|
Contenido
1.
Del organismo al cuerpo sin órganos
2.
De la unidad de los sentidos a la sensación
3.Prudencia
ético-experimental y lucha con las tinieblas
4.
Cuerpo sin óganos y plano de inmanencia
5.
Cuerpo sin órganos y flujo de conciencia
Bibliografía
comentarios
|
 |
Deleuze se declara vitalista: “todo cuanto
he escrito – al menos así lo espero – ha sido vitalista”[1].
¿De qué tipo es este vitalismo? ¿Cuál es el concepto de vida que
él desarrolla y que define su filosofía?
Deleuze concibe la vida como multiplicidad,
como creación, como potencia del devenir. El esfuerzo de su pensamiento
está desde un comienzo dirigido a pensar la vida como vida inorgánica:
“Toda una vida no orgánica, puesto que el organismo no es la vida,
él la aprisiona”[2]. Tendremos, entonces, que definir
el vitalismo deleuziano como vitalismo inorgánico.
Esta
concepción de la vida no es una idea abstracta y general. Deleuze
necesita mostrarla en carne viva y, por lo tanto, debe ser considerada
con relación al cuerpo, al cuerpo tal y como es tratado, experimentado
y pensado en el arte.
1. Del organismo al cuerpo sin órganos
Al
final de los años cuarenta el poeta Antonin Artaud libraría una
batalla contra los órganos, contra el organismo:
El cuerpo es el cuerpo
Está solo
Y no necesita de órganos
El cuerpo no es jamás
un organismo
Los organismos son
los enemigos del cuerpo[3]
Más allá del organismo, Artaud descubre
una vida, la vida de lo que él llamó “el cuerpo sin órganos”. Deleuze,
partiendo de Artaud y en una perspectiva spinocista, como veremos,
desarrolla este concepto de cuerpo sin órganos (en adelante CsO).
El cuerpo sin órganos es algo que se construye,
que se fabrica según un ejercicio de experimentación que consiste
en tomar nuestro cuerpo y abrirlo a un sin número de conexiones con potencias de todo tipo. Tal experimentación, conforme
a un conjunto de procedimientos, implica una desarticulación del
organismo, habrá de conseguirse, como decía Rimbaud, desordenando
los sentidos.
Todo el tiempo nos relacionamos con el
mundo a través de nuestros sentidos sin que esto signifique una
desarticulación de los mismos; la experiencia está estratificada,
a partir de la organización de nuestro organismo, “de la organización
de los órganos que llamamos organismo”, la vida orgánica es así
una sustancia formada, plegada y replegada por estratos, sedimentos
o coagulaciones, y una organización jerarquizada de órganos según
funciones. Desde esta perspectiva el ser viviente interpreta el
mundo. Fabricarse un cuerpo sin órganos (CsO) no tiene nada que
ver con la interpretación y sí muchísimo con la experimentación.
Esta experimentación se puede llevar a cabo de muchas formas, Deleuze
describe en Mil Mesetas[4], toda una corte
de CsO lúgubres: cuerpo hipocondríaco, cuerpo paranoico, cuerpo
esquizofrénico, cuerpo drogado, cuerpo masoquista.
Tomemos por ejemplo el cuerpo masoquista:
éste se hace atar, coser, “inmovilizar para detener el ejercicio
de los órganos” y luego latigar, herir, etc. En una primera instancia,
se trata de hacerse un CsO, de neutralizar el organismo y, en una
segunda fase, hacer pasar algo. El cuerpo es recorrido por intensidades
de dolor que lo llenan todo, una onda dolorífica que atraviesa el
cuerpo traza en él un mapa de intensidades, niveles y umbrales a
partir de las variaciones de su amplitud. “Un CsO está hecho de
tal forma que sólo puede ser ocupado, poblado por intensidades.
Sólo las intensidades pasan y circulan” [5]
Como ha señalado Jean-Clet Martin, “la
intensidad” para Deleuze tiene un estatuto ontológico específico,
no es ni una cantidad ni una cualidad. Ella no se dividiría conservando
los principios métricos de una magnitud extensiva; una temperatura,
por ejemplo, no es una suma de temperaturas. La intensidad no se
reduciría a una cualidad, pues una cualidad tiene más estabilidad
de lo que se supone; contrariamente a las cualidades,
las intensidades pueden dividirse, pero al hacerlo liberan nuevas
potencias. A través de las intensidades concebimos la transformación
de una cualidad en otra[6].
El CsO no se opone tanto a los órganos
como a la jerarquización de éstos en lo que llamamos organismo[7].
El CsO no es que carezca de órganos, sino que es un cuerpo concebido
como cuerpo intenso, intensivo. La literatura no deja de describir
cuerpos sin órganos; veamos cómo lo hace Michel Tournier en «Los
Meteoros», CsO meteórico, todo un continuum de intensidades:
Ya sólo soy un grito, un dolor [...]. Estoy en
una burbuja, más o menos inflada. Soy esa burbuja. Unas veces
su membrana flácida, desinflada, se pega a mi cuerpo, coincide
con mi piel, otras rebosa, envuelve el lecho, invade la habitación
[...]. Mis heridas son dos jardines japoneses, y en esta tierra
roja, tumefacta, llena de costras negras, cubierta de charcos
de pus donde el hueso cortado emerge como una roca, sobre este
terreno leproso, labrado, pelado, me corresponde modelar una
minúscula réplica del cielo y de la tierra..., que me dará la
llave del universo. [...] Vislumbro el nacimiento de un cuerpo
barométrico, pluviométrico, anemométrico, higrométrico. Un cuerpo
poroso donde vendrá a respirar la rosa de los vientos. No
el desecho orgánico que se pudre sobre un camastro, sino el
testigo vivo y nervioso de los meteoros. [...] Así, de la
caverna roja y tumefacta de mis muñones salen frágiles y
tímidos órganos para realizar incursiones exploratorias
que todavía no sobrepasan los límites de mis vendajes. [...]
Y es que desde hace dos horas, mi pierna izquierda -la amputada,
la invisible-, saliéndose del vendaje, de las sábanas de la
cama, colgaba sobre el suelo de la habitación. Mi pierna invadía
el cuarto, mi brazo
izquierdo se había replegado por completo en su vendaje, y mi
mano, si bien no había desaparecido, era bajo la gasa sólo un
capullo de narciso de las nieves. Pero mi mano izquierda estaba
allí, ella también, espontáneamente se había adelantado al extremo
de un brazo de diez a once metros de largo para acudir a una
cita con mi mirada sobre un pequeño champignon blancuzco. [...]
Al descubrir este pequeño secreto de la naturaleza, he sentido
en todo mi largo brazo izquierdo innumerables roces de alas
felposas y plateadas aleteando en cada poro. [...] Dotado de
ubicuidad, el criptófono desparejado oye la voz de las cosas,
y también la voz de sus propios humores. Lo sé desde que el
cielo se ha convertido en mi cerebro. El cielo es un todo
orgánico con su vida propia, en relación directa con la
tierra y las aguas. Este gran cuerpo desarrolla libremente y
en virtud de una lógica interior nieblas, nieves, escarchas,
canículas y auroras boreales. Mi cuerpo es también un todo
orgánico desmembrado, en adelante soy una bandera ondeando
al viento, y si su borde derecho está prisionero en la madera
del asta, el izquierdo está librey vibra, flota y se estremece
con toda su estameña entre la vehemencia de los meteoros[8]
Michel Tournier puede hablar de un "todo
orgánico", incluso de un "todo orgánico desmembrado",
pues a través de esos "tímidos órganos" el cuerpo será
"testigo vivo y nervioso de los meteoros", pura realidad
intensiva, intensidad atmosférica pasando por todos los gradientes
de temperatura, variaciones climáticas y circulación de los vientos.
En este caso los órganos del cuerpo orgánico han sido puestos al
servicio del CsO, se han convertido en instrumentos para captar
y hacer circular intensidades: cuerpo-barométrico, cuerpo-pluviométrico,
cuerpo anemométrico, cuerpo-higrométrico.
2. De la unidad de
los sentidos hacia la sensación
A propósito de Francis Bacon, Deleuze
desarrolla una lógica de la sensación, a nosotros nos interesa
señalar aquí que en ese trabajo, dedicado al pintor irlandés,
la sensación es pensada con relación al CsO, al cuerpo lleno de
intensidades que lo recorren, al cuerpo intenso, intensivo: La
sensación no es cualitativa y cualificada, ella no tiene más que
una realidad intensiva que no determina en ella datos representativos,
sino variaciones alotrópicas[9]
En sus entrevistas, Francis Bacon habla
de niveles sensitivos, de órdenes de sensación y de dominios sensibles.
“Cada sensación nos dice Deleuze está en diversos niveles, en
diferentes órdenes o en varios dominios. No hay sensaciones de
diferentes órdenes, sino diferentes órdenes de una misma sensación.
Le corresponde a la sensación el implicar una diferencia de nivel
constitutiva, una pluralidad de dominios constituyentes. ste carácter irreductiblemente
sintético de la sensación que implica diferencias de nivel y pluralidad
de dominios, llevará a Deleuze a preguntarse por su constitución.
¿De dónde proviene, qué constituye la unidad entre lo sintiente
y lo sentido? ¿Cómo se establece esa síntesis entre los niveles
sensitivos y los dominios sensibles? El Cuerpo sin Órganos se
presentará como respuesta a esta cuestión, la sensación tendrá
lugar en él como realidad intensiva.
Sin embargo, en Francis Bacon. Logique
de la sensation, antes de ser formulada la concepción del
Cuerpo sin Órganos, se pasa revista a varias hipótesis que responderían
a la cuestión del carácter irreductiblemente sintético de la sensación.
Para nuestro asunto, el concepto de una vida inorgánica, sólo
haremos referencia a la hipótesis fenomenológica.
Aunque indisolubles, podríamos distinguir
dos aspectos del ser de la sensación según la perspectiva fenomenológica:
por un lado, la unidad entre lo sintiente y lo sentido; y por
otra parte, la unidad entre los niveles sensitivos y los dominios
sensibles.
En primer lugar, entonces, habrá que
decir con Maurice Merleau-Ponty que más que una objetividad y
una subjetividad supuestas, lo sintiente y lo sentido se dan simultáneamente,
el ámbito de la sensación es el ámbito en el que un yo surge como
viviente y una cosa es vivida.
Mi cuerpo está dentro del número de las cosas,
es una de ellas, está aprisionado en el tejido del mundo y su
cohesión es la de una cosa. Pero, puesto que se ve y se mueve,
tiene las cosas en un círculo a su alrededor, son un anexo o
una prolongación de él mismo, están incrustadas en su carne,
son parte de su definición plena y el mundo está hecho con la
materia misma del cuerpo [...]. La visión se toma o se hace
en medio de las cosas, allí donde un visible se pone a ver,
se convierte en visible para sí y por la visión de todas las
cosas, allí donde persiste, como el agua madre en el cristal,
la indivisión de quien siente y de lo sentido[ 11]
Desde la Fenomenología de la percepción
hasta El ojo y el espíritu o hasta Lo visible y lo invisible,
Merleau-Ponty va desprendiéndose de todo tipo de categorías subjetivas,
sobre todo de la intencionalidad, presente aún en la noción de cuerpo
propio. En su recorrido va sumergiéndose en la realidad del cuerpo
hasta alcanzar la carne, la carne del mundo. Podrá hablar incluso
de mundos posibles inmanentes, variantes de este mismo mundo. Cada
visión del mundo se presenta como una visibilidad anónima a-subjetiva
y pre-intencional. La carne es la opacidad que hace posible la visibilidad
de un mundo, trama de toda experiencia posible. Sin embargo, no
se trata de un fondo o substrato último, la carne del mundo es la
textura que entreteje cuerpo y mundo; el cuerpo no cesa de abrirse
al mundo y el mundo de plegarse y replegarse en el cuerpo[ 12].
La carne en este sentido es el ser de la sensación, la trama que
es apertura tanto como repliegue, el interior de lo exterior y el
exterior de lo interior, los cuales hacen posible la duplicidad
del sentir[ 13].
Pasemos ahora al segundo punto, la unidad entre los niveles y
los dominios de la sensación. Deleuze sigue en esto principalmente
a Henry Maldiney, para quien las diferencias sensitivas se plantean
principalmente a partir de los dominios sensibles. Estos por su
parte corresponderían a los diferentes órganos de los sentidos,
y entre ellos el problema se presenta como un fenómeno de paso,
cómo pasar de un dominio a otro, cómo comunicar un color, un olor,
un grito, un peso, un sabor. Maldiney sostendría una especie de
sinestesia o unidad original de los sentidos; de todas maneras
no se trataría de un sentido interno común a todos los dominios
(Aristóteles), como tampoco de un efecto de conjunto o unidad
que sobrevendría envolviendo el conjunto, habría más bien una
potencia vital que desborda todos los dominios y los atraviesa.
Como potencia vital, más allá de toda representación, esta unidad
sinestésica constituye el elemento pático (pathique) de la sensación.
Este elemento es propiamente el ritmo, la potencia rítmica
de cada dominio, que permite el paso de uno a otro, que permite
llevar la sensación de un dominio a otro. Pensando en la pintura,
diremos que su tarea consistiría en hacer ver la unidad vital
de los sentidos, llevar a la visión una figura multisensible.
El ritmo se relaciona directamente con la sensación porque
introduce dentro de cada sensación los niveles y los dominios
por los cuales ella pasa[14].
Como hemos dicho, esta unidad rítmica de los niveles y dominios
sensibles es indisoluble de la unidad entre lo sintiente y lo
sentido. El ritmo como potencia vital proviene de la apertura
al mundo, como un movimiento de diástole y sístole: el mundo me
toma a mí mismo cerniéndose sobre mí, el yo se abre al mundo y
lo abre a él mismo[15] Ahora bien, según Deleuze,
la hipótesis fenomenológica resulta insuficiente en tanto invoca
el cuerpo vivido, no se sobrepasa el cuerpo orgánico como horizonte
de la experiencia posible, así su descripción -la del cuerpo vivido-
sea fenomenológica y ontológica y no fisiológica. He aquí el punto
crucial entre la experiencia y la experimentación. La experimentación
ha de alcanzar una potencia de vida más profunda que la unidad
rítmica de los sentidos, una potencia de vida inorgánica que excede
los límites del cuerpo orgánico como del cuerpo vivido[16].
La jerarquización de los sentidos y la organización del organismo
establece una perspectiva desde donde el cuerpo orgánico se representa
un conjunto de fuerzas que lo afectan. Dependiendo de esta jerarquización
unas fuerzas serán visibles, otras audibles, etc.; dependiendo
de esta organización orgánica se podrá otorgar una determinada
unidad a los datos de los sentidos, esta unidad sería como el
horizonte de toda sensación posible. Es evidente la estrecha relación
entre las fuerzas que actúan sobre el cuerpo y la sensación. Cuando
una fuerza, por ejemplo, se ejerce sobre nuestro cuerpo se produce
una sensación, pero nosotros no sentimos propiamente la fuerza,
sentimos su efecto, sentimos las modificaciones que se dan en
nuestro cuerpo; la sensación proporciona otras realidades que
la fuerza misma[17] .
Desde el punto de vista del cuerpo orgánico, las mutaciones,
las modificaciones serán asimiladas y codificadas por el organismo
mismo. La sensación se convierte en representación, se nos dan
las fuerzas como datos representativos.
Hemos dicho que hacerse un CsO es hacerse un cuerpo por el que
circulan intensidades, una onda de amplitud variable recorre el
CsO: traza en él zonas y niveles de acuerdo con las variaciones
de su amplitud [18]. Cuando alcanza el CsO la
sensación deja de ser representativa y deviene pura realidad intensiva.
Cuando las fuerzas exteriores se nos dan en una sensación que
supera el organismo, nuestro cuerpo pasa por parálisis, contracciones,
espasmos, contorsiones, experimentamos un conjunto de anestesias
e hiperestesias. La sensación aparece, entonces, en esos cambios
de nivel, en esas variaciones de onda que se producen en el encuentro
de nuestro cuerpo con las fuerzas exteriores. Es en este sentido
que Bacon se propone, dice, afectar directamente al sistema nervioso.
¿Se podrá, entonces, afirmar que hay dos tipos de vida, una vida
orgánica a la que le corresponde una sensación representativa
y una vida inorgánica con su concomitante sensación intensiva?
¿Se trata en todo caso de una oposición simple?
3.
Prudencia ético-experimental y lucha con las tinieblas
Deleuze afirma el organismo no es la
vida, él la aprisiona, pero una violencia contra el organismo,
una desestratificación salvaje, no libera la vida allí contenida,
sino que conduce a la muerte. En tal caso sería preferible preservar
el organismo, haber conservado y afirmado la vida, la vida orgánica.
El asunto no puede reducirse a una oposición simple, necesitamos
del organismo, a partir de él y desde una experimentación prudente
entramos en relación con las fuerzas del Afuera. Para alcanzar
una vida inorgánica, para hacerse un CsO, hace falta mucha prudencia;
el CsO se hace a dosis, en este sentido habla Deleuze de una experimentación
prudente:
La prudencia como dosis, como regla inmanente
a la experimentación: inyecciones de prudencia[ 19].
Habría, pues, que hacer lo siguiente: instalarse en un estrato,
experimentar las posibilidades que nos ofrece, buscar en él
un lugar favorable, los eventuales movimientos de desterritorialización,
las posibles líneas de fuga, experimentarlas, asegurar aquí
y allá conjunciones de flujo, intentar segmento por segmento
continuums de intensidades, tener siempre un pequeño fragmento
de una nueva tierra[ 20].
Experimentamos constantemente un CsO
bajo nuestro organismo, constantemente bajo lo orgánico se liberan
intensidades, se conjugan los flujos más diversos, una sensación
escapa a la representación: las fuerzas que actúan sobre el cuerpo
ya no son fuerzas que nos representamos, fuerzas exteriores manifiestas
para nuestros sentidos en formas determinadas, sino fuerzas del
Afuera con las que nos componemos.
Si una fuerza actúa sobre una zona de
nuestro cuerpo, incluso si actúa sobre un órgano del organismo
provocando un umbral de intensidad, en esa zona el encuentro de
la onda variable y la fuerza se traduce en sensación, y la zona
del cuerpo, el umbral de intensidad, en un órgano determinado
como signo de una fuerza informe. El CsO no se opone, como hemos
dicho, a los órganos, él incluso los posee, pero se trata de órganos
provisionales, transitorios, órganos que duran lo que dura el
pasaje de la onda y la acción de la fuerza, y que se desplazará
para colocarse en otra parte [...] El cuerpo sin órganos se define
por un órgano indeterminado mientras que el organismo se define
por órganos determinados[21]. Como órgano indeterminado
el CsO se determina sólo provisional y transitoriamente. Ahora
bien, dado que el CsO coexiste con el organismo, un órgano predeterminado
por la organización orgánica puede indeterminarse por el trabajo
subterráneo del CsO y llegar a estar determinado provisional y
transitoriamente. El órgano de la visión, por ejemplo, puesto
al servicio de fuerzas no visibles, de fuerzas no-representables
mediante la organización a la que pertenece el sentido de la vista,
fuerzas que llegan a hacerse visibles al provocar una sensación
visible como realidad intensiva; tarea de la pintura: no reproducir
lo visible, sino hacer visibles las fuerzas que no lo son[22].
En este sentido, la pintura se construye un CsO donde el ojo se
libera de su función previamente determinada, y deviene un órgano
para captar fuerzas de distintos órdenes, fuerzas audibles, táctiles,
elementales como la gravitación, la presión, la inercia; hacerse
un ojo incluso para el tiempo.
Francis Bacon se declara pesimista y
en ocasiones no ha hecho más que pintar los horrores del mundo,
cualquier felicidad que provenga de la esperanza en un porvenir
pertenece al reino de la ilusión, a la trascendencia. Pero al
igual que Nietzsche se trata de un pesimismo activo, en sus cuadros
se observan cuerpos que se contorsionan, que se deforman, que
se estremecen, el cuerpo visible afronta como un luchador, las
potencias de lo invisible, no les da otra visibilidad más que
la suya. Y es en esta visibilidad que el cuerpo lucha activamente...
Es como si ahora se hiciera posible un
combate, la única lucha real es la lucha contra las tinieblas[23].
No se trata simplemente de representar el horror, de pintar el
espectáculo de la muerte. Si Bacon se sirve de la figura no lo
hace propiamente con un interés figurativo, a través de ella pretende
captar las fuerzas invisibles, provocar una sensación visual de
las fuerzas invisibles.
Ahí, en sus cuadros observamos una figura
central, se trata de un cuerpo, del acontecimiento de un cuerpo
enfrentándose con las tinieblas; las fuerzas con las que lucha
no son visibles sino a través de ese incierto combate, a través
de las fuerzas que ese mismo cuerpo libera con ellas. Es desde
este punto de vista que la muerte es juzgada y no a la inversa,
como nos gusta hacerlo[24]. Bacon es un pintor
que afirma la vida, una pintura de la vida que grita a la muerte,
sus cuerpos vivientes liberan una potencia de vida que no preexistía
en el organismo, toda una vida intensa en cuanto sensación visual
inorgánica.
4.
Cuerpo sin órganos y plano de inmanencia
Nos hemos referido a la coexistencia
de los dos cuerpos, a la necesidad del organismo para fabricarse
a partir de él un CsO, todo parece indicar la anterioridad del
organismo respecto del CsO. Sin embargo, no es más que una apariencia,
procedíamos así por comprensión, una primera instancia en que
se nos presentaba el concepto deleuziano. En cierto sentido, el
CsO es anterior al organismo, basta con concebirlo como una matriz
intensiva, como una materia que es pura intensidad, materia intensiva
no formada ni estratificada (materia = energía): huevo tántrico,
huevo dogón:
El CsO como el huevo lleno anterior a la extensión
del organismo y a la organización de los órganos, anterior a
la formación de los estratos, el huevo intenso que se define
por ejes y vectores, gradientes y umbrales, tendencias dinámicas
con mutación de energía, movimientos cinemáticos con desplazamiento
de grupos, migraciones, y todo ello independiente de las formas
accesorias, puesto que los órganos sólo aparecen y funcionan
aquí como intensidades puras[ 25].
No escapamos, de todos modos, a la ambigüedad
de la anterioridad. En todo caso no se trata de una anterioridad
cronológica, estrictamente el organismo y el CsO son contemporáneos.
El CsO no es «anterior» al organismo es adyacente a él, y no cesa
de deshacerse[26]. La anterioridad es, ante todo,
ontológica. Arrastramos con nosotros el huevo como matriz intensiva,
como pura potencialidad intensiva (intensidad = 0) [27],
CsO virtual y a la vez real. Su realidad consiste en ser el medio
de múltiples experimentaciones posibles.
Deleuze ha insistido en la definición de
cuerpo de Spinoza. Un cuerpo se entiende por su poder de afectar
y ser afectado[28]. Spinoza no se pregunta ni
por la forma, ni por la función orgánica de un cuerpo. Se pregunta:
¿qué puede un cuerpo?, ¿de qué afectos es capaz, cuál es su potencia
de obrar? Si afirmamos que ontológicamente un cuerpo como pura potencia
intensiva precede al organismo, en este sentido, estamos suponiendo
el concepto spinocista como poder de afectar y de ser afectado del
cuerpo, con un umbral máximo y un umbral mínimo. En el encuentro
con otros cuerpos: o bien aumenta su potencia de vida, entra en
relaciones de alianza o composición con nuevas fuerzas, fuerzas
afirmativas que se producen entre los cuerpos; o bien disminuye
plenamente esta potencia, entra en relaciones de descomposición
con fuerzas que lo debilitan o lo destruyen.
La fuerza que actúa sobre nuestro cuerpo
es condición de la sensación, la onda peregrina variable que lo
recorre (CsO = huevo) se encuentra con la fuerza externa y aparece
la sensación. El CsO virtual se encarna, en un estado de cosas,
en nuestro organismo, liberando nuevas fuerzas, intensidades que
recorren nuestro cuerpo, deshaciéndose como organismo y haciéndose
como CsO, un CsO que, entonces, se actualiza.
Deleuze es profundamente spinocista, su
filosofía vitalista es una ontología de la inmanencia. Hemos mostrado
que su concepto de vida implica el concepto de CsO, que a partir
de éste concebimos una vida como vida inorgánica, irreductible al
organismo, una potencia intensiva que escapa a los surcos impuestos
por la organización de los órganos. Esta vida no posee menos realidad
que la de las sustancias formadas que la contienen y a las que atraviesa.
Realidad que no cesa de hacerse y deshacerse, realidad del devenir
de los cuerpos, realidad de infinitas intensidades o sensaciones.
Esta vida: campo abierto a infinitas experimentaciones a través
de las cuales se construye realidad. Precisamente en este último
punto nos encontramos con Spinoza: Todos los CsO rinden homenaje
a Spinoza[29]. Para Deleuze es el filósofo holandés
quien más radicalmente ha pensado la inmanencia[30]
El conjunto de todos los CsO se denomina
plano de consistencia o de inmanencia. En ocasiones los dos conceptos
se presentan como equivalentes. ¿Pero qué es lo que le da consistencia
a este plano inmanente de todos los CsO? ¿En qué consiste la unidad
de este conjunto? Pues bien, no se necesita una entidad abstracta
envolvente que baje de los cielos y que venga a darle unidad al
conjunto. Este no tiene más unidad que la coexistencia de todos
los CsO como una multiplicidad sustantiva, esto es, como una realidad
plena. El problema ya no es el de lo Uno y lo múltiple, sino el
de la multiplicidad de fusión que desborda efectivamente
cualquier oposición entre lo uno y lo múltiple [31].
El plano de inmanencia es, pues, el continuum de todos los
CsO, continuum de todos los tipos de CsO y continuum de todas
las intensidades que los recorren, un CsO para todos los CsO como
continuum ininterrumpido de intensidades. Se trata ante todo
de un fenómeno de paso, la variación continua de una onda que llena
el cuerpo con su recorrido, como del paso de un cuerpo lleno a otro.
Este plano es inmanente y no obstante debe
trazarse, lo construimos a diario, con nuestras prácticas, en los
encuentros que nos sobrecogen, un día un viento de aire fresco nos
empuja a la experimentación y abrazamos el plano de inmanencia que
se despliega ante nosotros, perdemos la posibilidad de decir mi
cuerpo, simplemente se deviene un cuerpo y luego un otro
y luego... El plano de inmanencia es necesariamente heteróclito,
en la experimentación se conectan elementos de todo tipo, con el
clima, con el agua, con los vientos (variaciones atmosféricas CsO
meteórico); se conjugan flujos animales, vegetales, moleculares;
se hace simbiosis con herramientas, con la velocidad de las máquinas,
con el cilindraje, con el fuselaje, etc.; la naturaleza y el artificio
un solo cuerpo para todos los CsO. Podemos, entonces, considerar
las colectividades humanas como CsO, CsO que a su vez hace pasar
un continuum de intensidades y que combina otros CsO, CsO del dinero,
CsO de la ciudad, CsO informático o cibernético, etc. Por ejemplo,
un conglomerado urbano y su intercambio de flujos con el medio rural,
con otros conglomerados, con el medio ambiente, es un continuum
ininterrumpido de CsO. El plano de inmanencia o de consistencia
es siempre variable, incesantemente revisado, compuesto, recompuesto
por los individuos y las colectividades [32]
La consistencia es el problema práctico
de los CsO, hay consistencia cuando en la práctica se consigue efectivamente
trazar un diagrama de conexiones y de distribución de flujos. Se
requiere, como hemos señalado, de mucha prudencia en la experimentación
para que el continuum de intensidades se efectúe, para que no se
paralice bloqueándose, desestratificación violenta o salvaje. Prudencia
no sólo en hacerse un CsO, sino también en pasar de uno a otro,
en hacer pasar y huir los flujos conjugados. En esto reside el vitalismo
práctico de Deleuze, igual que en Spinoza, se trata de seleccionar
los buenos encuentros, aquellos que aumentan nuestra potencia de
vida y no aquellos que la disminuyen, que nos contagian de muerte.
El asunto en Deleuze se plantea como el problema de los tres cuerpos:
Está, primero, el CsO que lleva a una desestratificación
salvaje, cuerpo vaciado, cuerpo vidrioso. Segundo, el continuum
de CsO, plano de consistencia. Y, finalmente, un tercero que no
hemos mencionado, un CsO que pertenece al organismo, que brota en
lo más sedimentado o estratificado, tejido canceroso: a cada
instante, en cada segundo, una célula deviene cancerosa, loca, prolifera
y pierde su forma, se apodera de todo; es necesario que el organismo
la haga volver a su regla o la re-estratifique; no sólo para que
pueda vivir él mismo, sino también para que sea posible una fuga
fuera del organismo, una fabricación de otro CsO en el plano de
consistencia [33]. Una velocidad de sedimentación
en un estrato se precipita formando un tumor, CsO totalitario, fascista.
El campo social puede verse invadido por este tipo de CsO, entrando
en relaciones de violencia y de rivalidad, pero también de alianza
y de complicidad, CsO del dinero (inflación), CsO de los aparatos
de estado (burocracia, militarismo), CsO de la delincuencia organizada
(narcoterrorismo), y por todas partes proliferan microfascismo,
en la familia, en la fábrica, en el partido, etc.; incluso en nosotros
mismos habrá que reconocer al Duche que llevamos dentro.
Ahora bien, el plano de consistencia en
cuanto se traza tendrá que seleccionar los CsO que constituyen su
conjunto, no todos le pertenecen, pues no hay consistencia, continuidad,
fenómeno de paso, heterogeneidad, en el vacío ni en el tumor canceroso
o fascista.
5.
Cuerpo sin órganos y flujo de conciencia
Sin querer restituir un dualismo, consideremos
ahora el pensamiento en relación al CsO. Mario Mendoza muestra,
en su estudio sobre la novela de Eduardo Zalamea Borda Cuatro
años a bordo de mí mismo[34], el doble movimiento
de un cuerpo que atraviesa un espacio abierto, mar y desierto de
la Guajira, y el movimiento "a bordo de sí mismo" que
el pensamiento del protagonista va experimentado, en tanto que ese
viaje en espacio abierto va acompañado de un desorden de los sentidos.
Vuelvo ahora a la figura inescrutable
del cuerpo... cuerpo de agua, de luz, de aire... Trato con ángeles
y criaturas etéreas. Todo encuentro es feliz, pleno de sugestivas
y mágicas transformaciones... El mundo se hunde y sólo queda el
vértigo. El cuerpo de luz y perfección toma peso, se recubre de
sangre y fuego. Mi mano se multiplica en brazos, mi brazo en cuerpos.
Soy rezumar de humores, proliferación de pelambres. La divina forma
humana desaparece en las esferas infernales. Soy demonio escamado,
flamígero[35].
Según Mendoza, Zalamea Borda da cuenta
de un CsO como máquina de percepción potenciada por los sismos y
conmociones vividos, de modo que lo denomina cuerpo-hipermáterico.
Esta máquina de percepción potenciada se piensa y se violenta a
sí misma, el pensamiento se mantiene "vidente" a condición
de hacer estallar la unidad de la conciencia. "Vidente"
en el sentido de Rimbaud, el poeta ha de ser "vidente"
a condición de un desajuste de los sentidos, a condición diremos
de des-hacerse como sujeto[36].
A medida que se libera de esta unidad de
la conciencia, la máquina de percepción es capaz de percibir de
otro modo. Mendoza llama a estas percepciones realidades virtuales
por oposición a las realidades posibles, realidades -estas últimas-
que puede percibir el cuerpo como organismo.
El concepto de inmanencia se opone a lo
trascendente, a toda esa especie de dimensión suplementaria que
se postule por fuera del plano de inmanencia; sin embargo, no se
opone a lo trascendental. Gilles Deleuze habla de un campo trascendental
que se distingue de la experiencia posible que constituye al objeto
y que pertenece al sujeto. Este se presenta, más bien, "como
puro flujo de conciencia a-subjetivo, conciencia prerreflexiva impersonal,
duración cualitativa de la conciencia sin yo"[37].
El término "flujo de conciencia", se usa en el sentido
de William James. Recordemos que Virginia Woolf lo convierte en
un procedimiento de escritura literaria que pretende dar cuenta
del pensamiento en estado puro: sinuosidad del pensamiento que fluye
constantemente como un sordo rumor de olas. El campo trascendental
se define "por una pura conciencia inmediata sin objeto ni
yo, en tanto que movimiento que no tiene comienzo ni fin"[38].
En tanto que escapa a la trascendencia del sujeto y del objeto,
el campo trascendental coincide plenamente con el plano de inmanencia.
Ahora bien, si el plano de inmanencia lo
entendemos como multiplicidad de fusión de todos los CsO, como continuum
de intensidades, el campo trascendental es ese mismo plano concebido
como pura conciencia inmediata a-subjetiva, el pensamiento como
tiempo intensivo, el continuum de intensidades como flujos intensivos
de conciencia. "El campo trascendental deviene entonces un
verdadero plano de inmanencia que reintroduce el spinocismo en lo
más profundo de la operación filosófica"[39]
El proceso de hacerse un CsO es el proceso mismo en que el pensamiento
es arrastrado fuera de toda unidad de la conciencia - sustrato que
permanecería idéntico consigo mismo a través de las variaciones
-, arrastrado hacia los flujos de conciencia a-subjetivo; el CsO
describe un proceso en el que la subjetividad entra en un movimiento
de variación continua.
Queremos subrayar la importancia de la
Obra de Arte, ésta traza una línea de vida inorgánica, señala un
camino entre los adoquines, produce la singularidad de una vida
que ya no es personal, un acontecimiento del pensamiento que no
pertenece al sujeto. Una vida inorgánica como acontecimiento o singularidad
queda indeterminada desde el punto de vista del objeto y del sujeto
pero alcanza a estar determinada por los tipos de intensidades que
pueblan el CsO, por el agenciamiento concreto en que se conjugan
tales o cuales flujos. Deleuze indica la importancia de este artículo
indefinido: una vida, un acontecimiento, una
singularidad: "el un no es lo trascendente que puede
contener también la inmanencia, sino lo inmanente contenido en un
campo trascendental"[40]. La vida de la obra
de arte es una vida, una multiplicidad determinada contenida en
el campo trascendental como una de sus líneas o trayectos virtuales.
Hay muchos medios, además del arte, de hacerse un cuerpo sin órganos,
de todas formas la filosofía de Deleuze, como filosofía de la inmanencia
tiene con éste una deuda enorme, el concepto de plano de inmanencia
como continuum de intensidades no habría sido posible, por lo menos,
sin la alianza Spinoza- Artaud.
El vitalismo de Deleuze es simultáneamente
vitalismo inmanente e inorgánico: la vida es vida inorgánica inscrita
en un plano de inmanencia.
El acto mismo de escritura filosófica como
creación de conceptos es para Deleuze un acto afirmativo de la vida.
De lo que se trata es de liberar la vida
allí donde está cautiva, o de intentarlo en un incierto combate.
Los filósofos Nietzsche, Spinoza, Deleuze como los artistas Proust,
Lawrence tienen a menudo una salud precaria y demasiado frágil,
pero no por culpa de sus enfermedades ni de sus neurosis, sino porque
han visto en la vida algo demasiado grande para cualquiera, demasiado
grande para ellos, y que los ha marcado discretamente con el sello
de la muerte. Pero este algo también es la fuente o el soplo que
los hace vivir a través de las enfermedades de la vivencia [41].
|
Citas
|
[1] DELEUZE, GILLES,
Conversaciones 1972-1990, Pre-Textos, Valencia, 1995,
p. 228. regresar
[2] DELEUZE, GILLES,
Francis Bacon. Logique de la sensation, Éditions de
La Différence, París, 1981, p. 33. regresar
[3] ARTAUD, ANTONIN,
Citado por Gilles Deleuze & Félix Guattari en Mil
Mesetas, Pre-Textos, Valencia, 1988, p. 163 y en
Francis Bacon. Logique de la sensation, p. 33. regresar
[4] DELEUZE &
GUATTARI, ¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?, en Mil
mesetas p.156. regresar
[5] Ibid, p. 158.
regresar
[6] MARTIN, JEAN-CLET,
Variations. La philosophie de Gilles Deleuze, Editions
Payot & Rivages, París, 1993, p. 190. La température,
sa patience intense signifient la différence, une différence
qui ne se compose pas de différences de même valeur, mais
implique des series de termes en perpétuelle hétérogénéité.
regresar
[7] DELEUZE &
GUATTARI, Mil Mesetas, p. 163. regresar
[8] TOURNIER, MICHEL,
Los meteoros, Alfaguara, Madrid, 1986, pp. 455, 457,
458, 463, 467, 468, 469. Las cursivas son nuestras. regresar
[9] DELEUZE, GILLES,
Francis Bacon. Logique de la sensation, p. 33. regresar
[10] Ibid., pp.
28-29. regresar
[11] MERLEAU-PONTY,
MAURICE, El ojo y el espíritu, Revista Eco, Nº 52/54,
1964, p. 371, y DELEUZE, Francis Bacon. Logique de la
sensation: à la fois je deviens dans la sensation et
quelque chose arrive par la sensation, lun par lautre, lun
dans lautre, p. 27. regresar
[12] TREGUIER,
JEAN-MARIE, Le corps selon la Chair. Phénoménologie et
ontologie chez Merleau-Ponty, Editions Kimé, París,
1996, pp. 140-146. regresar
[13] MERLEAU-PONTY,
El ojo y el espíritu, p. 373. regresar
[14] DELEUZE,
Francis Bacon. Logique de la sensation, p.31. regresar
[15] Ibídem regresar
[16] Ibid.,
p. 33. regresar
[17] Ibid.,
p. 39. regresar
[18] Ibid.,
p. 34. regresar
[19] DELEUZE &
GUATTARI, Mil Mesetas, p. 156. regresar
[20] Ibid.,
pp. 165-166. regresar
[21] DELEUZE,
Francis Bacon. Logique de la sensation, p. 34-35.
regresar
[22] Ibid.,
p. 39. regresar
[23] Ibid.,
p. 42. regresar
[24] Ibídem.
regresar
[25] DELEUZE &
GUATTARI, Mil Mesetas, pp. 158-159. regresar
[26] Ibid., p. 168.
regresar
[27] En el contexto
de Mil Mesetas, intensidad = 0 no tiene un carácter
negativo, es el valor que designa el grado absoluto de intensidad.
regresar
[28] Ibid.,
p. 264 y DELEUZE, GILLES, Spinoza: Filosofía Práctica,
Tusquets, Barcelona, 1984, p. 166. regresar
[29] Ibid.,
p. 159. regresar
[30] DELEUZE,
GILLES & FÉLIX GUATTARI, ¿Qué es la Filosofía?,
Anagrama, Barcelona, 1993, p. 52. regresar
[31] DELEUZE &
GUATTARI, Mil Mesetas, p. 159. regresar
[32] DELEUZE,
Spinoza: filosofía práctica, p. 166. regresar
[33] DELEUZE &
GUATTARI, Mil Mesetas, p. 167. regresar
[34] MENDOZA,
MARIO, El neonómada vectorial en 4 años a bordo de mí
mismo de Eduardo Zalamea Borda, Capítulo II, Tesis de
Maestría en Literatura, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana,
1996. regresar
[35] Ibid. p. 52 regresar
[36] Ibidem. regresar
[37] DELEUZE,
GILLES, "L'Immanence: une vie... En Philosophie,
Nº 47, septiembre de 1995, p. 3. regresar
[38] Ibídem. regresar
[39] Ibid., p.4. regresar
[40] Ibid., p.6. regresar
[41] DELEUZE & GUATTARI, ¿Qué es
la filosofía?, pp. 173-174. regresar
|
|
Bibliografía
|
|
* Deleuze, Gilles, Francis Bacon.
Logique de la sensation, Éditions de La Différence, París,
1981.
* Deleuze, Gilles, "L'Immanence:
une vie... En Philosophie, Nº 47, septiembre de 1995
* Deleuze, Gilles, SpinozaFilosofía
Práctica, Tusquets, Barcelona, 1984
* Deleuze, Gilles, Conversaciones
1972 1990, Pre-Textos, Valencia, 1995.
* Deleuze & Guattari, Mil
Mesetas, Pre-Textos, Valencia, 1988
* Deleuze & Guattari, ¿Qué
es la Filosofía?, Anagrama, Barcelona, 1993
* Mendoza, Mario, El neonómada
vectorial en 4 años a bordo de mí mismo de Eduardo Zalamea
Borda, Capítulo II, Tesis de Maestría en Literatura, Bogotá,
Pontificia Universidad Javeriana, 1996.
* Martin, Jean-Clet, Variations.
La philosophie de Gilles Deleuze>, Editions Payot &
Rivages, París, 1993.
* Merleau-Ponty, Maurice, El ojo
y el espíritu, Revista Eco, Nº 52/54, 1964.
* Tournier, Michel, Los meteoros,
Alfaguara, Madrid, 1986.
* Treguier, Jean-.Marie, Le corps
selon la Chair. Phénoménologie et ontologie chez Merleau-Ponty,
Editions Kimé, París,1996.
|
|
|