El reto de sumergirse en los arrecifes de coral

El reto de sumergirse en los arrecifes de coral

¿Cómo es el mundo marino? ¿Qué hay de las especies que lo habitan? ¿De los misterios que se ocultan en el océano? Eran las preguntas que Laura Rodríguez se hacía a sus 12 años, las mismas que con el paso del tiempo y el profundo gusto que desarrolló por el mar la llevaron a estudiar biología marina como carrera profesional.

Hoy, con 1,60 de estatura, cabello castaño con visos morados y piel trigueña, ha logrado lo que pocas investigadoras colombianas: recibir las becas National Geographic Society Early Career Grant y Colombia Biodiversa, de la Fundación Alejandro Ángel Escobar.

Su pasión por el agua inició, según recuerda, desde muy pequeña; ingenuamente recorría una y otra vez libros de texto y documentales buscando características de plantas, algas y delfines sin llegar a imaginar que, años más tarde, se dedicaría a ellos por el resto de su vida, al estudio e investigación de microalgas. “Decidí hacer biología marina. Cuando entré a la Universidad me di cuenta de que no era tan sencillo como yo creía, era complejo, era ciencia”, recuerda.

Su alma mater fue la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde conoció los fundamentos básicos de los ecosistemas marinos y costeros y se sumergió en contenidos puramente físicos, matemáticos y biológicos, pero semestres más tarde, y tras optar por el énfasis marino, su vida dio un giro de 180 grados: se mudó a Santa Marta donde, como requisito, tuvo que tomar por más de año y medio todas las materias teóricas y prácticas. Su proyecto de grado lo hizo en Providencia, una de las islas más reconocidas del Mar Caribe por sus actividades ecoturísticas y pesqueras; allí trabajó con comunidades de pescadores en cultivos de macroalgas. Algas rojas, para ser específicos.

Su estadía en la isla le cambió la vida. La forma de ser de la gente, las prácticas culturales y la administración del tiempo la transformaron, pasó de vivir con sus papás y hermanos a convivir con nuevas personas, a hacer todo despacio, soportar el intenso calor y entender que, a diferencia de la capital, “las personas allí son más amigables. Desde la señora de la tienda hasta el pescador”, menciona.

Según cuenta, estudió con algas rojas para crearles alternativas sostenibles a las comunidades de pescadores y así garantizarles, de alguna u otra manera, que tuvieran ingresos económicos adicionales diferentes a la pesca extractiva;  sin embargo, más allá de esto, su pasión siempre ha estado en los temas relacionados con sostenibilidad, como su proyecto de grado: “Cuando se cultivan algas, se sacan del medio natural, se ponen en cuerdas y no hay necesidad de alimentarlas, solamente verificar que estén limpias y, en ese sentido, es un cultivo sostenible. No hay que usar pesticidas”, asegura.

Además de combinar su gusto por la biodiversidad marina y la investigación, los hobbies de Laura María son la música y la literatura. A ella no le importa cuánto tiempo puede pasar entre páginas si de novelas e historias policiacas se trata, y tampoco si trabaja con una dosis de buen rock.“Aparte de leer ciencia, me encanta la literatura. Disfruto las novelas policiacas, de misterio y, sobre todo, me gustan las novelas clásicas. El último libro que leí fue la novela Breakfast at Tiffany’s, del escritor Truman Capote”, reconoce.

Además de la biología marina, Laura María Rodríguez es apasionada por la literatura y la música.
Además de la biología marina, Laura María Rodríguez es apasionada por la literatura y la música.

Se le puede definir como una ‘caja de sorpresas’ porque, además de pasar horas seguidas dentro de laboratorios investigando corales y algas, esta joven de 27 años tuvo una formación musical en saxofón cuando era una pequeña. La música fue su segunda opción al momento de escoger una carrera universitaria, pero, aunque fue uno de sus mayores pasatiempos, su pasión por la biología marina fue mucho más fuerte. Ya no practica saxofón porque cuando empezó a estudiar no le quedaba tiempo. “Uno se pone a estudiar, salir, ir de fiesta o estar con amigos, entonces uno va dejando de lado esas cosas”, dice.

Tras finalizar su proyecto de pregrado, regresó a Bogotá para recibir su grado; sin embargo, se encontró con una triste realidad y es que, según ella, “en el país no hay tantas oportunidades laborales para la biología marina como uno quisiera, ya que el campo de acción es reducido”. Por eso, gracias a su tenacidad y terquedad, como se describe, pudo involucrarse laboralmente en la Asociación de Corporaciones Autónomas Regionales ASOCARS, en donde colaboró en la construcción de la política de vertimientos al mar junto al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. “En biología marina, el 95%  depende de ti, que se abra una oportunidad depende de ti misma porque acá la investigación en el mar es corta, especialmente la financiación”, asegura.

Meses más tarde, y luego de haber tomado cursos de corta duración como el de Cultivo de macroalgas, Restauración de arrecifes coralinos y Ecología de bosques de manglar: manejo y restauración, esta bogotana decidió presentarse a la Universidad de California Santa Bárbara en Estados Unidos; sin embargo, por azares de la vida y una conversación con una colega, inició su maestría Conservación y Uso de Biodiversidad en la Pontificia Universidad Javeriana.

A pesar de que la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales no está orientada hacia una profunda investigación en estudios marinos estudió este posgrado porque “me pareció diferente, interdisciplinario, con un enfoque novedoso y un particular interés por la conservación y el uso sostenible del ecosistema”.

Después de algún tiempo para pensar, leer y hablar con profesores, Laura María decidió hacer su trabajo de posgrado a partir de una hipótesis sobre arrecifes profundos, proyecto que no solo le ha permitido ampliar sus conocimientos y experiencia profesional en investigación sobre arrecifes de coral, sino también la llevó a ganarse la beca Colombia Biodiversa de la Fundación Ángel Escobar, organización que coordina el fondo homónimo de becas para estudiantes de pregrado y posgrado que desarrollan sus proyectos de tesis en temas relacionados con conservación, conocimiento y uso sostenible de la biodiversidad colombiana.

Appraising the “deep reef refugia” hypothesis in the Colombian Caribbean: genetic connectivity and implications for conservation es el nombre del proyecto con el cual Laura María intenta probar que los ecosistemas coralinos mesofóticos (aquellos a profundidades de entre 30 y 200 metros) pueden ser refugios potenciales contra perturbaciones que afectan a los arrecifes poco profundos (localizados entre la superficie y 40 metros bajo el agua) a través de gametos y larvas de coral. Esta investigación la desarrolla en una zona poco explorada del país, los bancos de Barú. “Cuando una población de corales ubicados en la superficie mueren por calentamiento global y están blanqueados, por ejemplo, existe la posibilidad de que la misma especie en zonas de arrecifes profundos se reproduzcan y sus huevos y larvas lleguen hasta arriba, permitiendo una nueva población de la misma especie”, explica.

Los corales profundos de Barú, imagen tomada durante la etapa de investigación sumarina.
Los corales profundos de Barú, imagen tomada durante la etapa de investigación sumarina.

En ese sentido, la etapa inicial del proyecto empezó con una exploración de las zonas donde hay arrecifes mesofóticos en Colombia a través de una revisión en los mapas náuticos de la Armada Nacional, dando como resultado la zona costera de Barú, cerca a Cartagena de Indias. Una vez definido el lugar, un colega suya “descendió a 50 metros bajo el agua para tomar muestras de los corales. Se colectaron aproximadamente unas 60 para ser estudiadas genéticamente a través de la extracción de su ADN”. Sin embargo, desarrollar y examinar estas muestras no ha sido un trabajo sencillo, ya que es necesario “mandar las muestras EE.UU. para hacer un estudio con marcadores moleculares sobre el ADN y, posteriormente,  hacer un análisis sobre el genoma”, proceso altamente costoso.

Por ello, Laura María se propuso conseguir financiación para desarrollarlo, logrando que la Universidad de Manchester aportara recursos para la etapa inicial del proyecto, seguido de la beca National Geographic Society y, recientemente, la beca Colombia Biodiversa entregada por la Fundación Alejandro Ángel Escobar, con lo cual espera pagar los análisis en Estados Unidos.

Juan Armando Sánchez, profesor titular en ciencias biológicas y marinas de la Universidad de los Andes y director del Laboratorio de Biología Molecular Marina (BIOMMAR), indica que tiene particular interés en esta investigación y por eso ha permitido que Laura María realice las pruebas genéticas que  requiera en su laboratorio. “Su hipótesis es viable y, con las nuevas técnicas de buceo, ahora es posible conocer cosas que antes no teníamos en cuenta” dice, y también asegura que, de ser comprobable este proyecto, “el estudio daría la oportunidad de ver cuál es el comportamiento del ecosistema y serviría para avanzar con el  conocimiento en términos científicos”.

Así, Laura María, una mujer apasionada por la investigación, sabe que, aunque conseguir recursos para la financiación de ciencia en el país es complicado, su responsabilidad, disciplina y terquedad, como se define y como sus colegas la ven, son cualidades que le permitirán seguir aportando al conocimiento y conservación de recursos. Por ahora espera seguir ahondando en su proyecto de investigación con el propósito de terminarlo a  final de año, recoger la mayor cantidad de información posible y, así, no solo probar que con disciplina se alcanzan sueños, sino también seguir siendo un motivo de orgullo para su familia.

Salomé Victoria Mojica: “Soy inmensamente feliz con lo que hago”

Salomé Victoria Mojica: “Soy inmensamente feliz con lo que hago”

Los ojos de Salomé Victoria Mojica se iluminan cuando pronuncia ‘salud pública’. La vocación de servicio es su razón de ser. Por eso, cuando tuvo que escoger la investigación de su maestría, no dudó en pensar en que debía tener un componente humano. “Siempre quise saber sobre el marco normativo que rige a las cuidadoras de niños con malformaciones congénitas. Mi objetivo es visibilizar que son mujeres que están completamente solas, afectadas psicológicamente, sin recursos económicos”, asegura con un gesto desesperanzador marcado en el rostro.

Y cómo no preocuparse si, según la investigación que adelanta, estas mujeres no solo cargan con el peso de tener un hijo o hija enfermos, sino con la culpa, por parte de sus parejas, de que no naciera “como lo esperaba la sociedad”. Salomé pertenece al grupo de Ciencias Básicas y Clínicas de la Salud, de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, que genera conocimiento a partir de investigaciones en áreas de ciencias básicas médicas que tengan aplicación clínica.

De acuerdo con Teresita Sevilla, directora de investigación, desarrollo e innovación, “Salomé es una de las jóvenes promesas de la Universidad”, razón por la cual fue beneficiaria de los apoyos financieros que ofrece su oficina para adelantar estudios de maestría.

Pero, ¿cuál es el rol del Estado en esta coyuntura? Es precisamente la pregunta que Salomé quiere desvelar mediante su proyecto, porque, como bien manifiesta, es la madre que cuida al niño, pero, ¿quién cuida de ella?

No obstante, esa pasión por la salud pública no es nueva. Desde que estaba en quinto semestre de Medicina, y tras realizar su rural con énfasis en investigación, supo que ese era el camino que quería tomar y cada nuevo día lo afianza. Tanto que hace seis meses logró abrirse un espacio en la Secretaría de Salud de Cali para ayudar a los enfermos de tuberculosis y VIH.

Salomé hace parte del grupo de Micobacterias, de la Secretaría, que trabaja en la coinfección de estas dos enfermedades. “Vigilamos que estos pacientes, en algunos casos habitantes de la calle y de la comunidad LGBTI, reciban un tratamiento adecuado, oportuno, y que por nada del mundo lo dejen”, explica.


De estudiante a profe

Bailarina de ballet desde los cinco años hasta que inició sus estudios universitarios, combinó esta afición con la salsa cuando la descubrió a los 11 años. Esa sí no la ha dejado: hoy dicta clases en el programa Javesalsa. Pero no es la única disciplina que dicta.

Cuando apenas estaba dejando a un lado los cuadernos y su mochila de estudiante, le llegó la propuesta más “abrumadora” de su vida, como ella misma lo califica. A sus 24 años es tal vez la profesora más joven de la Universidad. En julio pasado asumió la tarea de dictar la asignatura Salud y Comunidad, con la que pretende hacer que los futuros médicos entiendan que fuera de los consultorios también se puede hacer medicina.

“Ha sido una experiencia de mucho respeto, de humildad. Me daba miedo que los estudiantes dijeran que por ser joven no sabía nada. Luego, ha sido un proceso de irnos transformando y construyendo en el aula, de enseñarles que la medicina se puede trabajar desde la comunidad y para la comunidad, que no es únicamente recetarle al paciente una pastilla, que detrás de ese enfermo hay una situación que lo determina, como sus condiciones de vivienda”.

Entre libros, salones de clase e historias clínicas transcurre la vida de esta joven médica que sueña con salvar el mundo llevando, no la capa de la Mujer Maravilla, sino su bata blanca. “Los salubristas siempre buscamos mejores condiciones para todos y pienso que eso es lo que debería mover a cada ser humano. Levantarse todos los días y sentir que contribuye a una mejor sociedad”, concluye.

Natalia Sepúlveda: la decisión correcta

Natalia Sepúlveda: la decisión correcta

Hay cinco puertas abiertas y dos opciones: cerrar cuatro y avanzar por una sola o quedarse estancado con todas ellas abiertas. Natalia Sepúlveda, nutricionista de la Pontificia Universidad Javeriana, eligió la primera. Decidió “darlo todo” por la línea de investigación de nutrición infantil. Ese fue el momento más retador de su trayectoria como investigadora; “¿será la decisión correcta?”, pensaba.

Nunca imaginó una vida como investigadora o como docente, su ocupación desde hace cuatro años en la Universidad Javeriana. Durante su pregrado, se visualizaba como una nutricionista enfocada en pediatría, en clínica; sin embargo, su trabajo de grado cambió ese destino. Incursionó investigando sobre el estado nutricional y la actividad física en adolescentes. Tuvo la oportunidad de presentar su trabajo en un congreso internacional en Islas Canarias, España, lo que la hizo soñar con una maestría en ese país, que más adelante logró: es magister en Condicionantes Genéticos, Nutricionales y Ambientales del Crecimiento y Desarrollo de la Universidad de Granada.

Ama viajar, pintar mandalas, compartir con su mascota Mía –una golden retriever– y su ‘mantra’ es la ética: “No tiene sentido obtener ningún dato de investigación sin ética”, dice. También tiene un gran amor: los niños. Por eso su vida como investigadora ha estado dedicada a los “chiquitines”, como ella les llama. Considera que son “la base del futuro” y que la nutrición es crucial, ya que los hábitos alimentarios inadecuados de la infancia pueden afectar, en la edad adulta, no solo el estado de salud sino la capacidad intelectual. Además, “formar o modificar un hábito alimenticio en un niño es más efectivo que decirle a un adulto que se coma la fruta entera en vez del jugo de todos los días”.

Trabajar con niños es más que medirlos, tallarlos y analizar datos. El compartir y los abrazos son importantes, el contacto con ellos y las risas “son toda una aventura”. Lo disfruta incluso cuando lo cuenta. El mundo de la investigación le permite tener contacto con diferentes poblaciones de niños mientras se genera conocimiento. Así, ha trabajado como coinvestigadora en la caracterización nutricional de enfermedades huérfanas como Niemann Pick tipo C y la mucopolisacaridosis. Estudió los casos de todos los niños de Colombia que tenían estas patologías en 2012 y cómo la nutrición puede favorecer el tratamiento médico de estas enfermedades. Ese mismo año lideró una investigación sobre actividad física, actividad sedentaria y hábitos alimentarios en escolares con exceso de peso, cuyos resultados presentó un año después en un congreso de nutrición pediátrica en España.

¿Fue la puerta correcta? En el mejor momento de su carrera, puede decir, convencida, que sí. “Ahora estoy recogiendo el esfuerzo de todos mis años como nutricionista, investigadora y docente”. Este año volvió a España con el respaldo de la Pontificia Universidad Javeriana y una de las 35 becas que otorga la Fundación Carolina en Latinoamérica. Allí realizará su doctorado en Medicina Clínica y Salud Pública, en la Universidad de Granada, donde desarrollará su tesis sobre nutrición y neurodesarrollo, temática en la que ha trabajado en los últimos años. ¿Cuál fue la clave? Seguir el camino que ordenaron sus sueños, entregarse a ellos y agregarle disciplina. Así hizo que el universo conspirara a su favor.

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Sebastián Velandia: los mensajes que dicta el silencio

Desde hace muchos años, a Sebastián Velandia Campos lo acompaña una frase que celosamente guarda en su billetera: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. El enunciado de El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, es para Sebastián un mensaje tan cercano a su vida que lo convirtió en una impronta que guía sus pasos.

“Creo mucho en el aporte de todos los jóvenes a la sociedad, no importa la forma. Yo puedo aportar y transformar realidades”, comenta. Pero el del cronista uruguayo no es el único mensaje que lo ronda. Este bugueño, que en octubre de 2016 se graduó de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, es un hombre de mensajes, tanto los que aplica en su cotidianidad como aquellos que considera su deber multiplicar entre los demás para despertar la sensibilidad.

En esa última categoría cabe justamente el mensaje que, desde su mundo de silencio, su hermano Santiago le ha transmitido toda la vida y que de alguna manera le dio sentido a su encuentro con la investigación. “Mi hermano presenta una situación de discapacidad auditiva profunda y, aunque solo hay tres años de diferencia entre los dos, no hemos podido acceder a una oferta educativa igualitaria. Él todavía está terminando el bachillerato y yo ya egresé de una carrera”, enfatiza.


La investigación como forma de divulgar mensajes argumentados

En medio de una formación meritoria ­­–estudió en la Javeriana con la Beca Magis 2012-2016 por sus logros académicos e hizo un semestre internacional en la Pontificia Universidad Católica de Perú, gracias a otra beca ofrecida por la Plataforma Alianza del Pacífico 2015, del Ministerio de Educación de ese país–, Sebastián ha fortalecido su construcción profesional con esos mensajes que tanto valora: “Los economistas debemos ser agentes sociales que analizan las problemáticas y aportan a la transformación de las realidades de las poblaciones más vulnerables, como las personas en condición de discapacidad que, según estudios, tienen mayor propensión a la pobreza y menor participación política, social y económica”.

En esa ruta, la actividad científica, fue para Sebastián una herramienta para comunicar mejor su relato. Desde el Semillero de Investigación en Economía y su énfasis en Políticas Sociales, elaboró el trabajo “Análisis multinivel y experimental del acceso a la educación superior para personas en condición de discapacidad en Cali”, junto a su compañera Melissa Ramírez y bajo la dirección de la profesora Maribel Castillo.

El ejercicio trascendió hasta llevarlo al Concurso Nacional de Ponencias Jesús Antonio Bejarano, en 2016, donde expuso en el marco del Congreso Nacional de Estudiantes de Economía. “Mi objetivo era ofrecer a economistas evidencia científica y social que demostrara la importancia de trabajar por esta población”. Además del tercer lugar obtenido, Sebastián descubrió a través de la experiencia que “la investigación puede promover, alentar y persuadir a la sociedad para la adecuada toma de decisiones en los ámbitos económico, social y político, y puede expresarse en políticas públicas”. Con esa certeza, este joven de 23 años guía actualmente su vocación de investigador.

Hoy en día Sebastián es joven investigador del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Javeriana Cali, y acaba de lograr una beca en España para continuar sus estudios en desarrollo local e innovación territorial en la Universidad de Alicante.

El biólogo que les ‘devolvió la vista’ a los escorpiones

El biólogo que les ‘devolvió la vista’ a los escorpiones

No hace falta que él diga que es un amante de los escorpiones: lleva en su antebrazo derecho tatuado uno de ellos. “La gente les tiene miedo porque pican o porque piensan que son grandes y feos, pero a mí, de todos los animales, me llaman la atención”, dice Daniel Gutiérrez Kemenes, quien sostiene que los escorpiones son artrópodos muy antiguos y, a la vez, poco estudiados en Colombia y en el mundo. Para la investigación que presentó como su tesis de pregrado en Biología quiso enfocarse en sus ojos laterales y la información era incluso más escasa. Sin embargo, algunos archivos científicos como The Biology Of Scorpions, del aracnólogo Gary Allan Polis, que según Gutiérrez es la biblia de los escorpiones, aseguran que los ojos laterales no funcionan. Así empezó la curiosidad, ¿funcionan o no?

“Yo estaba muerto de ganas de saber de escorpiones”, dice. Aunque no encontraba mucha información sí conoció a Ricardo Botero, exalumno de la Pontificia Universidad Javeriana que vive en Argentina pero viajó a Colombia en diciembre de 2015. Estuvo con él tres días aprendiendo de escorpiones y de las investigaciones que se han hecho en Argentina. Botero se convirtió en su mentor y con él llegó la fascinación por estos animales. Por ejemplo, el veneno, que es por lo que son más temidos estos animales, que para los nativos norteamericanos son un símbolo de protección, o porque en realidad muy pocas veces un escorpión puede llegar a matar a una persona. Cada nuevo dato fue aumentando su interés, pero la pregunta seguía: ¿funcionan los ojos laterales?

Los 14 especímenes del escorpion chactas sp fueron recolectados en el Valle del Cauca.
Los 14 especímenes del escorpión ‘chactas sp’ fueron recolectados en el Valle del Cauca.

Su investigación arrancó en enero de 2017, el mismo mes en que se tatuó un escorpión. El primer paso fue viajar junto con Dimitri Forero, director del Laboratorio de Entomología de la Javeriana, a Yotoco, Valle del Cauca, para recolectar varios especímenes. Fueron siete jornadas de recolección durante el día y la noche, aunque por la oscuridad era más fácil, según Gutiérrez, ya que los escorpiones brillan de color verde al ser alumbrados con la luz de una linterna ultravioleta. También se ayudó de una pinzas largas y un guante de carnaza anti punzante y así recolectó seis machos y ocho hembras de una especie aún no identificada en Colombia (chactas sp) que cuenta con seis ojos en total: cuatro laterales y dos medios.

La manera como puso a prueba los ojos de los escorpiones fue la fototaxis, la reacción que estos organismos puedan tener a la luz. Para ello se volvió ‘arquitecto’ y construyó un coliseo de madera dividido en nueve partes, iluminado con bombillos LED diferentes: una sección con luz ultravioleta, las demás de azul, verde, amarilla, roja, infrarroja, blanca y otras dos partes sin iluminación. Así pasó de arquitecto a observador. Hizo una grabación de 14 horas, desde las 5:00 de la tarde hasta las 7:00 de la mañana con ayuda de una cámara con lente ojo de pez, que tiene un ángulo de visión amplia, para estudiar el comportamiento de un escorpión frente a la luz durante la noche. Luego cubrió los ojos medios de los escorpiones con silicona de moldes dentales, que también es utilizada en experimentos con arañas y no dañan al animal porque no es tóxica, para observar el comportamiento de sus ojos laterales, que era lo que le interesaba.

Daniel Gutiérrez en el laboratorio, con el escenario de pruebas.
Daniel Gutiérrez en el laboratorio, con el escenario de pruebas.

De esa manera, su curiosidad y fascinación se convirtieron en emoción. No solo comprobó que los escorpiones ¡sí usan sus ojos laterales!, también captan diferentes longitudes de onda y ven en diferentes colores. “Al encontrar estos resultados me dio un poco de miedo porque contradecía muchos años y a muchos autores, pero fue algo muy emocionante”, dice Gutiérrez.

Resultados
Escorpiones ojos destapados
Machos:
les atrae la luz blanca
Hembras: les atrae la luz roja
Machos y hembras: les atrae la luz amarilla

Escorpiones con ojos medios cubiertos y ojos laterales destapados
Machos:
les atrae la luz ultravioleta
Hembras: les atrae la luz azul

Fueron, en total, cuatro meses de investigación; de conocer personas que lo guiaron como el biólogo y director de su tesis André Riveros; de salir corriendo a buscar cucarachas pequeñas para alimentar a los escorpiones cuando se le acababan las larvas de cucarrones que les daba de comer; de experimentar el dolor de ser picado por uno de ellos; de retarse a obtener resultados en pocos meses y superar las desmotivaciones que sentía al no encontrar información.

Pero esto no ha terminado. Gutiérrez quiere seguirles la pista a los escorpiones haciendo investigaciones sobre el impulso nervioso de sus ojos, profundizar en su comportamiento o en el de otros artrópodos. El 84 % de todos los animales de La Tierra son insectos, así que hay mucho por explorar. Sin duda, seguirá siendo uno de los investigadores y seguidores de este tema.


Título de la investigación: Evaluación de conductas fototácticas del escorpión chactas sp.
Investigador: Daniel Gutiérrez Kemenes.
Facultad de Ciencias, Departamento de Biología.
Periodo de la investigación: enero – mayo 2017.

Andrés Buitrago ¿un nuevo Joker?

Andrés Buitrago ¿un nuevo Joker?

Andrés se viste de colores oscuros —en especial de negro— que destacan su melena rubia y su aire de metalero. Al lado de su motocicleta luce como todo un renegado y, de hecho, lo es desde que empezó a llamarse ‘postartista’. Le gusta tatuarse y en este momento lleva en su piel las imágenes de un tigre y un dragón.

Como los superhéroes, Andrés tiene una doble vida: de día es profesor de artes en el Colegio Ciedi y en las noches ‘lucha contra el crimen’, es decir, emplea su tiempo libre para hacer una de las cosas que más le ha valido reconocimientos, la crítica de arte, a veces bajo el seudónimo de Jack Napier (nombre verdadero
del Joker, de Batman).

Poderes: Andrés usa la pedagogía para transformar la mente de sus estudiantes de primaria y bachillerato: “las clases de arte me permiten, más que formar artistas, formar ciudadanos”, dice. Otro de sus poderes es su pensamiento agudo, en el que se mezclan el arte y los estudios culturales para dar como resultado una perspectiva crítica con un impecable uso del lenguaje, preciso y argumentado.

Historia: Desde muy joven, su pasión por la pintura y el dibujo lo llevaron a estudiar Artes Visuales en la Pontificia Universidad Javeriana. Allí surgió su interés por interpretar el arte desde una perspectiva social y política.

Su nueva identidad: Y aunque en un comienzo quiso ejercer como artista e incluso produjo obra, en 2011 nació su identidad como postartista, cuando empezó a estudiar la Maestría en Estudios Culturales en la Universidad Nacional; ahora se enfoca no en el arte, sino en la cultura visual. “Mi postura implica reconocer de qué manera las imágenes pueden servir como producción de conocimiento y ayudar a pensar cuestiones vitales, como las relaciones personales; pero también implica reconocer cómo el arte es excluyente cuando se ve desde perspectivas como la de clase, género o raza”.

Hazañas, parte I: Andrés se inauguró en el mundo de la crítica publicando un artículo en el portal Esferapública sobre la artista Sophie Calle, invitada en 2012 a exponer en el Museo de Arte del Banco de la República. “El artículo generó un debate interesante y me permitió ir delineando mi postura crítica”, dice.

Hazañas, parte II: Su segunda publicación fue resultado de la beca que obtuvo como Joven Investigador de Colciencias, en la que plasmó algunos resultados de su tesis de maestría, que fue meritoria. Allí buscó comprender la configuración contemporánea del nacionalismo en Colombia, analizando las campañas publicitarias Vive Colombia, viaja por ella y Vive Colombia, el país que llevas en el corazón.

Hazañas, parte III: Su última publicación fue ¿A qué suena La Perse?, ganadora del Premio Nacional de Crítica 2015 luego de que el jurado considerara que, de los 37 textos participantes, el de Jack Napier era “relevante, novedoso y coherente”. El texto inaugura una crítica al sistema del arte y a su configuración discursiva. “Quiero que me sirva para plantear una ética, una política y una estética de la vida misma, es decir, pensar los ejercicios creativos para proyectar la vida de otra manera”.

¿Para qué sirve la crítica?: “Si la crítica no cumple funciones pedagógicas, no está sirviendo para nada, pues debe poner a disposición de otros herramientas y estrategias que permitan la apropiación social del conocimiento”, asegura.

Sus retos: Le inquieta cómo la investigación, la producción y la circulación del conocimiento sirven para ser mejor persona: “le apuesto a una producción de conocimiento socialmente útil, ¡un reto grande! Por ejemplo, quizá, una de las cosas más relevantes, en lo personal, es que más allá de hacer crítica, con lo que me he enfrentado es conmigo mismo, con la necesidad de transformarme”.

Gustavo Perea Insaciable deseo de aprender

Gustavo Perea Insaciable deseo de aprender

La relación de Gustavo Perea con la investigación es relativamente reciente, pero tiene sus raíces en una mucho más antigua y profunda: su relación con el conocimiento, cuyo recuerdo más lejano se ubica cuando él cursaba cuarto de primaria.

De esa época, Gustavo recuerda una conversación con su profesora en el Gimnasio Farallones que marcó su vida académica. “Mi hermano ya había pasado por ese curso porque estaba dos años adelante mío. Cuando la profesora llamó a lista me dijo: ‘¿Eres hermano de Darío?’, contesté que sí y me dijo que él era muy buen estudiante y que esperaba que yo también lo fuera”.

Darío era el referente académico en su familia, el de mostrar por sus logros escolares. “Siempre lo admiré en silencio”. A partir del ejemplo de su hermano y de la sentencia de su profesora, Gustavo empezó a apropiar herramientas que fue integrando a su aprendizaje. “Me volví amante del conocimiento, de la responsabilidad, de ‘ser bueno’”. En el bachillerato siempre fue el mejor estudiante y, sumando reconocimientos, fortaleció su relación con el saber. “Es un amor por querer estar cada día más empapado de conocimiento”.

Ese deseo insaciable de aprender llevó a Gustavo no solo a estudiar Derecho —se graduará en mayo próximo—, sino a aprovechar la doble titulación que ofrece la Javeriana Cali, e ingresar a Filosofía, carrera en la que cursa cuarto semestre. En medio de ese proceso, en 2013 se encontró con la investigación. “Ingresé al grupo De Humanitate como monitor del proyecto Responsabilidad social empresarial a la luz de la doctrina social de la Iglesia, y en 2014 pasé a ser miembro del semillero de investigación del grupo, adscrito a la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales”, punto de encuentro de las dos disciplinas que estudia.

Durante estos tres años, su producción académica ha merecido diversos reconocimientos. Además de haber sido beneficiario de la convocatoria de semilleros de investigación de Colciencias en 2014 y de la convocatoria interna de la Universidad en 2015 —participando en el semillero Wittgenstein—, ha publicado un capítulo del libro Semillas de Wittgenstein. Gracias a su paso por el semillero de Derecho Procesal, participó exitosamente en un foro sobre el tema, fue ponente del Nodo Suroccidental de la Investigación Sociojurídica en 2015 y, en el campo de la filosofía, a partir de su trabajo sobre Ludwig Wittgenstein, ha sido conferencista en Bogotá, Cali y Lima.

A sus escasos 25 años, Gustavo es hoy asistente del Departamento de Humanidades, donde acompaña, promueve y fortalece todos los procesos de los semilleros. Y, como cuando estaba en cuarto de primaria, no ha perdido la costumbre de ganarse la confianza de los docentes que encuentra en su camino. “La mayoría de estudiantes se queda con lo de clase y ya”, comenta Ana María Giraldo, docente del Departamento de Humanidades y quien inició con G
1000
ustavo el semillero sobre Wittgenstein. “Él está abierto a distintas formas de conocimiento, diferentes actores, distintas maneras de investigar y eso permite enriquecer mucho todo el conocimiento que recibe”.

En ese proceso, donde la investigación es ahora su campo de acción, la fuerza de su relación con el conocimiento jamás ha mermado. “Hace poco, en la biblioteca, miraba los libros y decía: ‘Ojalá pudiera tener el tiempo y la facilidad para leer al menos la mitad de los libros de uno de esos estantes’. Eso me atrae muchísimo, me exhorta a comprender”.

Y aunque algunas cosas no han cambiado desde su niñez, incluyendo su admiración por su hermano Gustavo, tiene claro algo que sí cambió la forma como lo ve su familia: “Ahora soy yo al que mandan a otro país a presentar ponencias, el que escribe libros. Ahora soy yo el referente académico”.

gustavo-perea-1

Álvaro Faccini Martínez. Investigar para curar y curar para investigar

Álvaro Faccini Martínez. Investigar para curar y curar para investigar

Álvaro Adolfo Faccini Martínez, hijo de médicos, empezó su juventud pensando que sería diseñador. Sin embargo, mientras estudiaba en el Colegio San Bartolomé la Merced, fue descubriendo poco a poco que su verdadera vocación era la medicina. Álvaro es hoy médico de la Universidad Militar Nueva Granada, con maestría en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, y estudiante del Doctorado en Enfermedades Infecciosas de la Universidade Federal do Espírito Santo en Brasil.

Desde el pregrado tuvo gran interés en las enfermedades infecciosas, así que decidió ser médico rural en investigación, al tiempo que estudiaba su maestría. Fue entonces cuando se le abrió un nuevo mundo en su experiencia médica: sintió que le daba aire a su vida académica, descubrió que la investigación era otra rama importante en la medicina y que tenía la oportunidad de transitar un camino diferente al que siguen la mayoría de médicos.

Durante su maestría se concentró en el estudio de las rickettsiosis, enfermedades infecciosas causadas por bacterias transmitidas al hombre a través de garrapatas, pulgas, piojos y ácaros. Esta investigación, que realizó junto con otros investigadores del Departamento de Microbiología de la Universidad Javeriana, fue desarrollada en Villeta, Cundinamarca, en el marco del proyecto Caracterización de factores climáticos y ecológicos de una especie de garrapata y su relación con la epidemiología de la rickettsiosis en un área endémica, con la cofinanciación de Colciencias. El principal hallazgo del estudio es que se hizo evidente la circulación de la bacteria rickettsia tanto en animales domésticos como en garrapatas del municipio. Así mismo, se encontró que las rickettsiosis hacían parte de las causas de síndrome febril agudo en los pacientes que consultaron al Hospital Salazar de Villeta entre noviembre de 2011 y marzo de 2013.

Fue en este proceso cuando descubrió su pasión por la investigación y junto con su tutora, Marilyn Hidalgo, y compañeros de estudio redescubrió el trabajo de laboratorio, el trabajo de campo, la escritura académica y se encontró con el gran aporte de la interdisciplinariedad. Álvaro afirma que, gracias al trabajo conjunto con veterinarios, microbiólogos, bacteriólogos y biólogos, aprendió a investigar mejor.

Le gustó el área de las enfermedades infecciosas porque es muy dinámica y siempre hay algo nuevo por estudiar —nuevos microorganismos, nuevos mecanismos de resistencia, dice—; también, porque considera que son pocos los médicos que estudian enfermedades que afectan principalmente a poblaciones rurales en situación de pobreza. “Hacer producción científica sobre estas enfermedades olvidadas es una posibilidad de dar a conocer la verdadera realidad de una población desatendida que merece diagnósticos oportunos, tratamientos eficaces y mejores políticas de salud pública” afirma.

Álvaro está convencido que su experiencia en la medicina no se agota en el ejercicio de una ciencia aplicada, sino que tiene el deber de contribuir a su progreso a partir de la producción de nuevo conocimiento científico. Así, su sueño es seguir en el ámbito clínico tratando pacientes y haciendo investigación de manera simultánea. “Cuando uno hace investigación se ve obligado a la actualización permanente, eso lleva a nuevos aportes para determinadas enfermedades”, dice; “y a su vez, la interacción con el paciente invita a profundizar en el comportamiento de una enfermedad, a estudiar su perfil epidemiológico, lo que se puede compartir con la comunidad científica para construir más conocimientos en esa área de estudio”.

Este médico, abierto a la observación, dispuesto a dudar y a contribuir a generar mayor conocimiento científico, tiene claras sus metas: lograr que la medicina expanda su conocimiento en estas enfermedades, que los pacientes reciban mejores tratamientos, que las instancias gubernamentales mejoren sus políticas y que los agentes locales implementen acciones de salud pública pertinentes para la realidad social de aquellas personas excluidas que son quienes más lo necesitan.

Continue reading

Juan Camilo Campos  “En la investigación encontré cómo servir a la comunidad”

Juan Camilo Campos “En la investigación encontré cómo servir a la comunidad”

Buscar amigos, hacer compras y encontrar el ‘amor’ es cada vez más común en las redes sociales; su masificación y el anonimato han permitido la vulnerabilidad de sus usuarios. Juan Camilo Campos desarrolla un modelo para detectar usuarios fraudulentos en una red social.

Juan Camilo Campos, bumangués de 24 años e ingeniero electrónico de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, se describe como una persona a la que le gusta asumir retos. Uno de ellos fue el que despertó su pasión por la pesquisa. Ahora es parte de una importante apuesta en investigación del país: el Centro de Excelencia en Big Data y Data Analytics, Caoba.

Desde que estaba en el colegio, su materia preferida eran las matemáticas y su deporte, el fútbol, pero ha sido por las primeras que ha labrado un camino que lo ha llevado lejos. Desde entonces, impulsado por sus profesores, participó seis veces en las Olimpiadas Colombianas de Matemáticas organizadas por la Universidad Antonio Nariño, a donde solo llegan los treinta mejores del país por cada categoría. En el año 2008, fue uno de los quince estudiantes que representaron al país en las Competencias Matemáticas de Estados Unidos: “No ganamos, pero la experiencia me demostró que para ser mejor hay mucho trabajo por delante”.

En el 2009, por continuar con la tradición familiar, empezó sus estudios de ingeniería electrónica, aunque su corazón seguía latiendo por las matemáticas. “Pensé estudiar matemática pura, pero tenía la concepción de que estos profesionales se dedicaban a ser profesores”.

Becado todos los semestres, lo que más le gustó de su carrera fue poder aplicar las matemáticas para dar solución a problemáticas reales. Por eso se fascinó por el área de control, la cual usa la fundamentación matemática que permite controlar diferentes sistemas automáticamente.

Su pasión por la investigación inició en séptimo semestre por pura causalidad, cuando se sintió retado por el que ahora es su mentor, el doctor Jorge Finke, profesor del Departamento de Electrónica y Ciencias de la Computación. En el programa pregrado tenía el mejor promedio y era distinguido ante los profesores por su alto desempeño, sin embargo, el doctor Finke no conocía su potencial, por eso tuvo que demostrar sus capacidades. “Me terminó gustando la investigación y me capturó. Ahora le doy prioridad al mundo académico”.

Su primer reto y el tema con el que inició su camino en investigación fue el fraude en redes sociales. Para este, primero desarrolló un modelo matemático con el que se caracteriza el comportamiento de las personas en estas redes, y después creó un algoritmo que detecta anomalías sobre dicho modelo. A través de simulaciones, emuló el comportamiento de los usuarios fraudulentos para posteriormente detectarlos. Aunque todo el trabajo se realizó con base en un modelo matemático, la idea es poder aplicar el algoritmo de detección en páginas como eBay, Facebook o Amazon. Esta investigación resultó ser después su tesis de pregrado, la cual fue laureada.

En el 2015 trabajó en un proyecto para estudiar la distribución de diferentes tipos de crimen en las ciudades y analizar cómo la estructura de la malla vial de la ciudad incide en estas distribuciones, tomando como referencia a Chicago, en EE. UU. “Se definió qué tipos de crimen tienen puntos de calor estables a través del tiempo y se encontró una fuerte relación entre los robos a mano armada y el índice de GINI, el cual mide la desigualdad económica”.

El Centro de Excelencia Caoba, una iniciativa del MinTIC y Colciencias que reúne al sector privado, la academia y el Estado para generar servicios y soluciones innovadoras que promuevan el desarrollo y la competitividad del país en el uso de las tecnologías de Big Data y Data Analytics, le otorgó en 2016 una beca que le permitió ingresar a la Maestría en Ingeniería de la Universidad Javeriana Cali.

En Caoba, Juan Camilo espera aprovechar la gran cantidad de información que se genera en los bancos y en las redes sociales para tener un mejor entendimiento del funcionamiento de las transacciones bancarias y descubrir patrones de comportamiento en los clientes de una marca.

Más adelante, Juan Camilo espera estudiar su doctorado en una de las mejores universidades de Estados Unidos, como la Universidad de Ohio.

Continue reading

Claudia Urueña: bacterióloga con conocimiento profundo de la biología celular

Claudia Urueña: bacterióloga con conocimiento profundo de la biología celular

Claudia Patricia Urueña nació en Gamarra, Cesar; se crió en Acacías, Meta, y estudió en el Colegio San Ignacio de Loyola en Bogotá. A los 16 años entró a estudiar Bacteriología más por influencia de su hermana mayor, la médica cirujana Alexandra Urueña, que por convicción. A sus hermanas quizá les pasó lo mismo: hoy en día las cuatro hijas Urueña Pinzón trabajan en el sector de la salud, aunque en campos diferentes.

Su paso por la Javeriana le demostró que era capaz de asumir grandes retos académicos y científicos. En séptimo semestre, por sugerencia de la directora del grupo de Enfermedades Infecciosas, y hoy decana de la Facultad de Ciencias, Concepción Puerta, se unió al grupo de investigación en Parasitología Molecular. Detectó en ella la vena de la investigación y la apoyó para que desarrollara su tesis de pregrado buscando la localización cromosómica de los genes que codifican para la proteína KMP11 de Trypanosoma rangeli, lo cual puede generar estrategias contra enfermedades causadas por parásitos de esta familia, como la enfermedad de Chagas.

El rural en el Centro de Salud de Currabal, Meta, le demostró que la parte clínica no satisfacía lo suficiente su curiosidad científica porque “yo no sirvo para estar haciendo todos los días parciales de orina, cuadros hemáticos y coprológicos”. “Pero me di cuenta de que no hubiera podido estudiar otra cosa diferente que me sirviera para lo que hago hoy en día”, dice. “Al estudiar en un laboratorio se desarrolla la disciplina y una metodología de trabajo organizada”.

Buscando sus orígenes, regresó a la Javeriana y se vinculó al grupo de investigación en Inmunobiología y Biología Celular, que dirige la inmunóloga Susana Fiorentino. “Me dijo que estaba comenzando un proyecto con productos naturales como terapias alternativas para el tratamiento del cáncer”, cuenta. Sonaba interesante, pero a Claudia no le gustaba la inmunología. Aun así, aprendió y empezó por aplicar sus conocimientos en biología celular y molecular.

Con el paso de los meses, decidió presentarse a la beca de Joven Investigador de Colciencias con el propósito de desarrollar una investigación con el anamú (Petiveria alliacea), la cual logró en 2005. Ya no cabía duda: la investigación era su camino profesional. Al terminar, se postuló al programa de becas de doctorados
nacionales de Colciencias, ganó de nuevo e inició en 2006 estudios en Ciencias Biológicas.

Hizo una pasantía en el Instituto Marie Curie, Francia. “Estuve en el grupo de Clotilde Thery en la Unidad de Sebastián Amigorena. Fue una experiencia enriquecedora para el trabajo que estábamos desarrollando”. El doctorado buscó responder cómo el anamú y el dividivi (Caelsapinia spinosa) pueden matar las células tumorales. Se especializó en las líneas de cáncer de seno con un modelo murino, una técnica de investigación científica aplicada en ratones. En 2013 se graduó con honores Magna Cum Laude de su doctorado y su tesis fue laureada.

A pesar de que tuvo una relación más de odios que de amores con la inmunología al lado de Fiorentino, se dio cuenta de que realmente sí le interesaba, en especial cuando puede aplicar esos conocimientos en la búsqueda de alternativas de tratamientos para el cáncer de seno con productos naturales como las plantas. Actualmente tiene a su cargo el desarrollo de un proyecto para el tratamiento del cáncer donde debe evaluar si los tumores de los pacientes son sensibles a la terapia con fitomedicamentos.

Docente de la Universidad el Bosque en la Facultad de Enfermería donde dicta microbiología e infectología, es además evaluadora de proyectos que se presentan en Colciencias, ha participado en más de 23 eventos científicos, ha producido 15 artículos de los cuales diez han sido publicados en revistas especializadas y ha dedicado 14 años a la investigación, desde su ingreso al grupo de la doctora Puerta. Su meta es continuar trabajando en buscar alternativas para el tratamiento del cáncer con fitomedicamentos y aplicar estos conocimientos en pacientes que estén padeciendo la enfermedad. Después de once años de estar trabajando en inmunología, dice con picardía: “Susana me engañó porque yo le dije que no me gustaba la inmunología, me puso a estudiarla y ahora me encanta”. Continue reading