Andrés Buitrago ¿un nuevo Joker?

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Por: Paula Andrea Grisales Naranjo | Fotografía: Guillermo Santos

Andrés Buitrago decidió que su aporte como postartista es utilizar el lenguaje para poner a circular ideas que motiven transformaciones sociales.

Andrés se viste de colores oscuros —en especial de negro— que destacan su melena rubia y su aire de metalero. Al lado de su motocicleta luce como todo un renegado y, de hecho, lo es desde que empezó a llamarse ‘postartista’. Le gusta tatuarse y en este momento lleva en su piel las imágenes de un tigre y un dragón.

Como los superhéroes, Andrés tiene una doble vida: de día es profesor de artes en el Colegio Ciedi y en las noches ‘lucha contra el crimen’, es decir, emplea su tiempo libre para hacer una de las cosas que más le ha valido reconocimientos, la crítica de arte, a veces bajo el seudónimo de Jack Napier (nombre verdadero
del Joker, de Batman).

Poderes: Andrés usa la pedagogía para transformar la mente de sus estudiantes de primaria y bachillerato: “las clases de arte me permiten, más que formar artistas, formar ciudadanos”, dice. Otro de sus poderes es su pensamiento agudo, en el que se mezclan el arte y los estudios culturales para dar como resultado una perspectiva crítica con un impecable uso del lenguaje, preciso y argumentado.

Historia: Desde muy joven, su pasión por la pintura y el dibujo lo llevaron a estudiar Artes Visuales en la Pontificia Universidad Javeriana. Allí surgió su interés por interpretar el arte desde una perspectiva social y política.

Su nueva identidad: Y aunque en un comienzo quiso ejercer como artista e incluso produjo obra, en 2011 nació su identidad como postartista, cuando empezó a estudiar la Maestría en Estudios Culturales en la Universidad Nacional; ahora se enfoca no en el arte, sino en la cultura visual. “Mi postura implica reconocer de qué manera las imágenes pueden servir como producción de conocimiento y ayudar a pensar cuestiones vitales, como las relaciones personales; pero también implica reconocer cómo el arte es excluyente cuando se ve desde perspectivas como la de clase, género o raza”.

Hazañas, parte I: Andrés se inauguró en el mundo de la crítica publicando un artículo en el portal Esferapública sobre la artista Sophie Calle, invitada en 2012 a exponer en el Museo de Arte del Banco de la República. “El artículo generó un debate interesante y me permitió ir delineando mi postura crítica”, dice.

Hazañas, parte II: Su segunda publicación fue resultado de la beca que obtuvo como Joven Investigador de Colciencias, en la que plasmó algunos resultados de su tesis de maestría, que fue meritoria. Allí buscó comprender la configuración contemporánea del nacionalismo en Colombia, analizando las campañas publicitarias Vive Colombia, viaja por ella y Vive Colombia, el país que llevas en el corazón.

Hazañas, parte III: Su última publicación fue ¿A qué suena La Perse?, ganadora del Premio Nacional de Crítica 2015 luego de que el jurado considerara que, de los 37 textos participantes, el de Jack Napier era “relevante, novedoso y coherente”. El texto inaugura una crítica al sistema del arte y a su configuración discursiva. “Quiero que me sirva para plantear una ética, una política y una estética de la vida misma, es decir, pensar los ejercicios creativos para proyectar la vida de otra manera”.

¿Para qué sirve la crítica?: “Si la crítica no cumple funciones pedagógicas, no está sirviendo para nada, pues debe poner a disposición de otros herramientas y estrategias que permitan la apropiación social del conocimiento”, asegura.

Sus retos: Le inquieta cómo la investigación, la producción y la circulación del conocimiento sirven para ser mejor persona: “le apuesto a una producción de conocimiento socialmente útil, ¡un reto grande! Por ejemplo, quizá, una de las cosas más relevantes, en lo personal, es que más allá de hacer crítica, con lo que me he enfrentado es conmigo mismo, con la necesidad de transformarme”.

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