A continuación, presentamos algunas reflexiones y, ante todo, algunas preguntas que se derivan de la labor editorial, es decir, del ejercicio cotidiano de recibir los textos que llegan a nuestra revista, leerlos, considerar su pertinencia, enviarlos a evaluación de pares, analizar y cotejar los conceptos de los evaluadores, discutir en los comités editoriales, tomar decisiones en relación con el énfasis de la revista, las temáticas que desea privilegiar, etcétera. Estas reflexiones emergen, porque creemos que una revista, además de su función de difusión del conocimiento derivado de la labor investigativa, constituye, al menos en parte, un laboratorio para pensar las prácticas de escritura académica, analizarlas y reflexionar sobre las variables que las conforman. En esta perspectiva, como equipo editorial, hemos comenzado a hacernos una serie de preguntas que iremos abordando de manera formal y sistemática en números posteriores. Por ahora, queremos sólo esbozar algunas.
Las revistas de carácter científico, en general, incluida magis, en sus políticas editoriales privilegian la publicación de artículos que dan cuenta de resultados y procesos de investigación científica y tecnológica, cuyo objetivo es comunicar a la comunidad académica de un campo temático específico los resultados de investigaciones, ideas y debates de una manera clara y concreta. Este tipo de artículo se considera importante en la medida en que permite poner a circular los avances y desarrollos conceptuales, metodológicos y epistemológicos “de punta” para ser conocidos y debatidos en la comunidad académica respectiva. Esa función de socialización y discusión es un claro aporte de las publicaciones científicas al desarrollo del conocimiento.
La práctica de escritura de textos científicos ha generado una tipología textual propia en la cual el artículo de investigación y el ensayo derivado de procesos investigativos aparecen como formatos frecuentes. Dada la importancia de estos tipos textuales en la publicación académica, es común encontrar en las convocatorias de las revistas, literatura y directrices que tratan de guiar a los autores sobre su adecuada escritura. Por ejemplo, para el caso del artículo, parece haber un consenso en cuanto a la estructura, al identificar cuatro apartados clave: introducción, metodología, resultados y discusión. Estos apartados, en cuanto estructura, han sido interiorizados por los investigadores. Sin embargo, en los procesos de evaluación de los artículos, llama la atención que un gran porcentaje de pares evaluadores haga sugerencias de mejora a los manuscritos en torno al escaso desarrollo que se hace del apartado de discusión de los resultados y de su problematización. En muchos casos, dicen los evaluadores, los autores son tímidos al lanzar hipótesis sobre los resultados encontrados, lo cual hace que artículos bien escritos y sugerentes queden como informes descriptivos de investigación y no avancen al terreno de la producción de nuevas construcciones conceptuales o interpretaciones del objeto estudiado.
Como sabemos, una investigación se reconoce valiosa por atributos internos relacionados con el proceso investigativo, como la rigurosidad de los procedimientos, la claridad en la elección de los enfoques analíticos, los instrumentos y las técnicas de procesamiento de los datos y por la claridad en la forma en que se presentan los resultados. Además de estos atributos propios de cualquier investigación, el reconocimiento de su valor se relaciona, en gran medida, con la aceptación en la comunidad de pares investigadores.
En muchos casos, esa búsqueda del reconocimiento está asociada al carácter “científico” de la investigación. En cuanto a la escritura de los textos que dan cuenta de una investigación, esa búsqueda de cientificidad se concreta en una adecuada escritura de los procedimientos, enfoques y técnicas empleadas para adelantar el proceso investigativo. Ese componente es una condición de una investigación, en la medida en que debe quedar claro de dónde extraemos nuestros resultados, qué condiciones los posibilitan, qué procedimientos los autorizan. Explicitar esos elementos es una tarea compleja que no siempre se logra, entre otras razones, porque dada la brevedad del texto que el formato de artículo permite, es difícil dar cuenta de todo lo que los autores desean. Pero un buen artículo, por lo general, logra dar cuenta de esos componentes, así sea de manera resumida.
Dadas estas restricciones de espacio para la escritura, en otros casos se evidencia una ausencia en la explicitación de la postura epistemológica y de las decisiones relacionadas con la elección del enfoque investigativo. Esta ausencia genera la sensación de que la elección de una epistemología particular y de un enfoque que soporta la investigación, son asuntos aproblemáticos. Sabemos que detrás de la elección de esas posturas, los investigadores han realizado reflexiones y han tomado decisiones de suma importancia, pues no hay epistemologías neutras ni técnicas transparentes. Sabemos que hay vínculos estrechos entre los intereses científicos e ideológicos de los investigadores y las decisiones epistemológicas y metodológicas, elementos que no siempre se tematizan en los artículos.
Podría aventurarse que situaciones como ésta no siempre estarán asociadas a la extensión del artículo, sino a la intencionalidad comunicativa del investigador. En múltiples oportunidades, quien investiga desea comunicar aquello que, a su juicio, pueda darle seguridad o quizás certeza sobre los resultados que está estudiando en el artículo, decisión por demás legítima. Por esta vía, omite aspectos que quizá puedan aportar más elementos para la comprensión, como los expresados al comienzo de este párrafo y, por supuesto, subraya otros como los indicados sobre los aspectos metodológicos.
Por último, otro elemento que queda sugerido en las observaciones que realizan nuestros evaluadores es que la búsqueda de reconocimiento está marcada por el estatus de ciencia que el investigador o el equipo de investigación le otorgan a su ejercicio investigativo. La manera de escribir nuestros textos no se desprende de esa compleja tensión. Es decir, en los procesos de escritura de nuestros artículos, no podemos desprendernos de la representación de ciencia y de cientificidad desde la cual investigamos. A los textos parecen rondarles preguntas como: ¿qué características debe tener el texto para ser considerado científico? Esa cientificidad, en ocasiones, a juzgar por las observaciones de los pares evaluadores, parece buscarse en la impecable descripción de los procedimientos y técnicas de análisis.
Pero, a juicio de los pares evaluadores, en algunos casos, ese buen desarrollo descriptivo no se compadece con las apuestas interpretativas, con los marcos explicativos de los resultados y con su proyección. En algunos casos, la voz del sujeto que investiga parece quedar oculta detrás de los procedimientos y técnicas de investigación. Nos formulamos entonces una pregunta por el lugar del sujeto que investiga en el texto que presenta. Es probable también que, en su imaginario, quienes realizan investigaciones les adjudiquen al dato, a la información hallada y a la descripción realizada un valor importante. Durante mucho tiempo, la investigación efectivamente reposó sobre la pretensión de “objetividad”, entendida ésta como la posibilidad de una cierta correspondencia entre el fenómeno y lo dicho de él. Esta búsqueda hace que en ocasiones se fuerce una correspondencia entre la enunciación y el dato, hecho que puede llevar a que a la hora de presentar las informaciones se trate de agotar el discurso en la descripción, pues a fin de cuentas, se puede estar en terreno aparentemente más seguro al demostrar la existencia de lo real, que al realizar inferencias a partir de los marcos interpretativos, en los cuales las posturas, los enfoques y las perspectivas juegan un papel importante y hacen de “la realidad” producida en la investigación un fenómeno no siempre idéntico a “lo real”.
Como podemos notar, las preguntas que se derivan de estas reflexiones son más numerosas que las certezas. Tal preocupación seguirá siendo tema de reflexión del equipo editorial de magis y esperamos abordarla de manera formal en los próximos números.
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