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Este quinto número de CuadrantePhi está
dedicado a los estudiantes de postgrado, razón por la cual
parece apenas natural que uno de ellos, quien además se desempeña
como profesor, ocupe nuestro lugar de profesor invitado. Por estas
razones hemos escogido entrevistar a Ángela Calvo, profesora
de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad
Javeriana, aunque si bien, más que una entrevista, se trató,
par mí, de una sesión de terapia.
CuadrantePhi:
¿Qué
la motivó a iniciar sus estudios en el pregrado de Filosofía?
Angela
Calvo: Una excelente profesora de Filosofía
que tuve en el bachillerato; ella fue capaz de transmitirme la pasión
por la filosofía. Además, aunque también me
gustaba psicología, una hermana mía era una brillante
psicóloga, así que tuve que escoger algo que fuera
parecido y que sin embargo no fuera lo mismo. También me
gustaba leer y escribir… ya no me gusta tanto.
CuadrantePhi:
¿Qué
hay de este momento? ¿Qué la motivó a continuar sus
estudios en el postgrado?
Angela
Calvo: Cuando
me decidí a comenzar el doctorado, esos estudios no estaban
de moda, no eran "el paso natural a seguir"después
del pregrado. Lo que me impulsó a iniciar el doctorado fue
el placer y el gusto que sentía por un autor, así
como la posibilidad de espacios de contacto con la comunidad internacional
que se abrían en ese nivel. Después el doctorado se
volvió requisito académico y una forma de escalar
social y laboralmente, pero en ese entonces no tuve en cuenta las
prebendas o retribuciones que podía ofrecerme; el título
como tal era una cuestión accidental; me vanagloriaba de
mi hoja de vida de una línea.
CuadrantePhi:
¿Se
han cumplido sus expectativas al respecto? ¿Qué le han aportado
a su formación filosófica?
Angela
Calvo: Parcialmente.
Con el doctorado he ganado espacio nacional e internacional; esto
último es muy importante, pues nos confronta con el horror
que tenemos a escribir y que es particular de nuestra cultura. Además,
a medida que uno adelanta sus estudios, adopta punto de vista más
pragmático sobre ellos: uno se da cuenta de que no es la
obra de su vida, ni que es lo mejor de lo mejor, sino que se trata
de elaborar un trabajo presentable. Lo mejor ha sido el contacto
con libros y personas, aprender cómo se trabaja en otros
lugares, conocer de la inmersión de estudiantes en las investigaciones,
aunque mucho de esto no se pueda aplicar todavía aquí.
CuadrantePhi:
En
este panorama, ¿qué opinión le merecen los coloquios
que adelanta anualmente la Facultad?
Angela
Calvo: Los coloquios son buenos porque nos confrontan
con el horror a escribir del que hablé, pero al mismo tiempo
muestran el enorme esfuerzo que nos cuesta; en otras latitudes la
escritura hace parte de la cultura, aquí somos buenos lectores,
pero nos da mucho miedo ser libres escritores.
Eso me pasa con mi trabajo doctoral:
leo a muy buen ritmo, pero el de escritura es mucho menor. Pero
no quiero convertir tampoco la escritura en obsesión, pues
creo que la Filosofía ha de estar en contacto con otras disciplinas
y la vida.
CuadrantePhi:
¿Puede contarnos algo acerca de la investigación que está
llevando a término?
Angela
Calvo: Es
sobre Ética. Trato de mostrar que la Filosofía ha
de animar la conversación en torno a la gente que toma decisiones
e introducir elementos nuevos para pensar, aunque las concepciones
de la ética tienen que ver con situaciones históricas
particulares. Me gustan autores que establecen un diálogo
con las tradiciones, incluso si es tergiversándolas un poco;
después de todo éste es el sentido de "infiel"
que Nietzsche señala en la investigación.
CuadrantePhi:
Desde hace un tiempo se está discutiendo
en algunos círculos académicos la pertinencia de la
investigación. Bajo estos términos, ¿cómo justificar
la pertinencia de una investigación de postgrado como la
suya y, en general, cualquiera que se efectúe en Filosofía?
Angela
Calvo: La pertinencia de la investigación
se entiende en al menos dos sentidos. Hay uno clásico, positivista,
que se pregunta: ¿puede aplicarse directamente la investigación
a problemas técnicos, políticos o sociales? Éste
es un mal enfoque porque deja por fuera de la investigación
pertinente a la Filosofía y a las humanidades. Por otro lado,
la pertinencia puede entenderse respecto a la conformación
de comunidad: entender que el pensamiento es comunidad, que la posibilidad
del pensamiento es la conversación, tanto en su origen como
en sus resultados. Sin embargo, Se los postgrados están sobrevalorados
y dejan de lado el contexto de lo que hemos sido. En otros países
el postgrado es el curso natural, pero aquí hay que valorar
la experiencia docente y el trabajo de ingenio para reconstruir
el pensamiento filosófico. El mito de que quienes no tienen
postgrado pierden la voz es muy peligroso: hay gente con grandes
ideas que no tienen postgrado. Estamos en una generación
remedial: tenemos experiencia y carta de legitimidad, lo que nos
hace perder el gusto por el postgrado. Por otro lado, hay unos cortes
muy fuertes en el sistema de educación como para pensar la
educación como un continuo.
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La generalización de los doctorados,
como el de las maestrías, termina en degeneración
de la calidad, pues la capacidad de pensar no depende del número
de doctorandos. El doctorado se vincula con el ascenso económico
y social que se da en nuestro medio a la educación: la educación
es un medio de movilidad social que abre puertas y contactos nacionales
e internacionales. La posibilidad de apertura del pensamiento está
ligada a la apertura cultural, pero por el provincianismo tenemos
poca experiencia en este punto: no salimos del país y cuando
lo hacemos, somos turistas. Por el contrario, en Europa y Estados
unidos el desplazamiento en los estudios es muy alto: bachillerato,
universidad y postgrados no se dan en el mismo lugar. Otra dificultad
que tenemos para la apertura del pensamiento es nuestro escaso manejo
de otros idiomas. Hay que trabajar en las lenguas no sólo
desde la perspectiva instrumental sino comprenderlas también
como juego de metáforas que permiten categorizar el mundo.
Éste proceso de apertura hay que impulsarlo mucho en el doctorado.
Los requisitos actuales de la Facultad
en este punto apuntan sólo a la lengua como instrumento.
Cada lengua, por su estructura gramatical, implica una forma de
pensamiento, por ello el esfuerzo no puede agotarse en la traducción
de los textos. En cuanto a la selección de la lengua, no
apostaría por el Alemán, pues ya Tugendhat y Hössle
han señalado el agotamiento de esa academia. El Inglés
es la lengua académica, siempre que no se enfatice una sola
de sus habilidades: la lectura; el Inglés también
ha de poderse hablar y escribir.
CuadrantePhi:
En
la novela "Tarzán y el filósofo desnudo"
Rodrigo Parra Sandoval narra las peripecias de un profesor de Filosofía
de una universidad de Cali, para enferentarse con la vida cotidiana.
¿Le han aportado a Usted algo sus extensos estudios en Filosofía
para el desenvolvimiento en su vida cotidiana?
Angela
Calvo:
En mi caso ha sido sumamente estrecha. He gozado enormemente de
los espacios no especializados que me ha dado. Me encanta dar conferencias
al público en general, oír experiencias de trabajo
en otras áreas y compartir diferentes experiencias de vida;
La matriz siempre renovada de la vida es la esencia de la Filosofía.
Me aterra el filósofo del closet del que habla Hume: pierde
finura, no puede abrirse perspectivas, y tomarse con humor las propias
convicciones. Hay que tener capacidad de goce gastronómico,
cultural y estético. Los filósofos más grandes
que conozco no se han enclaustrado: son hombres de letras, con capacidad
cosmopolita. La Filosofía es una capacidad para conversar
de otras cosas. El filósofo de gustos pobres es una figura
muy fea, excluyente y excluida.
CuadrantePhi:
¿Cuál cree Usted que es la tarea
de la Filosofía en Colombia? ¿O en el trópico, para
continuar con el tema de Parra Sandoval?
Angela
Calvo: La
Filosofía no puede enclaustrarse en tareas. Para usar una
metáfora de Habermas: la Filosofía es como el viento
del móvil de la cultura, no una figura más del mismo.
La Filosofía no tiene divisiones territoriales, es universal
y por tanto no pensaría que se necesite una filosofía
por regiones, una filosofía latinoamericana o colombiana,
por ejemplo. El gran aporte de la modernidad es la filosofía
como pensamiento del presente, lo que implica un diálogo
no naïve con la tradición. Hay que salirse de
la visión provinciana del mundo; aunque ya lo hemos hecho
en términos sistémicos con la globalización,
tenemos que lograrlo en el plano simbólico y en neustro imaginario.
CuadrantePhi:
Finalmente, ¿qué consejo puede
dar, como estudiante y como profesora, a quienes se interesan por
la Filosofía?
Angela
Calvo: Que procure no perder la pasión
por lo que hace; es mucha más importante la curiosidad y
el enamoramiento promiscuo con las ideas y no el excesivo especialismo.
Nuestra academia está absolutamente orientada a los espacios
de expertos, y la filosofía se muere si se cultiva por gente
sin pasión.
Otro consejo es que no se dejen llevar
por lo que nos pasa a los que vamos sabiendo más: que entre
más sabemos más nos da miedo escribir y hablar de
ellas. Por eso me gusta la idea de esta revista: que las distintas
voces se escuchen.
Todavía otro consejo: que
la filosofía no se convierta en angustia laboral. Hay que
ser filósofo pero continuar siendo hombre; éste es
el lema de mi quehacer filosófico.
Finalmente, que no perdamos de vista
nuestra tradición de comunidad filosófica. Los estudiantes
tienen que ayudarnos a que los profesores no estemos tan encerrados,
incluso arquitectónicamente; que nuestros encuentros no se
agoten en las clases y los trabajos de grado, que entremos en contacto
en otros espacios y con otras personas. Que realmente lleguemos
a vivir la universidad, que no tomen la joroba académica.
Creo que todo esto es importante para los filósofos y lo
hacemos muy poco. Ojalá que no trabajen mientras estudian,
para que puedan disfrutar esos años.
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