Época Colonial

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Introducción

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La adversidad de un género

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Algunos elementos novelescos

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Primera novela latinoamericana


Siglo XIX

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Introducción

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Novela histórico-romántica

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Novela post-romántica

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Novela costumbrista

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Novela realista

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Novela modernista


Siglo XX

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Introducción

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Modernismo/modernidad

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Novela sobre la violencia

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Un capítulo aparte: Gabo

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Novela reciente

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Posmodernidad en la novela colombiana


Época colonial

Algunos elementos novelescos

Elementos novelescos en las literaturas indígenas: La leyenda de Yurupary

Frente a narraciones indígenas tales como mitos, leyendas y relatos de cosmogonía es necesario tener en cuenta que, si bien deben ser considerados como antecedentes de literatura de ficción en Hispanoamérica, también es cierto que su influencia en la narrativa de la colonia es casi nula, pues su rescate ha sido más bien tardío. Es lo que sucede precisamente con La Leyenda Yurupary, epopeya indígena -al modo del Popol vuh- de los indios tarianas de la región colombo brasilera del Vaupés. La leyenda recoge mitos de origen prehispánico y solo recientemente ha sido vertida al español, por lo que su influencia en la literatura hispanoamericana no ha sido importante. Sin embargo, su contenido poético y narrativo y la riqueza de los elementos de ficción que contiene, le aseguran un puesto importante en las letras amerindias.

Elementos novelescos en la Épica: El poema de Juan de Castellanos

Pese a que la épica y la crónica (los géneros aceptados durante la colonia, es decir, los cauces oficialistas) tienen como requisito formal el historicismo y el verismo (esto es, la necesidad de describir objetivamente la realidad americana), muchas de las más importantes obras de estos géneros están impregnadas y matizadas por la fantasía, el subjetivismo, la utopía y hasta la inverosimilitud (es decir, se alejan de la objetividad histórica y se emparentan así a la ficción), con lo cual se acercan a la que podrían considerarse formas primarias de novela.

En cuanto a la épica neogranadina, resulta interesante destacar el poema del conquistador Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias, en la medida en que representa para la Nueva Granada, lo que en otros lugares de Hispanoamérica fue la poesía épica colonial: un antecedente importante de la ficción. Si bien la forma poemática, así como la estructura misma y la visión de mundo de los textos épicos alejan al género de lo que es propiamente la novela, al menos dos elementos pueden observarse en el poema de Castellanos que permiten confirmar esa aproximación. De un lado está el trasvestimiento de la novela de caballería en el poema; es decir, la promoción de una suerte de interpretación de los hechos basada en la ficción caballeresca. Esta transposición se hace evidente en el tono idílico y sentimental del poema, en la intención idealizadora de las hazañas de los protagonistas y en la visión apoteósica del conquistador; pero sobre todo en una fuerte inserción de la estilización mitológica que da paso a esa lectura de la realidad que necesita de la descripción de figuras y situaciones fantásticas para exponer lo inhaprensible.

Así, por ejemplo, la caracterización del indio que hace Castellanos está tan marcada por esa reminiscencia de las lecturas de ficción, que su figura constantemente traspasa los limites de lo humano, y es así que se lo presenta en forma de gigante y de endriago. No faltan tampoco en este poema el hermafrodita, los pigmeos, los hombres de dos narices, las momias; todas figuras reflejas de esa literatura caballeresca que permitían así engrandecer las hazañas de esos caballeros que en cierto modo eran los conquistadores. También en la presentación de los personajes y de su vocabulario hay una correspondencia con la novela caballeresca que confirma la existencia de una lógica novelesca trasvasada en el poema.

El otro factor de aproximación entre épica y novela lo constituye la manera en que Castellanos "cierra" el poema: llevando a su protagonista hasta el Valle de Upar, donde muere naturalmente, como cualquier humano. Un final tan profano sólo es posible y apreciable bajo la visión de mundo que gobierna la escritura de una novela.

Elementos novelescos en la Crónica: El Carnero

En cuanto a la crónica costumbrista, un caso interesante de este tipo de interpolaciones de ficción y realidad lo constituye El carnero (1638) del escritor criollo Juan Rodríguez Freyle, obra dedicada a presentar un panorama histórico sobre los indígenas y el primer siglo de la vida colonial en Santafé de Bogotá. De entre los muchos aspectos destacables de esta crónica colonial, uno que se ha reconocido como de gran importancia para las letras hispanoamericanas es la inclusión del tratamiento cuentístico en la obra.

En efecto, pese a la intención historiadora que el mismo cronista aclara, Rodríguez Freyle logra crear todo un mundo ficticio a través del procedimiento altamente estético de sus breves relatos; que si bien son realistas (donde abundan personajes históricos que, sin embargo, se mueven libremente), están armados de modo que la acción, el ritmo, el lenguaje y el manejo de suspenso y de la intriga, individualiza y le da autonomía a cada una de las historias, generando con esto una especie de zaga que definitivamente potencia poética y literariamente los hechos reales.

Elementos novelescos en la literatura de entretenimiento

Es posible dedicar un capítulo a otros géneros que, si bien no tenían la altura de los oficiales, si pueden considerase como los ejercicios de iniciación de nuestra novelesca. Se trata de los diarios y las descripciones de viajes de algunos escritores noegranadinos. Así, por ejemplo, la relación de viajes de Juan de Orozco, titulada El Peregrino, así como el Epítome breve de la vida y muerte del ilustrísimo doctor don Bernardino de Almanza, de don Pedro de Solís y Valenzuela que narra el viaje de su hermano don Fernando a España, y la relación El coloquio de los ociosos de Pedro Nuñez de Águila, son ejemplos de este tipo de literaturas.

También es posible hablar, en el ámbito de estas literaturas de entretenimiento, de dos obras singulares extraviadas: una novela barroca del clérigo santafereño Francisco José Cardozo, cuya particularidad es que no se usa en ella la letra a, y la obra cuentísitca de una mujer, doña Francisca de Tolosa, quien realiza un trasplante del universo novelístico de Bocaccio.

Finalmente resulta útil relacionar dos obras del siglo XVIII. Una, Paseo al Salto de Tequendama del santafereño Francisco Antonio Vélez Ladrón, cuya mérito es la descripción de costumbres de la época. Y Diario de Francisco Javier Caro, primer ensayo en prosa del costumbrismo colombiano, en el que es posible detectar la influencia de la lectura del Buscón de Quevedo.


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