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Contenido
0.
Presentación
1.
Similitud en el proyecto crítico:
2.
Intención metódica:
3.
¿Intuición intelectual = intelección?
4.
Divergencias entre Lonergan y Kant [Lonergan, 1999: 407-410]
a.
Con respecto al problema que se plantean
b.
Con respecto al punto de vista desde el que se trata el problema
c.
Con respecto al método de solucionar el problema
d.
Con respecto a la concepción de la conciencia racional
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Con
una venia no muy pronunciada a los ‘inconmensurabilistas’,
me propongo en esta intervención mostrar algunas comparaciones
y contrastes entre los proyectos críticos en torno
al conocimiento humano que emprendieron dos gigantes:
Kant, ya hace más de doscientos años y Lonergan, hace
apenas unos cincuenta, para subrayar cómo el proyecto
de este último se sitúa en el ‘realismo crítico extremo’
de la auto afirmación del sujeto que conoce, teniendo
al materialismo del otro extremo y al idealismo en
su intermedio.
Se
trata, sin duda, de un tema muy amplio cuyo estudio
detallado y que ha servido parcialmente para este
ensayo, debe rastrearse en el mismo Lonergan, especialmente
en: Insight. Estudio sobre la comprensión humana.
Salamanca: Sígueme / México: UIA, 1999. Capítulo 11:
“La auto afirmación del sujeto cognoscente” (I: en
adelante). Además, en las obras de SALA, Giovanni:
Das A priori in der menslichen Erkenntnis. Eine Studie
uber Kants Kritik der reinen Vernunft und Lonergans
Insight. München: Verlag Anton Hain. Meisenhein am
Glan, 1971 y, Lonergan and Kant. Five Essays on Human
Knowledge. (Trd. J. Spoerl. Ed. R.M. Doran), Toronto:
UTP, 1994; asimismo, en los próximos títulos suyos:
SALA, Giovanni, Kant, Lonergan und der christliche
Glaube, edited by Ulrich L. Lehner und Ronald K. Tacelli,
Nordhausen: Bautz Verlag, 2005; y, Kontroverse Theologie,
edited by Ulrich L. Lehner und Ronald K. Tacelli,
Bonn: Nova et Vetera Verlag, 2005. De otro lado, también
se pueden explorar más extensamente textos de otros
autores tales como: Baur, Beards, Crowe, Meynell,
McShane, McCarthy, Templeman (Ver sus notas bibliográficas
al final), que también han abordado esta relación.
Si
bien, un conocimiento no sólo básico sino especializado
de Kant en la comunidad filosófica nacional e internacional
ha sido sumamente más amplio y comentado que el que
se pueda tener ahora mismo de Lonergan, para los efectos
de esta intervención procuraré salvar en parte esta
dificultad. Me referiré, en primer lugar, a una similitud
muy general en el proyecto crítico de ambos pensadores.
En segundo lugar, de un modo muy breve también, acerca
de la intención metódica que comparten, si bien ponen
en obra de diferente modo. Luego, estableceré hasta
qué punto la noción de ‘intuición intelectual’ cuya
realidad Kant niega, equivale o no a la noción de
‘insight’ (acto de intelección) central en el realismo
extremo de Lonergan. Finalmente, me referiré a las
divergencias centrales con respecto a la naturaleza
del conocimiento en ambos autores, subrayando el aporte
del realismo crítico lonerganiano que pretende ir
más allá del representacionismo del inmortal gigante
de Köningsberg.
1.
Similitud en el proyecto crítico:
Dos citas bastan para ilustrar el correlato:
KANT: “... Llamamiento a la razón para que de nuevo emprenda
la más difícil de todas sus tareas, a saber, la del auto
conocimiento y, por otra, para que instituya un tribunal
que garantice sus pretensiones legítimas y que sea capaz
de terminar con todas las arrogancias infundadas, no con
afirmaciones de autoridad, sino con las leyes eternas e
invariables que la razón posee. Semejante tribunal no es
otro que el de la misma crítica de la razón pura” [CRP:
A XI-XII].
LONERGAN: “... el propósito del libro es ante todo lanzar
una invitación a ejercer un acto personal decisivo. Pero
la naturaleza misma del acto necesita que sea comprendido
de por sí y en sus implicaciones. ¿Qué queremos dar a entender
por auto conciencia racional? ¿qué significa invitarla a
que tome posesión de sí misma? ¿Por qué se dice que tal
auto posesión es tan decisiva e importante?” [I: 21]. Lonergan
resume su propósito a la manera de un eslogan: “comprende
cabalmente lo que es comprender, y así no sólo habrás de
comprender los lineamientos esenciales de todo lo que hay
por comprender, sino también tendrás una base firme, un
modelo invariante, abierto a todos los desarrollos posteriores
de la comprensión” [I: 31].
2. Intención metódica:
KANT: [La CRP]... “Es un tratado sobre
el método, no un sistema sobre la ciencia misma. Traza,
sin embargo, el perfil entero de ésta, tanto respecto
de sus límites como de su articulación interna...Por lo
que toca a lo primero, en efecto, nada puede añadirse
a los objetos, en el conocimiento a priori, fuera de lo
que el sujeto pensante toma de sí mismo. Por...lo segundo,
la razón constituye, con respecto a los principios del
conocimiento, una unidad completamente separada, subsistente
por sí misma...como ocurre en un cuerpo organizado; [donde]
ningún principio puede tomarse con seguridad desde un
único aspecto sin haber investigado, a la vez, su relación
global con todo el uso puro de la razón.” [CRP: B XXII;
B XXIII].
LONERGAN: “pero hay también un tercer propósito que espero
lograr mediante una apropiación de los modos de pensamiento
científico. Pues tal pensamiento es metódico, y el científico
pone su fe no en tal o cual sistema o conclusión científicos,
sino en la validez del método científico mismo. Mas, ¿qué
son en definitiva la naturaleza y el fundamento del método
sino una aprehensión reflexiva y una aplicación especializada
del objeto de nuestra indagación, a saber, la estructura
dinámica e inmanente que opera de manera recurrente en
la actividad cognoscitiva del ser humano? De lo cual se
sigue que la ciencia empírica en cuanto metódica no sólo
ofrece una pista para el descubrimiento, sino ofrece también
ejemplos concretos en los cuales examinar el dinamismo
multiforme de más envergadura que buscamos explorar. Por
consiguiente, no será sino a partir de los rasgos estructurales
y dinámicos del método científico como habremos de abordar,
y trataremos de formular dentro de la unidad de una sola
perspectiva, ciertos elementos aparentemente tan dispersos,
como (1) el punto señalado por Platón al preguntar cómo
sucede que quien indaga, reconoce la verdad al alcanzar
eso que, en cuanto indagaba, no lo sabía, (2) el significado
intelectualista (mas no conceptualista) de la abstracción
de la forma con respecto a sus condiciones materiales,
(3) la manifestación psicológica del deseo natural de
conocer a Dios por su esencia del Aquinate, (4) lo que
Descartes se esforzó por transmitir en sus incompletas
Regulae ad directionem ingenii, (5) lo que Kant concibió
como una síntesis a priori, y (6) lo que se designa como
la finalidad del intelecto en la vasta obra de J. Maréchal
Le point de départ de la métaphysique”.
KANT propuso también un giro metódico y halló su fundamento
en una lógica trascendental desde la que pudo sacar a
la luz las condiciones de posibilidad de los elementos
que han de ser tenidos en cuenta en la construcción de
un sistema completo de la razón pura.
LONERGAN, en cambio, encaminó su giro metódico hacia
la interioridad, (como llamará más adelante –1972- su
contribución), para dar con la normatividad de la conciencia,
para hallar un control en la búsqueda de dirección y orientación
en la complejidad histórica de la significación en los
distintos universos del discurso y la acción humanos.
Dado que el giro es metódico, la interioridad no se convierte
en un fin sino en una mediación).
3.
¿Intuición intelectual = intelección?
Si bien LONERGAN en Verbum. Word and Idea in Aquinas
[25-6] escribió que “K[ANT]... repetidamente afirmó que
toda intuición es sensible”, ¿podría eso darnos a entender
que no hay intuición intelectual o algo semejante a un
Insight (intelección) en Lonergan?. Por otra parte, este
último afirma posteriormente en Understanding and Being
[30-1] que: “Kant, Aristóteles y Santo Tomás, todos sabían
acerca de la intelección (Insight)”, ¿parecería que Lonergan
habría modificado su posición de una obra a la otra?
G. Sala [1995: 89 a 97] aclara a F. Crowe que hay que
partir de la distinción entre la primera y la segunda
mentis operatio: concepto y juicio respectivamente. Kant,
en la CRP, trata de equiparar, o por lo menos, de borrar
la diferencia entre ambas. Y cuando habla muy pocas veces
de ‘intuición intelectual’, lo hace para subrayar que
los humanos sólo tenemos a disposición una intuición sensible
y que nuestro entendimiento “no puede intuir nada” [CRP:
A 51]. En Kant hay un ‘carácter no cognitivo’ del pensamiento,
si entendemos por este último al entendimiento junto con
la razón. Parece que estas facultades no fuesen capaces
de captar un contenido propio (en el sentido de lo existente
real en sí mismo), porque no son del mismo tipo que la
intuición sensible, porque no se parecen al ver y por
eso no contribuyen por sí mismas a la objetividad del
conocimiento humano. La tesis de que las únicas intuiciones
que tenemos son sensibles, la denomina Sala el principio
de la intuición.
Toda la problemática de la intuición intelectual parece
entonces residir en la secunda mentis operatio, que se
ocupa del conocimiento de lo real y de la problemática
del la verdad y la objetividad. Con respecto a esto Lonergan
no ha cambiado de posición. Kant, como consecuencia de
su principio de la intuición, sostiene una disparidad
entre las facultades del entendimiento y la razón, de
un lado, y del otro, la intuición intelectual que busca
y no halla en nosotros.
En el pasaje de Verbum, Lonergan se refiere a la primera
operación; pero, como tomasino y aristotélico la denomina
más precisamente una intelección en el interior de lo
sensible, de la cual procede de modo inteligente el concepto.
Sabemos que Kant no optó por un discurso desde la pura
razón (al modo racionalista), sino que atendió también
al aporte empirista y sostuvo que para conocer lo real,
la razón, con sus conceptos, tenía que recurrir a la experiencia
sensible. Pero, no llegó de esta forma a proponer una
estructura de conocimiento de múltiples niveles (à la
Lonergan), sino que atribuyó a la intuición sensible la
capacidad total de conocer que tenemos, afirmando repetidamente
que “toda intuición es sensible”.
Lonergan habla en este lugar más bien de ‘Insight into
phantasm’ y asocia a ésta ‘el intelecto humano’ que Kant
junto con Scoto criticaron. En esta tradición surgió inevitablemente
la pregunta por el origen de nuestros conceptos (¡universales!).
Y para afrontar esta pregunta, una vez rechazada la ‘Schulphilosophie’
racionalista, no quedó más que el recurso a los conceptos
‘a priori’. Ahora bien, Lonergan es de algún modo confuso
en esta obra, ya que cuando Kant insiste en que no tenemos
una intuición intelectual, se está refiriendo no al problema
del origen de los conceptos universales, sino al problema
de si conocemos lo real. Y en ese sentido Kant no niega
explícitamente una ‘intelección a través de las imágenes’,
sino la percepción o visión de algo real.
Kant sostiene en este contexto que nuestro entendimiento
es discursivo y esto se relaciona con lo que Lonergan
dice acerca de las actividades de la inteligencia y de
la razón como no propiamente constitutivas de nuestro
conocimiento inmediato o de nuestro conocimiento familiar,
sino que pueden desempeñar una función útil en partes
derivadas y subordinadas de nuestro conocimiento, en nuestro
conocimiento mediato o nuestro conocimiento por descripción
[Lonergan, “C. Structure”, Collection, 215-16].
Que Kant niegue la intuición intelectual no significa
que no exista un “insight into phantasm”. Son dos cosas
distintas: una es la intuición intelectual, capaz de obtener
lo real en cuanto real; y otro es el acto de comprensión
o intelección que capta el componente inteligible de lo
real. Kant no negó que el entendimiento comprende a través
de las imágenes, como lo sostuvo Aristóteles en De Anima,
sino que sencillamente lo ignoró; con excepción, quizás,
del caso siguiente.
Cuando Lonergan dice que “Kant, Aristóteles y Tomás,
todos sabían acerca de la intelección” [CRP: A 712-38;
Lonergan, 1990: 31], está en lo cierto, si bien el texto
de Kant es también algo confuso. Kant se aproxima al “insight
into phantasm”, al referirse al procedimiento específico
de un matemático cuando demuestra un teorema de geometría.
Pero el acto de comprensión no queda descrito con claridad.
Evidentemente, los supuestos de Kant no son los de Tomás
y Lonergan. Por ejemplo: el espacio, pasa de ser una “forma
de la intuición” a una “intuición formal” [CRP: B 160-1,
nota a; A 20; A 24], que puede ser considerada en sí misma;
también habla de conceptos geométricos, etc.
Se trata del fundamento de la matemática pura. El concepto
clave en el conocimiento científico del espacio (geometría
pura) es el concepto de construcción: construimos nuestros
conceptos en la intuición. Aquí tenemos un nuevo elemento
cognoscitivo: el elemento sintético; por ejemplo, el nuevo
conocimiento articulado por el teorema sobre la suma de
los ángulos interiores de un triángulo (nuevo, en relación
con el concepto de triángulo que ya se tiene); este nuevo
elemento surge, no mediante un análisis de conceptos,
sino mediante la construcción matemática del concepto
de triángulo en la intuición (sensible) y Kant argumenta
con ayuda de la figura geométrica [CRP: A 716]. La obtención
de esta nueva inteligibilidad del triángulo hace, entonces,
clara referencia a lo que Lonergan denomina “insight into
phantasm”. Sin embargo, según Kant, la construcción necesaria
para obtener el teorema se da en una intuición pura, a
priori: “Para la construcción de un concepto, por lo tanto,
se necesita de una intuición no empírica” [CRP: A 713;
A 718].
¿Por qué? Porque Kant cree que de otra forma la universalidad
del conocimiento adquirido (el nuevo elemento cognoscitivo)
no podría ser explicada. En CRP: A 48, Kant dice: “Por
lo tanto, uno se da a sí mismo un objeto en la intuición.
Pero, de qué tipo es esa intuición? ¿Es una intuición
pura a priori o es una intuición empírica? Si fuera esta
última no podría surgir ninguna proposición universalmente
válida”.
Alguien que habla de esa manera, comenta Sala, muestra
que ha dejado de lado el punto crucial. Porque es precisamente
algo propio del acto de comprensión (insight) descubrir
en los datos sensibles (en lo concreto, en lo empírico!)
una inteligibilidad no restringida a esta figura sensible
particular. El teorema es universal, no porque la intuición
que permite construir el concepto sea a priori, sino porque,
en términos de Tomás, la forma (lo inteligible) ‘de se
est universalis’ (es por naturaleza universal).
Adicionalmente, Kant habla aquí del concepto (a ser construido)
de triángulo como si fuera en sí mismo a priori [CRP A
719] y lo mismo vale para todo otro elemento conceptual
que use el matemático. Es cierto que Kant habla repetidamente
de conceptos empíricos, pero no explica de dónde surgen.
Ahora bien, un concepto por su propia naturaleza no es
nunca puramente empírico, sino que resulta de un acto
de comprensión (insight) en lo empírico. Precisamente
porque Kant ignora el ‘intelligere’ propio del entendimiento,
se ve forzado una y otra vez, en el desarrollo de la CRP
a introducir conceptos a priori por fuera de los doce
conceptos puros oficiales del entendimiento (las categorías).
De cualquier forma, la pregunta de hasta qué punto Kant
sabía algo acerca del ‘intelligere in sensibili’ debe
ser distinta de la pregunta por una intuición intelectual
humana y que Kant negó. La última no tiene nada que ver
con el conocimiento del componente metafísico de lo real
denominado la forma, sino con el conocimiento de lo real
en cuanto real, y funciona en Kant como sustituto del
juicio de existencia que encontramos en Tomás y Lonergan.
4.
Divergencias entre Lonergan y Kant [Lonergan, 1999:
407-410]
(a) con respecto al problema que
se plantean
(b) con respecto al punto de vista
desde el que se trata el problema
(c) con respecto al método para solucionarlo
(d) con respecto a la concepción
de la conciencia racional
(a)
Con respecto al problema que se plantean
KANT se preguntó por las condiciones a priori de posibilidad
de la experiencia en el sentido de conocer un objeto.
Se interrogó si y cómo es posible el conocimiento científico.
Transformó esta pregunta inicial en una más técnica y
equivalente: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos
a priori? Y con ello dio el giro copernicano para que
los objetos de conocimiento se conformen con las condiciones
del juicio epistémico y no a la inversa. En consecuencia,
las condiciones a priori del conocimiento van a ser idénticas
con las de los objetos conocidos. LONERGAN no cuestiona
si el conocimiento existe o no (cuestionamiento que llevaría
consigo una auto contradicción realizativa), sino por
cuál es su naturaleza en general, determinando en una
teoría cognitiva: ¿qué hacemos cuando conocemos? Y en
una epistemología, ¿por qué eso que hacemos es propiamente
conocimiento y no otra cosa? Lonergan se interroga por
la ocurrencia posible de un juicio de hecho. ¿Cuáles son
las condiciones de posibilidad de un sí o un no absoluto
y racional?, considerado como un acto. No se pregunta
bajo qué condiciones existiría un hecho que corresponda
al sí, ni qué significado pueda tener tal correspondencia.
(b)
Con respecto al punto de vista desde el que se trata el
problema
KANT realizó una investigación desde una estética, una
lógica y un método trascendental carácter trascendental.
Localizó las condiciones de la objetividad epistémica
en el sujeto trascendental; a éste debían conformarse
los objetos de conocimiento y los juicios mediante los
cuales estos son conocidos. Pero su subjetividad trascendental
es un ego impersonal postulado formalmente, y no un investigador
humano concreto que plantea preguntas y trata de resolverlas
razonablemente; tampoco el sujeto cognitivo de Kant es
un ego empírico condicionado temporal y causalmente y
que se revela dialécticamente mediante un giro metódico
hacia su propia interioridad. La subjetividad trascendental
es una condición formal postulada por Kant para asegurar
la unidad del conocimiento y como garantía de que toda
representación epistémica pertenece a una unidad de apercepción
pura yo pienso. Ni su realidad ni sus operaciones intencionales
son plenamente reconocidas por Kant [McCarthy, 1990: 305-318].
LONERGAN basa su teoría del conocimiento en un análisis
intencional realizado por el sujeto de operaciones conscientes
que se halla experiencialmente involucrado en sus propias
prácticas de conocimiento. El contexto kantiano no permite
esta explicación porque reduce la conciencia experiencial
a un darse cuenta introspectivo de representaciones temporalmente
sucesivas por el sujeto empírico. Estas representaciones
mismas son objeto de experiencia y pertenecen por definición
a lo condicionado sin que se conviertan nunca en su fundamento
condicionador. El método kantiano de aprehensión de la
subjetividad impide apreciar la conciencia experiencial,
concomitante y correlativa con el darse cuenta intencional
de los objetos. Kant tiende a oscurecer la distinción
crítica entre los actos intencionales y los signos intencionales,
con el resultado de que las facultades epistémicas no
se diferencian por el tipo de operación sino por el tipo
de representación.
Esto acontece porque su explicación de la subjetividad
epistémica se debe a una inferencia trascendental desde
los objetos y juicios de la ciencia (junto con sus supuestos
de cualidades primarias y secundarias) a sus fundamentos
postulados en un ego inaccesible, cuyos recursos y funcionamiento
son asunto de una especulación hipotética. Kant combina
de manera original elementos del conocimiento científico
que normalmente se tomaban por separado o en oposición:
la recepción intuitiva, la inferencia lógica formal, la
síntesis constructiva intelectual, las fuentes inmanentes
del razonamiento especulativo. Y una vez diferenciados
los distintos tipos de representación para cada facultad,
los diferenció ulteriormente según los criterios de su
origen genético, su carácter significativo, y constitutivo
o su uso epistémico regulativo. Las representaciones puras
son posesiones innatas del sujeto y condiciones de posibilidad
de la experiencia. Las representaciones empíricas, en
contraste, las adquiere el sujeto mediante un proceso
psicológico que se inicia en la experiencia sensorial.
Su origen genético permite distinguir las representaciones
puras de las empíricas; su significado difiere ya que
unas son intuiciones y otras conceptos; las primeras son
representaciones de objetos particulares y las segundas
conceptos universales. Los conceptos sólo tienen una relación
mediada con los particulares. Las intuiciones puras de
la sensibilidad y los conceptos puros del entendimiento
son representaciones con validez objetiva porque constituyen
los objetos del conocimiento científico; y, en este sentido,
difieren de las ideas puras de la razón cuya función es
de naturaleza exclusivamente regulativa. Intuiciones,
categorías e ideas son todas representaciones por su dependencia
ontológica en la subjetividad trascendental. Éstas, y
sus objetos y juicios epistémicos que condicionan tienen
ser sólo a nivel mental.
LONERGAN sostiene que no es posible ir a las fuentes
de las categorías en Kant, más allá de los juicios en
los cuales ocurren. Por ello, Fichte y Hegel quisieron
explorar el territorio virgen de la conciencia inteligente
y racional. Los estados dinámicos de la investigación
y la reflexión ciertamente se dan. La primera haciendo
posible toda comprensión, concepto y sistema; la segunda,
haciendo posible toda aprehensión reflexiva del incondicionado
y la generación de todos los juicios. “Si el kantiano
proscribe la indagación y la reflexión, se expone a la
acusación de oscurantista. Si admite tal consideración,
si exalta la curiosidad intelectual y el espíritu crítico,
entonces está en vías de reconocer los principios generadores
tanto de las categorías que Kant conoció como de las categorías
que Kant ignoraba” [1999: 410].
(c)
Con respecto al método de solucionar el problema
La deducción trascendental KANTIANA consiste en mostrar
cómo la interacción de las facultades y sus respectivas
representaciones constituyen los objetos y los juicios
del conocimiento científico. Se demuestra así la validez
objetiva de las matemáticas y la física y, al mismo tiempo
se señalan los límites de la razón pura. Las ideas regulativas
no constituyen un objeto epistémico. La sicología trascendental
establece así el alcance y los límites de nuestras capacidades
cognitivas y suministra una base para un juicio crítico
sobre el modo de realidad del objeto epistémico.
La importancia de la facultad de la sensibilidad en Kant
es innegable: todo objeto posible de conocimiento debe
relacionarse inmediatamente con la intuición sensible.
Porque la sensibilidad está limitada a los fenómenos,
todo el conocimiento humano tiene una limitación paralela.
Dado que las intuiciones sensibles carecen de ordenamiento
inteligible, las funciones sintéticas del entendimientos
son requeridas para unirlas y conectarlas. Los juicios
deben confirmarse con la intuición si van a tener validez
objetiva. Cuando el polo subjetivo de la teoría del conocimiento
de Kant tiene tanta dependencia de la sensibilidad, la
restricción del polo objetivo del conocimiento al fenómeno
no debe sorprender. Una vez los objetos sensibles son
constituidos como fenómenos, la dependencia del idealismo
crítico de una explicación prioritaria de la subjetividad
se hace igualmente aparente.
LONERGAN pretende trascender esta teoría kantiana de
los objetos y de la objetividad; esta labor no podrá ser
hecha sin criticar la explicación trascendental del sujeto
epistémico kantiano y el papel decisivo que juega la intuición
allí. Por ello, al postulado trascendental de un ego formal,
Lonergan le opone la realidad concreta de un investigador
humano concreto, como centro y fuente de las operaciones
intencionales funcionalmente complementarias. El punto
focal de las operaciones cognitivas no es la intuición
sino el surgimiento de preguntas inteligentes y la afirmación
y defensa de respuestas racionales. El análisis del dinamismo
de las preguntas para la comprensión y para la reflexión,
lleva a concebir las operaciones cognitivas no por analogía
de los sentidos sino en términos distintivamente intelectuales
y racionales. El resultado es una concepción diferente
de sujeto y objeto epistémico y de sus relaciones intencionales
y auto trascendentes. Si el sujeto se concibe como el
centro de la actividad de indagar, el objeto deviene lo
desconocido hacia lo que tienden las preguntas, un desconocido
que se hace cada vez más conocido a medida que las respuestas
a las preguntas son más comprehensivas y determinadas.
Para Lonergan, la objetividad será entonces fruto de una
subjetividad que se auto trasciende.
La auto afirmación del sujeto en cuanto cognoscente,
constituye un juicio fáctico, virtualmente incondicionado,
y en dicho juicio radica fundamentalmente la diferencia
de la solución al problema crítico en Lonergan con respecto
a Kant. Un kantiano ortodoxo calificará esta solución
como mero psicologismo, como un recurso a lo empírico
que es meramente provisional e hipotético. Con todo, sin
juicios de hecho no es posible ir más allá de proposiciones
analíticas. Si bien, la auto afirmación es un juicio de
hecho, no es un juicio de hecho simple ni trivial, sino
sobre un hecho privilegiado, porque su auto negación es
incoherente (como Beards, Mackie y Hinttinka han demostrado
también). La auto afirmación lonerganiana del sujeto en
cuanto sujeto no es un elemento meramente hipotético y
no está sujeta a una revisión radical. Así , su teoría
cognitiva no se aventura en lo meramente supuesto, como
otras teorías, sino en una auto afirmación virtualmente
incondicionada. “No hay más que indagar y reflexionar
para hallarse uno mismo atrapado en los procedimientos
espontáneos e inevitables que procuran la evidencia para
la auto afirmación. Basta con ejercer un solo juicio fáctico,
al margen de cuál sea su contenido, para quedar uno involucrado
en una auto afirmación necesaria” [1999: 410].
(d)
Con respecto a la concepción de la conciencia racional
. Asignar la prioridad no a la intuición
sino al proceso desde la actividad experiencial, pasando
por la conciencia intelectual y culminando parcialmente
en la conciencia racional, y finalmente en la auto conciencia
racional de la deliberación y la decisión, conlleva consecuencias
muy importantes con respecto a qué se entiende por conciencia
racional, por objetividad y el papel fundacional que desempeña
el juicio de auto afirmación del sujeto en cuanto sujeto
cognoscente..
Para LONERGAN, el núcleo de las actividades que constituyen
el dinamismo intencional consciente no es la intuición
sino el deseo puro, irrestricto, desinteresado e ilimitado
de conocer; y el objeto de tal intencionalidad no es la
fenomenalidad sensible sino la realidad misma. Para ir
más allá de la correlación básica de Kant entre subjetividad
intuitiva y los objetos, hay que remplazar esta correlación
de un modo más tajante y crítico por una correlación más
profunda entre el dinamismo intencional indagador de la
conciencia humana y el universo del ser. La actividad
epistémica que se relaciona de modo inmediato con el ser
y con los objetos no es propiamente la intuición sensible
sino el cuestionar inteligente; todas las demás operaciones
cognitivas se relacionan con el ser como modos específicos
de responder a las preguntas de tipo directo, crítico
y práctico.
Así como KANT reconoció tres facultades psicológicas
con tres tipos distintos de representación, LONERGAN distingue
(para el conocimiento factual) tres niveles de operaciones
y contenidos cognitivos. Mientras Kant privilegia el modo
epistémico de la facultad de la sensibilidad y lo proyecta
sobre las demás facultades, Lonergan reconoce en el nivel
experiencial no propiamente la representación empírica
de un noúmeno incognoscible, sino simplemente el campo
de los datos de los sentidos y de la conciencia experiencial
dado intencionalmente. La intencionalidad básica de la
conciencia empírica no radica en sus contenidos sino en
sus operaciones de sensación, percepción, imaginación,
memoria. La conciencia empírica es la presencia al sujeto
de lo sensible y experiencialmente dado.
En un sentido Kant estaba en lo correcto porque las operaciones
de preguntar, investigar, entender y concebir son fundamentalmente
distintas de las intuitivas. Pero, en otro sentido, se
equivocó profundamente, porque compactó estos actos intencionales
irreductibles en función de una síntesis constructiva.
El vínculo entre intuiciones, conceptos, y proposiciones
obedece a una lógica trascendental y las operaciones de
la conciencia (si las hubiera para Kant) quedan en un
trasfondo oscuro. Los datos empíricos, para Lonergan se
vinculan con los términos formales de significación mediante
la investigación inteligente y su desarrollo gradual a
través de actos de comprensión que pueden ser cada vez
más sistemáticos. En Kant, basta con un juego trascendental
de intuiciones y conceptos para producir juicios y objetos
epistémicos, mientras que en Lonergan, el resultado de
la combinación entre experiencia, investigación, comprensión
y formulación de conceptos no es ya el logro el conocimiento
sino la formulación provisional de repuestas a preguntas.
Por otra parte, mientras KANT le asignó a la razón un
papel puramente regulativo en el conocimiento y trató
sus demandas por lo incondicionado como la fuente de una
ilusión trascendental, LONERGAN le asigna un papel decisivo
en la constitución del conocimiento del ser. KANT localizó
los juicios en el nivel del entendimiento y sus intuiciones
de validación en el nivel de la sensibilidad. LONERGAN
considera que el resultado acumulativo de las operaciones
de la conciencia empírica y la intelectual es la articulación
de términos formales de sentido. Y considera que la disposición
natural de la razón consiste en la exigencia de que las
respuestas inteligibles sean adecuadas y verdaderas. Es
esta demanda la que inicia el proceso de la investigación
reflexiva, la corroboración, la demanda de invulnerabilidad
frente a preguntas ulteriores pertinentes y la compulsión
razonable de realizar un juicio que tienda hacia el ideal
normativo de un virtualmente incondicionado. La investigación
reflexiva procede de la formulación provisional de la
inteligencia hacia la captación racional de lo incondicionado;
y, esa captación, o su ausencia, conduce a la afirmación
o a la negación de los términos completos de la significación.
En el idioma KANTIANO, los juicios se refieren a la síntesis
lógica de los conceptos en el nivel de la comprensión.
Los juicios ampliativos son una síntesis de representaciones
validada en intuiciones inmediatas. Lo que LONERGAN trata
como actos intencionales KANT lo trata como signos intencionales;
pero, un juicio para LONERGAN no es una síntesis de signos
lógicos, sino la posición o el rechazo de una síntesis
que ya ha sido obtenida a nivel del entendimiento. Las
intelecciones directas o inversas que dan lugar a los
términos formales de la significación deben ser confirmadas
mediante la investigación reflexiva y las intelecciones
reflejas que capten estos términos formales de significación
como hechos virtualmente incondicionados; es decir, como
condicionados cuyas condiciones de hecho se han cumplido.
KANT consideró la demanda por lo incondicionado como
un ideal regulativo y no como un componente constitutivo
de los juicios. LONERGAN considera que los juicios existenciales
que amplían el conocimiento humano son juicios de hecho
válidos. El ser como un hecho puede obtenerse empíricamente
sólo si antes se ha obtenido lo virtualmente incondicionado
en un juicio; el juicio verdadero es el medio apropiado
mediante el que se conoce el ser independiente de la mente.
El universo del ser al que se tiende en las preguntas
es un universo de existentes y ocurrencias factuales.
En la obtención del conocimiento humano, todos los niveles
constitutivos de la subjetividad existencial hacen una
contribución básica e indispensable, la que se valida
mediante la captación racional de un incondicionado virtual.
La inadvertencia o la confusión kantiana con respecto
a los actos de la comprensión directos o reflexivos, es
principalmente metodológica. Cuando se parte de un análisis
de los juicios, de los productos inteligibles del espíritu
humano, se dificulta e incluso se oculta su fuente intencional
en las operaciones de una conciencia intencional, objetiva
y auto trascendente. Cuando se parte de un análisis intencional
de qué le sucede a uno cuando conoce y por qué eso que
le sucede a uno es conocimiento y no otra cosa, no necesariamente
se cae en un sicologismo, ya que la advertencia del giro
hacia la interioridad operatoria sólo tiene la finalidad
metódica de auto apropiarse (es decir, de identificar,
aprender y orientarse) con base en la normatividad inherente
a tales dinamismos en el agitado océano de significaciones.
Puesto que en KANT (incluso en Hegel) el mito del conocimiento
como visión ocular persiste, se sostiene que porque el
conocimiento es discursivo y no intuitivo o inmediato,
todo lo que hacemos es ‘imponer’ una visión sobre la realidad
(Kant) o de la realidad (Hegel); y no podemos situarnos
desde el ojo divino para examinar si nuestra visión de
la realidad es correcta o no. Para LONERGAN, sin embargo,
esta es una explicación incorrecta del conocimiento humano.
El proceso de llegar a conocer involucra un compuesto
de atención a los datos, de inteligencia que produce ideas
con respecto a los datos y a partir de estos, y de razonabilidad
que juzga si estas ideas son correctas. El conocimiento
es discursivo y no intuitivo y, sin embargo, se llega
a conocer la realidad cuando el conocimiento alcanza su
fin en los juicios positivos o negativos. En esta forma,
el conocimiento no se da por confrontación o correspondencia
entre lo que está ‘aquí, ahora adentro’ mental y lo que
está ‘ahora allí afuera’ mundanal, sino en términos de
la correspondencia entre un acto de afirmación de significación
y lo que se pretende con tal acto. Si alguien afirma que
el problema consiste en esa confrontación entre lo ‘aquí
adentro’ y algo ‘allá afuera’, ya está afirmando que conoce
un número de cosas sobre la realidad: que ésta consiste,
por lo menos, en una mente ‘aquí adentro’ y en un mundo
o cosa en sí ‘allá afuera’. Y al hacer esta afirmación
ya se está cruzando el puente sin saberlo.
Según LONERGAN, uno sólo puede negar la teoría de la
verdad correspondencia adoptándola tácitamente, al considerar
esa concepción como falsa; y eso implica que uno no simplemente
sostiene la hipótesis de que ‘mediante mis pensamientos
puedo llegar a conocer lo que realmente es el caso’ sólo
como una idea interesante, sino que uno juzga que al afirmar
esto uno no llega a conocer nada de lo que realmente es
el caso; y, en este sentido, el concepto no ‘corresponde’
con lo que son las cosas. Para KANT, algo existe, es el
caso, cuando es conocido por el entendimiento cuando hay
un relleno de las formas vacías de espacio y tiempo. El
entendimiento puede hacer entonces el tipo de juicio,
que no es el meramente lógico, analítico, sino el juicio
sintético que relaciona el concepto con el objeto dado
en las formas previamente vacías del espacio y el tiempo
[A 19, B 33; A 68, B 93]. En la explicación de LONERGAN,
la ‘realidad’ de lo real es una definición de segundo
orden: lo real es lo que ha de ser entendido de un modo
inteligente y lo que ha de ser afirmado de un modo razonable,
con base en los datos de los sentidos o de la conciencia:
“Supongamos que se
me pregunta si los ratones y los hombres realmente existen;
no respondería a la pregunta si hablase de imágenes de
ratones y de hombres, de conceptos de ratones y de hombres,
o de las palabras ratones y hombres; respondo a la pregunta
únicamente si afirmo o niego la existencia real de ratones
y de hombres. Más aún, las respuestas verdaderas expresan
un incondicionado. Los ratones y los hombres son contingentes
porque su existencia tiene sus condiciones. Mi conocimiento
de los ratones y de los hombres es contingente porque
mi conocimiento de su existencia posee sus condiciones.
Pero las condiciones de lo condicionado se pueden cumplir
y entonces el condicionado es virtualmente un incondicionado;
tiene las propiedades de un incondicionado, no de modo
absoluto, sino de hecho. Puesto que el conocimiento humano
alcanza un incondicionado tal, se trasciende a sí mismo.
Porque el incondicionado en cuanto incondicionado no se
puede restringir, cualificar, limitar; de este modo, todos
establecemos con precisión la distinción entre lo que
es, y, por lo contrario, lo que aparece, lo que parece
ser, lo que se imagina o se piensa o pudiera afirmarse
posible o probablemente; en estos últimos casos el objeto
está todavía ligado por la relatividad del sujeto; en
el primero, la auto trascendencia del conocimiento ha
llegado a su término; cuando decimos que algo es, queremos
decir que su realización no depende de nuestra actividad
cognitiva” [“Estructura Cognitiva”, 1988 (F. Sierra G.,
Trad., fotocopias)].
Puesto que los juicios acerca de
qué es lo real son respuestas a preguntas, se puede determinar
que la distinción entre lo real y lo no real se obtiene
advirtiendo al hecho de que los juicios correctos sobre
lo que es el caso involucran la aprehensión de una suficiente
evidencia, cuando esa evidencia viene suministrada por
los datos de los sentidos o de la conciencia; cuando de
hecho no hay preguntas ulteriores pertinentes que hagan
vulnerable nuestro juicio prospectivo.
Si uno puede obtener con éxito el conocimiento de uno
mismo en cuanto sujeto que conoce, si uno puede conocer,
como ya se ha sostenido que uno lo puede hacer, de que
uno realmente experimenta, comprende y juzga de un modo
interrelacionado y estructurado, entonces también es el
caso de que sea posible hacer juicios objetivos sobre
cosas distintas a mí mismo. Tales juicios objetivos, que
me diferencian de otras cosas, se basan en la captación
de una suficiente evidencia que afirma que: A es, B es,
C es; A no es ni C ni B, B no es ni A ni C, etc. Y si
un tipo de relativista objeta que no puedo hacer juicios
definitivos con respecto a los objetos de mi experiencia
porque no tengo todos los datos suficientes para hacerlo,
Lonergan replica que cada juicio tiene un compromiso limitado
y se pronuncia, no sobre todo el universo, ni sobre la
serie total de condiciones, sino sobre un número limitado
de las mismas que de hecho se cumplen y nos permite emprender
desde ahí nuevas investigaciones. Por otra parte, el escéptico
en cuestión sería incoherente al hacer el juicio particular
de que los juicios particulares son imposibles.
Ahora bien, una cosa es decir que ‘no somos capaces de
llegar a la verdad’, una proposición con la cual un realista
crítico estaría de acuerdo, puesto que es verdad que,
por ejemplo, podríamos no existir, pero es otra cosa totalmente
diferente hacer un juicio para que, dados tales y tales
hechos acerca de nuestras capacidades cognitivas, exista
una probabilidad ( y ‘la sospecha’ nietzscheana, foucaultiana
o derrideana) de que no podemos saber qué sea el caso
con respecto a nada [Beards, 1997: 30-34].
El ‘realismo crítico extremo’ de LONERGAN con respecto
al conocimiento humano, inherente al juicio de hecho de
la auto afirmación del sujeto en cuanto sujeto cognoscente,
le deja al idealismo crítico kantiano un ambivalente habitat
entre éste y el materialismo.
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Bibliografía
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