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Alvaro Pineda Botero: La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana. (1605-1931)


Aura o de la violetas (1889)

Esta novela es la primera de¡ escritor José María Vargas Vila (Bogotá, 1860 - Barcelona, 1933), presumiblemente el más prolífico (su bibliografía sobrepasa los cien títulos) y también el más polémico de toda la historia literaria del país. Escribió en varios géneros literarios, en especial el panfleto, para atacar de manera virulenta a los gobiernos conservadores de la Regeneración y a las figuras sobresalientes de Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos Holguín, Manuel Antonio Sanclemente, José Manuel Marroquín. Uno de sus libros más populares fue Ante los bárbaros (1917), en el cual recuerda y rechaza las invasiones norteamericanas en Haití, Filipinas, Cuba, Pana-má y Nicaragua. Sus obras fueron condenadas tanto por el sector oficial como por la Iglesia. A pesar de ello se editaban y circulaban de manera profusa, no sólo en Colombia sino en todo el continente americano y en España. Fue, quizás, el primer escritor de nuestra lengua que pudo vivir cómodamente de sus derechos de autor1. Gran parte de su vida la pasó en el exilio.

Aura o las violetas es una novela corta2. En una nota introductoria «A los lectores», el autor anuncia que «no es una novela con fin moral, ni con intriga, ni con fin social o religiosos, con lo cual se coloca de manera explícita en contraposición al estenicismo oficial de la Regeneración. Está narrada en primera persona por el propio protagonista, cuyo nombre no se revela, y quien al comenzar el relato tiene catorce años de edad. Aura, por su parte, es una niña «vaporosa y bella, soñadora y triste» (p. 1 1). Viven en dos estancias contiguas cercanas a la ciudad y retozan por prados y jardines; pero un día el joven debe partir para iniciar sus estudios. La víspera se encuentran en el sitio preferido de sus juegos infantiles: un campo ameno sembrado de grandes árboles y cubierto de violetas. En el momento de la despedida, Aura, de rodillas, sobre aquella alfombra de violetas, pálida como un cadáver, bañada en llanto» (p.15), promete corresponder eternamente al amor del joven. Al día siguiente éste parte y al pasar al frente de la casa de Aura «una mano blanquísima asomó tras la cortina» para entregarle un ramo de violetas (p.16)3.

Transcurren tres años y el joven regresa al hogar con la ilusión de realizar sus amores. Aura es ya una mujer, pero su comportamiento ha cambiado; ante su amigo se muestra indiferente, evasiva, despectiva. Transido de dolor y despecho, el protagonista se da a la tarea de investigar las causas de aquel cambio. El padre de Aura ha muerto. La estancia está a punto de pasar a manos de un acreedor. Aura, su madre y sus hermanas se ven amenazadas por la miseria. El acreedor, sin embargo, solicita la mano de Aura y promete desistir de la acreencia. Esta, para salvar a su madre y hermanas, decide aceptar.

Cae el protagonista en profunda depresión. El día del matrimonio, afiebrado y delirante, se presenta en la iglesia dispuesto a impedir la boda. Pero los novios se han anticipados cuando el joven llega ésta ha finalizado. Al salir de la iglesia, Aura alcanza a verlo entre los curiosos y siente un vahído, señal, para el amante frustrado, de que todavía lo ama. Después de algún tiempo, una noche se cruzan en una ftinción de teatro, Se miran y el lenguaje de los ojos enciende la pasión. Entonces él decide suicidarse: redacta un largo poema en el cual repite, en versos endecasilabos, la historia de su vida y de su amor, y cuando está a punto de llevar a cabo su resolución la madre lo salva. Es tan duro el golpe para ella que cae enferma, A la frustración amorosa y al intento de suicidio, el joven debe ahora sumar la enfermedad de la madre. Decide escribirle una carta a Aura, pero ésta contesta que ya no puede haber nada entre ellos: es una mujer casada y siempre respetará a su esposo. Los sentimientos y emociones expresados con frases de un romanticismo recargado se acumulan. Una tarde recibe un mensaje del esposo de Aura. Acude lleno de expectativa: «Allí estaba ella, vestida de negro, alumbrada por cuatro cirios» (p.48) y rodeada de violetas: había muerto consumida por el dolor. El joven la acompaña al cementerio y, al anochecer, cuando los deudos se han retirado, abre el féretro, abraza y besa en la boca a la muerta, flora sobre su frente, corta una de sus trenzas, le coloca una corona de violetas y la devuelve al ataúd.

La novela hace un uso intenso de las estrategias literarias del romanticismo que, para aquellos años, estaban ya desgastadas: la metáfora de la mujer-flor (violeta), las lágrimas y los suspiros, el tópico de la mirada entre los amantes, que sumadas a expresiones y formas adjetivas tales como «esfuerzos supremos», «frente pálida como la de un espectro», «velo tembloroso del tiempo», «sombra helada por los besos de la noche», le dan al relato un acentuado tono melodramático. En manos de Vargas Vila, sin embargo, este tono adquiere un sentido fúnebre: el intento de suicidio y la escena final cargada de necrofilia fueron preparadas de antemano con frases como «era mi niñez que moría con mi ventura», «aquella era la tumba de mi felicidad». La cercanía con la novela negra es notoria.

Pese al uso de estrategias desgastadas y a la trama melodramática, el discurso narrativo de Vargas Vila adquiere a veces brillo literario:

(Ciertos hechos del pasado) se levantan fijos como fantasmas, en la niebla oscura del tiempo. Cruces solitarias, clavadas allí por el recuerdo ( .. ) tales han sido las violetas para mi. Su presencia me despierta tantos recuerdos, su perfume trae a mi memoria tantas ilusiones perdidas que cada una de ellas me parece una estrofa arrancada de aquel poema, cuyos primeros cantos formaron la aurora de mi vida (p.10).

Este párrafo elabora varios tópicos a partir de su entrecruzamiento metonimico: los hechos son cruces (muerte), las cruces, flores (vida) y las flores, estrofas. Los hechos tempranos de la vida regresan a la memoria con la presencia de las violetas, pero estos hechos incluyen ilusiones muertas y, por eso, son como cruces cubiertas de neblina - en esta relación, la violeta adquiere un significado fúnebre -; además, los pétalos de las flores son versos del poema de su existencia - alusión al viejo tópico de la vida como un libro escrito - que tiene también un sentido fúnebre: la letra escrita es «letra muerta» y, por lo tanto, la obra sólo queda completa con la muerte del protagonista. La obra literaria es, aquí, una lápida.

En cuanto al uso de la metáfora de la mujer-flor (o planta), ya mencionada, recordemos que pertenece al código del decoro, que prohibe nombrar el cuerpo femenino de manera directa. En Aura se utiliza frecuentemente; lo novedoso, sin embargo, ocurre cuando la metáfora adquiere un sentido contrario: en el lugar que servia de refugio a los amantes, los árboles daban «sombra a la casta mansedumbre de estas flores» (p.20): va no la mujer como una flor, sino la flor como una mujer. En otra frase de la misma página aparece un uso similar: «las mismas enredaderas tejiendo guirnaldas sobre la frente de los arbustos».

Más aún, el lugar ameno tradicional queda cargado de sentido trágico: «Ante aquel bosque, tabernáculo de nuestro amor, poblado de tantas memorias y tantos recuerdos, permanecí absorto y meditabundo, como un hijo en la presencia del sepulcro de su madre. ¡Aquella era la tumba de mi felicidad!» (p.20). Acude así a la mente tanto del escritor como del lector, el motivo tradicional del et in Arcadia Ego4 : el paraíso, pero visitado por la muerte que destruye toda posibilidad de felicidad. En la novela de Vargas Vila, el tópico se integra con verosimilitud al relato y, al acentuar el aspecto fúnebre, plenamente a este romanticismo tardío ya con visos de Modernismo.


1. Así lo afirma R.H. Moreno Duran (1992: T4, p.162).
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2. Primera edición: Curacao, Bethencourt. Cito por la edición impresa en Bogotá, Oveja Negra, 1985, 55 págs.
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3. Estas escenas iniciales recuerdan algunas de María
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4. Este motivo tradicional ha quedado ampliamente analizado al estudiar la novela El desierto prodigioso y prodigio del desierto.
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