abr 6

Por: Augusto Ibáñez
Director Departamento de Derecho Penal

El desastre observable y sentido en toda Colombia. El desastre aterrador que encontró el mundo en Mocoa es, sin duda, inenarrable; ahí está.Desde luego la solidaridad se impone y Colombia y el mundo comprometidos en la ayuda, la reconstrucción, el colaborar para un mitigar la pena, el disminuir la aflicción por los seres queridos; sin duda.Los esfuerzos del Estado han de ser ingentes: se decretó la conmoción interior para enfrentar la crisis que, en verdad, es una crisis humanitaria.Una sola cita nos pone el dolor en la piel: “A las 7:00 de la noche, Mocoa parecía un pueblo fantasma. Los sábados al atardecer, en la capital del Putumayo, la música popular y el vallenato retumban en bares y discotecas del centro. Pero este primero de abril dominaba un crudo silencio. La gente caminaba por entre las calles oscuras, unos buscando comida, otros esperando la hora de dormir. En una esquina decenas de personas se apretujan para cargar sus teléfonos celulares en la planta eléctrica del local de Drogas La Rebaja. La noche, la horrible noche que comenzó el viernes aún no termina, y su final no se advierte cercano.

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