PALABRAS DEL DECANO ACADÉMICO
DOCTOR GUSTAVO TOBÓN LONDOÑO.
Saludo
Este es un día especial, de reconocimiento y celebración. A todas las graduandas y graduandos una felicitación sincera en nombre de los directivos de la facultad. Un título universitario y en especial uno de la Universidad Javeriana , otorga a quien lo posee un carácter indeleble. Ser profesional es pertenecer a una minoría privilegiada en un país como Colombia y por ello las responsabilidades son mayores. Ustedes a partir de hoy continuarán siendo javerianos pero en la honrosa condición de ex alumnos. Los egresados, en los estatutos de nuestra Alma Mater, de nuestra alma nutricia, son parte fundamental de la comunidad universitaria y esperamos que el vínculo estrecho, que a través de estos años se ha creado, continúe fortaleciéndose y que podamos recibir de ustedes sus opiniones, sus comentarios y sus juicios, para continuar con paso firme en el permanente proceso de consolidar nuestra calidad y nuestra fructífera presencia en el país, pues como lo señaló acertadamente hace algunos años el Padre Jorge Hoyos S.J., uno de nuestros más recordados rectores, los antiguos alumnos son “la universidad viva y actuante en al país”. El Padre Peter-Hans Kolvenbach S.J. anterior Padre general y Gran Canciller de la universidad, no pudo ser más preciso en manifestar lo que esperaba la Compañía de Jesús de sus graduandos, cuando en el año 2005, en mensaje enviado con ocasión de las Bodas de Diamante de la universidad escribió lo siguiente: “ La Javeriana no son tanto sus edificios, su historia, sus publicaciones, sus teorías, sino los hombres y mujeres que han bebido aquí la Sabiduría y tienen la fuerza para hacerla fructificar en sus hogares, en sus trabajos y en la sociedad en la que viven. Ojalá ser Javeriano signifique ser honesto, luchador por una sociedad justa que conquista la paz, profesional competente que no solo se preocupa del propio bienestar sino que sueña y se sacrifica por una patria mejor”.
El juramento
Van ustedes, en un momento, a prestar juramento y pondrán por testigo a Dios de la seriedad de su compromiso. Hipócrates de Cos, el padre de la medicina, hizo famoso el juramento que buscaba evitar todo mal e injusticia en el ejercicio de tan noble profesión. Y lo hacía con todas sus fuerzas y voluntad advirtiendo que si lo quebrantaba, cayera sobre él la suerte adversa.
Jurar, en un acto público y solemne como el de hoy, exige ánimo y consentimiento para que no sea una promesa vacía y un acto meramente formal. La afirmación de sostener la independencia, el orden y las libertades de la patria implica la afirmación de ser buenos ciudadanos. Pero es bueno preguntarse si ese orden es justo y si la respuesta es negativa, la obligación es la de mejorarlo con nuestro esfuerzo cotidiano. No puede ser justo un orden en un país con un 46% de la población en situación de pobreza y un 18% en la indigencia, lo que se traduce en la presencia de millones de seres humanos que no cuentan con los recursos necesarios para atender las necesidades básicas de salud, vivienda, esparcimiento y educación.
La calidad de colombiano, se lee en el artículo 95 de la Constitución Nacional , que también están jurando cumplir por ser parte fundamental del orden de la sociedad, enaltece a los miembros de la comunidad nacional y por tal motivo implica responsabilidades. Entre éstas es pertinente mencionar las siguientes: -Respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios. –Obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas. –Defender los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica. –Velar por la conservación del medio ambiente y –Propender al logro y mantenimiento de la paz. Recordemos que no puede haber paz sin justicia social y para llegar a ella es necesario trabajar por el bienestar económico y social de nuestro pueblo, tarea que es parte esencial del juramento.
Hay un binomio que es inseparable, ha dicho el Padre Rector recientemente. Es la relación Universidad y sociedad. No podemos, entonces, ser ajenos a la suerte de nuestra sociedad y tampoco ser simples espectadores de los problemas de la misma.
La moral cristiana.
Prometerán así mismo practicar la profesión de acuerdo con las normas de la moral cristiana. Es decir de acuerdo con principios morales y normas de conducta que durante años han sido expedidas por la Iglesia y que tienen su fuente en los mandamientos del antiguo testamento, en los evangelios y en las enseñanzas de la doctrina social.
Repasando algunas fuentes para la preparación de estas palabras, volví a leer el documento Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”, sobre la Iglesia en el Mundo de Hoy, del Concilio Vaticano II. Han pasado más de cuatro décadas de ese importante acontecimiento y lo que allí se dijo no ha perdido vigencia. Permítanme compartir con ustedes algunas de sus reflexiones.
“Nunca, se afirmó, tuvo el genero humano tanta abundancia de riqueza, posibilidades y capacidad económica, y sin embargo todavía una parte grandísima de la población mundial se ve afligida por el hambre y la miseria y es incontable el número de analfabetos. Jamás tuvieron los hombres un sentido tan agudo de la libertad como hoy lo tienen, cuando siguen naciendo nuevas formas de esclavitud social y síquica”.
Y esta otra “para responder a las exigencias de la justicia y de la equidad, hay que hacer todos los esfuerzos posibles en orden a que, dentro del respeto a los derechos de las personas y del carácter propio de cada pueblo, se hagan desaparecer cuanto antes las enormes diferencias económicas que hoy existen y que cada día se agravan, unidas a una discriminación individual y social”.
Una más: “El principio, el sujeto y el fin de toda institución social es y debe ser la persona humana”
El mensaje del Concilio es la búsqueda del bien común y el establecimiento de la justicia social y esa es una labor de todos que está implícita en el Juramento pues hacen parte de la moral cristiana.
Saber escuchar
Para trabajar por el bienestar económico y social de nuestro pueblo es indispensable escuchar a los necesitados. El Banco Mundial en los años 90 emprendió una investigación en 50 países de los diferentes continentes y de ahí surgió un revelador documento titulado: La voz de los pobres. ¿Hay alguien que nos escuche?
El estudio encontró puntos comunes: hambre, privación, impotencia, atropello a la dignidad, aislamiento social y desigualdad por razón de sexo”.
Escuchen algunos de los lamentos, que bien pudieran ser quejas de cualquiera de los colombianos que sufren de numerosas carencias.
Un pobre de Pakistán: “Nosotros los pobres somos invisibles para los demás. Así como los ciegos no pueden ver, los demás no nos ven”.
Y lo que dijo una mujer ciega de la República de Moldavia: “Para los pobres toda situación es terrible: enfermedades, humillación y vergüenza. Nos sentimos incapacitados, todo nos atemoriza, tenemos una dependencia total. Nadie nos necesita. Somos como basura de la que todo el mundo quiere deshacerse”.
Los invito a no ser indiferentes, a no ser insensibles frente al dolor ajeno. A que los desposeídos no sean invisibles para sus ojos. A crear empleo cuando puedan. La mejor forma de redistribuir el ingreso es un empleo digno que exige una retribución justa. A aplicar en todo momento la justicia social. Esa es una forma de honrar el juramento y de ser leales al espíritu Javeriano que está imbuido de una profunda responsabilidad social. Quien mucho ha recibido mucho tiene que dar.
Los padres
Quisiera tomar la vocería de todos ustedes para hacer un homenaje a las madres, padres de familia y familiares que se han esforzado por años para que ustedes hoy reciban el título de economistas, administradores y contadores. Ese inmenso amor que les han brindado debe ser retribuido en todo momento. La universidad también quiere agradecerles, apreciados padres, por haber permitido que la escogieran como su centro de formación. Compartimos con ustedes el justificado orgullo que los embarga.
Final
Apreciadas graduandas y graduandos, juren con plena conciencia. Pongan en su promesa el corazón entero y su voluntad completa. Tengan presente que esta no es una despedida pues ustedes no abandonan la universidad. Ésta siempre será su casa. El hogar de la familia javeriana a la que orgullosamente pertenecen.