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En miradas convencionales a la educación,
la distancia ha sido el aspecto que ha provocado algunas reservas
con respecto a los aprendizajes abiertos.
Estas miradas no sólo han obstaculizado
la comprensión de ésta modalidad, sino también
el compromiso histórico de la educación presencial
y de toda educación.
Pero el asunto que llama la atención es
que tanto la educación presencial como la de modalidades
abiertas asumen la distancia como el espacio virtual del malentendido.
Esta consideración genera en la misma educación una
serie de rituales mediáticos que pretenden mostrar que la
distancia es minimizada amueblando los espacios vacíos con
estrategias de diversa índole.
Un estudioso de la educación Michael G.
Moore señaló en alguna ocasión que la distancia
es más que un simple problema de geografía y que este
aspecto exigiría un pensamiento y unas prácticas no
convencionales en educación.
¿Qué es lo "más"
que no se limita a la distancia geográfica? ¿qué
ventana se abre al dejar de mirar la distancia como mero asunto
geográfico, cuál es el espacio hacia el cual la vista
no se ha desplazado aún y podría permitir otra mirada
y, por tanto, otro lugar para la educación? ¿entonces,
el asunto de educación a distancia, es más un problema
de "miradas" que de debates conceptuales?
Creemos que la distancia no es una instancia que
se debe evitar sino el desencadenaste de los espacios múltiples,
la ruptura de fronteras, la percepción de lo simultáneo,
donde la contradicción ya no es posible. Si los discursos
educativos han buscado superarla mediante el recurso a proyectos
sociales únicos, proponemos mantenerla para que los proyectos
busquen los lugares reales, efectivamente localizables.
Mientras que las utopías se presentan como
emplazamientos no reales, donde la misma sociedad es perfeccionada,
pero de cualquier manera como espacios esencialmente irreales, las
heterotopías son utopías efectivamente realizadas.
En una nueva mirada la educación no es el lugar de proyectos
utópicos, sino la condición posibilidad para la multiplicidad
de proyectos efectivamente ubicables.
Proponemos, entonces, que la distancia no es solamente
una modalidad de educación sino también el aspecto
determinante de toda educación, aunque se mantenga en ámbitos
recintuales; la distancia determina la sostenibilidad
de todo proyecto educativo; afecta la mirada de la educación
y la forma de determinar su proyecto histórico.
Cambiar el lugar "desde donde" se ha
generado la educación llevaría a revisar aquellos
planteamientos que abordan la educación como proyecto político,
pedagógico; como proyecto de pensamiento y como proyecto
ético.
Como un proyecto político
la educación a distancia plantearía el poder no concebido
desde un punto focal, ejercido desde una sola dirección,
sino que interrogaría lo que antes se consideraba marginal
como, por ejemplo, el papel de lo civil y la construcción
cotidiana de la democracia.
Como proyecto pedagógico,
la educación analizaría las condiciones por la que
se puede generar competencias para la conducción de sí
mismo, en contraposición a la tradicional de ser llevado,
de modo que la pedagogía sea una creación de sí.
Ante la multiplicidad de espacios, de culturas
que operan a modo de contraemplazamientos y que se resisten a los
proyectos únicos la educación se presentaría
como proyecto social desde la
pedagogía del encuentro.
Como proyecto de pensamiento:
la educación se plantearía en términos de ejercicio
de miradas múltiples. En la práctica la educación
se ha presentado como desarrollo de inteligencias, y algunas veces
de inteligencias múltiples. Es posible que el pensamiento
sea más que el desarrollo de inteligencias.
Como proyecto ético,
además de una estética de la existencia se trata de
desplazarnos hacia la vida donde esta estética transcurre.
Dice un autor que si uno piensa que el barco es,
después de todo, un pedazo flotante de espacio, un lugar
sin lugar, que vive por el mismo, que está cerrado sobre
sí y que al mismo tiempo está librado al infinito
y que de puerto en puerto, de orilla en orilla busca lo más
precioso que ellas encierran, se comprenderá por qué
es la más grande reserva de imaginación. El
navío es la heteretopía por excelencia. En las civilizaciones
sin barcos, los sueños se agotan, el espionaje reemplaza
allí la aventura y la policía a los corsarios
(Cf.. Foucault, Espacios diferentes)
La educación abierta es hoy la educación
sin más, es andaduras educativas a través de los espacios
abiertos por la distancia. Es heterotopías, donde los lenguajes,
las culturas, los pensamientos las éticas, las creencias,
los mitos, encuentren sus lugares localizables para que los sueños
no se agoten.
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PESQUISAS
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ENTRE LO DIGITAL Y
LO SAGITAL. La "distancia"
es la objeción que la educación presencial encuentra
para gestionar la modalidad abierta. Por su parte, ésta
responde a los reparos mostrando estrategias con los que se
acortan los espacios geográficos. Sin embargo, el escrito
señala que la distancia no debe ser atendida como obstáculo
a superar sino que es la condición para pensar una
educación desde la diferencia. Cualquiera que sea la
modalidad, la "distancia" no debe desaparecer, sino
acentuarse.
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PENSAMIENTO COMPLEJO Y EDUCACIÓN.
No se puede pensar una reforma de la educación si ella
no es una reforma del pensamiento. La era digital y el mundo
de los medios lleva a nuevos miradas con respecto a la función
de la educación en este punto. Debido a que cada vez
es más acentuado la relación educación
y complejidad, el escrito es una introducción al pensamiento
complejo desde los planteamientos de Edgar Morín, uno
de los pensadores más influyentes y autor de los Siete
saberes necesarios para la educación del futuro, donde
plantea una reforma educativa desde la reforma del pensamiento.
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COMPETENCIAS Y ESTANDARES. El escrito
ofrece el "estado del arte", los planteamientos
actuales en los que se debate el tema de las competencias
y de los estándares. Inicialmente se presenta la propuesta
del Ministerio de Educación Nacional, luego las objeciones
del magisterio colombiano y, finalmente, algunas pautas para
asumir el debate. La cuestión es saber si el diseño
de los estándares y las competencias mejora la calidad
de la educación o sólo contribuye a su trivialización.
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