¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

¿Cómo evoluciona el grito del gol en Colombia?

Bienvenidos a La Claraboya de Pesquisa Javeriana, nuestro podcast de ciencia para personas que no son expertas en ciencia.

Después de las emociones y sentimientos que ha dejado el mundial de Rusia en los corazones colombianos y en la recta final donde los finalistas son Francia y Croacia, Pesquisa Javeriana y La Claraboya reviven las festivas y folclóricas narraciones de fútbol en la radio colombiana, esas que han acompañado a su audiencia a lo largo de la historia mientras se sufre o se goza en los partidos; voces alegres que alientan al público cuando el equipo está caído y hacen vibrar los corazones con la entonación de los goles.

El invitado en esta ocasión es William Zambrano, periodista deportivo y profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, quien ha dedicado su vida a estudiar las transformaciones de la radio. Creador de libros resultado de sus investigaciones como Tras las barras bravas: prácticas comunicativas, identidad y cultura (2014) y Tarjeta Amarilla al periodismo colombiano (2000), Zambrano vio crecer la radio y con ella a los narradores colombianos. Hoy remueve el pasado.

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Investigación e innovación tecnológica y apropiación social de conocimiento científico de orquídeas nativas de Cundinamarca es el proyecto desarrollado entre académicos del Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá y la Pontificia Universidad Javeriana con viveristas, productores y comercializadores de la región.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cierre del proyecto en Chinauta, Cundinamarca, conversando con los cultivadores quienes explicaron por qué este proyecto se convirtió en un proceso de apropiación social del conocimiento.

 

Luego de tres años de trabajo (2015 – 2018), productores y distribuidores de orquídeas del departamento de Cundinamarca encontraron que si creaban agremiaciones, intercambiaban especies nativas de estas flores y educaban a la comunidad de provincias como San Antonio del Tequendama y Sumapaz sobre la biodiversidad de la región, podrían potenciar su uso y conservación. No en vano, Fusagasugá, otro municipio beneficiado por la investigación, es conocida nacionalmente como la ‘Ciudad jardín de Colombia’ y el hogar de la Exposición Nacional de Orquídeas que se realiza anualmente.  

Estos hallazgos son parte del resultado del proyecto de investigación que presentó la Gobernación de Cundinamarca ante el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías para aumentar el conocimiento sobre las orquídeas en el departamento y orientar a los productores locales de la zona sobre su conservación.

Como resultado de la investigación se diseñó un plan de trabajo entre viveristas, productores y comercializadores de la región y académicos con el fin de diversificar el material vegetal usado en el cultivo de sus flores e implementar las buenas prácticas de producción para potenciar su comercialización sin desconocer los marcos normativos.

 

 

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Viveristas cultivan conocimiento desde sus fincas

Investigación e innovación tecnológica y apropiación social de conocimiento científico de orquídeas nativas de Cundinamarca es el proyecto desarrollado entre académicos del Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá y la Pontificia Universidad Javeriana con viveristas, productores y comercializadores de la región.

Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cierre del proyecto en Chinauta, Cundinamarca, conversando con los cultivadores quienes explicaron por qué este proyecto se convirtió en un proceso de apropiación social del conocimiento.

Luego de tres años de trabajo (2015 – 2018), productores y distribuidores de orquídeas del departamento de Cundinamarca encontraron que si creaban agremiaciones, intercambiaban especies nativas de estas flores y educaban a la comunidad de provincias como San Antonio del Tequendama y Sumapaz sobre la biodiversidad de la región, podrían potenciar su uso y conservación. No en vano, Fusagasugá, otro municipio beneficiado por la investigación, es conocida nacionalmente como la ‘Ciudad jardín de Colombia’ y el hogar de la Exposición Nacional de Orquídeas que se realiza anualmente.

Estos hallazgos son parte del resultado del proyecto de investigación que presentó la Gobernación de Cundinamarca ante el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías para aumentar el conocimiento sobre las orquídeas en el departamento y orientar a los productores locales sobre su conservación.

Como resultado de la investigación se diseñó un plan de trabajo entre viveristas, productores y comercializadores de la región y académicos con el fin de diversificar el material vegetal usado en el cultivo de sus flores e implementar las buenas prácticas de producción para potenciar su comercialización sin desconocer los marcos normativos.

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El arte de reinventar la fe

El arte de reinventar la fe

Hace unos años, para Mileidys pensar en Dios era pensar en un infierno. La culpa la perseguía permanentemente. Esta mujer desplazada por la violencia entró a los 14 años a la guerrilla, se convirtió en la compañera de un rebelde que la maltrató y violó repetidamente, y ella terminó asesinándolo cuando lo descubrió abusando de uno de sus tres hijos. “Estoy completamente sucia, soy una pecadora. No creo que tenga salvación”.

Cuando la teóloga Susana Becerra escuchó este testimonio y la demoledora sentencia que Mileidys se había impuesto, comprendió el daño que siglos de prédica bíblica cimentada en el pecado y la culpa y no en la compasión y la misericordia pueden ocasionar. Aún está muy arraigada en la sociedad –especialmente en la población más vulnerable– la idea de un Dios juez que castiga o premia y que convalida la sumisión, el dolor y el sufrimiento en compensación al pecado. Para la muestra, un botón: cuando Mileidys le contó a su madre lo que estaba viviendo, ella solo atinó a decirle “aguante, mija, aguante, que para eso es su marido y ese fue el que Dios le mandó”. Además, cuando fue a confesarse tras quedar embarazada como producto de una violación, el sacerdote se negó a darle la absolución por considerarla indigna de ello.

Esta historia de vida es un ejemplo icónico que encontró Becerra en su trabajo con mujeres desplazadas asentadas en Ciudad Bolívar. Lo que empezó hace 14 años como una caracterización de esta población para nutrir el programa Vidas Móviles –creado para apoyar, acompañar y orientar a personas en condición de desplazamiento forzado, incluidas mujeres víctimas de violencia sexual– se convirtió en el sustento de una investigación teológica sobre cuál es la visión que se tiene de Dios en las distintas construcciones sociales y sobre cómo se dialoga con él en medio del drama y la tragedia humanas.

Basada en su experiencia pastoral, en varios estudios y en su propia formación profesional en la Pontificia Universidad Javeriana, Becerra impulsa a vivir una fe que no se dé desde el sufrimiento ni de manera pasiva con la convicción de que el único mandamiento de Dios es el amor, y ante su mirada, el dolor y el sufrimiento son injustificables como mecanismos para acreditar la fe. “El dolor y la muerte nos son inherentes y no los podemos evitar. No me imagino cómo sería la vida sin que existiera la vulnerabilidad en el ser humano, en la que el dolor y el sufrimiento se manifiestan para hacernos crecer y madurar. Pero lo que sí resulta inaceptable es cuando el dolor y el sufrimiento son inducidos o provocados por un poder que se impone: eso no lo quiere Dios”, aclara esta teóloga. “La teología ha estado en manos de los hombres, muchos de los cuales le han dado una orientación machista, pero ya hay una tradición de mujeres biblistas que muestran una mirada diferente, más humana, misericordiosa y transformadora, y cuando las mujeres víctimas de la violencia leen estos textos empiezan a concebir a Dios desde ese punto de vista”, añade, convencida de que la mujer lleva la peor parte en el universo de los sufrientes, más aún si es campesina, indígena o afrodescendiente.

La teóloga Susana Becerra trabajó con mujeres desplazadas de Ciudad Bolívar.
La teóloga Susana Becerra trabajó con mujeres desplazadas de Ciudad Bolívar.

Para Becerra, los hombres y las mujeres no deben adoptar una actitud sumisa ante la palabra de Dios sino comprender su sentido a la luz de las vivencias humanas y, a partir de allí, evangelizar con obras que sean liberadoras. Ella propone rescatar el concepto de hermenéutica de la sospecha propuesto por Elisabeth Schüssler Fiorenza, que cuestiona de manera crítica las afirmaciones de fe que han surgido en distintos contextos culturales en aras de una interpretación más incluyente y misericordiosa.

El aporte de Becerra reivindica la directriz del Papa Francisco de desarrollar una “Iglesia en salida”, es decir, aquella que sale a buscar a quienes sufren, camina con ellos y los ayuda efectivamente a transformar sus vidas. Esta teóloga considera tres planes de acción para ejercer una verdadera pastoral urbana: 1) identificar las principales fuentes de sufrimiento en cada comunidad; 2) que clérigos y laicos, basados en el primer plan, construyan programas de mejoramiento pastoral integrando especialmente la voz y las necesidades femeninas, y 3) que todos en conjunto trabajen para transformar sus realidades.

Esto parecería elemental, pero la realidad demuestra que no es así, y debería serlo tanto en la concepción ideológica del catolicismo como en el papel que debe desempeñar el clero. Pese a que el Concilio Vaticano II cambió radicalmente la mentalidad sobre Dios y la religión, “aún hay sectores de la Iglesia que piensan en un Dios crucificado y castigador que impone dolor en la tierra, donde quienes más sufren podrán ganar más cielo; es una visión masoquista y patológica sustentada por un discurso de poder en el que ‘si usted sufre, yo, como sacerdote, le administro su sufrimiento porque tengo el poder para hacerlo, pero necesito de sus estipendios’”, afirma el jesuita Carlos Novoa, para quien, además, es clarísimo que el cielo y el infierno luchan entre el barro, no en la atmósfera. Esa es la que el Sumo Pontífice llama “la Iglesia encerrada en sí misma”, la Iglesia “burocrática, cortesana y carrerista”.

Para Novoa, director de posgrados de la Facultad de Teología de la Javeriana, el trabajo de Becerra tiene un gran valor en cuanto desarrolla la teología desde la práctica –algo definitivamente atípico en esta ciencia– y porque es una mujer quien lidera esa visión pastoral. “Hay dos tipos de teología: la de salón, que se mete en los libros a jugar con las especulaciones y en la que sus acólitos piensan que su labor es embutirse en el cerebro un poco de conceptos, dogmas y normas para repetirlos como un papagayo, y la evangélica, que se acerca, toca y se empapa de la vida humana con todos sus matices y de ello hace una reflexión teológica”, explica Novoa, y agrega que Dios tiene una sola voluntad y que los cristianos están llamados a una sola obediencia: amar. Eso es, en realidad, el prólogo y el epílogo de la auténtica fe.


Para leer más:

  • § Becerra, Susana. “El reto de reinventar la vida: acompañamiento pastoral a mujeres en la adversidad”. Franciscanum 56, n.° 161 (2014): 263-296.

 


TÍTULO DE LAS INVESTIGACIONES:

  • El desplazamiento forzado: un desafió a la pastoral (sub)urbana
  • Experiencia de Dios en la corporeidad y la sexualidad de un grupo de pacientes de la unidad de Infectología del Hospital Universitario San Ignacio

INVESTIGADORA PRINCIPAL: Susana Becerra
COINVESTIGADORES: Consuelo Vélez, Ángela María Sierra, Carlos Julio Rozo C. M. F., Andrés Rodríguez y Alberto Camargo
Grupo de Investigación Teología y Mundo Contemporáneo
Departamento Centro de Formación Teológica
Facultad de Teología
PERIODO DE LAS INVESTIGACIONES: 2012-2017

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

El árbitro juega de local, ¿mito o verdad?

En el campo 22 hombres corren y sudan sin derecho a equivocarse; los compran, los venden, los prestan a cambio de dinero, y cuando son mayores se retiran. En el campo verde está el ídolo que, con sus gambetas, pies prodigiosos, rapidez inalcanzable y goles eternamente memorables deleita a los hinchas, técnicos, compañeros y rivales. Los seguidores en las gradas, sin ellos el juego no sería el mismo: se casan con un equipo y lo alientan con fervor, saltan, gritan, se agitan, se comen las uñas y esperan el milagro. El director técnico, “el profe”, da instrucciones, advierte de desajustes, grita, trata de tranquilizarse y recompone el orden.

Y luego, en medio de todos, está al que le dicen chulo, tirano, dictador, verdugo y vendido; el amado, odiado y siempre respetado en el campo, el árbitro.

Antes identificados por su unánime vestimenta negra, el árbitro central, con silbato en boca, cronómetro en mano y acompañado por todo un equipo de jueces que custodian las bandas; el arbitraje hoy representa una verdadera profesión con la responsabilidad de tomar decisiones que definen el rumbo de los equipos en cuestión de segundos. No hay tiempo de dudar del silbido que anula el gol de la salvación, tampoco hay derecho a cuestionar la amarilla o la roja que sale del bolsillo, pues sin temblor en la mano y con ímpetu debe ser capaz de imponerla.

En consecuencia, todo esto puede implicar altos niveles de presión para los jueces y tensiones emocionales por la coerción social o motivos psicológicos que pueden influir significativamente en sus decisiones. Así lo demuestra la investigación Referee bias in profesional soccer: Evidence from Colombia (Árbitro parcializado en el fútbol profesional: Evidencia de Colombia), liderada por los profesores Juan Mendoza, de la peruana Universidad del Pacífico, y Andrés Rosas, decano del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes, tras referenciar trabajos académicos de Europa que pretendían estudiar el sesgo arbitral en las grandes ligas profesionales a partir de la medición del tiempo de descuento, identificaron, de la misma manera, el sesgo en la liga profesional de fútbol colombiano, una de las más importantes de Suramérica.

Para lo anterior, hicieron más de 1.600 observaciones que abarcaron todos los juegos de primera división entre 2005 y 2010. “Tomamos únicamente los partidos en los que el equipo local iba ganando por un gol y los comparamos con el tiempo de descuento, controlando así las variables de tiempo agregado tanto al final de la primera mitad como de la segunda, al igual que el número de sustituciones, tarjetas amarillas y rojas, las penalizaciones y los goles anotados. También tratamos de identificar los posibles factores que podían influir en el sesgo, como la importancia del partido, la etapa del campeonato y la violencia de la ciudad local”, explica Rosas.

Sin duda, el árbitro debe tomar decisiones veloces a lo largo del juego que recaen en la subjetividad. “Encontramos que, si el local va perdiendo por un gol, entonces el tiempo de descuento es más largo, mientras que si está ganando por el mismo resultado, tiende a terminar más pronto”, afirma Rosas, quien con su coinvestigador concluyó que la duración del tiempo adicional es de hasta 12 segundos más cuando el equipo de casa va perdiendo.

Sin embargo, la existencia de un sesgo arbitral al extender o acortar el tiempo de descuento no implica, necesariamente, corrupción en el fútbol. Tal sesgo sería una consecuencia de la presión social ejercida por la multitud que, consciente o inconscientemente, afecta las decisiones del árbitro.

“Gratamente encontramos que el sesgo en Colombia es menor. Aquí sí dan más tiempo al local para cuando está perdiendo, entre uno y dos minutos, pero en España estamos hablando de dos o tres minutos más dice Andrés Rosas.

El árbitro no es más que el cuidador del reglamento con un poder absoluto sobre el juego. Imaginar una disputa en el césped sin jueces de por medio, para nuestros días, resulta imposible, pues manifestaciones tan democráticas solo se ven en los ‘picaditos’ de barrio; allí todos se destacan por su nivel de acuerdo, son los jugadores quienes cobran las faltas y penaltis, lo único que está por perderse es la gaseosa y, al que se muestre en desacuerdo, no le queda otra que retirarse. Entre tanto, los intereses que pugnan en el fútbol profesional son muchos: las altas cantidades de dinero de los patrocinios, el deseo de derrotar al rival, el lugar del equipo en la tabla de posiciones, su reconocimiento en el campeonato, el nivel de los jugadores y demás, han hecho que los árbitros sean indispensables en este engranaje.

Los árbitros no son una máquina como lo mencionan los investigadores Rosas y Mendoza: “No utilizan ayudas tecnológicas de manera sistemática, deben tomar decisiones subjetivas”. Pocas veces se evalúan sus decisiones desde lo humano, el arbitraje es una labor incomprendida. Pero qué sería del fútbol sin los árbitros, gran parte de la emoción y el suspenso del deporte está en no poderse anticipar a los resultados, a los imprevistos que puedan presentarse en el campo, los penales dudosos, los polémicos fuera del lugar, la imposición de tarjetas cuestionables. Es la magia y fascinación del juego y el árbitro es una pieza clave para hacer del encantamiento futbolero todo un espectáculo.

Una de las virtudes que requieren los árbitros de fútbol es la ‘personalidad’, defender sus decisiones, interiorizar cada una de las normas que en el reglamento se presentan, administrar la autoridad, no amilanarse ante la presión que el público o el ambiente pueda ejercer y comprender que, si bien como seres humanos pueden equivocarse, tienen que tratar de ser lo más objetivos posible. Sin embargo, “entre las diversas decisiones tomadas por el árbitro, la duración del tiempo de adición debe ser la menos subjetiva”, mencionan Rosas y Mendoza, pues el juego tiene dos mitades de cuarenta y cinco minutos, tiempo suficiente para tener en cuenta las actuaciones en el césped y dictar uno de los últimos fallos en el campo. Los minutos de adición terminan por ser los más intensos, es jugarse el todo por el todo en busca de definir la victoria o la derrota.

Jugar para aprender sobre sexualidad

Jugar para aprender sobre sexualidad

“Yo tenía dificultades de comunicación con mi familia respecto a lo relacionado con la educación sexual. Nunca se abordó el tema de manera profunda, salvo en algunas ocasiones en las que la mayor preocupación de mis padres se concentraba en no dejar a una mujer embarazada y, en caso de hacerlo, repetirme que tendría que dejar mis estudios para ponerme a trabajar y responder por el bebé”, recuerda Juan Pablo Guzmán, comunicador de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y creador de Consexuados.

Estaba por entonces en la última etapa de su carrera y justo acababa de separarse de su compañera de trabajo de grado. Buscando una solución a esta sinsalida, acudió a sus profesores, se reunió con Linda Teresa Orcasita, del departamento de Ciencias Sociales y quien lideraba la investigación “Procesos de comunicación entre padres e hijos adolescentes frente a la toma de decisiones en sexualidad en dos municipios priorizados por el CONPES 147”, a quien manifestó su interés de sumarse al proyecto. La respuesta fue positiva.

“Durante mi participación me di cuenta de que había muchas diferencias entre lo que chicos y padres quieren abordar respecto a sexualidad; los jóvenes se encuentran en un momento de exploración, de dudas, de inquietudes, de comparaciones, mientras los papás tienen un discurso más desde la protección, el autocuidado, una posición muy moral. Descubrimos, además, la existencia de mitos entre los chicos que para ellos era información real, como saltar después de una relación sexual para no quedar embarazados o eyacular por fuera para que no exista peligro, entre muchos más”, explica Guzmán, quien, con este aprendizaje, diseñó una estrategia de Información, Educación y Comunicación (IEC) que sentara a padres e hijos en un espacio común, donde se generara un diálogo real y profundo respecto a temas de sexualidad.

Así nació Consexuados. De acuerdo con las investigaciones realizadas dentro del proyecto, se concluyó que su aporte era valioso dentro de la estrategia de prevención de embarazo adolescente que perseguía el Documento CONPES 147 de 2012, y que derivaría en la Política Nacional de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de 2014.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2015, en Colombia se presentaron 6.108 casos de embarazos adolescentes entre los 15 y los 19 años, los cuales tienen un impacto directo en la deserción escolar en todo el país, que oscila entre el 30% y el 50%. Adicional a esto, se estima que el 52,7% de los casos de VIH se presentan entre los 20 y 39 años de edad.


La puesta en marcha de la estrategia

Aquel objetivo, reunir en un mismo espacio a padres e hijos a hablar sobre la sexualidad, fue, en realidad, el primer desafío al que se enfrentaron los creadores de la estrategia. Cada una de las fases de investigación revelaron dificultades evidentes en los procesos de comunicación sobre sexualidad en familia, dentro de las cuales se destacaban el miedo que sentían los jóvenes para abordar estas temáticas con sus padres por el riesgo a ser juzgados y, por otro lado, la visible evasión para dialogar con sus hijos al respecto.

Por esta razón, Juan Pablo Guzmán pensó que la manera más adecuada para incentivar estos encuentros sería a través de un juego, teniendo en cuenta postulados de la UNESCO y diversas teorías psicológicas que afirman que esta estrategia permite espacios de apropiación reflexiva común, donde se tiene en cuenta qué piensa el otro y en el que los participantes se encuentran en igualdad de condiciones.

La segunda dificultad fue la selección del tipo de juego. Para resolverla, el equipo, compuesto inicialmente por la directora del trabajo de grado y el estudiante, se basó en el parqués.

“Me interesa rescatar los espacios físicos donde nos sentemos padres e hijos a divertirnos, donde nos reunimos a pasar un buen rato. Además, quise distanciarme de las apropiaciones tecnológicas que, en ocasiones, nos alejan más de lo que nos unen; este era un tema en el cual era necesario buscar esta cercanía, promoverla y, en los casos más extremos, crearla, ya que en algunas familias es un rasgo casi inexistente” explica Guzmán.

Adelantó entonces un trabajo colaborativo interdisciplinar  con la perspectiva de las carreras de Comunicación, Psicología y Diseño de la Comunicación Visual de la Javeriana Cali, para crear una estrategia integral que acercara a las familias en torno a un tema considerado tabú y romper las barreras que dificultan la comunicación sobre estos temas.

Fue necesario, adicionalmente, definir las bases teóricas del juego, las cuales están soportadas por los conceptos de Eusebio Rubio, Ph.D en sexualidad humana. “Nosotros entendimos la sexualidad como el rasgo característico de la vida humana, que, de acuerdo con Rubio, tiene cuatro componentes: reproductividad, género, vínculo afectivo y erotismo. Estos son para el juego los cuatro grandes componentes de la sexualidad”, comenta Guzmán.

Generar este tipo de diálogos al interior de los hogares no era tarea fácil, sin embargo, la dinámica propuesta en Consexuados facilita la comunicación entre padres e hijos respecto a sus conocimientos y concepciones sobre la sexualidad, permitiendo el crecimiento y aprendizaje mutuo. Por esta razón, el juego no solo se enfoca en la prevención de embarazos y evitar la transmisión de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) sino que trasciende a temas tan importantes como la diversidad sexual y el autocuidado.

Juan Pablo Guzmán, comunicador de la JAveriana Cali y creador de Consexuados.
Juan Pablo Guzmán, comunicador de la Javeriana Cali y creador de Consexuados. / Cortesía


¿Cómo se juega Consexuados?

El juego va dirigido principalmente a las familias en cualquiera de sus diversas conformaciones:

  • Monoparental: hija o hijo y un progenitor.
  • Ensamblada: hija o hijo, progenitor y su pareja estable.
  • Nuclear: padre y madre de familia, hijo y/o hija adolescente.

Sin embargo, también es posible jugarlo entre un grupo de participantes sin vínculo familiar en tanto cada uno  asuma un rol, ya sea el de padre, madre, hijo e hija.

Todos los participantes deben girar la ruleta uno por uno y, aquel que obtenga la opción “¡Juega!”, iniciará la partida; éldebe girar nuevamente la ruleta hasta caer en una de las casillas que corresponden a las tres categorías de análisis, nombradas así:

  • Qué sabemos: conocimientos sobre sexualidad
  • Qué hacemos: actitudes frente a la sexualidad
  • Qué hablamos: prácticas comunicativas

El juego tiene un total de 150 cartas que se dividen en dos tipos: unas diseñadas para adultos y otras, para los jóvenes; ellas, a su vez, se subdividen en tres colores que corresponden a las categorías mencionadas anteriormente, dando un total de 25 cartas por cada situación.Si la persona que tiene el turno desempeña el rol de joven, un adulto tomará la carta y leerá la pregunta en voz alta y viceversa. Dependiendo de la categoría, quien tenga el turno deberá responderla, hacer una representación (dibujo), cumplir un reto o hablar desde su experiencia personal.

Las tarjetas con preguntas abiertas tendrán una respuesta para explicar el tema si alguien no puede, no sabe responder o falta algún aspecto por mencionar. Si la persona responde correctamente, gana un punto a consenso de todos los participantes en una escala de uno (puntuación más baja)  a tres (la más alta). Si guarda silencio o responde incorrectamente, a consenso del grupo, se le impone una penitencia al participante.

Una vez respondida la pregunta o cumplida la penitencia, otros participantes tienen la posibilidad de responder o compartir su opinión frente al tema tratado, siempre respetando el orden del juego y la opinión de los demás.

Para la continuidad del juego, cuando alguien responda, la persona a su derecha debe hacer girar la ruleta, y así sucesivamente. Existe la posibilidad de que otro adulto del juego pueda preguntarle a un adolescente diferente a sus hijos, y viceversa, de acuerdo al consenso del grupo. Aquel que complete la mayoría de puntos en 10 rondas será el ganador.

Se dispone de un cuadernillo con hojas blancas para escribir los puntos de cada participante  y para utilizarlo las respuestas que requieran dibujar y escribir, al igual que un sobre de color violeta para depositar en él las cartas con las preguntas hechas en cada ronda y garantizar que no se formulen nuevamente.

El pasado 5 de abril, Consexuados fue reconocido por la Javeriana Cali como trabajo de grado meritorio con mención de honor, yen este momento se encuentra en proceso de comercialización a través de la búsqueda de alternativas de financiación para su difusión, como participación en convocatorias de apoyo interno y externo. Adicionalmente, la intención es promoverlo en organizaciones que trabajen sobre los temas de salud y sexualidad en Colombia.

Migración: la experiencia de los niños según los niños

Migración: la experiencia de los niños según los niños

Hasta hace unos veinte años las investigaciones en antropología, las ciencias sociales y de la salud se enfocaban, en su mayoría, en estudios sobre los niños y no con los niños. En general, asumían que no era necesario tenerlos en cuenta en las investigaciones porque, tal vez, eran vistos como un apéndice de las familias: con raras excepciones se les entrevistaba, eran los padres quienes asumían la vocería. Esto pasaba en los estudios indígenas, afros, sobre la violencia y sobre la migración, claro. La caracterización de las migraciones dentro y fuera del país se lograba a partir de la voz de los adultos: de sus experiencias, vivencias y dramas.

A comienzos del siglo XXI las migraciones internacionales de colombianos aumentaron de manera notoria y varios investigadores relacionaron este fenómeno con las rupturas del núcleo familiar. Algunos juzgaron a los hijos de padres en situación de migración como personas abandonadas, peligrosas y perezosas. Se empezó a hablar de esas “malas madres” que los dejaban “botados”; se empezó a hablar de esos padres a quienes solo les interesaba el dinero.

Bajo ese contexto –en medio de ese paraguas “teórico”–, la enfermera y antropóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, María Claudia Duque, decidió realizar su tesis de doctorado en Antropología, sobre migración desde la perspectiva de los niños –en este caso, desde la perspectiva de niños colombianos que vivían en Tampa, Florida, en Estados Unidos–. Gracias a esa decisión –no bien vista por algunos colegas–, desde hace unos quince años Duque se convirtió en una de las primeras investigadoras del país y de América Latina que vio a los niños como agentes que influyen y construyen realidades sociales; o sea, como informantes claves para comprender la cultura.

En su tesis doctoral de 2004 –Colombian Immigrant Children in the United States: Representations of Food and the Process of Creolization­– Duque concluye que los niños migrantes son agentes y actores capaces de construir identidades que se expresan en sus prácticas y gustos alimentarios.

Después del doctorado Duque volvió a Colombia y analizó, a través de entrevistas individuales y grupales, y encuestas, las experiencias de varios niños de Risaralda y Bogotá en circunstancias de migración parental. Descubrió que ellos son agentes que, aunque comparten realidades comunes con ciertos miembros de las familias, viven sus experiencias propias. Descubrió que la mayoría de niños entiende la migración de sus padres, a pesar de ser una situación difícil y dolorosa, como un sacrificio para el bien de toda la familia –incluyéndolos. Y lo anterior, desde la mirada de ellos, a veces vale la pena, a veces no, todo depende de la edad del niño, de qué padre se ha ido –si es uno, si son los dos, si es una madre cariñosa, si no lo es. También depende de los cuidadores que se encargan de su cuidado –si lo tratan bien– y, desde luego, depende de las estrategias para mantener los vínculos afectivos –las remesas, regalos que recibe desde el exterior, llamadas, fotos… Duque demostró que los niños colombianos viviendo migración parental no son hijos abandonados, imaginario que aún perdura entre algunas oenegés, medios de comunicación e investigadores sociales–.

“Las narrativas de los niños en su mayoría no hablan de rupturas, sino de transformaciones y formas familiares diferentes a la nuclear (padre, madre, hijo) (…) Los niños viviendo situaciones de migración parental pueden ser al mismo tiempo poderosos e impotentes miembros de sus familias”, escribió la investigadora en su artículo Niños colombianos viviendo migración parental, en 2011.

“Las investigaciones de María Claudia sobre migración con niños fueron innovadoras y respondían a una necesidad investigativa que, hace diez años, pocos asumían por sus grados de dificultad –no es nada fácil trabajar con niños de seis años para adelante”, dice William Mejía, economista y Magíster en Migraciones Internacionales, profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira y coordinador de la red sobre migraciones Latinoamericanas, Colombiamigra.

Lo de María Claudia Duque ha sido una brega por romper estereotipos y evidenciar mundos complejos que no se pueden representar, simplemente, con un “pobrecitos” o un “malos padres”. Eso de que la migración es un hacha que corta raíces, bueno, no es tan cierto, no es tan negro ni blanco. Las conclusiones de sus estudios no son maniqueas y abordan el tema desde su complejidad… Y esa complejidad tiene una intención: deconstruir los estereotipos y los prejuicios, y, así, delimitar los problemas, definir las acciones de intervención y políticas sociales: “La investigación tiene que ser política”, dice la investigadora, y concluye: “Sí. Tiene que ser política, mas no politizada ni manipulada”.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Migración y niñez (serie de investigaciones desde 2003 hasta 2011).
INVESTIGADOR PRINCIPAL: María Claudia Duque Páramo.
Facultad de Enfermería – Departamento de Enfermería en Salud Colectiva – (Profesora jubilada).
PERÍODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2003 – 2011.

La educación no salva a las niñas

La educación no salva a las niñas

Las cifras surgían, danzaban en la pantalla, y como datos fríos se reproducían sin el menor interés de la gran tragedia que estaban confirmando: ser niña en Colombia es una desventaja. Eso lo tiene claro Luz Karime Abadía, economista, doctora en análisis y políticas económicas y profesora asociada de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, quien aporta evidencia para entender que a las niñas en Colombia les va tan mal que ni siquiera la educación puede considerarse una tabla de salvación.

Lo demuestra en su investigación Brechas de género en el rendimiento escolar a lo largo de la distribución de puntajes: Evidencia pruebas Saber 11, realizada en conjunto con la profesora javeriana Gloria Bernal, en la cual aplicaron estimaciones econométricas sobre los resultados de las pruebas oficiales, que todos los estudiantes de secundaria realizan en Colombia para acceder a la educación superior. Su resultado confirmó una verdad incómoda, reconocida en el exterior pero subvalorada en el país: las niñas tienen peores puntajes que los niños en las pruebas que definen su futuro profesional.

“Encontramos que las brechas de género no son homogéneas a lo largo del país, hay departamentos donde son mucho más grandes, otros donde no hay diferencia y los demás, que son muy pocos, donde a las niñas les va mejor en matemáticas y en ciencias”, explica Abadía.

Su interés por el tema surgió hacia 2013, cuando cursaba su doctorado en la Universidad del País Vasco. Analizando las conclusiones de las pruebas PISA aplicadas en 2012, se interesó en ahondar en una verdad de las pruebas estandarizadas según la cual a las mujeres les va peor en matemáticas y ciencias porque su gran fuerte es el lenguaje. Una primera consulta en la bibliografía le permitió encontrarse con trabajos de psicólogos como Kim Cornish, Diane Halpern o Ann Gallagher, según los cuales existe una predisposición biológica en el cerebro femenino que lo hace diferente al masculino en lo que concierne a su funcionamiento, los patrones cognitivos y las habilidades viso-espaciales.

Pero había algo que no cuadraba: aquella brecha era significativamente menor (incluso no existía) en los países desarrollados, como los escandinavos, que habían implementado políticas de género para erradicar las diferencias abismales en el mercado laboral o en la educación. Al analizar los datos existentes, esa distancia entre niños y niñas se ampliaba en los países en vía de desarrollo, en especial en los latinoamericanos, lo que la llevó a consultar la obra de sociólogos, antropólogos o economistas, como David Baker, Catherine Riegle-Crumb o Roland Fryer Jr., donde se aseguraba que el potencial de las niñas se consolidaba bajo sociedades igualitarias.

Aquella pista le indicó que el de Colombia podía deberse, ante todo, a una cuestión cultural. “Desde pequeños nos condicionan con qué jugar: las niñas con muñecas y los niños arman y desarman Legos”, asegura, resaltando que el mensaje es tan poderoso que se va replicando en aspectos trascendentales como la escogencia de una carrera profesional: “La sociedad condiciona sus elecciones, y terminan preguntándose por qué tienen que ser tan buenas en matemáticas si van a estudiar otra carrera”.

Un primer artículo, redactado como parte de su tesis doctoral sobre brechas de género en la educación y salarios, vio la luz en 2014, pero algo le decía que no era suficiente para indagar sobre esta tragedia. Un año después, ya como parte del grupo de investigación en Política Social del departamento de Economía de la Javeriana, ganó una convocatoria del ICFES para promover la investigación de sus bases de datos. El grupo se decantó por analizar el examen de entrada a la educación superior: “A diferencia de PISA, las pruebas Saber 11 permiten saber qué es lo que pasa en cada departamento”, explica Abadía.


Una confirmación preocupante

La primera parte de la investigación se basó en un análisis descriptivo de las pruebas Saber 11 aplicadas en 2014 a 504.085 estudiantes, de los cuales 54,4% fueron niñas. Por medio de una operación simple, la resta de promedios, se pudo evidenciar que, en el puntaje global, los niños obtuvieron 5,8 puntos más que sus compañeras; un resultado similar se obtuvo en las pruebas de matemáticas (2,2) y ciencias (2,9), ambas favorables a los alumnos, mientras que el lenguaje el resultado es positivo a las niñas por una diferencia mínima: 0,64 puntos.

“Nuestra brecha es la peor en matemáticas frente al resto de países del mundo”, asegura Abadía, y apunta a que la situación pasa de castaño a oscuro cuando se habla de la competencia de lenguaje: “Algo está pasando con las niñas en el país, pues, en las pruebas que les favorecen, son las colombianas las que tienen la menor ventaja frente a los niños en el mundo”.

Para poner este punto en perspectiva, el análisis que la OCDE y la Fundación Santillana realizaron de las pruebas PISA 2015 (las de aplicación más reciente) sostiene: “En el conjunto de los países que participaron en PISA, el rendimiento promedio en lectura de los chicos es inferior al de las chicas. Sin embargo, en los diez países iberoamericanos analizados en el presente informe, excepto la República Dominicana, la brecha es menor que en el conjunto de los países de la OCDE en promedio”.

A simple vista, se podría inferir que esta diferencia de género se puede rastrear fácilmente por la calidad de educación, y señalar a las ciudades capitales como las de menores distancias entre niños y niñas, pero, de nuevo, se trata de una suposición equivocada: la quinta peor brecha de género es la de Bogotá, Antioquia tiene la décima, el Valle del Cauca se queda con la décima quinta y Atlántico, con la vigésima octava. Solo cinco departamentos muestran una distancia favorable a las niñas en el país: San Andrés, Guainía, Vichada, Magdalena y Chocó (ver gráfico).

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El liderazgo
insular, no obstante, tendría matices: “Necesitaríamos más información para analizarla, pero es posible que exista una baja cobertura porque los jóvenes dejan la educación para trabajar y rebuscarse la vida. Así, es posible que aquellas niñas que no desertan durante el bachillerato sean las de mejor rendimiento académico, sesgando la muestra”.


Las cifras frías

“Solo restar los promedios no es una buena medida, es solo un indicio”, explica Abadía, como un preámbulo de lo que significó la siguiente parte de su investigación: “Las diferencias en el rendimiento dependen de muchas variables, como la educación de los padres, si se estudia en colegio público o privado, si se vive en área rural o urbana, si se estudia en la capital o en otro lugar, la composición de la familia (si el hogar es disfuncional o con papás separados, o si vive con familiares no familia nuclear)”.

Para controlar todas las variables que pudieran explicar las razones de esta desigualdad entre géneros, los investigadores aplicaron técnicas econométricas como la de mínimos cuadrados ordinarios (para hallar criterios poblacionales) o la regresión cuantílica (para determinar las distancias entre grupos de resultados). Así fueron saliendo a la luz otros datos que generan escalofríos, por ejemplo, que en los puntajes altos, considerados como los mejores, las niñas obtienen 13 puntos menos que los niños; en los medios, esa distancia baja a seis puntos; y en los bajos, no hay diferencia considerable. Esto indica que entre mejor desempeño académico se tenga, mayor es la brecha de género.

El análisis iberoamericano de PISA 2015 ofrece una interpretación: “Las niñas en los países iberoamericanos refieren mayores niveles de ansiedad que los chicos al abordar la materia de las matemáticas y una menor confianza en su capacidad para resolver con éxito los problemas matemáticos. Estos sentimientos negativos, que a menudo se originan en los estereotipos respecto a las asignaturas «masculinas» y «femeninas», pueden desalentar a las mujeres jóvenes que son capaces y están interesadas en las matemáticas o las ciencias, en cuanto a la opción de emprender diversas carreras en el ámbito de las ciencias, la tecnología o la ingeniería”.


El origen de la desventaja

El análisis de los datos regresó a Abadía a sus años de colegio en Arauca, la capital del departamento homónimo (su investigación arrojó que allí es donde se encuentra la peor brecha, por encima del 10%). Aún mantienen vivo el comentario que uno de sus profesores solía hacerles a ella y sus compañeras cuando se equivocaban en alguna respuesta: “Niñas, la cabeza no es solamente para ponerse moños”.

Es en este tipo de estereotipos donde se originaría la razón de las abismales diferencias entre sexos. Los estereotipos masculinos se van inculcando desde pequeños, señalando verdades culturales que, por la edad, parecen irrefutables, como que las niñas son débiles y los niños fuertes; ellas tienen su lugar en la casa y ellos deben salir a trabajar. “Los llanos son una región muy machista, y suele escucharse que los padres se esfuerzan por mandar el niño a la universidad, pero que la niña aprenda a cocinar, que debe conseguirse un buen marido y ya”, dice.

Aunque se antoje una realidad lejana, en el día a día tiene implicaciones serias sobre el rol que tienen las mujeres en la vida laboral. “A pesar de los avances conseguidos en términos de equidad, sobre los hombros de la mujer sobre los hombros de la mujer continúa estando mayoritariamente el cuidado del hogar, y ahora se suma que debe aportar económica y profesionalmente a la sociedad” explica Félix Antonio Gómez, decano de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, quien agrega: “Eso, además de generarles una sobrecarga, no les permite a las mujeres definir un horizonte claro desde y para ellas mismas, ni les facilita tomar decisiones frente a su futuro”.

A veces, simplemente, no tienen otra opción. Sobre todo cuando se considera que las pruebas Saber 11 son el pre-requisito no solo para entrar a la educación superior, sino para acceder a becas y programas de apoyo, como Ser Pilo Paga, que garantiza la entrada a las mejores universidades del país y ayuda a financiar el costo de una carrera profesional, pero un puntaje tan desfavorable pone a las estudiantes muy lejos de las llamadas carreras STEM: todas las relacionadas con las ciencias, las matemáticas, la tecnología y la ingeniería. “Está demostrado que son las carreras que tienen los mejores salarios promedio en el mercado laboral, que son las que se necesitan para hacer doctorados de relevancia e innovación”, explica Abadía.

De esta forma se está condenando a las niñas colombianas a una vida por debajo de su mayor potencial, porque esas diferencias difícilmente se superan cuando ejercen su profesión. “En proporción, las mujeres que se gradúan de pregrado son un 52% frente a los hombres, pero eso cambia cuando deciden hacer estudios de posgrado en carreras científicas. Ahí, inmediatamente, cambian las cifras y comienza a aumentar el número de hombres”, explica Ángela Camacho Beltrán, doctora en Física, profesora de la Universidad de los Andes y presidenta de la Red Colombiana de Mujeres Científicas.

Su experiencia laboral está en el campo de la investigación, en el desarrollo de proyectos de innovación científica y tecnológica, y en ese campo ha comprobado que las mujeres parten con desventaja: “Las posiciones altas a nivel administrativo y los cargos de responsabilidad y de dirección son, generalmente, de hombres. Hay muy poquitos grupos de investigación dirigidos por mujeres porque ellas le pueden dedicar menos tiempo al trabajo de investigación, precisamente, porque tienen que responder en la casa por un número de tareas que se les ha asignado desde que son niñas. Y eso hace que, en el trabajo, prefieran tomar responsabilidades de segunda y tercera categoría. Pueden hacer un trabajo muy bueno pero nunca serán jefes de laboratorio”.


¿Hay alguna salida?

A la hora de discutir, pensar, proponer una solución a este problema, todo apunta a una quimera: se necesita un cambio cultural profundo en la sociedad colombiana. Uno que le enseñe a los hombres que las mujeres, primero, pueden aportar a la par de ellos; segundo, que las tareas del hogar no están condicionadas a un género y no pueden ser la excusa para hacer un estudio de posgrado; y tercero, que la educación es un elemento tan valioso como para dejar a la mujer a un lado.

De allí que sea vital eliminar los estereotipos que, en el subconsciente colectivo, rebajan el papel femenino en la sociedad. “Es muy importante resaltar el papel de mujeres sobresalientes. Eso hace la diferencia porque es un mensaje que cala en las niñas; en un modelo de roles aspiracionales, las niñas quieren ser como ellas, imitarlas”, señala Abadía. En su investigación encontró que el 52% de las madres de quienes presentaron las pruebas Saber 11 en 2014 estaban dedicadas a las labores domésticas, mientras que el 98% de los padres tenían un trabajo fuera de casa.

A nivel del sistema educativo, es vital empoderar la figura del profesor, seguir pasos como los de Finlandia donde los salarios más altos de destinan a los docentes y se les exige que tengan, mínimo, maestría obtenida en las mejores universidades del mundo. La experiencia escandinava ha demostrado que los mejores profesionales forman a los estudiantes sin estereotipos de género que incidan, más adelante, en desventajas educativas. O que desemboquen en desigualdades profundas al interior del hogar, en aspectos como la división de las tareas domésticas o las responsabilidades financieras.

De hecho, es en este campo en donde se concentra buena parte del trabajo de la Red de Mujeres Científicas. “Con las niñas de Quinto a Once, hemos hecho actividades en colegios privados para motivarlas, para que no generen miedo hacia las ciencias y las matemáticas, para que sigan por ese camino y se convenzan de sus capacidades. Estamos tratando de hacer un convenio con la Secretaría Distrital de la Mujer, en Bogotá, para extenderlas a los colegios distritales”, cuenta Camacho, y explica que su iniciativa está adscrita a la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Su trabajo también se enfoca en las universitarias, a quienes les enseñan a estructurar proyectos de investigación y a someter sus resultados en publicaciones científicas, además de asumir los ambientes laborales en igualdad de condiciones. “La mujer siempre tienen la sensación de que tiene que ser perfecta. Y, como no puede lograr hacerlo todo perfecto, no pelea para que su salario sea bueno”, explica.

También los expertos recomiendan promover políticas y legislación que favorezcan a las mujeres, como la posibilidad de ascender en los escalafones dentro del sector académico o que les facilite el ascenso laboral en otros campos cuando hay niños pequeños. Medidas como las guarderías en el sitio de trabajo o una ley mucho más favorable cuando se está en embarazo o se tienen hijos recién nacidos, puede impulsar a que las mujeres desarrollen su máximo potencial profesional.

Parecen pasos pequeños, pero los separa un inmenso abismo. Basta mirar las cifras de Medicina Legal para encontrar que, en 2016, el 59,13% de los casos de violencia intrafamiliar se produjo hacia las mujeres, quienes también fueron víctimas del 86% de los casos de violencia de pareja y del 73,98% de los de delito sexual.

En casa está la respuesta para que Colombia deje de ser ese país donde ser niña es sinónimo de una tragedia diaria y un futuro desolador.

Reformas puntuales para un mejor análisis

Reformas puntuales para un mejor análisis

Desde hace dos semanas, más de 8.500 estudiantes están dando una batalla silenciosa por mejorar el reconocimiento de Colombia a nivel internacional. A la par que el neurocirujano Roberto Llinás daba una multitudinaria conferencia en la XXXI Feria del Libro de Bogotá o Francia Márquez –la lideresa afro que ganó el Premio Ambiental Goldman, conocido como el ‘Nobel verde’, por su lucha social contra la minería– denunciaba amenazas contra su vida, esta multitud de jóvenes, estudiantes de colegios públicos y privados, comenzaba a representar al país en la edición 2018 de las Pruebas PISA, con las cuales se mide el nivel de calidad del sistema educativo colombiano frente al de más de 80 naciones en el mundo.

Su aplicación se inició el pasado 23 de abril y se espera que al 18 de mayo (día programado para su término) hayan participado, según datos del Ministerio de Educación Nacional (MEN), 8.539 estudiantes de 250 colegios elegidos en 25 departamentos y el distrito capital. Subir en la escala, a primera vista, es responsabilidad de niños y niñas que no superan los 15 años de edad.

Colombia participa desde 2006 en estas pruebas internacionales de carácter trienal promovidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, ver infografía). Los resultados de 2015 ubicaron al país en el puesto 57 entre 72 países participantes, siendo el colombiano el sexto sistema educativo con los más rápidos avances en la calificación. Por ejemplo, solo en la prueba de ciencias, se obtuvo una mejoría de 28 puntos frente a aquella primera prueba.

Sin embargo, este desempeño aún se mantiene alejado de los mejores resultados, incluso del promedio de la prueba o, para no ir tan lejos, de los estándares latinoamericanos, pues los resultados colombianos fueron los quintos mejores en la región.

Análisis Ed R

El desempeño se mide de acuerdo con tres áreas básicas que componen el núcleo de las pruebas PISA: ciencias, matemáticas y lectura (cada tres años se hace énfasis en una de ellas). Asimismo, se miden otros aspectos de tipo cualitativo, como el desempeño entre niños y niñas, la habilidad colaborativa para resolver problemas o la ansiedad de los estudiantes frente a las responsabilidades académicas, entre otros. En todos ellos pueden rastrearse las razones de peso que explican la distancia del sistema educativo colombiano con relación a otros países:

  • Los estudiantes provenientes de familias con menores ingresos tienden a no terminar el bachillerato.
  • Los mejores resultados en ciencias son de estudiantes de los colegios de estratos altos, con los laboratorios mejor dotados.
  • Colombia es el segundo país, detrás de Argelia, con el porcentaje más alto (43%) de estudiantes que perdieron año en primaria o secundaria.
  • Solo el 11% de los estudiantes con desventajas económicas pueden sobreponerse a esta situación y consigue mejores notas académicas.
  • El 6% de estudiantes colombianos no ve una clase de ciencias a la semana.
  • 24% de los estudiantes colombianos está matriculado en un colegio privado. Este porcentaje se encuentra por encima del de la OCDE, pero muy por debajo de países como Chile (63%) y Perú (31%).


Cuestión de estrategias

Los resultados de aquella prueba se hicieron públicos a finales de 2016 y la mayoría de las críticas se centraron en el bajo rendimiento de los estudiantes colombianos. Por ejemplo, el economista Ángel Pérez Martínez, investigador en temas educativos, resaltó la desventaja de los resultados nacionales en el área de ciencias: “El 49% no alcanza los resultados mínimos básicos para aprovechar el conocimiento cotidiano y los procedimientos elementales para identificar una explicación científica apropiada, así como interpretar los datos e identificar un diseño experimental simple. Tampoco pueden utilizar el conocimiento científico común para identificar una conclusión válida, a partir de un simple conjunto de datos y menos ser capaces de identificar preguntas que podrían ser investigadas científicamente”.

Quizás anticipando las críticas, Gina Parody, por entonces ministra de Educación, inició la entrega de material educativo en lectura y matemáticas basado en los modelos educativos de Singapur, Corea del Sur y Chile. La iniciativa distribuyó alrededor de 6 millones de libros, “adaptados al contexto colombiano”, en más de 4.000 colegios oficiales (según datos del DANE, en el país hay alrededor de 46.000 instituciones educativas públicas). “Estos nuevos textos marcarán la diferencia en el proceso educativo de nuestros estudiantes”, afirmó la funcionaria en marzo de 2016.

Simultáneamente, y desde inicios de la actual década, desde el MEN se han implementado diferentes programas para elevar el rendimiento escolar, principalmente en las instituciones educativas públicas, tales como:

  • Jornada única: En 2015 se extendió por dos horas la jornada escolar, buscando que los estudiantes invirtieran ese tiempo adicional desarrollando contenidos académicos. Según proyecciones del Gobierno, se buscó que 2,3 millones de niños estuvieran matriculados bajo esta modalidad para 2018.
  • Programa Todos a Aprender: Desde 2011 se implementó este programa para mejorar las prácticas pedagógicas y didácticas de los profesores de Transición a Quinto. Funciona con tutores que evalúan constantemente las competencias de los docentes; los datos oficiales muestran que, entre 2012 y 2017, abarcó 843 municipios y acompañó a 109.357 maestros (70% de establecimientos rurales).
  • Programa Supérate con el saber: Implementado desde 2012, evalúa constantemente las habilidades en matemáticas y lenguaje a partir de recursos digitales e interactivos. En 2017 participaron 1,6 millones de estudiantes de 1.023 municipios (desde este año incluye a alumnos de Segundo a grado Once).
  • Plan Nacional de Lectura y Escritura: En 2010 los Ministerios de Educación y Cultura crearon una estrategia para que los estudiantes incorporaran la lectura y la escritura en su formación. El programa incluye desde el fortalecimiento de las bibliotecas en colegios públicos hasta la formación de tutores de lectura, e incentiva la participación estudiantil en concursos nacionales de cuento.

Al ser consultados sobre estas iniciativas para mejorar la educación en el país, voceros del MEN le dijeron a Pesquisa Javeriana: “Los programas que adelanta el Ministerio buscan mejorar la calidad del sistema educativo del país y constituyen estrategias que están relacionadas con mejores desempeños en pruebas nacionales e internacionales, puesto que favorecen el desarrollo de distintas competencias de los estudiantes”.

Sin embargo, desde la Academia se ha criticado la eficacia de este tipo de iniciativas y su forma de implementación. “¿Es suficiente para entrar a la OCDE? No”, comenta Félix Antonio Gómez, decano de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. “Habría que analizar y estudiar esos resultados de las pruebas PISA con miras a un proyecto educativo de nación que aún no tenemos. Nuestro gran problema es que, en educación, seguimos teniendo políticas de Gobierno pero no de Estado. Más allá de haber mejorado o no, esos resultados deberían servirnos para definir una política de Estado. El que hayamos progresado no nos está diciendo mucho de si realmente eso es beneficioso, en especial con miras a un proyecto de país”.

Sobre este tema, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales ha resaltado la importancia de realizar un cambio profundo en la educación con medidas como vincular la educación a los planes de desarrollo nacionales y regionales, articular todos los niveles de educación con el sistema de ciencia y tecnología, renovar los modelos pedagógicos, garantizar una reforma curricular, reformular la política de formación de docentes, entre otras medidas.

Sus propuestas no solo buscan mejorar la calidad educativa en el país, también elevar el estatus de la ciencia y la tecnología para garantizar un mejor desarrollo económico de cara al postconflicto.

Análisis Ed Infograf


Las pruebas de 2018

Los programas implementados desde el Gobierno parecen encaminados a mejorar áreas puntuales del conocimiento, especialmente las evaluadas en la prueba PISA. Sin embargo, al ser consultado sobre este tema, el MEN respondió: “Según la OCDE, no se entrenan o preparan a los estudiantes para la presentación del estudio internacional PISA. Sin embargo, el organismo internacional permite la realización de estrategias para motivar a las instituciones y estudiantes en la presentación de estas pruebas”.

Concretamente para la de este año, donde la prueba de lectura será la que se evaluará con mayor énfasis, el MEN lanzó la “Selección Colombia PISA Fuerte”, un programa en alianza con la Fundación Carlos Slim, Claro Colombia, Computadores para Educar y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). El objetivo es familiarizar a los estudiantes seleccionados por la OCDE con la aplicación y respuesta de PISA; el eje central se basa en Prueba T, un aplicativo digital, donado desde México, para que los alumnos seleccionados mejoren sus capacidades de respuesta.

“Así como el fútbol conecta a todo Colombia, también lo hace la educación. Es un mensaje claro de que las selecciones nacionales unen a los países en torno a una meta y generan pasiones que hacen vibrar a la población, y eso representan los estudiantes que hacen parte de la prueba PISA. Este equipo de la educación está jugando por el país en las grandes ligas”, destacaron los voceros del MEN, cuya estrategia busca motivar a los alumnos utilizando como telón de fondo la participación del país en el Mundial de Fútbol Rusia 2018

Sin embargo, estos esfuerzos, aunque apuntan hacia un resultado concreto, podrían tener un alcance mucho más limitado de lo que se espera. “Como se aplican de forma aleatoria en un rango de edad, se puede esperar una mejora mínima”, dice el decano Gómez. “Pero, insisto, la mejora sería definir qué vamos a hacer con esos resultados, cómo hacer para que el maestro pueda participar en su interpretación. Si bien las facultades de Educación hemos tenido una voz en la discusión de esos resultados, no ha sido escuchada, y tenemos que generar más debate y más análisis”.

Posturas aparte, lo cierto es que hoy la responsabilidad de demostrar que tan preparados están los estudiantes colombianos recae sobre los más de 8.500 seleccionados que están presentando las pruebas PISA. Sin duda, llegan mejor preparados y puede que sus resultados sigan ampliando la mejoría del país en la medición. Pero es injusto depositarles esa colosal tarea solo a ellos.

Este año, y a partir de los resultados de 2015, la OCDE, en conjunto con la Fundación Santillana, publicó el estudio Competencias en Iberoamérica: Análisis de PISA 2015, con el que pretende ir más allá de los puntajes de la prueba para analizar el contexto de la educación en la región. Su recomendación es perseguir dos objetivos esenciales, garantizar el acceso a una educación de calidad y elevar las tasas de culminación de estudiantes graduados en secundaria, los cuales pueden alcanzarse mediante:

  • El aumento de la cobertura y la calidad educativas en los primeros años formativos (de Pre-Kínder a Transición) y en la primaria, especialmente en los entornos con mayores dificultades socioeconómicas.
  • Introducir programas para prevenir la pérdida del año académico y la deserción escolar.
  • Prestar mayores ayudas a los estudiantes de entornos socioeconómicos desfavorecidos para que permanezcan dentro del sistema educativo.
  • Reducir las distintas brechas académicas (de inversión en material escolar, instalaciones, preparación docente, etc.).
  • Elevar las expectativas de los estudiantes frente a sus logros académicos.

En síntesis, una labor más consciente por parte de la política pública y del Estado frente a su sistema educativo, que busque mejorías de fondo y no simplemente progresos en la medición del conocimiento impartido a sus estudiantes.


No se pierda los próximos 9 y 11 de mayo los artículos complementarios de nuestro informe especial a raíz de las pruebas PISA 2018. Acceda aquí a nuestra infografía en alta calidad.

La participación: clave en manejo de recursos naturales

La participación: clave en manejo de recursos naturales

Sin agua no hay bosque y sin bosque no hay alimento. Eso lo han sabido las comunidades ancestrales por cientos de años, al tiempo que reconocen la importancia de la biodiversidad y la utilizan en su cotidianidad. Pero el mundo cambia, sus territorios entran a formar parte de estructuras políticas, sociales y económicas y la relación dinámica del ser humano con la naturaleza se transforma. Entonces surge la necesidad de llegar a acuerdos de manejo con las instituciones públicas y privadas presentes en los territorios.

Los consejos comunitarios de las comunidades negras del bajo río Calima y del alto y medio Dagua, habitantes del Pacíficosur colombiano, se unieron a un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana para buscar modelos de administración de los recursos naturales, principalmente de toda la biodiversidad y los ríos que nutren sus territorios, amenazados como están por diversos conflictos socioecológicos, como la extracción ilegal de madera y de minerales, la caza,la sobreexplotación del bosque y la pesca y el desarrollo de infraestructura, así como por la presencia de cultivos ilícitos y de grupos armados al margen de la ley.

Durante tres años, los nativos –actuando como coinvestigadores– y académicos fueron conversando, exponiendo sus conocimientos, planteando problemas y sus posibles soluciones, para poder llegar a modelos comunitarios de gobernanza y gestión de los recursos del bosque, de cara a la creciente demanda que jalona su uso y a los efectos del cambio climático. Los consejos comunitarios tienen la responsa bilidad legal de administrar de manera autónoma sus territorios, que les fueron entregados por mandato de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993, y lo deben hacer adaptándose a las presiones externas, tarea que no ha sido fácil.

Inmersos en estas preocupaciones, la construcción de la doble calzada Buga-Buenaventura les puso una prueba, de la que las comunidades salieron victoriosas. En un trabajo conjunto entre las comunidades y la Pontificia Universidad Javeriana, estas se capacitaron en manejo técnico de sus recursos naturales y en fortalecer su organización y los javerianos tuvieron la oportunidad de conocer cómo estaban conformados los consejos comunitarios, con sus dinámicas y culturas de administración, de modo que cuando se citaron las consultas previas estos ya estaban empoderados para enfrentar las negociaciones.

“Qué más que uno mismo, siendo dueño de los territorios, pueda hacer las cosas a conciencia, como debe ser”, dice Lucila Martínez, líder del Consejo Comunitario del alto y medio Dagua y parte de su grupo ambiental. “Nosotros ya teníamos la capacidad técnica para hacer el establecimiento de las parcelas y no hubo que traer gente de otra parte a hacer el trabajo”, dice, reconociendo las capacitaciones recibidas, así como un curso del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y el apoyo de laFundación Fundapav. Así que la recuperación de todas las áreas forestales afectadas por la construcción de la vía fue una tarea hecha “conciencia” por las propias comunidades y lo mismo se hizo con las parcelas reforestadas.


Consejos comunitarios, estructuras socioecológicas complejas

En esos espacios de liderazgo, las comunidades crean “unas estructuras organizacionales que les permiten mejorar sus niveles de bienestar y los medios de vida que administran en esos entornos, para lo cual necesitan del bosque y de los recursos naturales”, explica César Ortiz, ingeniero, experto en desarrollo rural y planeación regional, profesor y director del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, y añade que “las estructuras ecológicas que encontramos en el Pacífico y las estructuras sociales no se pueden separar, tienen una racionalidad que se ha venido construyendo hace cientos de años”.

Recursos Pacífico 1
Los nativos del suroccidente de Colombia y los profesores javerianos buscan un modelo para el manejo ecosostenible de los recursos naturales.

No ha sido una tarea fácil para las comunidades, porque no tienen presupuesto para dedicarse a pensar en un modelo de manejo que las blinde de las adversidades y les solucione su diario vivir. Por ello, en acuerdos de colaboración, buscaron conjuntamente llegar a un modelo que les facilitara el manejo ecosostenible de los recursos naturales que encuentran en sus territorios. Por esta vía, llegaron a consensos sobre la forma de adelantar el proyecto y sobre la estructura ideal para el manejo, por ejemplo, involucrando a los jóvenes para que participaran y aprendieran a hacer investigación. “Recibimos como parte del equipo de investigación a 15 jóvenes entre mujeres y hombres, los capacitamos en elementos básicos de conocimiento para poder abordar la investigación a través de cursos en métodos de participación e investigación, sobre sistemas socioecológicos para que adquirieran las habilidades necesarias y entraran a trabajar a la par como coinvestigadores”, continúa Ortiz.

Entre todos hicieron encuestas, trabajo de campo, recolección, sistematización e interpretación de datos, para construir conocimiento conjuntamente, basados en la adaptación de dos técnicas recientes en el campo de la administración de recursos: el análisis constructivo y el manejo de escenarios. Se logró comprender que es necesario hacer el análisis desde una perspectiva sistémica, donde, a partir de las diferentes variables que inciden en una situación, se piensa en los posibles escenarios o proyecciones de futuro.

“Qué más que uno mismo, siendo dueños de los territorios, pueda hacer las cosas a conciencia, como debe ser”.
Lucila Martínez, líder de Consejo Comunitario del Alto y Medio Dagua y parte de su grupo ambiental.


El camino de la investigación

El primer reto fue involucrar a las comunidades en el ejercicio, si bien ya tenían un camino recorrido en trabajos previos adelantados por colegas. El segundo consistió en identificar las variables que inciden en el sistema socioecológico, para lo cual todos se internaron en el bosque para entender cómo lo usan y de qué manera lo transforman. El tercer reto exigió ver de qué manera esa “creación de escenarios afectaba el proceso de toma de decisiones” y qué impacto podría generar. Identificaron diferentes elementos de gobernanza, como el ‘conocimiento ecológico tradicional’, que se transmite de generación en generación, como por ejemplo cuándo cazar a cuál especie.

“Eso les ha permitido crear unas instituciones muy específicas que se reflejan en esa dimensión política, en términos de orientaciones, de normas, de condiciones para poder utilizar esos recursos naturales; por ejemplo, tener presente que cierta especie no se puede cazar durante cierta época del año, porque en ella sucede la reproducción; o sea que, si usted la caza, la está afectando”.

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También identificaron la necesidad de reforzar escuelas de líderes jóvenes que permitan continuar con el legado de las propias comunidades. Finalmente, insiste Ortiz, es necesario reconocer todo ese conocimiento que la gente ha venido creando en el campo. “No solo aplaudirlo, sino reconocerlo”, dice. “Solamente de la conjunción de esas dos formas de conocimiento, la que viene por el lado tradicional y la que viene por el lado formal de la academia, nos permitirá reorganizar de nuevo el papel de la ciencia”. Lucila reconoce la importancia de ese diálogo de saberes: “Yo creo que fue de parte y parte: que nosotros aprendimos en las capacitaciones y nos fortalecimos, pero también les dimos a conocer a ellos cómo funcionaba un consejo comunitario”.


Proyecto trinacional

El proyecto fue financiado por el Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea y contempló tres estudios de caso, donde la relación entre la sociedad y la naturaleza fuera muy evidente: el de Colombia, centrado en biodiversidad y agua; el de México, en bosque y tierra; y el de Argentina, en áreas costeras y marinas.

Compartir los resultados de las experiencias permitió reafirmar que “tenemos que cambiar esas formas lejanas teledirigidas centradas en el cientificismo occidental, para administrar la naturaleza”, dice Ortiz. “Fue interesante ver similitudes a partir de las diferencias. Eso nos ayuda a mejorar sustancialmente la forma como administramos los recursos naturales en el país”. Silvia London, coordinadora del análisis social del proyecto argentino, dijo a PESQUISA JAVERIANA que las técnicas usadas, como el análisis de escenarios, son instrumentos muy útiles para el manejo de recursos naturales. “Aun así”, continuó, “fue muy difícil llevarlo a cabo en un contexto con tanta incertidumbre macroeconómica general, sumado a que, por idiosincrasia, al argentino le cuesta pensar en el futuro”.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Community-based Management of Environmental Challenges in Latin America – COMET-LA
INVESTIGADORA PRINCIPAL: María Adelaida Farah Quijano
COINVESTIGADORES: César Ortiz, Diana Lucía Maya, Pablo Ramos, Bryann Avendaño U., Natalia Ocampo
D., Lina Pinzón, Evelyn Garrido
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Departamento de Desarrollo Rural y Regional, Pontificia Universidad Javeriana
Consejos Comunitarios de Comunidades Negras del Bajo Calima y de Alto y Medio Dagua (Buenaventura)
Universidad de Córdoba, España
Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), España
Norsk Institutt for Luftforskning, Noruega
The James Hutton Institute LBG, Reino Unido
Sagremarisco-Viveiros de Marisco Lda, Portugal
Universidad Nacional Autónoma de México
Estudios Rurales y Asesoría Campesina, México
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina
Fundación Aquamarina-CECIM, Argentina
Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2015