Montserrat Ordóñez
Presentación y contexto
Este trabajo se enmarca dentro del proyecto "Soledad Acosta
de Samper y la construcción de una literatura nacional",
auspiciado por Colciencias (Instituto Colombiano para el Desarrollo
de la Ciencia y la Tecnología) y la Universidad de Los
Andes de Bogotá. Esta investigación se centra en
la recuperación y evaluación de la primera etapa
de la escritura de Soledad Acosta de Samper (1860-1880), y corresponde
a una época de indefinición, tanto de la literatura
nacional como de la propia escritura de la autora. En primer lugar
contamos con la edición del libro Novelas y cuadros de
la vida sur-americana (Gante, 1869), sin reedición posterior,
que recopila varias de sus obras publicadas en periódicos
desde 1864, aunque quedan muchas otras narraciones de la misma
época, sueltas y completamente perdidas, en publicaciones
de difícil acceso. La magnitud de la producción
de Soledad Acosta de Samper, teniendo solo en cuenta esta primera
etapa literaria, hace de este estudio uno de los retos más
interesantes que ofrece nuestra literatura. Por un lado, debemos
replantearnos la construcción de la literatura nacional,
tanto desde su momento de producción como desde la recepción
(o falta de recepción) posterior. Por otra, tratamos de
ampliar el horizonte de lecturas de la narrativa del siglo XIX,
con el propósito de desestabilizar y cuestionar la interpretación
canónica de la historia y de la crítica literarias
colombianas. Durante el trabajo de recopilación, organización
y clasificación de los textos según temas, estilo
y relaciones con otros textos, describimos las etapas y formas
de construcción de esta literatura, y la manera como Soledad
Acosta se integra y se margina de esta construcción cultural.
Hay que señalar, además, que el importante aporte
de esta autora a la literatura aparece como marginal en la historia
de la literatura colombiana, que pocas veces la menciona y no
la ha reeditado sistemáticamente.
La autora
Soledad Acosta de Samper (1833-1913) es la escritora colombiana
más significativa del siglo XIX y una de las más
sobresalientes y prolíficas de América Latina, con
casi ochenta años de vida y unos sesenta de dedicación
a la escritura. Aunque no se la reedita en la actualidad y es
difícil estudiarla por la falta de acceso a su obra, escribió
de todo, sin interrupción y sin preocuparse de los géneros:
periodismo, traducciones, crónicas de viaje, novelas románticas,
cuadros de costumbres, crítica literaria, cartas, teatro,
novelas históricas, biografías, obras de ensayo.
Dirigió y en ocasiones redactó casi en su totalidad
más de cinco revistas, de uno o dos años de duración
cada una. Cuando murió en 1913 era una figura intelectual
admirada y respetada, como muestran las notas necrólogicas
que se publicaron en periódicos nacionales e internacionales,
recopiladas en Soledad Acosta de Samper. Recuerdos y homenajes
a su memoria (1914).
Las bibliografías más completas de su obra publicadas
hasta la fecha, preparadas por Gustavo Otero Muñoz en 1937
y por Flor María Rodríguez-Arenas en 1991, ocupan
unas veinte páginas. Sus principales datos biográficos
aparecen en los artículos del mismo historiador Otero Muñoz
(1933, 1937), de Bernardo Caycedo (1952) y de Santiago Samper
Trainer (1995), y a ellos me referiré cuando sea pertinente
para este trabajo. También quiero mencionar que esta autora
ha significado para mí, durante mucho tiempo, una preocupación
y un interés más o menos discontinuos. La encontré
en 1985 en la biblioteca de la Universidad de Pittsburgh, y he
trabajado aspectos de su obra en la antología Una nueva
lectura (1988) y en un estudio sobre su novela "Laura"
y la literatura nacional (1997). En la actualidad estamos trabajando
en la reedición y divulgación de parte su obra y
en la compilación de estudios críticos sobre ella.
La cuestión autobiográfica
En la investigación actual hemos tratado de no abordarla
como un caso excepcional, y de tener en cuenta su relación
con los grupos intelectuales del momento y con la literatura que
se publicaba en el país, así como relacionarla con
la producción de otras escritoras de su época. Hemos
tomado una actitud consciente de no tratarla como un caso especial,
y no perder de vista toda la complejidad de la situación
histórica, para lo cual han sido de gran ayuda los estudios
de escritoras del siglo XIX de Susan Kirkpatrick, Francine Masiello,
Francesca Denegri, Catharina Vallejo y Mary Louise Pratt. Sin
embargo, el asombro que nos produce su vida y su obra ha ido creciendo,
y hace que no podamos ignorar las preguntas que nos hemos repetido
mientras ubicamos y revisamos su obra, preguntas que parecen sacarnos
a veces del objetivo central de la investigación (la literatura
nacional y la valoración de la obra de Soledad Acosta de
Samper), para situarnos en planos que tocan directamente la cuestión
autobiográfica: ¿Cómo es posible que no encontremos
materiales autobiográficos en la obra de una autora que
escribió toda su vida? ¿Que no encontremos una relación
evidente entre su producción y su vida? Durante sesenta
de sus setenta y nueve años no cesó de escribir.
Nada la detuvo y siempre se estaba planteando un nuevo proyecto,
a pesar de las crisis conocidas de su vida, que incluyeron experiencias
difíciles, enriquecedoras o traumáticas, como viajes
y tres idiomas desde pequeña, el conflicto entre catolicismo
y protestantismo, la pérdida de su padre a los dieciocho
años, el viaje a Europa (1856-62) recién casada
y el nacimiento de sus cuatro hijas, en la época en que
está enviando sus primeras publicaciones con seudónimos
a periódicos de Colombia y Perú. Ve morir a dos
de sus hijas en una epidemia de octubre de 1872 (una de doce y
otra de quince años), ve a su esposo en la cárcel
en 1875 y se hace cargo de los gastos del hogar, queda viuda en
1888, a los cincuenta y cinco años, y pierde así
al que fue su gran compañero y apoyo, sigue escribiendo
y viajando a pesar del grave reumatismo que sufrió durante
los últimos veinte años de su vida. ¿De dónde
sale, cómo se sostiene una voluntad de escritura de este
calibre?
A cualquiera de estas preguntas y al intento de responderlas hay
que añadir que los materiales que encontramos sabemos que
no son definitivos, y que trabajamos con hipótesis que
se nos pueden desbaratar en cualquier momento. Contamos, eso sí,
con una constante que aunque no nos ayuda en el trabajo nos ha
dado mucho impulso: la enorme cantidad de errores, informaciones
incompletas o equivocadas, interpretaciones sin ninguna base histórica
ni crítica, más todos los problemas de recepción
de su obra. Más que de grandes errores, esperamos que nuestro
trabajo sufra sólo de la inevitable falta de información
precisa, y que ojalá algunos de nuestros interrogantes
se puedan responder en el futuro con documentos y datos exactos.
Las palabras que más hemos repetido en este año
son "creemos" y ¨parece".... Y el asombro y
la admiración que mencionaba antes se mezclan con la "desesperanza"
de comprobar que pertenecemos a una cultura que ha borrado de
su historia modelos como el de Soledad Acosta de Samper, verdaderos
modelos tanto por su dedicación al trabajo como por la
calidad de su producción. Nos seguimos preguntando por
qué, por qué María y nunca se habló
de Dolores, ambas de 1867. Qué puede pasar con la historia
literaria hispanomericana si se reedita y se lee adecuadamente
el volumen Novelas y cuadros de la vida suramericana. Por qué
no se conoce ni en Colombia ni en el Perú Teresa la limeña,
de 1868. Ignorando y "ninguneando", seguimos partiendo
de cero para plantearnos lo que significa integrar la escritura
a la vida. Y parte de nuestros atascos presentes surgen de no
entender la riqueza y versatilidad de vida que mujeres como Soledad
Acosta de Samper lograron en condiciones históricas no
menos difíciles que las nuestras.
Privilegiada. El grave problema de Soledad Acosta de Samper ha
sido pertenecer a una clase social privilegiada. Hija de un prócer
de la Independencia y de una inglesa nacida en Jamaica y criada
en los Estados Unidos, disfruta de una educación excepcional
y de los círculos más interesantes en Europa y en
América, primero por los viajes de sus padres y luego por
los que hizo con su esposo, José María Samper, un
gran político, periodista y escritor del siglo XIX. Viajes,
educación, idiomas, relaciones, en fin, la información,
como diríamos ahora, parece estar en la base de su fuerza
y de su influencia. Y tal vez por saber demasiado tiene ese deseo,
ese impulso inagotable para contar y compartir. Un chiste de la
época, que se sigue renovando y aplicando a distintas circunstancias
de la vida nacional, fue definirla como "Soledad a-costa
de Samper", es decir, como una mujer que valía por
su marido pero no por ella misma. La verdad, de parte de José
María Samper hasta ahora sólo hemos encontrado expresiones
de admiración y reconocimiento respecto a su esposa, que
colaboró incansablemente en los proyectos de él
y que, en una relación que parece bastante equilibrada
para la época, también recibió el justo apoyo
de su esposo en los proyectos propios. Las ironías y los
ataques aparecen más o menos veladamente, pero tampoco
hemos encontrado un rechazo directo y total, como sufrieron tantas
otras escritoras del siglo XIX. Más bien, en la revisión
de prensa del siglo XIX que hemos hecho aparece siempre rodeada
de comentarios elogiosos que, aunque no son muy profundos ni indican
conocimiento de su obra, al menos la muestran con un aura de respeto
y reconocimiento. La incomprensión y el desprecio son más
recientes.
Seguimos pensando que una mujer de esa fuerza tuvo que haber dejado
testimonios directos de su vida y sus experiencias, y aún
quisiéramos encontrar su voz autobiográfica. Sin
embargo, el rasgo más saliente de su personalidad parece
que era el de ser muy reservada. Tenemos, pues, una mujer casi
pública, refugiada en una vida privada impenetrable, que
se dedicó a crear vidas y voces, en cientos de expresiones
múltiples y casi contradictorias, que hacen tremendamente
difícil explicarla como sujeto. Como un camaleón,
cambia y se desdobla en otros sujetos que nunca sabremos con seguridad
si representan o no lo que creía o tal vez lo que intuía.
¿Hasta qué punto su conocimiento del mundo y de
los seres humanos (por experiencia personal, por haberlo oído,
por sus lecturas), su escritura y su fluidez la arrastran y la
dispersan y la multiplican? ¿Hasta qué punto un
caso así solo puede darse cuando escribir es parte integral
de la vida diaria, y así la escritura no solo logra organizar
el caos de la vida sino también reproducirlo?
Versatilidad de voces e identidades
Durante el proceso de ubicar, organizar y valorar su escritura,
tan compleja y dispersa, uno de los temas más interesantes
que se nos ha planteado ha sido la versatilidad de sus voces e
identidades. Como esto parece un trabajo infinito leyendo a Acosta
de Samper, voy a escoger unos casos representativos, algunos de
los ejemplos más interesantes de las distintas voces e
identidades que hemos encontrado en su escritura. Estos ejemplos
representan momentos claves de su vida, desde el diario de su
juventud, el uso de seudónimos, la voz epistolar, a voz
ensayística, hasta la biografía de su padre, el
General Acosta, publicada cuando SAS tenía 68 años.
Aún le quedan luego muchos más de producción,
y hay muchos más ejemplos interesantes de versatilidad
durante toda su vida, pero esto puede ser un modelo o esquema
para pensar dónde y cómo integrar otros aspectos
de su obra a las técnicas de construcción de su
subjetividad.
Del diario fantasma a la novela
Un diario íntimo de Soledad Acosta sí existe, según
el discurso del 5 de agosto de 1952 de Bernardo Caycedo, Vicepresidente
de la Academia Colombiana de Historia, con motivo de la colocación
de un retrato de Soledad Acosta de Samper en la Galería
de Historiadores. Caycedo dedica varias páginas muy lúcidas
a describirlo y comentarlo, y tratar de entender los procesos
de la escritora. Es un diario adolescente, escrito en los últimos
meses de noviazgo, que termina el día de la boda, el 5
de mayo de 1855. Entre sus hojas hay "un verdadero herbario
de hojas y flores secas". Es por ahora sólo una fantasía
pensar en ubicar y ver las flores y dibujos de este diario de
enamorada y aun más pensar en una edición facsimilar,
pero a veces las fantasías se convierten en realidad y
por qué no imaginarlo desde ahora. Parece ser un texto
que oscila entre reserva y diálogo con su "trovador"
enamorado, que puede leerlo para conocer así a esa joven
"seria y pensativa". Solita hace todo un proceso de
introspección y autoanálisis, que no se vuelve a
repetir. Esa libertad adolescente de escribir sobre sí
misma ya no puede mantenerse cuando su audiencia es más
de dos. Y sin embargo, es esa capacidad prefreudiana de conocer
lo más oculto de los seres humanos lo que hará de
sus novelas y cuadros excelentes estudios sobre personajes sumamente
diversos.
A partir de 1859 colabora en diversas publicaciones, con seudónimos,
y va explorando distintos géneros, distintas audiencias,
temas y perspectivas. En su libro de 1869 Novelas y cuadros de
la vida suramericana, recopilación de algunas de sus obras
publicadas desde 1864, resaltará la presencia de narradores
masculinos, primeras personas que filtran el mundo: el primo de
Dolores; varios narradores en las historias de El corazón
de la mujer; el viajero de "La perla del Valle" que
identifica en su recuerdo mujer y patria; el hombre maduro que
recuerda su infancia en "Mi madrina". La otra mitad
del volumen son voces femeninas, muy claras, en distintos niveles:
las cartas y diarios de Dolores; las cartas de los personajes
de Teresa la limeña; la narradora/personaje de "Luz
y sombra"; o las voces de una narradora que relata lo escuchado,
como en "La monja" y "Un crimen". En diez
o doce años Soledad Acosta de Samper ha desarrollado las
habilidades de un verdadero novelista, que sabe que el mundo no
se explica con la única perspectiva del propio yo. Deja
de hablar de sí misma para reflejar sentimientos y pensamientos
ajenos y muy complejos.
Los seudónimos: "la
natural desconfianza de echar a la luz mi nombre"
Con seudónimos comienzan sus colaboraciones en diversos
periódicos de Colombia y Perú. Andina, Bertilda
y Aldebarán son sus primeras máscaras. Como Andina
escribe desde 1859, primero en Biblioteca de señoritas
y luego en El Mosaico. La "Revista parisiense" de Andina
ocupa tres o cuatro páginas de las ocho de Biblioteca de
señoritas, y en 1859 podría decirse que la hacen
prácticamente entre Eugenio Díaz y Soledad Acosta
de Samper.
Eugenio Díaz, el autor de Manuela y redactor de la revista,
publica en el número 67 una nota de agradecimiento por
las colaboraciones que Andina manda de París. Es una larga
y elogiosa nota que no está dirigida a una escritora consagrada,
sino a una joven colaboradora de unos veinticinco o veintiséis
años, oculta bajo un seudónimo, que obviamente Eugenio
Díaz sabía a quien pertenecía. Además
del seudónimo y de la juventud de la escritora, es de subrayar
el tono de reconocimiento y admiración, que con frecuencia
seguirá apareciendo en los comentarios sobre SAS, y el
énfasis en su misión moralizadora y educadora, no
solo informativa.
En 1864, ya de regreso a Bogotá, Acosta de Samper publicará
como Andina en El Mosaico, además, sus dos primeros cuadros,
"La Perla del Valle" y "La moonja". Pero antes,
durante su permanencia en París, manda colaboraciones no
solo a Bogotá sino a El Comercio de Lima, en donde escribe
también su esposo. Las "correspondencias" (ahora
las llamamos "corresponsalías") de Soledad Acosta
de Samper para El Comercio, firmadas como "Bertilda",
parece que fueron un acontecimiento esperado y muy celebrado en
su momento, como recuerda años después Mercedes
Cabello de Carbonera en un artículo de El Perú Ilustrado.
En 1862 los dueños de El Comercio contratan a José
María Samper para dirigir el periódico, y toda la
familia viaja de Europa a Lima a fin de año, en donde además
del trabajo que supone el periódico fundan la Revista Americana,
Anexa al "Comercio" de Lima. Se publica de enero a junio
de 1863, cuando interrumpen el proyecto por los conflictos que
tuvo José María Samper en Lima. En la dedicatoria
del ejemplar que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Bogotá,
aparece una dedicatoria de José María Samper a José
M. Quijano Otero, en donde le dice: "Este libro ha sido escrito
en Lima, casi en su totalidad (inclusive todo lo editorial i de
Crónica) por / "S.A.S" i / "Bertilda"
/ (alias Soledad A. de Samper) / "J.M.S." / "Fígaro"
/ "Abancay" / "Juan de la Mina" / i / "José
M. Samper" / (que todos son cinco cristos distintos i un
solo escritor verdadero)". Así, José María
Samper le da crédito a Soledad por su trabajo en la revista
y hace un recuento de los seudónimos que usaron. Es un
trabajo a cuatro manos que se pueda también adivinar en
otros proyectos, como las columnas de El Comercio, las recopilaciones
en libros o la redacción de El Bien Público en 1870-72.
Seguimos en 1863. Soledad Acosta de Samper publica en la Revista
Americana como S. A. S. la traducción del francés
del libro "Elementos de higiene general" del doctor
Luis Crubeilhier, y como Bertilda una "Revista femenina",
comentarios de libros y otra sección que titula "Variedades".
En ese mismo año regresan a Bogotá y a partir de
1864 publica sus novelas y cuadros de costumbres en diversos periódicos
de la capital, con los seudónimos de Andina y Aldebarán.
Cuando el libro Novelas y cuadros de la vida suramericana se publica
en Gante en 1869, en la recopilación hecha por ella y su
esposo, en el prólogo que él escribe aparece la
lista de sus seudónimos y el reconocimiento de su nombre
y de su identidad de autora. Soledad Acosta de Samper seguirá
usando sus seudónimos, a veces hasta como un juego privado,
pero ya sin que pueda haber dudas respecto a su identidad.
Las sorpresas de revisar periódicos del siglo XIX, incluyen
casos como encontrar una carta de Soledad Acosta de Samper sobre
sus seudónimos y las razones para usarlos. El director
de El Papel Periódico Ilustrado, Alberto Urdaneta, solicita
a conocidos literatos que le envíen la lista de los seudónimos
usados y la razón de haberlos adoptado, dado que "ha
sido costumbre muy general en el país el uso de seudónimos".
La petición se presta a respuestas de cualquier longitud
y al recuento de anécdotas de todo tipo. En el No. 74 del
1º de septiembre de 1884 aparece una concisa carta de Soledad
Acosta de Samper, en donde le dice que ha usado los siguientes
seudónimos: "S. A. S. / Andina. / Aldebarán.
/ Bertilda. / Renato. / Orión. / sin que ello influyera
otro motivo que la natural desconfianza de echar a luz mi nombre."
El tono es formal y correcto y, por supuesto, nos quedamos sin
saber los motivos conscientes que Soledad Acosta de Samper tuvo
para escoger sus seudónimos. Parece que Andina y Bertilda
fueron los primeros, prácticamente simultáneos.
Andina es sin duda un homenaje a su tierra americana. Bertilda
es un anagrama de "libertad", inventado por Samper,
que fue el nombre de su primera hija, nacida en 1856, y que Soledad
Acosta usó como seudónimo especialmente en sus correspondencias
a El Comercio de Lima, de 1859 a 1863. Sabemos que Renato es un
nombre masculino, con el que escribe cuadros de costumbres. Y
que Aldebarán y Orión nos evocan su interés
por constelaciones y estrellas, evidente en muchos de sus artículos
sobre divulgación científica. ¿Juegos o máscaras?
Cuando escribe esta carta en 1884, Soledad Acosta de Samper tiene
cincuenta y un años, su identidad de escritora es ampliamente
reconocida y sus seudónimos son un recuerdo histórico.
Soledad Acosta de Samper envió colaboraciones y participó
en la redacción de muchos periódicos de la época,
y dirigió al menos seis publicaciones periódicas.
Las revistas que dirigía y redactaba casi en su totalidad
tienen una característica fascinante: escribe creando y
cambiando voces, como lo hicieron ella y su esposo al redactar
solos la Revista Americana de El Comercio de Lima en 1863. Pero
además, dramatiza la información y crea personajes
que hablan según su personalidad de los distintos temas
que ella traduce y adapta de las publicaciones europeas que recibe.
Los temas que elige para sus versiones y traducciones serían
en sí objeto de otro estudio, así como sus textos
anónimos más reconocibles. Incluye historia clásica
y europea reciente, mitología, biografías, vidas
de santos, relatos propios y traducidos o adaptados, datos científicos
actualizados de gran interés. Y sus personajes conversan
mientras comparten las informaciones, que además caracterizan
a cada cual, según los temas que cada uno conoce y coparte
con los demás. Detrás de esta estructura está
por supuesto su habilidad para construir diálogos, oir
y plasmar voces, evidente en toda su obra pero aún más
especialmente en su teatro, que también está esperando
reedición.
Recibir periódicos del exterior era siempre una odisea
en esa época, y con frecuencia hay quejas sobre demoras
de correo y problemas de transporte. En El Hogar (1868), en la
sección "Revista europea", aparece un texto titulado
"Apuros de Aldebarán", en el que describe a Aldebarán
como a un hombre: "Pobre Aldebarán ! Está abochornado...
véanlo ustedes: la cabeza apoyada sobre una mano, la pluma
en la otra, un pliego de papel delante. ¿Qué hace
ahí? Busca ideas y palabras con que revestir los acontecimientos
europeos que tiene misión de resumir. Aldebarán
no tiene la audacia de llamarse escritor, i ahora se presenta
tan solo como un humilde condensador i simple intérprete
de lo que pasa allende los mares; busca en los periódicos
lo que cree poder interesar a los lectores de El Hogar, i lo cuenta
a su modo, no teniendo propio sino la redacción, es decir,
lo peor, pues los hechos serán por supuesto de ajena procedencia.
/ Pero en este mes hemos tenido una desgracia: el paquete, después
de haber tardado, como todo lo útil en nuestra tierra,
llegó trunco, faltando gran parte de los periódicos
ingleses."
Aquí Soledad Acosta de Samper personifica a su seudónimo,
Aldebarán, como a un hombre, un intérprete agobiado,
aturdido por la responsabilidad de la tarea. Es el ensayista y
periodista latinoamericano del siglo XIX, el gran "pensador":
"la cabeza apoyada sobe una mano, la pluma en la otra, un
pliego de papel delante". Con esta máscara masculina
juega Soledad Acosta y deja fluir su humor divertido y mordaz,
presente también según todos los testimonios en
su conversación elocuente y aguda, que le valdría
entre los sobrinos de su esposo el apodo de "tía cuchillo"
(Samper Trainer 151).
Las cartas
El estilo epistolar es uno de los fuertes de Soledad Acosta de
Samper, que integra cartas con gran habilidad en sus novelas.
No voy a referirme ahora a estas cartas ficticias, que merecen
un estudio completo. Verdaderas cartas son también, con
frecuencia, las "correspondencias que enviaba desde Europa
a Bogotá y Lima, como ya se ha descrito. Menciono aquí
brevemente unas cartas menos conocidas, firmadas por ella y no
por sus personajes, para pensar en su versatilidad de registros
y, sin duda, de identidades.
Un ejemplo bastante insual es la carta de Soledad Acosta de Samper
que cita Santiago Samper Trainer. Es una carta al presidente Santiago
Pérez y es tal vez lo más fuerte y duro que conozco
de Soledad Acosta de Samper. Su marido ha sido encarcelado, sus
bienes confiscados, la imprenta cerrada, y ella está dedicada
a actividades comerciales para sostenerse, a ella y a las dos
hijas que le quedan. Dirigida al "Ciudadano Presidente de
la Unión", es todo un tratado sobre la libertad de
prensa y la dignidad. Es la voz de una valiente ciudadana y periodista,
digna de tener en cuenta como parte de la identidad de Soledad
Acosta de Samper. Y es mucho más fuerte, precisa y convencida
que la de la madre, esposa y educadora más convencional,
que da consejos útiles y afectuosos a sus congéneres.
Porque este es el otro caso frecuente: la escritura de cartas
firmadas por ella en las publicaciones periódicas que redactaba
y editaba. Por ejemplo, siguiendo el modelo clásico de
Fray Luis de León, retomado con tanta frecuencia en la
España decimonónica, publica en su revista El Domingo
de la Familia Cristiana (1889-90) una serie de cartas, "Cartas
a una recién casada" y "Cartas a una madre",
y firmadas como S.A. de S. Son textos que pertenecen a un género
epistolar bastante rígido y forman parte claramente de
su proyecto educativo; en ellos se mezclan de manera muy interesante
la defensa de ciertos derechos de la mujer, los consejos de higiene
y salud, y un análisis realista de los límites de
la institución matrimonial. Dar consejos, hemos visto,
fue algo que hizo toda la vida. Como si se hubiera sentido siempre
responsable de cambiar de alguna forma el mundo que la rodeaba,
tiene la doble e ingrata tarea de la educación femenina,
que en especial desde el siglo XIX oscila entre impulsar y reprimir.
Esa voz de Soledad Acosta de Samper reflejaba varios de los contradictorios
aspectos de su propia identidad: autonomía y respeto por
las normas, libertad de creación y control sobre sí
misma y los demás.
El género epistolar, con todas sus variaciones, debió
ser importante y natural para una escritora como Soledad Acosta,
que se mantuvo en contacto toda la vida con muchísimas
personas, por amistad, trabajo (editoriales, publicaciones, congresos)
y todo tipo de relaciones. En el elogioso artículo que
le dedica Mercedes Cabello de Carbonera en El Perú Ilustrado,
en 1890, hace un recuento de su vida y logros, y cita una de sus
cartas. Las cartas perdidas de Soledad Acosta de Samper debían
llevar por países y continentes secretos que las personas
cercanas a ella nunca conocieron.
La voz ensayística
A medida que pasan los años, su voz romántica es
más y más didáctica, hasta llegar a sus libros
de ensayo y de historia, que de todas maneras, repito, no implican
un quiebre total con sus intereses y habilidades anteriores. Un
momento clave de esta aparente ruptura sería la primera
publicación periódica dirigida por ella, La Mujer
(1878-81): ahí despliega su versatilidad de diez años
de periodismo, intenta formar un equipo, sigue con sus prácticas
de hacer traducciones y publicar textos anónimos. Sobre
todo, recupera e integra muchos de sus escritos anteriores, en
un método escritural que repite toda su vida: reescribe,
divulga, reimprime lo que considera importante o lo que le solicitan
(a veces indicando la fuente, otras no), adapta para rellenar
y cuadrar la diagramación y paginación, y siempre
trata de llegar a nuevas audiencias.
El desarrollo de la voz ensayística es evidente en uno
de sus más importantes libros, La mujer en la sociedad
moderna (1895), reelaboración y reedición de muchos
de sus artículos y lecturas, publicados durante años
en diversas publicaciones. Es un homenaje a todas las mujeres,
no sólo las escritoras, que pueden ser modelo de realización
personal y aporte al desarrollo de la humanidad. Tiene algo del
tono de sus listas y sus cronologías de décadas
anteriores y es el resultado de intereses, lecturas y trabajos
que aparecen muy temprano en su obra, relaccionados con la mujer.
Es, además, un hito en el ensayo sobre género en
América Latina, un campo de estudio que Mary Pratt plantea
de manera magistral.
Desde el comienzo de su escritura Soledad Acosta de Samper se
interesa por los temas que tienen que ver con cuestiones de género
y en numerosos artículos periodísticos suyos, muy
tempranos, desarrolla estas preocupaciones, que seguramente son
muy cercanas a la definición de su propia identidad. Admira
a los escritores buenos que ganan dinero con sus obras, como Víctor
Hugo con Los miserables (El Comercio, 16 de diciembre de 1861),
y parece que ella también logró vivir de su escritura
y planteársela como una profesión. Era consciente
siempre de su audiencia, y del interés que pudieran tener
sus obras. Me pregunto si en esa época sin correo electrónico
fue su conocimiento de otras escritoras lo que la sostuvo en su
trabajo: las escritoras francesas e inglesas, de tradiciones literarias
que conocía bien, se habían planteado al menos desde
un siglo antes los conflictos de escribir y publicar. Su relación
con otras escritoras hispanoamericanas le mostraba que escribir
era ya un proyecto colectivo, y su preocupación por la
educación de la mujer la llevaba a imaginar no un arte
por el arte, como se discutía a fin de siglo, sino una
escritura que condujera al mejoramiento de la sociedad.
Central en La mujer en la sociedad moderna es el ensayo "Misión
de la escritora en Hispanoamérica", publicado originalmente
en Colombia Ilustrada, el 15 de octubre de 1889, y que con ligeras
variaciones ocupa un lugar preferencial en el libro de 1895. Cuando
escribe ese texto su libro Novelas y cuadros de la vida suramericana
tiene ya veinte años y parece que no ha tenido mayor repercusión
en la historia literaria del país. Como si Soledad Acosta
de Samper no recordara lo que había escrito en los sesenta
y principios del setenta, propone una literatura civilizadora
y moralizadora, no una literatura de conflictos, incomprensiones
e incomunicación como la que ella hizo en esa primera etapa.
¿Olvido? ¿Distanciamiento con sus otras voces, que
no reconoce como propias sino como construcciones? ¿Aceptación
de los estereotipos más rígidos de género
que ella representaba, con su proyecto educativo e histórico,
a fin de siglo? Tal vez sería mejor no tratar de resolver
ahora todos los interrogantes que esa voz ensayística nos
plantea y pensar en sus ambivalencias y contradicciones como una
forma de multiplicación y transformación de sus
proteicas identidades.
La biografía del General
Acosta: la voz del padre
Soledad Acosta de Samper no escribe su autobiografía. Como
dice Carolyn G. Heilbrun, cuando una mujer trataba de hablar de
sí misma no encontraba códigos apropiados: no podía
hacer alarde de ser diferente, ni de merecer su propia autobiografía,
lo que no significa que no tuviera voces propias. Lo que sí
escribe Soledad Acosta es la biografía de su padre, una
figura que la acompaña toda su vida.
El general Joaquín Acosta muere en febrero de1852, cuando
Solita no había cumplido diecinueve años. El 27
de febrero de ese año aparece muy destacada en El Neogranadino
la noticia de su muerte en Guaduas, señalando que "deja
una esposa llena de virtudes i una hija que era su encanto i objeto
continuo de asiduos desvelos". El amor fue mutuo e incondicional.
La influencia del padre es profunda y en muchos aspectos la vida
de Soledad será el florecimiento de intereses y de metas
que él le dejó marcados: viajes, historia, ciencias,
amor al trabajo y a la patria. Su primera obra importante, el
libro Novelas y cuadros de la vida suramericana de 1869 lo dedica
"A la memoria de mi padre el General Joaquín Acosta".
Y ya en su edad madura Soledad Acosta de Samper escribe lo que
es un gran homenaje a un gran hombre, que es, además, su
padre. La biografía está construida con todo tipo
de discursos: documentos oficiales y nombramientos firmados entre
otros por Bolívar y Santander, diarios de campaña
y de viajes, cartas de importantes personajes de la ciencia y
la política, algunos artículos de los muchos que
escribió en la prensa. Soledad conservó todos esos
papeles a pesar de sus numerosos viajes, y al hacer la biografía
su propósito es mostrar al científico, al escritor
y al educador, por encima del militar y el político, como
se hace evidente en el subtítulo: Biografía del
General Joaquín Acosta. Prócer de la Independencia,
historiador, geógrafo, hombre científico y filántropo.
El trabajo de Soledad Acosta, combinando sus documentos, es el
de una bordadora: "Esta es la tela que tengo a mi disposición
para en ella bordar, con los colores más imparciales que
me sea posible, la vida de mi padre", dice (5).
Como dato sorprendente, o tal vez predecible, en esta biografía
ella no está. O está de otra manera. Una escritora
acostumbrada a explorar los pensamientos, sentimientos, comportamientos,
intenciones y motivaciones de sus personajes, aquí pierde
el habla y recurre mucho más a las fuentes primarias a
su disposición, razón por la cual este libro ha
sido uno de los más apreciados por los historiadores contemporáneos.
Dándole la voz a los demás, recrea una figura que
tal vez se hubiera perdido en la historia de Colombia. Las variaciones
de su voz de biógrafa y de autora de novelas históricas,
que a fin de siglo ha desarrollado con excelentes resultados y
gran reconocimiento internacional, se funden así en la
biografía que escribe sobre su padre, el General Joaquín
Acosta, publicada en edición definitiva en 1901. Y que
se explica, para terminar, en las palabras de la autora: "Quisiera
que esta obra mía sirviese de estímulo, de modelo
y de pauta a la juventud estudiosa de Colombia, y al mismo tiempo
que sea un humilde monumento literario levantado a la memoria
de un verdadero patriota como los hay pocos en esta época
de desconcierto general y de 'confusión de ideas'."
(5) Contra el olvido, Soledad Acosta ofrece así un libro
que no es otro más de su producción, sino una manera
de reescribirse a sí misma al escribir al padre.
Hacia otra historia literaria
y cultural
Aunque estos son apenas algunos momentos significativos en la
elaboración de su compleja identidad de escritora, nos
acercan a la hipótesis central de este trabajo: cuando
la escritura se integra a toda la vida de una mujer, como es el
caso de esta autora, de alguna forma el yo único, romántico
y subjetivo, desaparece o se diluye, y la voz autorial se dispersa,
se multiplica, refleja otros sujetos, crea nuevos, y a la vez
le sirve para cumplir otras funciones como la de ocultar su identidad
privada, y divulgar de manera muy versátil su ideología
y sus conocimientos. No hemos encontrado en los escritos de Soledad
Acosta una gran voz autobiográfica, como podría
ser la autosuficiente de José María Samper en su
autobiografía Historia de una alma (1880), pero en lugar
de eso hemos encontrado una gran riqueza: el valor de la persistencia
y la constancia, a pesar de la oscilación, de la indefinición
y, por supuesto, de cierto halo de soledad que aparece en sus
trabajos y hace de Soledad Acosta de Samper eso que no queremos
creer todavía: un caso paradigmático y excepcional
en la literatura nacional.
Por ahora, seguimos trabajando en el estudio y edición
de su narrativa romántica y costumbrista (1864-76), viendo
cómo estos textos se volvieron a publicar reinsertos en
otros periódicos y libros, y se entrelazan con su narrativa
histórica y sus trabajos periodísticos y ensayísticos
más conocidos. Entre las curvas de esa compleja producción
está nuestra literatura colombiana y nuestra historia y
nuestra crítica: masculina, clásica y tradicional.
Y está la historia de la recepción, o no recepción,
de una escritura que articuló y multiplicó la vida
de su autora, que siempre le fue fiel como si no le importara
qué fuera a pasar con ella. A muchos de nosotros, ahora,
sí nos importa. Y ésta es la historia que estamos
tratando, con mucho miedo, de reescribir.
BIBLIOGRAFIA CITADA
De Soledad Acosta de Samper,
en orden cronológico:
Novelas y cuadros de la vida sur-americana. Gante: Imprenta de
Eug. Vanderhaeghen, 1869. Contiene las novelas Dolores, Teresa
la limeña, El corazón de la mujer, y los cuadros
"La Perla del Valle", "Ilusión y realidad",
"Luz y sombra", "Tipos sociales: La Monja y Mi
Madrina" y "Un crimen".
Una holandesa en América. Curazao: A. Berthencourt e Hijos,
1888. Publicado en 1876 como folletín de La Ley, 2-27 (1876).
La mujer en la sociedad moderna. París: Garnier Hermanos,
1895.
Biografía del General Joaquín Acosta. Prócer
de la Independencia, historiador, geógrafo, hombre científico
y filántropo. Bogotá: Librería Colombiana
de Camacho Roldán & Tamayo, 1901. Publicado incompleto
en El Domingo I y II (1898-1899).
Una nueva lectura. Antología. Introducción de Montserrat
Ordóñez. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero,1988.
Bibliografía secundaria
Cabello de Carbonera, Mercedes. "Soledad Acosta de Samper".
El Perú Ilustrado 3, 142 (25 enero, 1890): 1309-1310.
Caycedo, Bernardo J. "Semblanza de doña Soledad Acosta
de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades
452 (1952): 356-379; Bolivar 15 (1952): 961-984.
Denegri, Francesca. El abanico y la cigarrera. La primera generación
de mujeres ilustradas en el Perú, 1860-1895. Lima: IEP/Flora
Tristán, 1996.
Heilbrun, Carolyn G. "Non-Autobiographies of 'Privileged'
Women: England and America". Life/Lines. Theorizing Women's
Autobiography. Ed. Bella Brodsky and Celeste Schenck. Ithaca:
Cornell UP, 1988. 62-76.
Kirkpatrick, Susan. Las románticas. Women Writers and Subjectivity
in Spain, 1835-1850. Berkeley: U California P, 1989.
Masiello, Francine. Between Civilization and Barbarism. Women,
Nation, and Literary Culture in Modern Argentina. Lincoln: U Nebraska
P, 1992.
Ordóñez, Montserrat. "De Andina a Soledad Acosta
de Samper: identidades de una escritora colombiana del siglo XIX".
La situación autorial. Mujeres, sociedad y escritura en
los textos autobiográficos femeninos de América
Latina. Ed. Márgara Russotto. Caracas: Universidad Central
de Venezuela. De próxima publicación.
---. "Introducción. Soledad Acosta de Samper: Una
nueva lectura". Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura.
Antología. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1988.
11-24.
---. "Soledad Acosta de Samper: ¿un intento fallido
de literatura nacional?" Mujeres latinoamericanas: Historia
y cultura. Siglos XVI al XIX. Ed. Luisa Campuzano. Tomo II. La
Habana y México: Casa de Las Américas y Universidad
Metropolitana-Iztapalapa, 1997. 233-242. Reimpr. en Memorias.
IX Congreso de la Asociación de Colombianistas. Colombia
en el contexto latinoamericano. Ed. Myriam Luque, Montserrat Ordóñez
y Betty Osorio. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1997.
383-395.
Otero Muñoz, Gustavo. "Doña Soledad Acosta
de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades
229 (1933): 169-175.
---. "Soledad Acosta de Samper". Boletín de Historia
y Antigüedades 271 (1937): 256-283.
Pratt, Mary Louise. "'Don't Interrupt Me'. The Gender Essay
as Conversation and Countercanon". Reinterpreting the Spanish
American Essay. Women Writers of the 19th and 20th Centuries.
Ed. Doris Meyer. Austin: U of Texas P, 1995. 10-26.
Rivera Martínez, Edgardo. "Teresa la limeña,
una desconocida novela de Soledad Acosta de Sam[per]". Scientia
Omni (U Nacional de San Marcos, Lima) 1 (marzo 1997): 201-230.
Rodríguez-Arenas, Flor María. "Soledad Acosta
de Samper: Pionera de la profesionalización en la escritura
femenina colombiana: Dolores, Teresa la limeña y El corazón
de la mujer (1869)". ¿Y las mujeres? Ensayos sobre
literatura colombiana. Ed. María Mercedes Jaramillo, Angela
Inés Robledo y Flor María Rodríguez-Arenas.
Medellín: Editorial U de Antioquia, 1991. 133-175; 389-307.
Samper Trainer, Santiago. "Soledad Acosta de Samper. El eco
de un grito " Las mujeres en la historia de Colombia. Ed.
Magdala Velásquez. Tomo I. Bogotá: Presidencia de
la República y Norma, 1995. 132-155.
Soledad Acosta de Samper. Recuerdos y homenajes a su memoria.
Bogotá: Arboleda y Valencia, 1914.
Vallejo, Catharina. Las madres de la patria y las bellas mentiras:
imágenes de la mujer en el discurso literario nacional
de la República Dominicana, 1844-1899. Miami: Universal,
1999.