decir a Camilo Torres, dirigiéndose a los estudiantes, que ser universitario
en este país era un &laqno;plus» social en sí mismo
y que ellos tenían que ser responsables de eso, en términos
de conocimiento y de aporte al país. En estos años la situación
ha cambiado y, querámoslo o no, de la apertura no confesada a la
apertura económica explícita y a la modernización,
a lo que asistimos hoy en muchos terrenos, es a que el cartón universitario
no significa ningún &laqno;plus» y que éste se ha devaluado
enormemente.
El hecho es que los muchachos que hoy llegan a la universidad,
a las facultades de Comunicación, desde segundo semestre ya están
buscando trabajo. La gente que sale hoy de cualquier Facultad, lo hace sin
la menor seguridad de trabajo, y eso también está presionando
a las Facultades, pero no en la línea que nos gustaría en
tanto exigencia y en toma de distancia. Del mismo modo, nos encontramos
con que las universidades en tanto empresas -que también lo son-
acaban, en últimas, amoldando sus currículos a aquellas figuras
profesionales que les garantizan seguir renovando sus alumnos; además
de que las nuevas &laqno;hornadas» de jóvenes que están
llegando a la universidad lo hacen con una actitud que no hala hacia arriba
de la enseñanza, sino hacia abajo. Y ésto por muchas razones:
por el déficit del bachillerato, por las deformaciones de la educación
y por la misma situación del país, en la que muchas profesiones
se están viendo sin posibilidades de desarrollo.
Planteo lo anterior para responder a su pregunta. Yo diría
que en los últimos años, con honrosas excepciones, las universidades
presentan un crecimiento enorme de oferta -no sólo de número
de universidades sino también de planes dentro de las universidades-
sin el mínimo de cualificación del profesorado, y ahora con
el asunto de los posgrados, la situación es peor porque mucha gente
ha encontrado en éstos ese escalón que vuelve a convertir
en &laqno;plus» el estudio universitario que la licenciatura ya no
proporciona, pero que en realidad, tal y como lo están asumiendo
las universidades, es una &laqno;estafa», aunque suene muy fuerte
la expresión. La mayoría son cursos de reciclaje, de actualización,
pero no tienen la contextura de un saber universitario en serio.
En alguna medida, ésto responde a la misma situación
del país, pues lo que se requiere, a la luz del proyecto neoliberal
de cualificación técnica, es eso. De alguna forma, hay un
país nuevo, que le pediría a la universidad otras cosas diferentes
de lo que la universidad está ofreciendo: muchos más técnicos,
muchos más cuadros medios, mucha más gente capaz de involucrarse
en los procesos de reestructuración administrativa e ingenieril de
las empresas y de hecho, lo que yo veo venirse en las Facultades de Comunicación,
a través de Comunicación organizacional por ejemplo, es precisamente
eso. Es decir, Comunicación Organizacional es hoy para mí
un punto clave, porque para unos significa retomar lo que había de
Comunicación y desarrollo, o Comunicación y comunidad, pero
para la mayoría significa el enganche con la Administración
de Empresas. De alguna manera, dicen, es lo que está pidiendo el
país.
Deslindando, yo uniría a esta crisis de la Universidad
-que es en buena medida una crisis de crecimiento de oferta, de cualificación
y de ausencia de investigación- la cuestión de que nuestras
carreras de Comunicación no tienen el &laqno;perfil» mínimo
claro a partir del cual cada universidad después pusiera su propio
rostro, su propia identidad e hiciera que la gente pudiera viajar por el
país escogiendo aquella escuela que realmente va con lo que quiere
hacer. Las Facultades de Comunicación, están muy confusamente
delineadas al interior de otras carreras. No han logrado -y en eso yo responsabilizaría
directamente a AFACOM- definir algunos rasgos que permitieran que lo que
se denomina comunicador o periodista, o lo que sea, tenga en común,
un mínimo, y después haya otra parte en la que cada universidad
ponga su sello. Encontramos que no tenemos ni lo uno ni lo otro. No tenemos
ese mínimo común que puede aparecer en los currículos.
Un ejemplo reciente que se une a ésto fue el desenfoque de la Universidad
Nacional que pensó en un momento abrir una nueva Facultad de Comunicación.
A ésto yo no le encontré ningún sentido porque no veía
para qué tener un programa más de Comunicación cuando
en realidad lo que la Nacional tiene que hacer es cualificar su aporte al
país y creo que esa cualificación se realiza a través
de la investigación. Esto es, tener gente dedicada a investigar.
De este modo, estamos ante la presencia cada vez mayor de un periodismo-empresa
rentable y una universidad mediocre que no deja tiempo para investigar,
que ni siquiera tiene profesores que ganan para comprar libros.
Facultades de Comunicación: ¿Cómo
repensar su legitimidad?
Ana María Lalinde(AML):
Propongo varias reflexiones a partir de lo que acaba de decir. A mí
me parece que la ausencia de legitimidad de las Facultades de Comunicación
también tiene que ver con nuestra incapacidad de formar líderes
profesionales y no &laqno;mano de obra barata». Uno mira, por ejemplo,
a las Facultades de Economía y observa que son, por decir algo, los
de la Universidad Nacional los que manejan la macroeconomía y el
Estado, y observa que son los de la Universidad Javeriana o de los Andes
quienes manejan las empresas privadas. Pero los comunicadores sociales que
estamos formando en las quince o más facultades del país todavía
no han legitimado profesionalmente su formación, bien sea porque
no estamos apuntando a esa dirección, o porque los medios no dan
espacios, o porque el mercado laboral está saturado... ¿Qué
opinión tiene de ésto?
JMB: Primero habría
que poner esto en perspectiva histó-rica. No podemos colocar a las
carreras de Comunicación al nivel del desarrollo, tanto interno de
otros saberes, como de la definición de los haceres de profesiones,
con carreras como Economía, por ejemplo. éstas llevan muchos
años por delante de nosotros, legitimándose como saberes y
después, configurando diferentes oficios. En ésto no hay que
ser masoquistas. Las nuestras no tienen el mínimo de tiempo para
legitimarse como saber porque estamos en una encrucijada en la cual decir
Comunicación hoy es decir una palabra absolutamente clave de la modernización
del mundo, de la configuración de las sociedades modernas.
Nuestro reto está en darnos cuenta de que juntar
Comunicación y Periodismo es juntar dos cosas que hoy día
tienen muy poco que ver. Porque del Periodismo se puede hacer una historia
muy corta a través de dos modelos: por un lado, está el de
Periodismo como espacio de debate, propio del siglo XIX; y por otro lado,
aparece el modelo periodístico norteamericano, que hace de la información
el objetivo. De un periódico como espacio en donde se debatían
las concepciones de lo social y en el que no había partido político,
por pequeño que fuera, que no tuviera el suyo, hemos pasado a un
tipo de periodismo basado en la información.
Esto va a parecer una cosa extraña, y yo lo he dicho
muchas veces: Cuando uno habla de Comunicación mucha gente piensa
que el cambio de las escuelas de Periodismo a Facultades de Comunicación
fue un invento de la izquierda latinoamericana. Resulta que el inventor
fue un señor Nixon, asesor de imagen y de medios de muchos presidentes
norteamericanos antes de Carter. Este cambio nació en Estados Unidos
con una visión de derecha y CIESPAL lo acogió tanto, que los
primeros manuales de esta institución eran traducciones de textos
norteamericanos en su mayoría. Ellos fueron los que replantearon
las escuelas de Periodismo, sacándolas de su visión puramente
práctico-humanística. Sin olvidar tampoco que la mayoría
de las escuelas están en universidades católicas. En América
Latina hubo un montón de escuelas de Periodismo de la Iglesia que
terminaron como Facultades de Comunicación y, por tanto, el sesgo
humanista ha tenido también mucho de sesgo moralista.
A mi modo de ver, lo que de alguna manera hace difícil
a nuestra escuelas salir de la &laqno;mano de obra barata» tiene que
ver con las dos cosas: Por un lado, con la manera como nuestras universidades,
sobre todo las privadas, asumen el reto de cualificación del profesorado
para responder de alguna manera a las demandas que vienen de la sociedad,
incluyendo también en la sociedad al mercado. Y por otro, si formamos
&laqno;mano de obra barata» es porque no tenemos claro tampoco ese
mínimo perfil profesional que no coincide únicamente con los
intereses empresariales de las organizaciones de comunicación, que
es con lo que nos dejarían tranquilos.
A este respecto, recuerdo cuando hace años el ICFES
me nombró evaluador del programa de Comunicación de la Universidad
Externado de Colombia. En esa ocasión me encontré con unas
directivas diciendo que se sentían muy tranquilas, porque habían
elaborado una encuesta con empresarios de comunicación y que ellos
les dijeron cómo tenía que ser la formación de los
comunicadores, por tanto, no creían que el ICFES fuera a pedir una
cosa diferente. Lo cual hacía que lo que se formaba en el Externado
era Administradores de Empresas de Comunicación, es decir, donde
decía Economía, era en realidad contabilidad, porque allí
se creía que muchas empresas de comunicación fracasaban porque
no tenía un administrador con preparación de comunicador.
Y cuando yo escribí en el informe que consideraba que el programa
debía ser aprobado con el título de &laqno;Administrador de
Empresas de Comunicación», se armó un lío.
AML: Y no sonaría mal tampoco...
JMB: No, no estaría mal porque lo que se nos viene
encima es precisamente todo lo contrario. Grandes conglomerados que cada
vez saben menos de Comunicación pero que han visto en la Comunicación
el gran negocio, y eso cambia toda la lógica. De tener como patrono
a Enrique Santos o a cualquiera de los Santos, vamos a tener a los Santodomingo
y familia -que a la vez invierten en otros sectores- como dueños
de medios de comunicación: radio, revista y posiblemente periódico.
Julio Benavides: Retomando el tema de la validez académica
de la Comunicación, pareciera que siempre estamos &laqno;detrás
del bus» para subirnos. Da la impresión de que las Facultades
prefieren tener certezas en la enseñanza de la Comunicación
frente al riesgo de crear campos de trabajo que, evidentemente, les plantearían
inestabilidad. Por esta inseguridad de las facultades pareciera que nos
vemos en la disyuntiva de darle la razón a aquellos críticos
que piensan que debemos dedicarnos a profesionalizar a los estudiantes,
olvidándonos de la formación académica, pues eso formaría
parte, más bien, de un posgrado.
JMB: Voy a contestar con el tema de la educación.
Ahora mismo el país tiene un reto muy grande que no es la televisión
educativa, pero sí el papel de los medios en la educación.
La manera como las escuelas están introduciendo los medios sin saber
para qué, sin saber cómo éstos están cumpliendo
una función de modernizar un modelo de Educación que se ha
quedado completamente anacrónico respecto al modelo de Comunicación
hoy en día hegemónico en la sociedad, es una problemática
de vital importancia. Sin embargo, en la mayoría de los casos, lo
único que están haciendo las nuevas tecnologías en
la escuela es reforzar lo que el modelo educativo tiene de vertical, de
lineal, de represivo, de repetición de paquetes de conocimiento.
Así, el campo de la Educación es un terreno
cada día más de Comunicación, no sólo por los
medios sino porque lo que está en la base del fracaso de la Escuela,
es un modelo de Comunicación. Allí hay un proyecto pedagógico
con un modelo anacrónico de Comunicación que hace que entre
el lugar cultural desde el cual habla el maestro y el lugar cultural desde
el cual escuchan los alumnos, haya una brecha cada vez más grande.
Porque mientras el muchacho está, por &laqno;ósmosis»,
asumiendo una cantidad de información difusa y una cantidad de conocimientos
difuminados como esponjas, los maestros siguen empeñados en que &laqno;saber»
es lo que ellos saben, cuando de hecho la sociedad se está moviendo
mucho más por los saberes que los muchachos están captando
por otras vías que por lo que la escuela sigue llamando saber. Porque
además, lo que está en juego no es solamente la reproducción
de contenidos ni la mera circulación de información, sino
nuevos modos de producción de conocimientos.
Esto es precisamente lo que los críticos de las
facultades de Comunicación no han podido entender. Siguen empecinados
en separar radicalmente este mundo de la Comunicación a través
de una mirada completamente torpe y escuálida, que es la de los milagros
tecnológicos sin comprender que la Comunicación es un eje
de transformaciones radicales en todos los aspectos de la sociedad, inclusive
en el de la vida personal. Lo que uno puede ver en el acercamiento a las
tecnologías que hacen los periódicos es un acercamiento absolutamente
primario, de asombro, pero no del asombro griego que ponía a la gente
a pensar porque le cuestionaba sobre lo real, sino la admiración
del &laqno;primitivo». Entonces, primero, los críticos no son
capaces de entender la envergadura de los saberes que están en juego
en el campo de la Comunicación, y segundo, no son capaces de entender
la multiplicidad de aspectos y de profesiones que considera la Comunicación.
Esto es como la Medicina, por ejemplo, que supone decir muchas cosas, tanto
en términos de saberes como de oficios. Todo el mundo entiende que
estudiar Medicina es estudiar una multiplicidad de saberes que están
articulados sobre profesiones. Hoy existen una diversidad de profesiones
alrededor de la Medicina, así como un montón de saberes legitimados
socialmente desde hace siglos, aunque también estén en crisis.
Formación de comunicadores: O cómo transformar
sin aplastar
Fabio López: Quiero plantear ahora el lado positivo
de las críticas. Hay algo muy interesante en la formación
de los comunicadores y es la posibilidad de articular saberes prácticos
con saberes académicos. Yo quisiera ver a los sociólogos o
politólogos incursionando en estas formas expresivas. Pienso que
esa integración entre lo crítico-argumental y lo simbólico-expresivo,
resulta muy saludable. Pero, por otro lado, uno constata que la formación
económica, histórica o politológica es muy débil
en los estudiantes, es decir, hace falta mucho diálogo con los &laqno;duros»
de estas disciplinas, lo que hace a las Facultades de Comunicación
algo endebles y &laqno;light». Así, uno se pregunta ¿qué
función deberían cumplir las historias, por ejemplo, o las
sociologías? y parece que no está claro. Igual, con las teorías
de Comunicación con estos cambios de paradigma permanentes.
JMB: De alguna manera los pregrados en este campo están
atravesados por unas tensiones muy fuertes, pues no sólo están
cambiando los saberes sino las imágenes que tenemos de ellos y de
las profesiones, a una velocidad enorme. Y esto está ligado tanto
a la aceleración del cambio tecnológico como a la rapidez
de los cambios globales de la sociedad. Por una lado, lo que está
cambiando son las tecnologías, pero por otro, hay un montón
de &laqno;cambios de las costumbres» en la sociedad que hacen que
la ubicación de cualquier profesión de tipo social sea muy
difícil.
Hace algunos años discutí largamente con
Miquel de Moragas, quien, analizando los problemas de los pregrados en España,
llegó a la conclusión de que acabáramos con ellos,
que la gente estudiara cada cual lo que creía que le venía
bien y que después de que tuvieran alguna formación en Literatura,
Economía o Política cursaran Comunicación como posgrado.
Esto generó todo un debate en España y a mí nunca me
quedó la cosa clara. Yo seguía apoyando el pregrado en la
Universidad del Valle pero en más de una ocasión también
nos planteamos allí qué hacer con él. Es que si un
muchacho en pregrado tiene que saber de Economía para escribir un
artículo de Economía, yo creo que lo que tendría que
existir en el pregrado es mucha más Economía. Y si realmente
está preparado para hacer un análisis político sobre
la situación del país, la Política que tiene que estudiar
es enorme.
Fuera de las asignaturas &laqno;matrices», que no
pueden faltar en el pensum de Comunicación como Historia, Teoría
del Conocimiento o Filosofía, nos enfrentamos al problema de que
las asignaturas &laqno;fuertes» como Antropología, Economía
o Sociología no se pueden ver en serio en el pregrado. Esto último
nosotros lo intentamos solucionar con aquel primer plan de estudios en la
Universidad del Valle, pero no se pudo porque además los estudiantes
querían tomar otras cosas.
FL: ¿En ese plan se &laqno;pecó» por
exceso?
JMB: Nosotros vimos que eso no se podía porque se
&laqno;revienta» al estudiante si se le quiere dar, a la vez, una
formación en sociales para que pueda hacer algo con ese conocimiento
como contenido. Una cosa a la que hemos aspirado siempre es a que las Ciencias
Sociales le den al estudiante una &laqno;conciencia crítica».
Es decir, que le hagan ver que trabajar en un periódico no es simplemente
escribir bien sino que por allí pasan posiciones e intereses contradictorios
y que tienen que tomar una posición. Pero yo no puedo aspirar a que
sin más se conviertan en periodistas de la Sección de Política.
Esta es una contradicción que tenemos que asumir. Si yo quiero que
los estudiantes puedan llegar a ser analistas políticos, tienen que
haber estudiado Ciencia Política como pregrado.
AML: Pero entonces aquí cabría la pregunta
sobre qué es primero. Cuando los propietarios de los medios afirman
que es más fácil contratar a un politólogo para enseñarle
periodismo que enseñarle política a un comunicador, entramos
otra vez en la discusión de si la Comunicación es un quehacer
que se aprende o si se trata, más bien, de un saber en sí
mismo que genera prácticas específicas. Porque en algo estamos
de acuerdo: en radio se aprende a hablar ante el micrófono pero,
en muchas casos, se aprende a reproducir lo mismo de hace cincuenta años,
con lo cual yo pienso que el reto de las facultades de Comunicación
es &laqno;generar campos» y prácticas diferentes a las que
hoy conocemos. Pero al parecer, nuestras facultades no están en capacidad
de hacerlo, por tanto, seguimos pensando que lo que tenemos que hacer es
&laqno;meterles» a los estudiantes toda la Política y la Historia
que les quepa y además unas técnicas, que vendrían
a ser la diferencia sobre un politólogo.
JMB: Eso es en sí mismo una contradicción.
Pero creo que acaba de decir algo muy importante que nos puede iluminar
un buen trecho de la discusión. Yo escribí alguna vez que
si el comunicador no es capaz de poner su voz al servicio de las demandas
colectivas es un tipo que está robándole a la gente un derecho
primario. Porque la gente sabe hablar, sabe escribir y dibujar, y entonces
resulta que cuando un señor se apropia de ese saber, lo que está
haciendo es expropiando a la gente un derecho fundamental que es el de hacerse
oír y expresarse. En el fondo, ésto es una aberración,
porque hemos delegado en unos pocos un derecho de todos, y lo peor es que
son unos pocos que no nos están representando ni representando nuestros
intereses. Ahí se crea un problema: el desconocimiento de que ciertamente
a comunicar no enseña nadie porque a hablar se aprende hablando y
a escribir se aprende escribiendo y leyendo, claro.
Pero hoy cuando hablamos de Comunicación, no estamos
hablando de este ejercicio de las facultades humanas básicas -y dicho
sea de paso, en nuestras facultades algunos salen sin saber ni siquiera
eso, pero ese es otro problema-. Lo que nosotros estamos llamando Comunicación
es tanto un saber como una serie de prácticas que configuran profesiones
muy diversas. Por ejemplo, un comunicador metido en el ámbito educativo,
que es sin duda un ámbito estratégico para el mundo entero,
tiene que ver tanto con la utilización de medios en la Escuela como
con la presencia de diversas formas de educación en los medios.
De otro lado, todos los cambios culturales que hoy en día
están pasando por la misma tecnología no son comprendidos
por la mayoría de la gente. Y esto está gestando una tecnoestructura
que hace que decisiones importantísimas las tomen los expertos, porque
no existe un mínimo de eso que hoy llaman &laqno;masa crítica»
que discuta y lleve al Parlamento esas discusiones. Y ahí debería
estar no un periodista, sino un comunicador, pues a él le corresponde
saber qué se juega en las telecomunicaciones y en la informática,
pero no para hacer artículos cada lunes o para poner al día
a los niños y a los gomosos de eso. Ese es el problema: tenemos,
por ejemplo, unas páginas que en El Tiempo parecen referirse a la
tecnología pero de lo que en verdad hablan del hobby, se dirigen
sólo a los &laqno;gomosos», a los que están cambiando
de computador y, si mucho, a las empresas. Este es otro terreno diferente
al que planteamos sobre la tarea estratégica que hoy debe asumir
la Comunicación: ¿Cómo estamos produciendo un mayor
número de sujetos sociales con capacidad de intervenir en aquellos
ámbitos en los cuales se juegan decisiones que afectan a la colectividad,
y no sólo a quienes las toman?
A este respecto, nosotros podríamos diseñar
una serie de campos estratégicos que han surgido en los últimos
años. Incluso yo pondría también aquí lo que
es Comunicación organizacional. Por ejemplo, el problema de que más
de la mitad de los alcaldes elegidos por voto popular en este país
estén siendo investigados o en la cárcel porque están
despilfarrando el dinero de forma impresionante, evidencia algo que es una
idea propuesta por Foro por Colombia sobre la necesidad de hacer un programa
de educación de alcaldes en administración pública
básica. ¿No tendría que ver acaso la Comunicación
organizacional con esto?
AML: Si se pudiera evaluar la forma como se definen las
&laqno;políticas de Comunicación» en este país,
partiendo de que existieran, o la manera en que se asignan las frecuencias
de radio, o cómo se adjudican las licitaciones de televisión
privada y local, encontramos que las posibilidades de gestión por
parte de la sociedad son muy limitadas. Porque esos espacios han sido apropiados
por los políticos y sabemos que los medios se constituyen hoy en
espacios de poder político. ésto representa un conflicto y
una responsabilidad muy seria para las Facultades de Comunicación,
pues los egresados tienen que emplearse en algo, tienen que ubicarse &laqno;cargando
ladrillos», aunque sea. Y muchas de las decisiones de las universidades
pasan por la opción de ubicar laboralmente a su gente. Incluso, muchos
de los criterios para elegir universidad, parten de la constatación
de qué tanto mercado tienen los egresados de tal o cual facultad.
Entonces, si nosotros empezamos a pensar que es necesario generar campos
nuevos, nos encontramos con que la dirigencia política no está
dispuesta a abrir esos espacios.
JMB: Voy a ilustrarlo con una anécdota. Yo no olvidaré
en la vida una pregunta que me formuló Francisco Gil Tovar en la
primera reunión que hicimos de AFACOM en Cali. él decía:
&laqno;¿qué vamos a hacer cuando se constata que la gente
más inteligente, más honesta y más valiosa ocupa cargos
sin ningún lustre, mientras que la gente que en la universidad fue
torpe, está en puestos de mucha altura?». A mi me dio pena
decirle a Gil Tovar que la verdad es que en una sociedad así como
la nuestra sólo pueden destacarse ésos. Este es el hecho.
De veras: estar en los grandes pivotes, en algunos raros casos, es consecuencia
de que la gente es muy valiosa, pero en otras ocasiones es fruto de las
serias contradicciones del sistema.
Mucha de la gente que no encaja es porque las empresas
de medios no quieren gente que venga a cuestionar y que venga a democratizar
lo que está pasando. Lo que quieren es &laqno;carga ladrillos»
que se pregunten muy pocas cosas sobre el mundo, sobre la vida y sobre el
país. Cuanto menos se pregunten mejor. Ahí es donde nuevamente
aparece la situación del país. Yo no puedo formar a un periodista
neutro que sabe muy bien escribir un lead, que sabe responder a las viejas
prácticas periodísticas -que, entre otras cosas, están
cambiando con la entrada de las tecnologías-. Aquí también
necesitamos de lo otro: de profesionales que tengan un mínimo de
herramientas para poder ubicarse en esta sociedad y, que sin ser maniqueos,
sepan realmente que hay intereses colectivos e intereses privados, que hay
intereses en la guerra y hay intereses en la paz. Lo mínimo es esto.
Es que no pueden salir manejando únicamente cámaras, micrófonos
y grabadoras sin que nada de ésto apunte a entender mínimamente
lo que está pasando en la sociedad.
JIB: Quiero apuntar algo que me lleva a preguntar ¿por
qué en la enseñanza de la Comunicación quien más
ha tenido protagonismo es la universidad privada? Es decir, la universidad
pública le ha dejado en Colombia esta responsabilidad a las universidades
privadas, a excepción de dos de ellas que se tomaron en serio el
asunto. ¿Por qué a la universidad pública le ha parecido
la comunicación un problema de segundo orden? ¿Por qué
las universidades públicas, en su mayoría, han abandonado
una reflexión no ideológica sobre las industrias culturales
desde la posibilidad de capacitar cuadros para que, con una capacidad crítica,
abran esos espacios en el mercado.
JMB: Yo tengo mi explicación respecto a esto. La
izquierda en este país de una manera u otra, ha manejado la universidad
pública. Y esa izquierda ha sido incapaz de comprender lo que se
juega el país en el escenario de los medios. Y sigue con una visión
instrumental y moralista, pensando que el día que los medios cambien
de dueño y que el proletariado se tome el poder, las cosas van a
cambiar. La izquierda que todavía queda en las universidades públicas,
no ha sido capaz de comprender que buena parte de las transformaciones de
la política están pasando por los medios. Que los medios no
se reducen a reproducir sino que están constituyendo una esfera pública
nueva. Eso no lo entienden. Y lo peor es que la mayoría de gente
que está teniendo poder en ese campo de los medios, tampoco lo está
entendiendo. Sólo hay que ver las nuevas alianzas que los medios
están haciendo. Pasamos de unos medios cuyos únicos aliados
habían sido los políticos porque eran quienes les daban poder,
les daban las frecuencias y les daban todo, a encontrarnos con unos medios
que están haciendo alianzas de otro tipo con el sector privado.
Las universidades públicas -y como ejemplo está
la Universidad Nacional, que sólo hasta la rectoría de Antanas
Mockus, comenzó a pensar en serio en abrir un instituto de investigación
que involucrara la comunicación de la universidad con el país-
no han sentido como un tema importante la Comunicación. No ha habido
conciencia y eso es responsabilidad de la izquierda. En las universidades
públicas donde hay Comunicación, ésto ha sido por carambola,
porque a alguien se le metió en la cabeza la idea. Así, las
públicas han estado muy sesgadas por la cuestión ideológica
y no han entendido la importancia política del escenario de los medios.
AML: Pero, desde una visión autocrítica de
la universidad privada, ¿por qué nosotros tampoco hemos sido
capaces de hacer evidente eso? Es decir, la profesión del comunicador
en tanto observador del acontecer social, no está legitimada. Al
parecer, somos incapaces de generar debate y reflexión. Es increíble
que cuando se habla de los medios se llama a los politólogos o a
otros &laqno;expertos», pero no a los comunicadores.
JMB: Para mí, la experiencia que tuve en Puerto
Rico, puede ser un ejemplo de lo que estamos hablando. Allí había
un laboratorio de análisis social y cuando se debatían temas
específicamente de Comunicación, no se llamaba a comunicadores
sino a políticos o abogados. Nosotros veíamos que la única
figura del gremio que tiene legitimidad social es el periodista, cuya figura
tiene algo más que siglo y medio, bien sea aquella que vive del modelo
público del siglo XIX, o del modelo privado del siglo XX. Fuera de
esta figura de periodista, no ha habido tiempo de legitimar el espacio de
los comunicadores como analistas sociales. Insisto que no debemos hacer
masoquismo con esto. Nos falta mucho tiempo para que ésto sea posible
y nos queda muy difícil aceptarlo porque las presiones que nos vienen
de todos lados son muchas como para que todas estas cosas queden claras:
dónde estamos, qué hacemos, para qué sale la gente.
Yo sigo creyendo que la legitimación de profesiones socialmente decisivas
necesita mucho tiempo. Los politólogos hace seis años no estaban
tampoco legitimados en este país, sólo empezaron a opinar
cuando Fernando Cepeda fue ministro de Gobierno. Aquí -antes no había
análisis político- los politólogos no aparecían
por ninguna parte en los medios. Cuando lo hicieron, recuerdo que El Tiempo
publicó una editorial preguntándose quiénes eran ellos
para opinar sobre el país, cuál era esa carrera. Yo sigo insistiendo
que estas carreras que inciden decisivamente en la marcha del país
tienen muy poca legitimidad.
Proyecto de universidad y mercado laboral
AML: De todos modos, la Comunicación como profesión
se ha instalado en los sectores de clase media. Quienes están accediendo
en general a la universidad son estos sectores, que además son los
que han sido por tradición políticamente apáticos y
arribistas. Y si asumimos que la Comunicación supone una vocación
social y una posición política encontramos que la democracia,
la participación y todas esas cuestiones sobre las que la Comunicación
nos lleva a reflexionar, no son importantes para el estudiante promedio
que ingresa a las facultades, pues tampoco le conviene pensarlas ya que
sus aspiraciones en la vida son &laqno;casa, carro y beca». Obviamente,
si se le ofrecen un buen sueldo por presentar un noticiero, ¿qué
aspiraciones va a tener, o qué va a transformar?
JMB: Eso no lo justifico. Si nos quedamos sin un proyecto
político-cultural que le de sentido a la formación de los
comunicadores, entonces si tendrían razón todos los críticos
de las facultades de Comunicación. Si eludimos ese proyecto ¿qué
nos ponemos a hacer?... pues, &laqno;carga ladrillos», nada más.
Y ésto significa que tenemos que jugárnosla como titanes porque
es muy difícil, porque la situación es muy confusa dentro
y fuera. Una carrera, querámoslo o no, necesita de un cierto proyecto.
Otra cosa es, como le dije a Gil Tovar aquella vez, que los egresados salgan
al menos con &laqno;mala conciencia». Algo por dentro les va a quedar
&laqno;desajustado» y de eso se trata. Y yo no creo que por tener
conciencia social se queden sin empleo. Justamente lo que yo tengo para
rebatirle a estos periodistas que critican a las facultades de Comunicación
es lo que usted dijo hace un rato: &laqno;ustedes lo que están defendiendo
con &laqno;su» figura de periodista no es sólo una libertad
de expresión transnochada que no es capaz de cubrir para nada el
derecho a la información que se ha definido en la Constitución
colombiana, sino el funcionamiento rentable de unas empresas. Por eso no
quieren gente que venga a cuestionar, y en eso se agarran de cualquier cosa
por la que falle ese muchacho para desligitimarlo cuando a lo que apunta
el asunto es a otra parte».
Visto desde el lado de los muchachos, me he cansado de
decirlo en la Universidad del Valle: &laqno;Señores, hay que salir
con mucha paciencia a una sociedad en la que hoy en día hay más
conciencia de que por los medios lo que pasa es poder. Y eso nadie se los
va a regalar. Ustedes tendrán que ir ganándoselo con paciencia
y con mucha imaginación», porque cada vez le estoy dando más
importancia al talante artístico del comunicador. Esto es muy difícil
hacerlo entender a gente jovencita y decirle: &laqno;tienes que tener paciencia,
y realmente tienes que 'cargar ladrillos' y sigue tu camino proponiendo
cosas con imaginación». Eso justamente hace parte de la formación
de una conciencia social.
A propósito de un texto que estoy escribiendo sobre
el aporte del Brasil a la Comunicación, lo que digo es que hay que
tener algo que nos enseñó Pelé, quien fue un futbolista
capaz de quedarse en veinte centímetros cuadrados y moverse él
sin que se moviera el balón, logrando que el jugador que tenía
en frente se volviera &laqno;loco» y lo dejara pasar. A eso se le
llama &laqno;tener cintura». Luis Roberto Alves lo dijo alguna vez:
&laqno;Los brasileños tenemos cintura». Es lo que ellos llamaban
&laqno;brechas», que realmente es una cosa muy seria, porque, en aquellos
tiempos duros de la dictadura, era la única cosa que daba un poquito
de esperanzas. &laqno;Brechas» que, por un lado, permitían
la conjunción de las contradicciones de la industria cultural -porque
ésta no es una industria &laqno;maciza», ya que como es &laqno;cultural»
no tiene recetas ni fórmulas- y por el otro, posibilitaban la inserción
de la gente que quería meterse en ellas con &laqno;mucha cintura».
¿Qué estamos diciendo? Estamos afirmando
lo mismo que antes se le decía a un militante cuando pensaba en la
revolución. De alguna manera, sigo creyendo que un oficio como el
de comunicador social, aparte de la complejidad de saberes y de la aceleración
tecnológica, supone a alguien con &laqno;vocación» y
con una cierta mística. Es alguien con una cierta generosidad. Es
gente que tiene que saber cómo colocarse, pues las posibilidades
de ser un periodista crítico, cuestionador, pero a la vez, creador,
pasan por asumir que entre sus intereses y los de la empresa en la que va
a trabajar, hay contradicciones fortísimas.
JIB: Quiero retomar algo que usted dijo hace un rato: En
el país también se está abriendo paso la figura del
&laqno;comunicador empresario» que en principio parecería muy
interesante, puesto que se trata del comunicador generador de empresa. De
alguna manera ésto responde al desencanto con los dueños de
los medios, pero de otro lado,también está ligado a aquella
idea según la cual en estos tiempos cada quien debe tener su propia
empresa. ¿En qué medida ese comunicador empresario que se
perfila en el mercado, responde a las necesidades concretas de este país?
JMB: De hecho, lo que yo conozco en Cali de la Universidad
del Valle, es que esa tendencia ha sido mucho más positiva. Es decir,
la gente defraudada de servir a un &laqno;patrón» que no merecía
la pena, se ha buscado la forma de generar pequeñas empresas. Pero
es gente con talante de artista y con un espíritu muy grande de no
dejarse &laqno;atrapar» por una vida mediocre que ni les paga ni les
deja vocacionalmente realizarse. Yo diría que esta tendencia de la
que usted habla ha respondido mucho más a lo bueno que en las facultades
les hemos dado: el espíritu de no conformarse con &laqno;cualquier
cosa» y a hacer algo que valga la pena.
Ahora, lo que uno observa es que el país está
viviendo una situación contradictoria porque, por un lado, los grandes
conglomerados se apoderan de los medios, pero por otro lado, grandes comunicadores
se han vuelto empresarios de mucho peso. Evidentemente, éstos son
hechura de los políticos. Son los políticos los que les han
dado ese peso. Por eso les queda tan difícil a los políticos
aceptar que se separen lo más mínimo de su tarea de fidelidad
a ellos y por eso se la están &laqno;cobrando». Realmente,
en estos últimos tiempos hubo una pequeña distancia y entonces
se vino la clase política entera a &laqno;masacrarlos», por
la mínima distancia que tomaron y por los cuestionamientos que hicieron.
Es que realmente, en la actualidad, no tenemos en el Congreso
quién piense el país. Los políticos en este país
tienen un contrato clientelista con la gente: &laqno;Tu me votas, yo te
pongo agua» y aquí termina el asunto. El Congreso no representa
a la gente sino a sus otros intereses. Tenemos entonces a un país
con una &laqno;perversión política» y no sólo
con &laqno;ausencia de política»: La gente que está
en el Congreso no se siente representando a nadie y por eso pudieron hacer
lo que hicieron. Aquí hay una visión extraña de la
maquinaria política, y por eso, a los periodistas los han hecho empresarios
con la condición de que no tomen distancia.
FL: Y eso también le preocupa muy poco a la gente...
JMB: Claro, es que después de más de veinte
años en los que no ha funcionado la &laqno;representación»...
Es algo curioso que hoy se empiece a hablar de la &laqno;representación»
por el lado del llamado &laqno;voto de opinión» en las grandes
ciudades. Se empieza a creer en unas minorías que se dan cuenta de
que no están siendo representadas.
AML: Puede sonar duro, pero lo que usted está diciendo,
en el fondo, es que cada sociedad tiene los medios que se merece...
JMB: Si, pero en el caso de la clase política. Ella
sí que tiene los medios que se merece. Hace unos días, hablando
con Oscar Landi, me decía luego de caminar por la ciudad, que sentía
que la calidad de vida de este país está muy por debajo de
la inteligencia de la gente y del desarrollo mismo del país. Aquí
hay algo que está &laqno;enturbiando» el desarrollo y que no
deja que circule. Aquí algo falla: no es falta de inteligencia ni
de dinero, es otra cosa.
Al respecto, considero que este país se merecería
otra clase política. Pienso, por el contrario, y a pesar de todas
las cosas, que la dirigencia empresarial colombiana está muy por
encima de la clase política en muchos sentidos. Hasta para creer
en el país, hasta luchar por el país, desde sus propios intereses,
claro.
Es en esta relación en la que vamos a presenciar
las peores perversiones: la de unos periodistas que han pasado de un empirismo
craso a sostenerse profesionalmente sobre la fidelidad a sus dueños,
a los políticos. Y así, en un país como el nuestro,
que todavía tiene pendiente la asignatura del populismo, creo que
quedan muchos años para que los populistas sean los periodistas.
A mi modo de ver, a ellos les ha pasado como a las emisoras de radio. Tenemos
uno de los sistemas de radio que mejor se oye en América Latina,
con un desarrollo interesante de la información en radio, pero el
nuestro es el país que ha descubierto de último las múltiples
alternativas de la radio. Por ejemplo, las emisoras comunitarias del Pacífico
no tienen más de diez años, cuando en Bolivia las radios mineras
empezaron en los años cincuenta, o en Centroamérica y el Brasil,
en los años setenta.
Retos y perspectivas
AML: Pero la pregunta sigue siendo qué enseñar.
¿Si la práctica del periodismo va por otro lado distinto a
lo que podría considerarse el &laqno;ideal»? y si la realidad
es tan crítica, entonces, ¿qué enseñar?
JMB: También en este país existe una cantidad
de cosas valiosísimas. Yo me plantearía por lo menos tres
núcleos: uno, lo que tiene que ver realmente con Colombia-historia
del país, economía del país, cultura del país-,
algo que los ubique mínimamente en dónde estamos, incluyendo
las cosas buenas que tenemos; dos, el manejo de los saberes profesionales;
y tres, habría que meter en este momento, una serie de saberes sociales,
entendiéndose el mínimo de saber económico, por ejemplo,
que pueda partir de economía de los medios, pero que sirva como pretexto
para saber cómo funciona la Economía en general. Lo mismo
con la Antropología.
Habría que pensar cómo enseñar estos
saberes sin que se vuelvan asuntos abstractos, que sirvan para producir
cosas específicas para este país. No podemos renunciar a esto,
ya que es lo que nos diferencia de los críticos y del tipo de periodismo
que la mayoría de ellos están haciendo. Un proyecto que, poco
a poco, vaya calando y ocupando espacios y aprovechando las &laqno;brechas»
que ya existen, pero teniendo la &laqno;cintura» de los brasileños.
Yo si creo que realmente las facultades de Comunicación tienen una
responsabilidad muy grande con que este país vuelva a tener un mínimo
de democracia.
FL: Lo que debemos pensar entonces es en un proyecto para
la formación de los comunicadores? ¿Cuál proyecto?
JMB: Las Facultades que tienen, por lo menos, la idea de
que debe existir un proyecto político-cultural que le de sentido
a la formación de comunicadores, tendrían que juntarse, tendrían
que apoyarse. Porque en realidad, cada facultad sola enfrentando los cambios
que vienen de arriba de la Universidad y los que vienen de abajo de las
nuevas generaciones con sus nuevos &laqno;talantes», se enfrenta a
una tarea muy difícil. Yo sigo pensando que en el campo en el que
nos movemos buena parte de nuestra confusión, no porque seamos tontos,
sino porque la complejidad del campo, el lugar estratégico que juega
hoy la Comunicación en la sociedad, en el mundo, realmente nos desborda.
Por ejemplo, de lo que era pensar la legislación
de medios a pensar hoy lo que son las &laqno;políticas de Comunicación»
es una gran tarea. Y hacer que los muchachos no se sientan &laqno;aplastados»
y no sientan que aquí no se puede hacer nada, es otra tarea de gran
envergadura. O sea, la pregunta es cómo hacer no solamente conciencia,
sino dar una información reciente, para que los estudiantes estén
al día de lo que está pasando sin &laqno;aplastarlos».
Porque esa es otra cosa, dejar a los muchachos con la sensación de
que si es por el lado social, aquí no hay nada que hacer. El desafío
es muy grande y eso necesita de facultades que tengan un &laqno;proyecto»
y que se unan y compartan experiencias.
AML: Otro de los temas sobre los que podemos reflexionar
ya para terminar nuestra entrevista,es hasta qué punto las Facultades
de Comunicación están haciendo algo por la región;
preguntarnos si ellas están llenando las expectativas de las provincias.
Porque incluso, las críticas que vienen de los medios son también
muy centralizadas, están hablando de los estudiantes bogotanos y
de las facultades que estamos alimentando a ese mercado de los grandes medios,
de las grandes empresas. Y pienso que las facultades de las regiones están
alimentando también procesos interesantes.
JMB: Yo diría que la región tiene un poco
más de oxígeno para ensayar. En el caso de la Universidad
de Valle, y no sin tropiezos, nosotros apostamos a un cierto proyecto político-cultural
y, por supuesto, nuestros egresados respondieron más o menos a ese
proyecto. La del Valle ha logrado colocar gente, por ejemplo, en la administración
local, gente que incluso está regresando a tomar el posgrado de gestión
cultural. Allí ha habido un proyecto que se ha ido realizando a través
de instituciones públicas, o bien, a través de la formación
de esas pequeñas empresas de las que hablábamos antes. Yo
veo incluso que mucha gente, al no poder realizar su vocación, se
ha unido y ha formado empresas de tipo comunitario y está ligada
a proyectos colectivos. Ahora, eso no quiere decir que sean todos; hay suficientes
como para que el asunto llame la atención, porque también
hay mucha gente, que al igual que en otras profesiones, acaba ganándose
la vida como puede. Pero esos no me preocupan. A mí lo que me preocupa
es que siga habiendo un mínimo de gente que siga defendiendo el proyecto,
que luche por él, y después está esa otra gente entre
la que hay personas mediocres que nunca van a hacer nada, cosa que también
pasa en otras carreras, no sólo en Comunicación. |