Del amor a la agresión en el noviazgo

Del amor a la agresión en el noviazgo

Imagine a una pareja de jóvenes adultos en etapa de enamoramiento, sumidos en los atardeceres idílicos, el trato afectuoso y las caricias interminables, los intereses en común y planes atrevidos, la complicidad, la plenitud de una buena conversación con aquella persona que, más que un novio, se ha convertido en un amigo, y la sonrisa misteriosa e incomprensible que se dibuja en el rostro de la persona al ver un mensaje en el móvil que tiene el nombre de él o de ella. La relación perfecta.

¿Existen esas relaciones perfectas? En realidad, probablemente representan una utopía. Al deseo de tener una relación sana lo puede acompañar el afán de controlar a la otra persona, haciendo que, con el paso del tiempo, el romance teñido de cariño y racionalidad pierda su rumbo y el daño cobre presencia a través de conductas agresivas, las cuales no aluden solamente a la violencia física sino también la agresión psicológica, que puede acarrear, incluso, consecuencias más severas en la víctima. Así lo demuestra una investigación sobre la agresión psicológica como unidad de análisis, llevada a cabo en jóvenes adultos por Claudia Carolina Botero, psicóloga, profesora e investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana.

Expresiones del tipo “estás como gordito/a, no seas inútil, eres feo/a, arréglate, das vergüenza” entre otras, en ocasiones pasan inadvertidas, se naturalizan o resultan irrelevantes porque “nos las dicen o las decimos con cariño”, afirma Botero, y, además, no representan un daño físico, sus efectos parecen invisibles. Cuántas veces su pareja lo ha interrogado de manera suspicaz con el fin de encontrar cualquier aspecto que pueda parecer sospechoso; preguntas tan comunes y sutiles como “¿con quién has estado?” o, por chat, “dónde estás, por qué estás con él o ella”. ¿O cuántas veces ha revisado en secreto las pertenencias de su pareja, o, mientras la otra persona está en el baño, ha indagado en su celular o entrado a la computadora para ver sus correos; o, incluso, cuántas veces se ha victimizado en su relación con frases del tipo “pero cómo me vas a dejar solo/a hoy. Ya no compartes tiempo conmigo, solo quieres estar con tu familia” para manipular la situación, aislar a la otra persona y tenerla en contacto, básicamente solo con usted.

Conductas como las mencionadas representan formas de agresión psicológica y son frecuentes tanto en hombres como en mujeres, ocasionan daño y son actitudes que humillan y degradan, explica la psicóloga. Agrega que “la agresión psicológica tiene efectos devastadores; incluso se ha demostrado que las víctimas de violencia de pareja experimentan mayor malestar cuando son agredidos de forma psicológica que física, porque la agresión física produce un moretón momentáneo o marcas por un lapso de tiempo, pero la agresión psicológica puede generar efectos de por vida, crónicos y profundos. Se lesiona la autoestima, el estado de ánimo, la confianza en sí mismo y en las demás personas”.

Violencia Nov P

Según la investigación, la agresión psicológica se puede agrupar en cuatro tipos: dominancia o intimidación (enojarse suficientemente hasta asustar a la otra persona o amenazar con golpearla, etc.); control restrictivo (limitarla en sus actividades, tratar de impedir que vea a ciertos amigos o miembros de la familia, hacerla sentir culpable por no pasar suficiente tiempo juntos); retiro hostil (evadirla cuando ella requiere a su pareja, ignorarla, rehusarse a reconocer un problema que ella sentía que era importante); y  la denigración (decirle que es estúpida o criticar su apariencia).

La psicóloga Botero centró su trabajo en los efectos que puede tener la agresión psicológica cotidiana en el malestar individual, es decir, el malestar emocional que una persona puede experimentar al recibir agresión psicológica durante el noviazgo, como cambio de humor, ánimo o ansiedad, , y el malestar diádico que, en este caso, hace referencia a cómo percibe cada uno de los integrantes de la relación el grado de satisfacción en pareja, compromiso y estabilidad.

En los resultados del estudio se evidencia que, cuando áreas de la vida se empiezan a ver afectadas debido a una agresión psicológica, por más sutil que esta pueda parecer, genera daño. De acuerdo con Botero, “se genera un malestar que puede afectar muchas áreas de la vida: se puede estar estresado, de mal humor, desempeñarse mal en el trabajo, en el estudio y tener problemas de concentración, todo esto por una mala relación”.

Dentro del estigma social, cuando hablamos de agresión de pareja se tiende a pensar a la mujer como única víctima. Botero desmiente el estereotipo a partir de su investigación, donde encontró que la agresión psicológica también es ejercida de mujeres a hombres o, en otros casos, es bidireccional. “Incluso en jóvenes es más frecuente la agresión psicológica de mujeres y entre mujeres que de parte de los hombres; y en los subtipos de agresión psicológica, la más ejercida por las mujeres es la de control restrictivo”, menciona.

También se identifica que la agresión psicológica en el noviazgo es un predictor de agresión física para el matrimonio: “Si ahora de novios nos agredimos psicológicamente, podemos escalar a la agresión física futura. Si permitimos que esto siga avanzando, es posible que tengamos a un montón de personas con riesgo de ser maltratadas y de maltratar más adelante físicamente”, recalca la investigadora.

Violencia Nov R1

Según estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, entre el año 2007 y el 2016, se reportaron 527.284 casos atendidos en el contexto de violencia de pareja, siendo 2009 el año que más registró agresiones: 61.131.

Y, por si fuera poco, otro efecto de la agresión psicológica es la disminución en la capacidad de lucha de la persona, es decir, que “entre más se agrede a una persona, su manera de resolver problemas se ve afectada, y eso a su vez se relaciona con un mayor malestar psicológico”, explica Botero, quien recomienda enfrentar las situaciones porque de lo contrario “se genera una actitud contraproducente y negativa”.

La investigadora resalta que no es la cantidad de veces lo que importa. Puede haber sucedido solamente una vez, lo que resulta suficiente para afectar emocionalmente al otro. La agresión verbal y las cosas más sutiles, como decir malas palabras de forma cariñosa o reiterar los defectos, agreden intensamente.

 

¿La agresión psicológica se puede evitar?

No todos agreden, dominan o controlan por placer, dice Botero. Esto viene ligado a un comportamiento complejo, de lo que se aprendió de los padres, los temores de la persona, las inseguridades, lo que se ha aprendido a lo largo de la vida y que no representa necesariamente una psicopatía, pero no por esto la agresión psicológica es justificable. La prevención está orientada a entender cuáles son los límites a la hora de asumir una relación.

  1. Una relación de pareja no significa saber ni controlar todo del otro, hay una vida privada que le pertenece a cada persona y la falta de sinceridad no puede ser excusa de la agresión, pues es un arma de doble filo.
  2. Nunca un tema de pareja debe invadir otras áreas de la vida. “Hay personas que dejan de estudiar porque tienen problemas de pareja, hay gente que se enemista con su familia o deja de comer…”, asegura Botero.
  3. La prevención también parte de identificar cuáles comportamientos agresivos afectan a la pareja. Al ser parte de una relación dañina, donde hay dominancia, humillación, donde se denigra del otro, se deben tomar acciones para construir una dinámica diferente.
  4. Aprender a resolver los problemas con la pareja permitirá el fortalecimiento personal, permitiendo la aceptación y el respeto del otro.
  5. En las relaciones futuras de noviazgo estos aprendizajes pueden ayudar. Si se aprende a escuchar, a solucionar los problemas de otra manera, si se entiende el daño que se le puede ocasionar al otro, se tendrán relaciones más sanas.

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Mutaciones en genes de colombianas predisponen a cáncer

Mutaciones en genes de colombianas predisponen a cáncer

Genéticamente hablando, se tiende a pensar que cuando se crea un ser humano las células deben contener una misma información y organizarse de cierta manera, como quien coge fichas de Lego para construir una pirámide y no una montaña. Y esa idea es especialmente persistente cuando se piensa en defectos en los genes. Pero no hay un molde de ser humano. Por algo el universo nos creó únicos, así tengamos muchísimas similitudes con individuos de nuestra misma especie e incluso con los de otras. Sin embargo, hay variaciones en la forma como están dispuestas las cuatro bases genéticas (adenina, timina, citosina y guanina) en un camino de unos 3200 millones de unidades de información que constituyen el ADN. Estas son variaciones o mutaciones que aumentan el riesgo de sufrir enfermedades con componente genético, como el cáncer.

Auscultar cuáles son esas variaciones en las colombianas con cáncer de seno y/u ovario se convirtió en la pasión de la microbióloga Diana Torres, cuyos estudios de doctorado y posdoctorado en genética del cáncer le permitieron identificar cinco condiciones genéticas transmisibles de generación en generación que son características de nuestra población y que aumentan las probabilidades de desarrollar estos dos males. Saberlo es particularmente importante, porque el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres en el país: en 2016 murieron 3157 mujeres, y hasta agosto de 2017 se reportaron 2108 casos, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La incidencia anual es de 36 personas por cada 100 000 habitantes.

Desde que en 2003 empezó la genómica oncológica a nivel mundial, el blanco de las investigaciones han sido las poblaciones de origen europeo, norteamericano y surasiático. Gracias a ellas se sabe, por ejemplo, que alteraciones en los genes BRCA1 y BRCA2 –Breast Cancer 1 y 2– generan una gran susceptibilidad de desarrollar cáncer de seno y de ovario. Pero hasta hace menos de una década nada se sabía sobre la prevalencia genética de esta enfermedad en la población colombiana.

Los estudios realizados por Torres, con la dirección de su tutora prof. Dr. Ute Hmann, título honorífico luego de concluir su doctorado, del Instituto Nacional de Cáncer de Alemania, y en asocio con otros expertos nacionales e internacionales, permitieron identificar cuatro mutaciones puntuales fundadoras –es decir, con origen común y alta frecuencia en una población dada– y un gran rearreglo genético –o gran reconfiguración del ADN, con pérdida superior a 7 000 pares de bases–. Así se vio que estas mutaciones son recurrentes en las colombianas y las predisponen al cáncer de seno y/u ovario, dos en el gen BRCA1 y tres en el BRCA2.

“Todas estas mutaciones son patogénicas, pero no son cien por ciento penetrantes, lo que significa que no necesariamente quien las porte va a desarrollar con toda seguridad la enfermedad. Sin embargo, esa probabilidad puede llegar hasta 95 %, de pendiendo de los antecedentes familiares y del tipo de mutación”, explica Torres, quien determinó que el mayor riesgo lo tienen las portadoras de una de las alteraciones de BRCA2. Las variaciones están presentes en población española y por eso se podría pensar que llegaron a esta parte del continente con la colonización.


La muestra en colombianas

Fueron varias las investigaciones que en el lapso de unos 15 años hicieron posible esta identificación y descripción. La primera incluyó a 53 familias de pacientes y familiares en primer, segundo y tercer grado, y después a 68 familias más. Además, se quiso evaluar la frecuencia y prevalencia de las alteraciones halladas, para lo cual se hizo un estudio de casos y controles con 1022 pacientes –con o sin antecedentes familiares de estos cánceres– y el mismo número de sujetos sanos. Conforme este último análisis, la frecuencia de todas las mutaciones en los casos estudiados fue de 7 %, mientras que en los controles (personas sin la enfermedad) no fueron identificadas. Las muestras provinieron principalmente de las regiones Andina y Caribe que, junto con la Orinoquia, son las de mayor riesgo, según el Atlas de Mortalidad por Cáncer en Colombia, disponible en línea.

Toda esta información es muy valiosa, no solo para prevenir estos tipos de cáncer ante su posible desarrollo en mujeres con antecedentes familiares, sino para detectarlos en estadios tempranos y lograr tratamientos más efectivos con fármacos que se ajusten al perfil genético de las pacientes. Las mutaciones descritas en las investigaciones referenciadas son hereditarias y explican cerca de 10 % de todos los tipos de cáncer. Pero la mayor parte de las mutaciones presentes en un cáncer son somáticas: las adquiere una persona a lo largo del tiempo por distintas circunstancias de vida.

Es vital tener presente, por tanto, que el cáncer es un mal en el que se conjugan muchos factores: ambientales, hormonales, estilo de vida, entre otros. Particularmente, en el cáncer de mama intervienen la obesidad, el sedentarismo, el estrés, la edad tardía del primer embarazo, la baja paridad, la no lactancia materna y el uso de anticonceptivos orales. Con ello en mente, vale decir que a nadie condena la variabilidad genética o, en otras palabras, el acervo genético único y especial con el que nace un individuo, pero tampoco a nadie lo salva.

 


TÍTULO DE LAS INVESTIGACIONES:
High proportion of BRCA1/2 founder mutation in Hispanic breast/ovarian cancer families from Colombia
Prevalence and penetrance of BRCA1 and BRCA2 Germline mutations in Colombian breast cancer patients
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Torres
COINVESTIGADORES: Ute Hamann, Muhammad Usman Rashid, Fabián Gil, Ángela Umaña, Giancarlo Ramelli, José Fernando Robledo, Mauricio Tawil, Lilian Torregrosa, Ignacio Briceño, J. Lorenzo Bermejo, A. Beltrán y V. Ariza.
Instituto de Genética Humana,
Instituto Nacional de Cáncer de Alemania
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2005- en ejecución

Desde la primera vez, siempre sí al preservativo

Desde la primera vez, siempre sí al preservativo

Era un jueves de enero. Día caluroso, pese a que el gris de las nubes anunciaba tormenta. Pero eso no le importaba a Marcela, pues en sus ojos ya llovían con fuerza las lágrimas. Su mirada estaba ida. Casi ni parpadeaba. Solo apretaba con la mano derecha un sobre donde se encontraba la causa de su desconsuelo. El timbre de su celular la hizo volver a la realidad. No alcanzó a decir “aló”, porque al escuchar la voz de Luisa el llanto silencioso de hace unos segundos se desbordó del modo más desgarrador. Y cómo no entenderla, si había sido diagnosticada con VIH y estaba a punto de contárselo a su pareja, quien con toda seguridad también portaba el virus.

Como Marcela, hay muchas mujeres más atravesando por esta situación. Se suele pensar que en las relaciones homosexuales femeninas, por no haber penetración, los riesgos son nulos. Según un informe realizado por Joint United Nations Programe on HIV/AIDS (UNAIDS), el contagio del VIH está afectando cada vez más a la comunidad joven femenina, al tiempo que señala que esta constituye el 50 % de la población mundial afectada.

Este hallazgo fue corroborado por investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali y la Universidad del Valle. “Todo inició con mi tesis doctoral, centrada en identificarla función del riesgo o la manera en que los jóvenes lo conciben en distintas áreas, y una de ellas era la sexualidad. En 2009 coincido con el grupo de la Javeriana de Cali, quienes llevaban más de diez años abordando este tema. Empezamos a trabajar en saber por qué, si la gente conocía la importancia del uso del preservativo, en su práctica cotidiana no aplicaba este conocimiento”, explica Teresita Sevilla, directora de la Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali e investigadora del Proyecto Tramas. Y añade: “lo que buscábamos era develar las tramas de acción y las lógicas de sentido que subyacen en la adopción de prácticas protectoras y preventivas frente al VIH en jóvenes”.


Qué condiciona las prácticas sexuales de los jóvenes

Entre los principales hallazgos de la investigación, circunscritos al ámbito familiar, es que existen problemas de comunicación entre padres e hijos a la hora de hablar de sexo, a los que se suman la violencia de género en el hogar y dinámicas asociadas a situaciones de convivencia que se terminan viendo reflejadas en las vivencias y expresiones de la sexualidad. “La madre sigue siendo reconocida y delegada como principal transmisora de valores y disciplina en el abordaje de la sexualidad, pero ahora la figura del padre toma fuerza, por las distintas configuraciones familiares que existen. Por ejemplo, familias monoparentales, ensambladas, homoparentales,etc.”, afirma Linda Teresa Orcasita, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Javeriana Cali y coinvestigadora de Tramas.

Otro de los hallazgos está en el debut sexual. “Encontramos que esa primera vez es muy importante, por el valor que se le da y porque marca la trayectoria posterior. Si en esa primera vez la persona me dice que no es necesario usar condón, yo empiezo a incorporar esos elementos para el resto de mis experiencias sexuales”, agrega la psicóloga Orcasita. Las considerables transformaciones en las dinámicas sociosexuales entre hombres y mujeres, así como los avances en las creencias sobre el uso de preservativo, constituyen otra conclusión significativa del estudio.

Sin embargo, persisten los imaginarios de género que limitan la participación de las mujeres. “Este fenómeno se debe a quesocialmente hay una baja percepción de riesgo de transmisión del VIH en las relaciones homosexuales femeninas, ya sea por prejuicios de género, por falta de comunicación o por concepciones heteronormativas, es decir, que la idea de sexualidad se basa en los patrones, comportamientos y creencias heterosexuales”, continúa Orcasita.

Entonces, ¿Marcela es portadora de VIH por carencia de información y por ser estigmatizada? No es fácil responder a esta pregunta. Lo que sí queda claro es cómo pudo llegar a contraer la enfermedad. “La transmisión del VIH en las mujeres homosexuales se da a través del contacto con la mucosa vaginal, el intercambio de secreción y sangre menstrual que contenga el virus. Incluso, puede ocurrir mediante la inseminación artificial, cuando se realiza sin un control médico”, argumentan Elías y Teresita Sevilla, con base en estudios anteriores.

Por su lado, Proyecto Tramas también valoró el riesgo en la sexualidad de los jóvenes frente al VIH-Sida y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) e “identificó que dos terceras partes de los jóvenes se clasificaron en peligro medio y alto, y las relaciones de mayor vulnerabilidad están referidas a tener prácticas sexuales con parejas ocasionales teniendo una relación estable, con desconocidos y bajo el efecto del alcohol”, comenta Sevilla.


De la teoría a la práctica

Para recopilar pruebas, el equipo de Tramas se enfocó en tres universidades de Cali escogidas según parámetros como clase social, demografía y carácter público o privado. “Seleccionamos una pública, que tiene dos campus, y dos privadas. Orientados por una lógica descriptiva – interpretativa, desarrollamos tres componentes metodológicos de una estrategia integrada. En un primer momento se construyeron 30 relatos de vida de jóvenes hombres y mujeres de los tres entornos universitarios; paralelamente, durante seis meses, se desarrollaron ejercicios de microetnografías en los tres entornos en los que hubo participación activa de investigadores y estudiantes”, explica Sevilla.

Al mismo tiempo, a partir de los resultados de estos primeros componentes, y apoyadas en hallazgos de algunos estudios previos, las investigadoras diseñaron la encuesta ‘Reconociendo mi salud sexual y reproductiva’, que en su segunda versión fue administrada a 1704 estudiantes de los cuatro campus. El proyecto vinculó asimismo a investigadores, asistentes y estudiantes de distinto nivel de formación y diversas áreas de conocimiento, entre ellas, sociología, psicología, enfermería, salud pública, epidemiología, comunicación, ingeniería de sistemas y estadística.

“En 2015 se presentaron 840 reportes de enfermos de sida y 198 fallecimientos por esta causa en Cali, lo que significa una tasa de incidencia del 35,4 personas y una tasa de mortalidad de 8,4 personas por cada 100 000 habitantes”.
‘Así va la lucha contra el VIH Sida en Cali’ (El País, diciembre de 2016).


Tareas pendientes

“El trabajo con las universidades lo seguimos haciendo, al igual que con los servicios de salud y las familias. Ahora queremos devolvernos a los colegios, porque, según otro estudio vinculado a Tramas, el inicio de la vida sexual está cerca de los 14 años de edad. Entonces, ¿cuál es ese momento de preparación? De allí que queramos empezar a hacer un trabajo previo urgente, no solo con los adolescentes, sino con todos los actores, para que reconozcan las diversas opciones sexuales y la información no sea limitada”, justifica Orcasita.

Mientras el equipo continúa investigando, Marcela, a pesar de su situación, se declara feliz, porque su familia la acepta tal y como es, y además puede dar testimonio para que los jóvenes tomen conciencia del uso del condón. “Mi papá me dijo que, si esa era mi felicidad, tenía que ser también su felicidad, y mi mamá me expresó que yo iba a ser su hija para siempre y que eso no iba a cambiar nada en mí”, dice con voz esperanzadora.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Tramas de acción y de sentido en las prácticas preventivas frente al VIH/Sida en jóvenes universitarios de Cali
INVESTIGADORAS PRINCIPALES: Teresita María Sevilla Peñuela, Gladys Eugenia Canaval Erazo y Claudia Patricia Valencia Molina
COINVESTIGADORA: Linda Teresa Orcasita
Pontificia Universidad Javeriana Cali: Grupo de Medición y Evaluación Psicológica, Grupo de Investigación Bienestar, Cultura, Trabajo y Sociedad (bitacos), Escuela de Enfermería
Grupo de Investigación en Estudios Doctorales en Ingeniería (GEDI)
Centro de Investigaciones de la Universidad Santiago de Cali
Universidad del Valle – Grupo Promesa
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

Virus del Papiloma Humano, un drama más allá de lo estadístico

Virus del Papiloma Humano, un drama más allá de lo estadístico

María Daniela Vargas Nieto

Son las 10:45 de la mañana y Magnolia está sentada en la sala de espera del hospital departamental mientras mueve su pie al ritmo de las manecillas del reloj.  A sus 40 años y con dos pequeños a su cargo, su mayor preocupación es llegar a casa. Está nerviosa. Quizá porque los dejó solos, porque no tiene dinero para pagar el arriendo que vence ese mismo día o, tal vez, porque está a punto de recibir una noticia que cambiará su vida. Anuncian su nombre en alto, se pone de pie e ingresa al consultorio mientras el doctor toma entre sus manos un sobre blanco y, en él, la frase: resultado de cáncer de cuello uterino por biopsia para detección del Virus de Papiloma Humano (VPH), positivo.

Magnolia hace parte de los 36 casos en cada 100.000 mujeres que presentan cáncer de cuello uterino anualmente en Colombia, según un estudio de la Universidad del Rosario, ya que al tratarse de un virus de transmisión sexual su patrón de propagación depende de la ubicación geográfica de la población; en el caso de Colombia, ocurre en las áreas cercanas a los ríos navegables, zonas de frontera –como el golfo de Urabá y la serranía del Baudó– o regiones con bajo acceso a educación y servicios de salud. Estas condiciones incrementan la probabilidad de que una mujer sea portadora del VPH y, posteriormente, desarrolle cáncer de cuello uterino, tal como lo indica el Atlas de mortalidad por cáncer en Colombia de 2017.

“El cáncer de cuello uterino es un problema de países en desarrollo, de países pobres como lo son la mayoría de lugares donde se desarrollan enfermedades infecciosas, y esta es la situación que se presenta para Colombia”, asegura Raúl Murillo, director del Centro Javeriano de Oncología y exdirector del Instituto Nacional de Cancerología  (INC), quien llama la atención sobre las implicaciones del cáncer: “Es una enfermedad asociada a la pobreza y a las deficiencias socioeconómicas de la  nación”.

Por eso, para comprender por qué Magnolia y aproximadamente 528.000 mujeres presentan esta enfermedad anualmente, es importante tener presente que, además del factor ‘promiscuidad sexual’ en comunidades es necesario que se presenten otros co-factores para que esta progrese hasta el desarrollo de la enfermedad incluyendo la paridad, el tabaquismo, las infecciones concomitantes y el uso de anticonceptivos orales entre otros.

Una persona con deficiencia inmunológica  es más propensa a ser portadora de virus. Por eso, Juan Manuel Anaya, del Centro de Estudio de Enfermedades Autoinmunes (CREA) de la Universidad del Rosario, indica que “un paciente con enfermedad autoinmune tiene el riesgo de disminuir diez años de sobrevida respecto a una persona sin complicación autoinmune de su mismo sexo y edad”. Esta es una cifra alarmante considerando que el estimado de vida para las mujeres en Colombia es de 81 años, según el estudio anual sobre la Carga Mundial de la Enfermedad (GBD), y que el cáncer de cuello uterino afecta, principalmente, a las poblaciones más alejadas y pobres del país, al igual que a las mujeres del régimen subsidiado de salud.

Si bien factores como el consumo de anticonceptivos orales, el tabaquismo y el número de hijos están relacionados con el desarrollo de cáncer de cuello uterino, el VPH es una causa necesaria pero no suficiente para su aparición. Al menos 12 genotipos del virus, de los 40 que existen en su especie, están asociados directamente con el desarrollo de estas lesiones malignas. En ese sentido, el Ministerio de Salud y Protección Social indica que el serotipo (microorganismo infeccioso) número 18 del VPH causa aproximadamente el 70% de todos los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo.

Por eso, no debe ser extraño considerar que este virus de transmisión sexual fue la segunda causa de muerte de mujeres en Colombia entre 2007 y 2013, según el Instituto Nacional de Cancerología, y el responsable de al menos el 12% de todos los cánceres producidos en mujeres en el mundo de acuerdo con la Organización Mundial para la Salud.

De los 40 tipos diferentes de VPH, 12 están relacionados con lesiones severas que derivarían en cáncer de cuello uterino. /Felipe Abondano
De los 40 tipos diferentes de VPH, 12 están relacionados con lesiones severas que derivarían en cáncer de cuello uterino. /Felipe Abondano


El eterno debate

A pesar de que el cáncer de cuello uterino es un asunto que preocupa a los expertos por la tasa de mortalidad en mujeres, 7 de cada 100.000 personas en el país, según cifras oficiales, también se ha convertido en un tema de debate ético y académico sobre la implementación de la vacuna contra el VPH.

De acuerdo con Francisco Yepes, profesor titular del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, “como en toda vacuna y medicamento, la eficacia y la seguridad son criterios fundamentales para la aprobación de su uso”. Sin embargo, “…la evidencia para la decisión del país no es robusta ya que se fundamentó en un estudio de costo-efectividad realizado por la Universidad Nacional de Colombia, basado en una serie de supuestos epidemiológicos y poblacionales que están por ser verificados”.

Hay quienes sugieren que esta vacuna no garantiza una efectividad comprobable, como tampoco tiene efectos positivos en el organismo de una mujer luego de su aplicación. Respecto a este tema, Yepes afirma que entre los argumentos de quienes cuestionan la seguridad de la vacuna se encuentran al creciente número de casos clínicos de enfermedades autoinmunes iniciadas después de su aplicación, reportados en la literatura; los estudios experimentales que comprueban el efecto disparador de fenómenos autoinmunes por parte del aluminio; y “la magnitud inusitada de los efectos adversos de las vacunas contra el VPH documentados en los sistemas de reporte de varios países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido y Japón”, dice.

Un caso relacionado con los efectos de la vacuna es el que ocurrió en Carmen de Bolívar en 2014, cuando más de 200 niñas presentaron reacciones adversas como desmayos y adormecimiento de extremidades. Ante esto, el Instituto Nacional de Cancerología presentó un documento en el que asegura que “los hallazgos y la diversidad de factores sociales, ambientales y culturales que hacen parte del entorno en el cual se desenvuelve la población de niños y adolescentes en el municipio, no aportan la suficiente evidencia para afirmar que la fuente común de exposición que explique la presencia del cuadro clínico se deba a la administración de la vacuna contra el VPH”.

Por eso hay quienes afirman que es necesario intervenir rápidamente en la sociedad, especialmente en las comunidades de zonas vulnerables que no tienen acceso a la educación o a centros de salud para reducir la tasa de muerte por cáncer de cuello uterino.

“El país lleva haciendo citologías por más de 50 años tratando detectar las lesiones precancerosas tipo NIC3 (el estado más desarrollado del VPH), a fin de tratarlas y evitar que progresen a cáncer”, explica Murillo, quien también asegura que “la aparición de síntomas tras la aplicación de la vacuna no es evidencia suficiente de sufrir efectos adversos, ya que podría estar asociado a cualquier evento o antecedente previo cercano a la inoculación”.

Comprender las implicaciones individuales, sociales y culturales que se originan por portar el VPH –como le ocurrió a Magnolia–, o por ser diagnosticado con cáncer de cuello uterino, es una de las tantas razones por las cuales el Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Javeriana, junto al Hospital Universitario San Ignacio y el Instituto Nacional de Cancerología – ESE, organizaron el simposio internacional Debates en torno a la salud pública: El control del cáncer, una mirada desde la academia, que tuvo lugar en la Javeriana los días 6 y 7 de febrero.

Investigadores nacionales y extranjeros se reunieron en la Pontificia Univerisdad JAveriana para analizar la realidad del VPH. /Philip Charry
Investigadores nacionales y extranjeros se reunieron en la Pontificia Univerisdad Javeriana para analizar la realidad del VPH. /Philip Charry

En ese espacio, investigadores nacionales e internacionales debatieron los logros y retos en términos del control del cáncer, las controversias sobre la vacunación contra el VPH, el porqué de las enfermedades autoinmunes y sus implicaciones sociales, y la efectividad y seguridad de las vacunas contra el cáncer de cuello uterino.

El simposio también sirvió de escenario para hacer un llamado al Gobierno e instituciones promotoras del cuidado de la salud con el fin de prestar atención a la creciente tendencia de víctimas que deja el cáncer de cuello uterino en el país, al igual que el importante rol que debe desempeñar un profesional de la salud al momento de recomendar o no el uso de la vacuna. Cabe destacar que al menos un millón de personas contraen una infección de transmisión sexual al día y aproximadamente 290 millones de mujeres están contagiadas con el virus del Papiloma Humano, de acuerdo con la OMS.

Pero más allá de la frialdad de estas cifras, la realidad muestra que mujeres como Magnolia, que trabaja y cuida de su familia todos los días sin recibir una compensación a cambio, y que, entre muchos proyectos, espera estar presente en el paso de sus hijos a la adultez, deben enfrentarse no solo a la incertidumbre de no cumplir este sueño sino también al estigma social por contraer una enfermedad de transmisión sexual.

La senda para curar a los pacientes de VIH enfermos por cáncer

La senda para curar a los pacientes de VIH enfermos por cáncer

Grupo de Inmunobiología y Biología Celular¿Qué relación tienen el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y la aparición del cáncer? Aparentemente, ninguna. Pero para Sandra Quijano, bacterióloga, doctora en biología y clínica del cáncer, y docente investigadora del Departamento de Microbiología de la Pontificia Universidad Javeriana, se ha convertido en su motivación para encontrar una solución a dos intensas enfermedades que causan grandes estragos: según la Organización Mundial de la Salud, en 2016 se registraron más de un millón de muertes relacionadas con el VIH, mientras que, en el caso del cáncer, su tasa de mortalidad anual se eleva a más de 8,8 millones de casos.

Ante esta realidad, el Grupo de Inmunobiología y Biología Celular de la Javeriana, liderado por Quijano, adelantó una investigación centrada en buscar la existencia de marcadores en la sangre de pacientes portadores de VIH del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI), con el fin de identificar la probabilidad de desarrollo de tumores invasivos y cáncer.  Según la investigadora, estos tumores suelen ser altamente invasivos y causan una elevada tasa de mortalidad entre quienes los padecen.

Esta investigación, titulada Evaluación de la clonalidad B en pacientes VIH positivos en distintos estadios clínicos de la enfermedad y su asociación con la infección con el virus del Epstein Barr, fue galardonada con el Premio a la Investigación Científica 2017, entregado por la Academia Nacional de Medicina por ocupar el primer puesto en la categoría de Ciencias Clínicas. Esta organización reconoce el trabajo de investigadores en áreas de la salud con el fin de estimular el avance de la ciencia médica en el país.

Todo este proyecto fue posible gracias a un trabajo articulado entre el Servicio de Infectología del HUSI, el Grupo de Patología de la Fundación Santa Fe de Bogotá y el Grupo de Biotecnología de la Fundación Cardiovascular de Colombia en Bucaramanga.

La humanización de la salud, problema de todos

La humanización de la salud, problema de todos

“La medicina no es propiedad de los médicos ni la salud es de quienes ostentan puestos directivos en el sistema. La salud y la medicina son propiedad de la sociedad”. Con este argumento, Eduardo Díaz Amado, profesor del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana, presenta el libro La humanización de la salud: conceptos, críticas y perspectivas e invita a consultarlo por estar al alcance de cualquier persona que quiera ahondar sobre la situación actual de la atención médica en Colombia y comprender las diferentes visiones que existen al respecto.

El libro, que reúne 26 investigaciones de diversas profesiones relacionadas con la atención en salud, surgió del tercer Foro de Bioética Clínica “Humanizar la salud: significados, posibilidades y límites”, que realiza la Universidad cada dos años. Luego de la invitación de Díaz Amado a los ponentes de ese foro para construir artículos académicos que reflexionaran alrededor del concepto de la humanización, de las tensiones existentes en la actualidad en las profesiones de la salud y de los aportes de las humanidades médicas a este fenómeno, se recopilaron estos textos en la publicación editada por la Editorial Javeriana y presentada el pasado 16 de noviembre en el marco de los 20 años de existencia del Instituto de Bioética.

En el libro se puede encontrar artículos que hablan de cómo en un currículo de educación se introduce el tema de la humanización de la salud o de las experiencias en los hospitales, entre otros temas con abordaje crítico desde lo político y lo ético.

Si desea conseguir este libro, puede consultar el catálogo o pedir información en la Editorial Javeriana.

Los secretos de una enfermedad cerebral poco conocida

Los secretos de una enfermedad cerebral poco conocida

Poco a poco, familia y amigos empiezan a detectar que algo anda mal con Ramiro. De 54 años, casado, con hijos y un trabajo estable, ya no es el mismo. Puede vestirse con una media azul y otra verde o ponerse el saco al revés, y pareciera no darse cuenta; cuando se lo hacen notar, responde con indiferencia. Se ha vuelto irascible, está desmotivado, poco le importan los sentimientos de quienes comparten la vida con él, no puede concentrarse y ahora le ha dado por comer dulces o lechugas a toda hora. ¿Qué le está pasando? Se ha vuelto insoportable… casi loco. Así lo describen sus allegados y no entienden cuál es la causa del cambio en su comportamiento. Pero está muy joven para pensar en una demencia… ¿o no?

Pues no. Puede tratarse de una enfermedad neurodegenerativa, que suele presentarse entre los 45 y 65 años de edad y la sufren unas 15 de 100.000 personas a nivel mundial. Se llama demencia frontotemporal (DFT) o enfermedad de Pick –nombre del psiquiatra Arnold Pick, quien la describió por primera vez– y afecta las funciones sociales, conductuales y afectivas, pero no la memoria. Puede presentarse pérdida progresiva del lenguaje, así como del recuerdo del significado de los objetos, en el que los pacientes se preguntan: ¿para qué es el semáforo?


¿Qué sucede en el cerebro?

La neuropsicóloga Diana Lucía Matallana Eslava, profesora titular de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y coordinadora de investigación del Instituto de Envejecimiento, ha dedicado varias décadas de su vida profesional a estudiar cómo funciona el cerebro en relación con conductas complejas. Así, desde 2008, llegó al estudio genético y clínico de la DFT, que ocurre cuando hay un ‘enredo’ en una proteína llamada tau en las neuronas de los lóbulos frontales. En esencia, todas las enfermedades neurodegenerativas tienen que ver con acumulación de desechos celulares.

Son como la basura que el cerebro no elimina. Matallana lo equipara con una casa, donde cada sitio tiene una función: “Si en la cocina es donde socializamos, sabemos comportarnos, expresamos y reconocemos emociones, podría compararse con las funciones del lóbulo frontal; si en la sala memorizamos, lo compararíamos con el lóbulo temporal” Y continúa: “¿Qué pasaría si, al exprimir una naranja, no botamos la cáscara? ¿Y cuando en la sala no volvemos a limpiar el mugre que se acumula? Llegará un día en que en esos sitios no se vuelve a cocinar o a recibir visitas. En el cerebro, proteínas como la tau y la beta-amiloide llegan a ser basura, son difíciles de desechar y se vuelven neurotóxicas, lo que se relaciona con la enfermedad de Alzheimer y la degeneración del lóbulo frontotemporal. Inician mucho antes de que podamos ver los síntomas”.

A ella le interesa, además de conocer las causas de la enfermedad, entender por qué “esa parte del cerebro que se encarga de poder ser altruista, solidario, empático con el otro, moderar comportamientos agresivos y las conductas de control social” se afecta, y cómo diagnosticarla y tratarla cuando esto sucede. En ese primer proyecto encontraron un gran desconocimiento sobre esta enfermedad, por lo que su grupo se propuso capacitar a la población académica-médica para reconocerla, pues frecuentemente se confundía con problemas psiquiátricos. Ahora saben que es la enfermedad neurodegenerativa más común antes de los 65 años, y por lo tanto es la que mayor impacto ejerce sobre la familia, la sociedad y el sistema de salud.

Han seguido un sistema de evaluación de enfermedades neurodegenerativas que su grupo difunde desde 1992. Consiste en un estudio interdisciplinar en el que seis pacientes son evaluados por cuatro especialistas –neurólogos, neuropsicólogos, psiquiatras y geriatras– en una mañana.

Con esta experiencia y los resultados del primer estudio se presentaron a varias convocatorias, que ganaron y les permitieron dedicarse de lleno al estudio de la DFT. Ampliaron el número de pacientes y, con el apoyo de Colciencias, empezaron a estudiar aspectos genéticos de la población colombiana: “Encontrar mutaciones genéticas características de los colombianos es como buscar un grano de arena en una playa”, explica Matallana. Han apoyado a sus mejores estudiantes para realizar sus estudios de posgrado en DFT, entre ellos una fonoaudióloga, quien en su doctorado estudió los componentes del lenguaje en la enfermedad; un neurocientífico, quien en su doctorado en ingeniería se encarga del manejo de imágenes del cerebro; una genetista que solo estudia esta enfermedad, y un psiquiatra, hoy profesor de la Facultad después de haber culminado una estancia posdoctoral.

“Nosotros usamos metodologías de última generación para el análisis de la conectividad, cómo se comunican unas áreas con otras, y volumen o densidad del tejido cerebral”, dice la neuropsicóloga, y con orgullo señala que sostienen un diálogo con los ingenieros “porque todos aprendemos: los ingenieros crean formas  de análisis de las imágenes y nosotros, los clínicos, correlacionamos los síntomas con los cambios en las imágenes”. Y las neuroimágenes son distintas, dependiendo de la enfermedad neurodegenerativa del paciente.

Con su colega, la neuropsicóloga colombiana Katya Raskovsky, hoy vinculada a la  Universidad de Pennsilvania, adelantan un proyecto cofinanciado por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) mediante un proyecto Fogarty, que les permite intercambiar y generar conocimiento en torno a esta enfermedad. “Hemos encontrado familias con características que ameritan ser estudiadas en regiones cercanas a Bogotá”, adelanta Matallana, pero sin dar detalles. En 2018, cuando termine el estudio, podrá hablar sobre ellos.


De paciente a la población entera

Se han concentrado en trabajar la empatía –la capacidad de percibir los sentimientos del otro– y los juicios morales en otras patologías neurológicas, como los ataques cerebrovasculares, la esquizofrenia o el autismo. Al ver que los seres humanos comienzan a perder la sensibilidad por los demás, se han cuestionado sobre el país en el que vivimos. “Puede ser que la historia de La Violencia nos ha llevado a perder la capacidad de ponernos en el lugar del otro”, dice. En la Encuesta Poblacional de Salud Mental del 2015 incluyeron algunas preguntas relacionadas con aquello que se afecta en la DFT: “¿Qué pasa en un país como el nuestro cuando damos un juicio moral? ¿Cómo reconocemos emociones o somos empáticos?”.

Y encontraron que “los colombianos reconocemos muy fácilmente la alegría, no identificamos muy bien la agresión, la tristeza y el asco; habilidades necesarias para interactuar socialmente con los otros”. De este nuevo enfoque en sus estudios analizan la enfermedad en el contexto cultural colombiano. “Seguramente las políticas de Estado podrán facilitar una reparación cultural en estos temas tanto como la que hay en el cerebro”, propone.

Lo triste es que, hasta ahora, la DFT no tiene cura. “Lo que sí se puede hacer es compensar otras áreas del cerebro que se entrenen nuevamente en habilidades sociales”. Quienes tienen problema del lenguaje, por ejemplo, se pueden volver artistas cuando nunca lo han sido.

En un reciente artículo aceptado para publicación en la revista Brain, las investigaciones con pacientes fueron analizadas con pares argentinos, que encontraron que los pacientes con DFT sienten más envidia (Schadenfreudeen alemán) y disfrutan del dolor ajeno que los grupos control. “Frecuentemente estos pacientes tienen más emociones antiempáticas y tienden a cometer más violaciones morales y legales”, dijo Agustín Ibáñez, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (Incyt) de Argentina al diario La Nación. El artículo será carátula de la revista, anunció Matallana.

Hoy en día, dice, los avances en las investigaciones javerianas al respecto posicionan al país como líder en la región latinoamericana, lo que se demuestra en la cantidad de ponencias aceptadas en las conferencias internacionales de DFT que se realizan cada año.

Por ahora, hace énfasis en que continúan capacitando al personal médico nacional e internacionalmente, estudiando a los pacientes de manera sistemática e interdisciplinar y alimentando un banco con cerebros donados para continuar la investigación.


Para leer más

A Lesion Model of Envy and Schadenfreude: Legal, Deservingness and moral Dimensions as revealed by Neurodegeneration. Brain (número en preparación). Santamaría- García, H.; Baez S, Reyes P.; Santamaría-García J.; Santacruz-Escudero J.; Matallana, D.: Arévalo, A.; Sigman, M.; García, A.; Ibánez, A. (2017)


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Los lóbulos frontales: estudio clínico y genético de la Demencia Frontotemporal. Colciencias 371-2011
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Lucía Matallana Eslava
COINVESTIGADORES: Carlos Cano, Pablo Reyes, Andrea López, Ángela Martínez, Ignacio Zarante, Felipe Uriza, José M. Santacruz, Hernando Santamaría, Ángela Iragorri
Facultad de Medicina
Instituto de Envejecimiento
Instituto de Genética Humana
Departamento de Psiquiatría y Salud Mental
Grupo de investigación Perspectivas en ciclo vital, salud mental y psiquiatría
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2016

Luz ultravioleta purificadora de agua

Luz ultravioleta purificadora de agua

En 2010, investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana propusieron una forma de desinfectar agua por medio de una lámpara de luz ultravioleta excimer, cuya longitud de onda daña el ADN de los microorganismos dañinos. Unidos por esa meta se conformó un grupo en el que participaron los departamentos de Ingeniería Electrónica, Ingeniería Civil y Microbiología.

Debido a que los rayos ultravioleta son dañinos para el ser humano, la lámpara está encerrada dentro de una cápsula de acero inoxidable por la que circula el agua, diseñada para instalarse en tuberías gracias a su apariencia de pequeño cilindro: por un lado entra el agua con bacterias y por el otro sale desinfectada.

“Esa lámpara mata todo lo que le pongamos. Es peligrosa”, dice Rafael Diez, líder de este proyecto, aunque sí hay microorganismos que le son más fáciles de eliminar que otros. Por ejemplo, una bacteria E.coli puede ser eliminada en cuatro segundos pero otras, como la Cryptosporidium, puede tomar hasta cuatro minutos. Su tarea fue, entonces, hacer pruebas con muchos microorganismos y así descubrir cuál era la dosis necesaria de radiación que debían implementar para eliminar a cada uno de ellos.

Otra ventaja de este prototipo es que funciona cuando alguien abre una llave de agua, pero cuando la cierra, la lámpara se apaga. Así no se desperdicia energía, a diferencia de otros sistemas de desinfección de agua con lámparas que deben estar prendidos todo el tiempo. La lámpara que utilizan mide 17 cm de largo?’ aproximadamente, no está diseñada para desinfectar grandes cantidades de agua pero sí para el consumo normal de un hogar colombiano.

INFOGRAFÍA LAMAPARA EXCIMER

Cáncer de pulmón, una aterradora realidad

Cáncer de pulmón, una aterradora realidad

Aunque el sistema estadístico de salud en Colombia es lo más parecido a un laberinto viejo, con cifras que, en el mejor de los casos, datan de 2013, los números sobre la realidad del cáncer de pulmón acongojan y aterran. Según datos del Ministerio de Salud, en 2012 (el año con cifras más recientes) se reportaron 4.015 muertes por “tumor maligno de los bronquios o del pulmón, parte no especificada”.

Otra de aquellas estadísticas la aporta el DANE: en 2010 se registraron alrededor de 4.500 muertes relacionadas con enfermedades crónicas de las vías respiratorias. Un panorama mucho menos alentador al mirar los números globales: en 2012, la Organización Mundial de la Salud aseguró que 8,2 millones de personas habían muerto en el planeta a causa del cáncer, de las cuales 1,59 millones (el 19,3%) se le atribuye al cáncer pulmonar.

Al ahondar entre los factores que contribuyen a esta tragedia, en primer lugar aparece el tabaquismo, una enfermedad mucho más estudiada. El organismo multilateral afirma que el cigarrillo mata al año a 7 millones de personas, de las cuales poco más de 6 millones son fumadores activos y alrededor de 890.000, pasivos.

Si bien Colombia ha sido reconocida como un país modelo por sus medidas legales y, sobre todo, tributarias para desincentivar el consumo del tabaco, el Gobierno reconoce que el trabajo por hacer es bastante, en especial cuando el tabaquismo cobra al año la vida de más de 20.000 personas e induce al 10,4% de los jóvenes a fumar.

Ante este panorama, por demás aterrador, la Pontificia Universidad Javeriana, a través de su Semillero de Investigación Epigenética y Cáncer Pulmonar, se ha propuesto, entre otros objetivos, despertar la conciencia de fumadores activos y pasivos ante el avance de esta enfermedad. Sus recomendaciones: llevar una vida sana, proteger los ambientes libres de humo y, ante todo, no consumir cigarrillo.

Consejos que, a primera vista, pueden parecer obvios, pero que, en el fondo, ayudan a prevenir contra una enfermedad crónica, angustiante y mortal.

Historias de medicina en la Colonia

Historias de medicina en la Colonia

La calma fue interrumpida por el hombre que entró abruptamente al edificio de tres plantas de la Real Audiencia de Santafé. Dominado por el dolor y la angustia, les informó a todos los presentes que su hermano acababa de morir y que tenían que ayudarlo. Lo dramático de la escena obligó a los funcionarios a enterarse del misterio: acompañaron al denunciante hasta su casa y, efectivamente, encontraron a un hombre tendido en la cama, sin signos vitales. Su relato de los sucedido daba a entender que uno de los posibles causantes de la muerte era el boticario: una fórmula errada había llevado a su familiar hacia el más allá.

Esta escena, ocurrida en 1626 en la ciudad de Santafé, la ciudad que más tarde se convertiría en capital del Virreinato de la Nueva Granada (y de la actual república de Colombia), es la antesala de uno de los primeros casos de mala práctica médica registrados en nuestra historia colonial. Conocido como El caso de la muerte por purga, fue hallado en los documentos del Archivo General de la Nación por Paula Ronderos, bibliotecóloga de la Academia Nacional de Medicina profesora del Departamento de Historia, de la Facultad de Ciencias Sociales, en la Pontificia Universidad Javeriana. De hecho, es un registro de una de las primeras cacerías de brujas que se tomaron lugar en la, por entonces, floreciente ciudad.

“A raíz de este caso, la Audiencia comienza a averiguar quién hace medicina en Santafé. Ordena una batida, cogen a todo el mundo y le piden sus títulos”, narra Ronderos, quien trabajó este caso en su tesis de pregrado de Historia de la Universidad de los Andes. Según el relato acusador, el finado ingirió, la víspera de su muerte, una escudilla (porción pequeña) de leche, papas y cebollas albarranas que le causaron un ataque crítico de gases, lo cual llevó a la familia a consultar con urgencia al boticario, quien recetó una purga de cen y maná. Ante la sospecha de una mala práctica médica, las autoridades coloniales tomaron cartas en el asunto.

El resultado de esta solicitud de títulos es una muestra significativa de la distintas profesiones que ejercían la medicina durante el siglo XVII. Se sabe que el primer cirujano que tocó tierras americanas vino en una de las expediciones de Cristóbal Colón, el cual fue el germen de una actividad transplantada desde Europa. “El sistema médico de los siglos XVI y XVII tiene una cabeza, que es el Tribunal del Protomedicato, que funcionaba en Madrid; después, cuando avanza el proceso de la Colonia, hay un protomédico en Nueva España, en México, y también en Lima. Y así comienza a traerse todo ese sistema burocrático de la medicina”, explica Ronderos.

La práctica médica estaba estructurada dentro de un sistema jerárquico. En lo más alto se encontraban los médicos, quienes estudiaron la ciencia en latín en los centros de formación europeos. Ellos diagnosticaban los males, recetaban medicamentos y sugerían cambios de dieta, pero siempre con una regla de oro: no tocar al paciente: “En la lógica peninsular, ensuciarse las manos es un acto que te inscribe en un lugar social menor, por eso tenemos esa obsesión con los médicos y los abogados”.

Este texto, de Pedro López de León, fue una de las referencias teóricas y prácticas para los cirujanos de la Nueva Granada.
Este texto, de Pedro López de León, fue una de las referencias teóricas y prácticas para los cirujanos de la Nueva Granada.

En el siguiente nivel jerárquico se encontraban los cirujanos, también formados en España en latín y en lenguas romances. Se encargaba de intervenir en enfermedades agudas y sobre todo en accidentes relacionados con heridas: por ejemplo, era común verlos con su instrumental (que incluía pinzas, tenazas, martillo y bisturí, entre otros) en los puntos de avanzada de los ejércitos durante el siglo XVII. Otra de sus funciones era valorar la salud de los esclavos recién llegados al puerto de Cartagena, pues de su dictamen dependía el valor a pagar (también se ocupaban de mantener y procurar su salud).

Durante la Colonia fueron comunes las pugnas entre médicos y cirujanos, titulados y empíricos, pues el contacto con los pacientes los hicieron conscientes de que en América no podía aplicarse la misma medicina que en la península ibérica. A raíz del control de títulos médicos practicado en 1626 se hace alusión a Miguel Cepeda de Santa Cruz, cirujano empírico, quien en una serie de cartas encontradas en el Archivo General de la Nación resaltó el enorme valor de su oficio. “Él argumenta que vale más la experiencia en Indias que todos los títulos en Madrid pues insistía que el contexto afectaba la terapéutica a aplicar”, comenta Ronderos.

El siguiente escalón en la jerarquía médica era para el boticario, el encargado de seguir las indicaciones del médico en su fórmula y fabricar el remedio respectivo. Su formación seguía una dinámica de gremio: el aprendiz seguía las instrucciones del maestro boticario en las tareas más básicas (barrer, ordenar el inventario, etc.) durante su niñez, y a medida que crecía iba adquiriendo más responsabilidades; cuando alcanzaba el nivel de conocimientos de su maestro, estaba estipulado que debía irse de la ciudad porque era inconcebible que compitiera con su mentor.

Finalmente, la jerarquía la cerraba el barbero. Además de las funciones que sobreviven hoy en día, de cortar cabello y afeitar, él era quien practicaba las sangrías. “La idea que se tiene en esa época es la de un cuerpo fluido, compuesto de humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema Y a cualquier enfermedad, una de las estrategias es sacar la presión líquida que se tiene dentro del cuerpo”, resalta Ronderos. Su modo de proceder era realizar una incisión con navaja en el cuello, el brazo o la cabeza para extraer un litro de sangre. Por si fuera poco, también era el ortodoncista de la época, encargado en extraer las muelas que causaban dolor: con un descarnador (un instrumento filudo pequeño, parecido a una hoz) removía la encía que rodeaba a la pieza dental para después removerla con una tenaza. Cabe resaltar que la anestesia era una simple ilusión.

Pero otros oficios se desprendían ajenos a la jerarquía médica oficial, más relacionados con el saber tradicional indígena y esclavo: parteras, curanderos, sobanderos y yerbateros.

Instrumentos como estos definieron la práctica de los cirujanos en el siglo XVII (tomado en el Museo de la Medicina Ricardo Rueda González).
Instrumentos como estos definieron la práctica de los cirujanos en el siglo XVII (tomada en el Museo de la Medicina Ricardo Rueda González).

Su investigación fue el tema principal de la conferencia Hospitales y cirujanos en la Nueva Granada, realizada el pasado 26 de octubre. A su vez, esta sesión hace parte de un proyecto titánico de la Javeriana: la cátedra Rodrigo Enríquez de Andrade, una serie de conversaciones a lo largo de 2017 sobre la historia de la medicina con la que el Instituto de Bioética, el Instituto de Genética Humana, el Departamento de Historia y el Archivo Histórico Javeriano,conmemorando los 75 años de la Facultad de Medicina, busca plantear la necesidad de que los médicos regresen al humanismo médico.

Esta corriente, en boga durante buena parte del siglo pasado, concebía al médico como un referente humanista, que le daba un valor humano al paciente y se pensaba como un agente que podía traer cambios sustanciales, por medio de su trabajo, a la sociedad. Sin embargo, la llegada de la Ley 100 y del modelo asegurador en salud cambió la concepción: ahora el paciente tiene un tiempo de consulta límite y el doctor debe cumplir con protocolos estrictos que no generen sobrecostos a las empresas donde trabajan.

De esta forma se ha ido perdiendo un sello del humanismo médico: el médico que, más allá de su saber profesional, leía sobre historia, escribía literatura, enseñaba de arte y música, planteaba dilemas filosóficos en clase y enseñaban la tradición histórica de su oficio. “Las nuevas generaciones no están involucrándose en pensarse como una disciplina humana”, asegura Ronderos, en parte porque se concibe que, si el saber adicional no da réditos concretos, es un simple accesorio. “Es urgente que los estudiantes se den cuenta de que la historia de la medicina es un saber relacionado con el presente de la profesión y que su conocimiento forma médicos humanistas, mejores profesionales, de mente más amplia”.