GÉNERO, ESCRITURA Y SIGLO XIX EN COLOMBIA: RELEYENDO A SOLEDAD ACOSTA DE SAMPER

Montserrat Ordóñez

Presentación y contexto
Este trabajo se enmarca dentro del proyecto "Soledad Acosta de Samper y la construcción de una literatura nacional", auspiciado por Colciencias (Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología) y la Universidad de Los Andes de Bogotá. Esta investigación se centra en la recuperación y evaluación de la primera etapa de la escritura de Soledad Acosta de Samper (1860-1880), y corresponde a una época de indefinición, tanto de la literatura nacional como de la propia escritura de la autora. En primer lugar contamos con la edición del libro Novelas y cuadros de la vida sur-americana (Gante, 1869), sin reedición posterior, que recopila varias de sus obras publicadas en periódicos desde 1864, aunque quedan muchas otras narraciones de la misma época, sueltas y completamente perdidas, en publicaciones de difícil acceso. La magnitud de la producción de Soledad Acosta de Samper, teniendo solo en cuenta esta primera etapa literaria, hace de este estudio uno de los retos más interesantes que ofrece nuestra literatura. Por un lado, debemos replantearnos la construcción de la literatura nacional, tanto desde su momento de producción como desde la recepción (o falta de recepción) posterior. Por otra, tratamos de ampliar el horizonte de lecturas de la narrativa del siglo XIX, con el propósito de desestabilizar y cuestionar la interpretación canónica de la historia y de la crítica literarias colombianas. Durante el trabajo de recopilación, organización y clasificación de los textos según temas, estilo y relaciones con otros textos, describimos las etapas y formas de construcción de esta literatura, y la manera como Soledad Acosta se integra y se margina de esta construcción cultural. Hay que señalar, además, que el importante aporte de esta autora a la literatura aparece como marginal en la historia de la literatura colombiana, que pocas veces la menciona y no la ha reeditado sistemáticamente.

La autora
Soledad Acosta de Samper (1833-1913) es la escritora colombiana más significativa del siglo XIX y una de las más sobresalientes y prolíficas de América Latina, con casi ochenta años de vida y unos sesenta de dedicación a la escritura. Aunque no se la reedita en la actualidad y es difícil estudiarla por la falta de acceso a su obra, escribió de todo, sin interrupción y sin preocuparse de los géneros: periodismo, traducciones, crónicas de viaje, novelas románticas, cuadros de costumbres, crítica literaria, cartas, teatro, novelas históricas, biografías, obras de ensayo. Dirigió y en ocasiones redactó casi en su totalidad más de cinco revistas, de uno o dos años de duración cada una. Cuando murió en 1913 era una figura intelectual admirada y respetada, como muestran las notas necrólogicas que se publicaron en periódicos nacionales e internacionales, recopiladas en Soledad Acosta de Samper. Recuerdos y homenajes a su memoria (1914).
Las bibliografías más completas de su obra publicadas hasta la fecha, preparadas por Gustavo Otero Muñoz en 1937 y por Flor María Rodríguez-Arenas en 1991, ocupan unas veinte páginas. Sus principales datos biográficos aparecen en los artículos del mismo historiador Otero Muñoz (1933, 1937), de Bernardo Caycedo (1952) y de Santiago Samper Trainer (1995), y a ellos me referiré cuando sea pertinente para este trabajo. También quiero mencionar que esta autora ha significado para mí, durante mucho tiempo, una preocupación y un interés más o menos discontinuos. La encontré en 1985 en la biblioteca de la Universidad de Pittsburgh, y he trabajado aspectos de su obra en la antología Una nueva lectura (1988) y en un estudio sobre su novela "Laura" y la literatura nacional (1997). En la actualidad estamos trabajando en la reedición y divulgación de parte su obra y en la compilación de estudios críticos sobre ella.

La cuestión autobiográfica
En la investigación actual hemos tratado de no abordarla como un caso excepcional, y de tener en cuenta su relación con los grupos intelectuales del momento y con la literatura que se publicaba en el país, así como relacionarla con la producción de otras escritoras de su época. Hemos tomado una actitud consciente de no tratarla como un caso especial, y no perder de vista toda la complejidad de la situación histórica, para lo cual han sido de gran ayuda los estudios de escritoras del siglo XIX de Susan Kirkpatrick, Francine Masiello, Francesca Denegri, Catharina Vallejo y Mary Louise Pratt. Sin embargo, el asombro que nos produce su vida y su obra ha ido creciendo, y hace que no podamos ignorar las preguntas que nos hemos repetido mientras ubicamos y revisamos su obra, preguntas que parecen sacarnos a veces del objetivo central de la investigación (la literatura nacional y la valoración de la obra de Soledad Acosta de Samper), para situarnos en planos que tocan directamente la cuestión autobiográfica: ¿Cómo es posible que no encontremos materiales autobiográficos en la obra de una autora que escribió toda su vida? ¿Que no encontremos una relación evidente entre su producción y su vida? Durante sesenta de sus setenta y nueve años no cesó de escribir. Nada la detuvo y siempre se estaba planteando un nuevo proyecto, a pesar de las crisis conocidas de su vida, que incluyeron experiencias difíciles, enriquecedoras o traumáticas, como viajes y tres idiomas desde pequeña, el conflicto entre catolicismo y protestantismo, la pérdida de su padre a los dieciocho años, el viaje a Europa (1856-62) recién casada y el nacimiento de sus cuatro hijas, en la época en que está enviando sus primeras publicaciones con seudónimos a periódicos de Colombia y Perú. Ve morir a dos de sus hijas en una epidemia de octubre de 1872 (una de doce y otra de quince años), ve a su esposo en la cárcel en 1875 y se hace cargo de los gastos del hogar, queda viuda en 1888, a los cincuenta y cinco años, y pierde así al que fue su gran compañero y apoyo, sigue escribiendo y viajando a pesar del grave reumatismo que sufrió durante los últimos veinte años de su vida. ¿De dónde sale, cómo se sostiene una voluntad de escritura de este calibre?
A cualquiera de estas preguntas y al intento de responderlas hay que añadir que los materiales que encontramos sabemos que no son definitivos, y que trabajamos con hipótesis que se nos pueden desbaratar en cualquier momento. Contamos, eso sí, con una constante que aunque no nos ayuda en el trabajo nos ha dado mucho impulso: la enorme cantidad de errores, informaciones incompletas o equivocadas, interpretaciones sin ninguna base histórica ni crítica, más todos los problemas de recepción de su obra. Más que de grandes errores, esperamos que nuestro trabajo sufra sólo de la inevitable falta de información precisa, y que ojalá algunos de nuestros interrogantes se puedan responder en el futuro con documentos y datos exactos. Las palabras que más hemos repetido en este año son "creemos" y ¨parece".... Y el asombro y la admiración que mencionaba antes se mezclan con la "desesperanza" de comprobar que pertenecemos a una cultura que ha borrado de su historia modelos como el de Soledad Acosta de Samper, verdaderos modelos tanto por su dedicación al trabajo como por la calidad de su producción. Nos seguimos preguntando por qué, por qué María y nunca se habló de Dolores, ambas de 1867. Qué puede pasar con la historia literaria hispanomericana si se reedita y se lee adecuadamente el volumen Novelas y cuadros de la vida suramericana. Por qué no se conoce ni en Colombia ni en el Perú Teresa la limeña, de 1868. Ignorando y "ninguneando", seguimos partiendo de cero para plantearnos lo que significa integrar la escritura a la vida. Y parte de nuestros atascos presentes surgen de no entender la riqueza y versatilidad de vida que mujeres como Soledad Acosta de Samper lograron en condiciones históricas no menos difíciles que las nuestras.
Privilegiada. El grave problema de Soledad Acosta de Samper ha sido pertenecer a una clase social privilegiada. Hija de un prócer de la Independencia y de una inglesa nacida en Jamaica y criada en los Estados Unidos, disfruta de una educación excepcional y de los círculos más interesantes en Europa y en América, primero por los viajes de sus padres y luego por los que hizo con su esposo, José María Samper, un gran político, periodista y escritor del siglo XIX. Viajes, educación, idiomas, relaciones, en fin, la información, como diríamos ahora, parece estar en la base de su fuerza y de su influencia. Y tal vez por saber demasiado tiene ese deseo, ese impulso inagotable para contar y compartir. Un chiste de la época, que se sigue renovando y aplicando a distintas circunstancias de la vida nacional, fue definirla como "Soledad a-costa de Samper", es decir, como una mujer que valía por su marido pero no por ella misma. La verdad, de parte de José María Samper hasta ahora sólo hemos encontrado expresiones de admiración y reconocimiento respecto a su esposa, que colaboró incansablemente en los proyectos de él y que, en una relación que parece bastante equilibrada para la época, también recibió el justo apoyo de su esposo en los proyectos propios. Las ironías y los ataques aparecen más o menos veladamente, pero tampoco hemos encontrado un rechazo directo y total, como sufrieron tantas otras escritoras del siglo XIX. Más bien, en la revisión de prensa del siglo XIX que hemos hecho aparece siempre rodeada de comentarios elogiosos que, aunque no son muy profundos ni indican conocimiento de su obra, al menos la muestran con un aura de respeto y reconocimiento. La incomprensión y el desprecio son más recientes.
Seguimos pensando que una mujer de esa fuerza tuvo que haber dejado testimonios directos de su vida y sus experiencias, y aún quisiéramos encontrar su voz autobiográfica. Sin embargo, el rasgo más saliente de su personalidad parece que era el de ser muy reservada. Tenemos, pues, una mujer casi pública, refugiada en una vida privada impenetrable, que se dedicó a crear vidas y voces, en cientos de expresiones múltiples y casi contradictorias, que hacen tremendamente difícil explicarla como sujeto. Como un camaleón, cambia y se desdobla en otros sujetos que nunca sabremos con seguridad si representan o no lo que creía o tal vez lo que intuía. ¿Hasta qué punto su conocimiento del mundo y de los seres humanos (por experiencia personal, por haberlo oído, por sus lecturas), su escritura y su fluidez la arrastran y la dispersan y la multiplican? ¿Hasta qué punto un caso así solo puede darse cuando escribir es parte integral de la vida diaria, y así la escritura no solo logra organizar el caos de la vida sino también reproducirlo?

Versatilidad de voces e identidades
Durante el proceso de ubicar, organizar y valorar su escritura, tan compleja y dispersa, uno de los temas más interesantes que se nos ha planteado ha sido la versatilidad de sus voces e identidades. Como esto parece un trabajo infinito leyendo a Acosta de Samper, voy a escoger unos casos representativos, algunos de los ejemplos más interesantes de las distintas voces e identidades que hemos encontrado en su escritura. Estos ejemplos representan momentos claves de su vida, desde el diario de su juventud, el uso de seudónimos, la voz epistolar, a voz ensayística, hasta la biografía de su padre, el General Acosta, publicada cuando SAS tenía 68 años. Aún le quedan luego muchos más de producción, y hay muchos más ejemplos interesantes de versatilidad durante toda su vida, pero esto puede ser un modelo o esquema para pensar dónde y cómo integrar otros aspectos de su obra a las técnicas de construcción de su subjetividad.

Del diario fantasma a la novela
Un diario íntimo de Soledad Acosta sí existe, según el discurso del 5 de agosto de 1952 de Bernardo Caycedo, Vicepresidente de la Academia Colombiana de Historia, con motivo de la colocación de un retrato de Soledad Acosta de Samper en la Galería de Historiadores. Caycedo dedica varias páginas muy lúcidas a describirlo y comentarlo, y tratar de entender los procesos de la escritora. Es un diario adolescente, escrito en los últimos meses de noviazgo, que termina el día de la boda, el 5 de mayo de 1855. Entre sus hojas hay "un verdadero herbario de hojas y flores secas". Es por ahora sólo una fantasía pensar en ubicar y ver las flores y dibujos de este diario de enamorada y aun más pensar en una edición facsimilar, pero a veces las fantasías se convierten en realidad y por qué no imaginarlo desde ahora. Parece ser un texto que oscila entre reserva y diálogo con su "trovador" enamorado, que puede leerlo para conocer así a esa joven "seria y pensativa". Solita hace todo un proceso de introspección y autoanálisis, que no se vuelve a repetir. Esa libertad adolescente de escribir sobre sí misma ya no puede mantenerse cuando su audiencia es más de dos. Y sin embargo, es esa capacidad prefreudiana de conocer lo más oculto de los seres humanos lo que hará de sus novelas y cuadros excelentes estudios sobre personajes sumamente diversos.
A partir de 1859 colabora en diversas publicaciones, con seudónimos, y va explorando distintos géneros, distintas audiencias, temas y perspectivas. En su libro de 1869 Novelas y cuadros de la vida suramericana, recopilación de algunas de sus obras publicadas desde 1864, resaltará la presencia de narradores masculinos, primeras personas que filtran el mundo: el primo de Dolores; varios narradores en las historias de El corazón de la mujer; el viajero de "La perla del Valle" que identifica en su recuerdo mujer y patria; el hombre maduro que recuerda su infancia en "Mi madrina". La otra mitad del volumen son voces femeninas, muy claras, en distintos niveles: las cartas y diarios de Dolores; las cartas de los personajes de Teresa la limeña; la narradora/personaje de "Luz y sombra"; o las voces de una narradora que relata lo escuchado, como en "La monja" y "Un crimen". En diez o doce años Soledad Acosta de Samper ha desarrollado las habilidades de un verdadero novelista, que sabe que el mundo no se explica con la única perspectiva del propio yo. Deja de hablar de sí misma para reflejar sentimientos y pensamientos ajenos y muy complejos.

Los seudónimos: "la natural desconfianza de echar a la luz mi nombre"
Con seudónimos comienzan sus colaboraciones en diversos periódicos de Colombia y Perú. Andina, Bertilda y Aldebarán son sus primeras máscaras. Como Andina escribe desde 1859, primero en Biblioteca de señoritas y luego en El Mosaico. La "Revista parisiense" de Andina ocupa tres o cuatro páginas de las ocho de Biblioteca de señoritas, y en 1859 podría decirse que la hacen prácticamente entre Eugenio Díaz y Soledad Acosta de Samper.
Eugenio Díaz, el autor de Manuela y redactor de la revista, publica en el número 67 una nota de agradecimiento por las colaboraciones que Andina manda de París. Es una larga y elogiosa nota que no está dirigida a una escritora consagrada, sino a una joven colaboradora de unos veinticinco o veintiséis años, oculta bajo un seudónimo, que obviamente Eugenio Díaz sabía a quien pertenecía. Además del seudónimo y de la juventud de la escritora, es de subrayar el tono de reconocimiento y admiración, que con frecuencia seguirá apareciendo en los comentarios sobre SAS, y el énfasis en su misión moralizadora y educadora, no solo informativa.
En 1864, ya de regreso a Bogotá, Acosta de Samper publicará como Andina en El Mosaico, además, sus dos primeros cuadros, "La Perla del Valle" y "La moonja". Pero antes, durante su permanencia en París, manda colaboraciones no solo a Bogotá sino a El Comercio de Lima, en donde escribe también su esposo. Las "correspondencias" (ahora las llamamos "corresponsalías") de Soledad Acosta de Samper para El Comercio, firmadas como "Bertilda", parece que fueron un acontecimiento esperado y muy celebrado en su momento, como recuerda años después Mercedes Cabello de Carbonera en un artículo de El Perú Ilustrado.
En 1862 los dueños de El Comercio contratan a José María Samper para dirigir el periódico, y toda la familia viaja de Europa a Lima a fin de año, en donde además del trabajo que supone el periódico fundan la Revista Americana, Anexa al "Comercio" de Lima. Se publica de enero a junio de 1863, cuando interrumpen el proyecto por los conflictos que tuvo José María Samper en Lima. En la dedicatoria del ejemplar que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Bogotá, aparece una dedicatoria de José María Samper a José M. Quijano Otero, en donde le dice: "Este libro ha sido escrito en Lima, casi en su totalidad (inclusive todo lo editorial i de Crónica) por / "S.A.S" i / "Bertilda" / (alias Soledad A. de Samper) / "J.M.S." / "Fígaro" / "Abancay" / "Juan de la Mina" / i / "José M. Samper" / (que todos son cinco cristos distintos i un solo escritor verdadero)". Así, José María Samper le da crédito a Soledad por su trabajo en la revista y hace un recuento de los seudónimos que usaron. Es un trabajo a cuatro manos que se pueda también adivinar en otros proyectos, como las columnas de El Comercio, las recopilaciones en libros o la redacción de El Bien Público en 1870-72.
Seguimos en 1863. Soledad Acosta de Samper publica en la Revista Americana como S. A. S. la traducción del francés del libro "Elementos de higiene general" del doctor Luis Crubeilhier, y como Bertilda una "Revista femenina", comentarios de libros y otra sección que titula "Variedades". En ese mismo año regresan a Bogotá y a partir de 1864 publica sus novelas y cuadros de costumbres en diversos periódicos de la capital, con los seudónimos de Andina y Aldebarán. Cuando el libro Novelas y cuadros de la vida suramericana se publica en Gante en 1869, en la recopilación hecha por ella y su esposo, en el prólogo que él escribe aparece la lista de sus seudónimos y el reconocimiento de su nombre y de su identidad de autora. Soledad Acosta de Samper seguirá usando sus seudónimos, a veces hasta como un juego privado, pero ya sin que pueda haber dudas respecto a su identidad.
Las sorpresas de revisar periódicos del siglo XIX, incluyen casos como encontrar una carta de Soledad Acosta de Samper sobre sus seudónimos y las razones para usarlos. El director de El Papel Periódico Ilustrado, Alberto Urdaneta, solicita a conocidos literatos que le envíen la lista de los seudónimos usados y la razón de haberlos adoptado, dado que "ha sido costumbre muy general en el país el uso de seudónimos". La petición se presta a respuestas de cualquier longitud y al recuento de anécdotas de todo tipo. En el No. 74 del 1º de septiembre de 1884 aparece una concisa carta de Soledad Acosta de Samper, en donde le dice que ha usado los siguientes seudónimos: "S. A. S. / Andina. / Aldebarán. / Bertilda. / Renato. / Orión. / sin que ello influyera otro motivo que la natural desconfianza de echar a luz mi nombre."
El tono es formal y correcto y, por supuesto, nos quedamos sin saber los motivos conscientes que Soledad Acosta de Samper tuvo para escoger sus seudónimos. Parece que Andina y Bertilda fueron los primeros, prácticamente simultáneos. Andina es sin duda un homenaje a su tierra americana. Bertilda es un anagrama de "libertad", inventado por Samper, que fue el nombre de su primera hija, nacida en 1856, y que Soledad Acosta usó como seudónimo especialmente en sus correspondencias a El Comercio de Lima, de 1859 a 1863. Sabemos que Renato es un nombre masculino, con el que escribe cuadros de costumbres. Y que Aldebarán y Orión nos evocan su interés por constelaciones y estrellas, evidente en muchos de sus artículos sobre divulgación científica. ¿Juegos o máscaras? Cuando escribe esta carta en 1884, Soledad Acosta de Samper tiene cincuenta y un años, su identidad de escritora es ampliamente reconocida y sus seudónimos son un recuerdo histórico.
Soledad Acosta de Samper envió colaboraciones y participó en la redacción de muchos periódicos de la época, y dirigió al menos seis publicaciones periódicas. Las revistas que dirigía y redactaba casi en su totalidad tienen una característica fascinante: escribe creando y cambiando voces, como lo hicieron ella y su esposo al redactar solos la Revista Americana de El Comercio de Lima en 1863. Pero además, dramatiza la información y crea personajes que hablan según su personalidad de los distintos temas que ella traduce y adapta de las publicaciones europeas que recibe. Los temas que elige para sus versiones y traducciones serían en sí objeto de otro estudio, así como sus textos anónimos más reconocibles. Incluye historia clásica y europea reciente, mitología, biografías, vidas de santos, relatos propios y traducidos o adaptados, datos científicos actualizados de gran interés. Y sus personajes conversan mientras comparten las informaciones, que además caracterizan a cada cual, según los temas que cada uno conoce y coparte con los demás. Detrás de esta estructura está por supuesto su habilidad para construir diálogos, oir y plasmar voces, evidente en toda su obra pero aún más especialmente en su teatro, que también está esperando reedición.
Recibir periódicos del exterior era siempre una odisea en esa época, y con frecuencia hay quejas sobre demoras de correo y problemas de transporte. En El Hogar (1868), en la sección "Revista europea", aparece un texto titulado "Apuros de Aldebarán", en el que describe a Aldebarán como a un hombre: "Pobre Aldebarán ! Está abochornado... véanlo ustedes: la cabeza apoyada sobre una mano, la pluma en la otra, un pliego de papel delante. ¿Qué hace ahí? Busca ideas y palabras con que revestir los acontecimientos europeos que tiene misión de resumir. Aldebarán no tiene la audacia de llamarse escritor, i ahora se presenta tan solo como un humilde condensador i simple intérprete de lo que pasa allende los mares; busca en los periódicos lo que cree poder interesar a los lectores de El Hogar, i lo cuenta a su modo, no teniendo propio sino la redacción, es decir, lo peor, pues los hechos serán por supuesto de ajena procedencia. / Pero en este mes hemos tenido una desgracia: el paquete, después de haber tardado, como todo lo útil en nuestra tierra, llegó trunco, faltando gran parte de los periódicos ingleses."
Aquí Soledad Acosta de Samper personifica a su seudónimo, Aldebarán, como a un hombre, un intérprete agobiado, aturdido por la responsabilidad de la tarea. Es el ensayista y periodista latinoamericano del siglo XIX, el gran "pensador": "la cabeza apoyada sobe una mano, la pluma en la otra, un pliego de papel delante". Con esta máscara masculina juega Soledad Acosta y deja fluir su humor divertido y mordaz, presente también según todos los testimonios en su conversación elocuente y aguda, que le valdría entre los sobrinos de su esposo el apodo de "tía cuchillo" (Samper Trainer 151).

Las cartas
El estilo epistolar es uno de los fuertes de Soledad Acosta de Samper, que integra cartas con gran habilidad en sus novelas. No voy a referirme ahora a estas cartas ficticias, que merecen un estudio completo. Verdaderas cartas son también, con frecuencia, las "correspondencias que enviaba desde Europa a Bogotá y Lima, como ya se ha descrito. Menciono aquí brevemente unas cartas menos conocidas, firmadas por ella y no por sus personajes, para pensar en su versatilidad de registros y, sin duda, de identidades.
Un ejemplo bastante insual es la carta de Soledad Acosta de Samper que cita Santiago Samper Trainer. Es una carta al presidente Santiago Pérez y es tal vez lo más fuerte y duro que conozco de Soledad Acosta de Samper. Su marido ha sido encarcelado, sus bienes confiscados, la imprenta cerrada, y ella está dedicada a actividades comerciales para sostenerse, a ella y a las dos hijas que le quedan. Dirigida al "Ciudadano Presidente de la Unión", es todo un tratado sobre la libertad de prensa y la dignidad. Es la voz de una valiente ciudadana y periodista, digna de tener en cuenta como parte de la identidad de Soledad Acosta de Samper. Y es mucho más fuerte, precisa y convencida que la de la madre, esposa y educadora más convencional, que da consejos útiles y afectuosos a sus congéneres.
Porque este es el otro caso frecuente: la escritura de cartas firmadas por ella en las publicaciones periódicas que redactaba y editaba. Por ejemplo, siguiendo el modelo clásico de Fray Luis de León, retomado con tanta frecuencia en la España decimonónica, publica en su revista El Domingo de la Familia Cristiana (1889-90) una serie de cartas, "Cartas a una recién casada" y "Cartas a una madre", y firmadas como S.A. de S. Son textos que pertenecen a un género epistolar bastante rígido y forman parte claramente de su proyecto educativo; en ellos se mezclan de manera muy interesante la defensa de ciertos derechos de la mujer, los consejos de higiene y salud, y un análisis realista de los límites de la institución matrimonial. Dar consejos, hemos visto, fue algo que hizo toda la vida. Como si se hubiera sentido siempre responsable de cambiar de alguna forma el mundo que la rodeaba, tiene la doble e ingrata tarea de la educación femenina, que en especial desde el siglo XIX oscila entre impulsar y reprimir. Esa voz de Soledad Acosta de Samper reflejaba varios de los contradictorios aspectos de su propia identidad: autonomía y respeto por las normas, libertad de creación y control sobre sí misma y los demás.
El género epistolar, con todas sus variaciones, debió ser importante y natural para una escritora como Soledad Acosta, que se mantuvo en contacto toda la vida con muchísimas personas, por amistad, trabajo (editoriales, publicaciones, congresos) y todo tipo de relaciones. En el elogioso artículo que le dedica Mercedes Cabello de Carbonera en El Perú Ilustrado, en 1890, hace un recuento de su vida y logros, y cita una de sus cartas. Las cartas perdidas de Soledad Acosta de Samper debían llevar por países y continentes secretos que las personas cercanas a ella nunca conocieron.

La voz ensayística
A medida que pasan los años, su voz romántica es más y más didáctica, hasta llegar a sus libros de ensayo y de historia, que de todas maneras, repito, no implican un quiebre total con sus intereses y habilidades anteriores. Un momento clave de esta aparente ruptura sería la primera publicación periódica dirigida por ella, La Mujer (1878-81): ahí despliega su versatilidad de diez años de periodismo, intenta formar un equipo, sigue con sus prácticas de hacer traducciones y publicar textos anónimos. Sobre todo, recupera e integra muchos de sus escritos anteriores, en un método escritural que repite toda su vida: reescribe, divulga, reimprime lo que considera importante o lo que le solicitan (a veces indicando la fuente, otras no), adapta para rellenar y cuadrar la diagramación y paginación, y siempre trata de llegar a nuevas audiencias.
El desarrollo de la voz ensayística es evidente en uno de sus más importantes libros, La mujer en la sociedad moderna (1895), reelaboración y reedición de muchos de sus artículos y lecturas, publicados durante años en diversas publicaciones. Es un homenaje a todas las mujeres, no sólo las escritoras, que pueden ser modelo de realización personal y aporte al desarrollo de la humanidad. Tiene algo del tono de sus listas y sus cronologías de décadas anteriores y es el resultado de intereses, lecturas y trabajos que aparecen muy temprano en su obra, relaccionados con la mujer. Es, además, un hito en el ensayo sobre género en América Latina, un campo de estudio que Mary Pratt plantea de manera magistral.
Desde el comienzo de su escritura Soledad Acosta de Samper se interesa por los temas que tienen que ver con cuestiones de género y en numerosos artículos periodísticos suyos, muy tempranos, desarrolla estas preocupaciones, que seguramente son muy cercanas a la definición de su propia identidad. Admira a los escritores buenos que ganan dinero con sus obras, como Víctor Hugo con Los miserables (El Comercio, 16 de diciembre de 1861), y parece que ella también logró vivir de su escritura y planteársela como una profesión. Era consciente siempre de su audiencia, y del interés que pudieran tener sus obras. Me pregunto si en esa época sin correo electrónico fue su conocimiento de otras escritoras lo que la sostuvo en su trabajo: las escritoras francesas e inglesas, de tradiciones literarias que conocía bien, se habían planteado al menos desde un siglo antes los conflictos de escribir y publicar. Su relación con otras escritoras hispanoamericanas le mostraba que escribir era ya un proyecto colectivo, y su preocupación por la educación de la mujer la llevaba a imaginar no un arte por el arte, como se discutía a fin de siglo, sino una escritura que condujera al mejoramiento de la sociedad.
Central en La mujer en la sociedad moderna es el ensayo "Misión de la escritora en Hispanoamérica", publicado originalmente en Colombia Ilustrada, el 15 de octubre de 1889, y que con ligeras variaciones ocupa un lugar preferencial en el libro de 1895. Cuando escribe ese texto su libro Novelas y cuadros de la vida suramericana tiene ya veinte años y parece que no ha tenido mayor repercusión en la historia literaria del país. Como si Soledad Acosta de Samper no recordara lo que había escrito en los sesenta y principios del setenta, propone una literatura civilizadora y moralizadora, no una literatura de conflictos, incomprensiones e incomunicación como la que ella hizo en esa primera etapa. ¿Olvido? ¿Distanciamiento con sus otras voces, que no reconoce como propias sino como construcciones? ¿Aceptación de los estereotipos más rígidos de género que ella representaba, con su proyecto educativo e histórico, a fin de siglo? Tal vez sería mejor no tratar de resolver ahora todos los interrogantes que esa voz ensayística nos plantea y pensar en sus ambivalencias y contradicciones como una forma de multiplicación y transformación de sus proteicas identidades.

La biografía del General Acosta: la voz del padre
Soledad Acosta de Samper no escribe su autobiografía. Como dice Carolyn G. Heilbrun, cuando una mujer trataba de hablar de sí misma no encontraba códigos apropiados: no podía hacer alarde de ser diferente, ni de merecer su propia autobiografía, lo que no significa que no tuviera voces propias. Lo que sí escribe Soledad Acosta es la biografía de su padre, una figura que la acompaña toda su vida.
El general Joaquín Acosta muere en febrero de1852, cuando Solita no había cumplido diecinueve años. El 27 de febrero de ese año aparece muy destacada en El Neogranadino la noticia de su muerte en Guaduas, señalando que "deja una esposa llena de virtudes i una hija que era su encanto i objeto continuo de asiduos desvelos". El amor fue mutuo e incondicional. La influencia del padre es profunda y en muchos aspectos la vida de Soledad será el florecimiento de intereses y de metas que él le dejó marcados: viajes, historia, ciencias, amor al trabajo y a la patria. Su primera obra importante, el libro Novelas y cuadros de la vida suramericana de 1869 lo dedica "A la memoria de mi padre el General Joaquín Acosta". Y ya en su edad madura Soledad Acosta de Samper escribe lo que es un gran homenaje a un gran hombre, que es, además, su padre. La biografía está construida con todo tipo de discursos: documentos oficiales y nombramientos firmados entre otros por Bolívar y Santander, diarios de campaña y de viajes, cartas de importantes personajes de la ciencia y la política, algunos artículos de los muchos que escribió en la prensa. Soledad conservó todos esos papeles a pesar de sus numerosos viajes, y al hacer la biografía su propósito es mostrar al científico, al escritor y al educador, por encima del militar y el político, como se hace evidente en el subtítulo: Biografía del General Joaquín Acosta. Prócer de la Independencia, historiador, geógrafo, hombre científico y filántropo. El trabajo de Soledad Acosta, combinando sus documentos, es el de una bordadora: "Esta es la tela que tengo a mi disposición para en ella bordar, con los colores más imparciales que me sea posible, la vida de mi padre", dice (5).
Como dato sorprendente, o tal vez predecible, en esta biografía ella no está. O está de otra manera. Una escritora acostumbrada a explorar los pensamientos, sentimientos, comportamientos, intenciones y motivaciones de sus personajes, aquí pierde el habla y recurre mucho más a las fuentes primarias a su disposición, razón por la cual este libro ha sido uno de los más apreciados por los historiadores contemporáneos. Dándole la voz a los demás, recrea una figura que tal vez se hubiera perdido en la historia de Colombia. Las variaciones de su voz de biógrafa y de autora de novelas históricas, que a fin de siglo ha desarrollado con excelentes resultados y gran reconocimiento internacional, se funden así en la biografía que escribe sobre su padre, el General Joaquín Acosta, publicada en edición definitiva en 1901. Y que se explica, para terminar, en las palabras de la autora: "Quisiera que esta obra mía sirviese de estímulo, de modelo y de pauta a la juventud estudiosa de Colombia, y al mismo tiempo que sea un humilde monumento literario levantado a la memoria de un verdadero patriota como los hay pocos en esta época de desconcierto general y de 'confusión de ideas'." (5) Contra el olvido, Soledad Acosta ofrece así un libro que no es otro más de su producción, sino una manera de reescribirse a sí misma al escribir al padre.

Hacia otra historia literaria y cultural
Aunque estos son apenas algunos momentos significativos en la elaboración de su compleja identidad de escritora, nos acercan a la hipótesis central de este trabajo: cuando la escritura se integra a toda la vida de una mujer, como es el caso de esta autora, de alguna forma el yo único, romántico y subjetivo, desaparece o se diluye, y la voz autorial se dispersa, se multiplica, refleja otros sujetos, crea nuevos, y a la vez le sirve para cumplir otras funciones como la de ocultar su identidad privada, y divulgar de manera muy versátil su ideología y sus conocimientos. No hemos encontrado en los escritos de Soledad Acosta una gran voz autobiográfica, como podría ser la autosuficiente de José María Samper en su autobiografía Historia de una alma (1880), pero en lugar de eso hemos encontrado una gran riqueza: el valor de la persistencia y la constancia, a pesar de la oscilación, de la indefinición y, por supuesto, de cierto halo de soledad que aparece en sus trabajos y hace de Soledad Acosta de Samper eso que no queremos creer todavía: un caso paradigmático y excepcional en la literatura nacional.
Por ahora, seguimos trabajando en el estudio y edición de su narrativa romántica y costumbrista (1864-76), viendo cómo estos textos se volvieron a publicar reinsertos en otros periódicos y libros, y se entrelazan con su narrativa histórica y sus trabajos periodísticos y ensayísticos más conocidos. Entre las curvas de esa compleja producción está nuestra literatura colombiana y nuestra historia y nuestra crítica: masculina, clásica y tradicional. Y está la historia de la recepción, o no recepción, de una escritura que articuló y multiplicó la vida de su autora, que siempre le fue fiel como si no le importara qué fuera a pasar con ella. A muchos de nosotros, ahora, sí nos importa. Y ésta es la historia que estamos tratando, con mucho miedo, de reescribir.

BIBLIOGRAFIA CITADA

De Soledad Acosta de Samper, en orden cronológico:
Novelas y cuadros de la vida sur-americana. Gante: Imprenta de Eug. Vanderhaeghen, 1869. Contiene las novelas Dolores, Teresa la limeña, El corazón de la mujer, y los cuadros "La Perla del Valle", "Ilusión y realidad", "Luz y sombra", "Tipos sociales: La Monja y Mi Madrina" y "Un crimen".
Una holandesa en América. Curazao: A. Berthencourt e Hijos, 1888. Publicado en 1876 como folletín de La Ley, 2-27 (1876).
La mujer en la sociedad moderna. París: Garnier Hermanos, 1895.
Biografía del General Joaquín Acosta. Prócer de la Independencia, historiador, geógrafo, hombre científico y filántropo. Bogotá: Librería Colombiana de Camacho Roldán & Tamayo, 1901. Publicado incompleto en El Domingo I y II (1898-1899).
Una nueva lectura. Antología. Introducción de Montserrat Ordóñez. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero,1988.

Bibliografía secundaria
Cabello de Carbonera, Mercedes. "Soledad Acosta de Samper". El Perú Ilustrado 3, 142 (25 enero, 1890): 1309-1310.
Caycedo, Bernardo J. "Semblanza de doña Soledad Acosta de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades 452 (1952): 356-379; Bolivar 15 (1952): 961-984.
Denegri, Francesca. El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú, 1860-1895. Lima: IEP/Flora Tristán, 1996.
Heilbrun, Carolyn G. "Non-Autobiographies of 'Privileged' Women: England and America". Life/Lines. Theorizing Women's Autobiography. Ed. Bella Brodsky and Celeste Schenck. Ithaca: Cornell UP, 1988. 62-76.
Kirkpatrick, Susan. Las románticas. Women Writers and Subjectivity in Spain, 1835-1850. Berkeley: U California P, 1989.
Masiello, Francine. Between Civilization and Barbarism. Women, Nation, and Literary Culture in Modern Argentina. Lincoln: U Nebraska P, 1992.
Ordóñez, Montserrat. "De Andina a Soledad Acosta de Samper: identidades de una escritora colombiana del siglo XIX". La situación autorial. Mujeres, sociedad y escritura en los textos autobiográficos femeninos de América Latina. Ed. Márgara Russotto. Caracas: Universidad Central de Venezuela. De próxima publicación.
---. "Introducción. Soledad Acosta de Samper: Una nueva lectura". Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura. Antología. Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1988. 11-24.
---. "Soledad Acosta de Samper: ¿un intento fallido de literatura nacional?" Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura. Siglos XVI al XIX. Ed. Luisa Campuzano. Tomo II. La Habana y México: Casa de Las Américas y Universidad Metropolitana-Iztapalapa, 1997. 233-242. Reimpr. en Memorias. IX Congreso de la Asociación de Colombianistas. Colombia en el contexto latinoamericano. Ed. Myriam Luque, Montserrat Ordóñez y Betty Osorio. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1997. 383-395.
Otero Muñoz, Gustavo. "Doña Soledad Acosta de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades 229 (1933): 169-175.
---. "Soledad Acosta de Samper". Boletín de Historia y Antigüedades 271 (1937): 256-283.
Pratt, Mary Louise. "'Don't Interrupt Me'. The Gender Essay as Conversation and Countercanon". Reinterpreting the Spanish American Essay. Women Writers of the 19th and 20th Centuries. Ed. Doris Meyer. Austin: U of Texas P, 1995. 10-26.
Rivera Martínez, Edgardo. "Teresa la limeña, una desconocida novela de Soledad Acosta de Sam[per]". Scientia Omni (U Nacional de San Marcos, Lima) 1 (marzo 1997): 201-230.
Rodríguez-Arenas, Flor María. "Soledad Acosta de Samper: Pionera de la profesionalización en la escritura femenina colombiana: Dolores, Teresa la limeña y El corazón de la mujer (1869)". ¿Y las mujeres? Ensayos sobre literatura colombiana. Ed. María Mercedes Jaramillo, Angela Inés Robledo y Flor María Rodríguez-Arenas. Medellín: Editorial U de Antioquia, 1991. 133-175; 389-307.
Samper Trainer, Santiago. "Soledad Acosta de Samper. El eco de un grito " Las mujeres en la historia de Colombia. Ed. Magdala Velásquez. Tomo I. Bogotá: Presidencia de la República y Norma, 1995. 132-155.
Soledad Acosta de Samper. Recuerdos y homenajes a su memoria. Bogotá: Arboleda y Valencia, 1914.
Vallejo, Catharina. Las madres de la patria y las bellas mentiras: imágenes de la mujer en el discurso literario nacional de la República Dominicana, 1844-1899. Miami: Universal, 1999.