Claudia Urueña: bacterióloga con conocimiento profundo de la biología celular

Claudia Urueña: bacterióloga con conocimiento profundo de la biología celular

Por: Daniela Abella Afanador // Fotografía: Guillermo Santos

De bacterióloga a investigadora en biomedicamentos antitumorales, a sus 34 años es una joven con alta producción científica.

Claudia Patricia Urueña nació en Gamarra, Cesar; se crió en Acacías, Meta, y estudió en el Colegio San Ignacio de Loyola en Bogotá. A los 16 años entró a estudiar Bacteriología más por influencia de su hermana mayor, la médica cirujana Alexandra Urueña, que por convicción. A sus hermanas quizá les pasó lo mismo: hoy en día las cuatro hijas Urueña Pinzón trabajan en el sector de la salud, aunque en campos diferentes.

Su paso por la Javeriana le demostró que era capaz de asumir grandes retos académicos y científicos. En séptimo semestre, por sugerencia de la directora del grupo de Enfermedades Infecciosas, y hoy decana de la Facultad de Ciencias, Concepción Puerta, se unió al grupo de investigación en Parasitología Molecular. Detectó en ella la vena de la investigación y la apoyó para que desarrollara su tesis de pregrado buscando la localización cromosómica de los genes que codifican para la proteína KMP11 de Trypanosoma rangeli, lo cual puede generar estrategias contra enfermedades causadas por parásitos de esta familia, como la enfermedad de Chagas.

El rural en el Centro de Salud de Currabal, Meta, le demostró que la parte clínica no satisfacía lo suficiente su curiosidad científica porque “yo no sirvo para estar haciendo todos los días parciales de orina, cuadros hemáticos y coprológicos”. “Pero me di cuenta de que no hubiera podido estudiar otra cosa diferente que me sirviera para lo que hago hoy en día”, dice. “Al estudiar en un laboratorio se desarrolla la disciplina y una metodología de trabajo organizada”.

Buscando sus orígenes, regresó a la Javeriana y se vinculó al grupo de investigación en Inmunobiología y Biología Celular, que dirige la inmunóloga Susana Fiorentino. “Me dijo que estaba comenzando un proyecto con productos naturales como terapias alternativas para el tratamiento del cáncer”, cuenta. Sonaba interesante, pero a Claudia no le gustaba la inmunología. Aun así, aprendió y empezó por aplicar sus conocimientos en biología celular y molecular.

Con el paso de los meses, decidió presentarse a la beca de Joven Investigador de Colciencias con el propósito de desarrollar una investigación con el anamú (Petiveria alliacea), la cual logró en 2005. Ya no cabía duda: la investigación era su camino profesional. Al terminar, se postuló al programa de becas de doctorados
nacionales de Colciencias, ganó de nuevo e inició en 2006 estudios en Ciencias Biológicas.

Hizo una pasantía en el Instituto Marie Curie, Francia. “Estuve en el grupo de Clotilde Thery en la Unidad de Sebastián Amigorena. Fue una experiencia enriquecedora para el trabajo que estábamos desarrollando”. El doctorado buscó responder cómo el anamú y el dividivi (Caelsapinia spinosa) pueden matar las células tumorales. Se especializó en las líneas de cáncer de seno con un modelo murino, una técnica de investigación científica aplicada en ratones. En 2013 se graduó con honores Magna Cum Laude de su doctorado y su tesis fue laureada.

A pesar de que tuvo una relación más de odios que de amores con la inmunología al lado de Fiorentino, se dio cuenta de que realmente sí le interesaba, en especial cuando puede aplicar esos conocimientos en la búsqueda de alternativas de tratamientos para el cáncer de seno con productos naturales como las plantas. Actualmente tiene a su cargo el desarrollo de un proyecto para el tratamiento del cáncer donde debe evaluar si los tumores de los pacientes son sensibles a la terapia con fitomedicamentos.

Docente de la Universidad el Bosque en la Facultad de Enfermería donde dicta microbiología e infectología, es además evaluadora de proyectos que se presentan en Colciencias, ha participado en más de 23 eventos científicos, ha producido 15 artículos de los cuales diez han sido publicados en revistas especializadas y ha dedicado 14 años a la investigación, desde su ingreso al grupo de la doctora Puerta. Su meta es continuar trabajando en buscar alternativas para el tratamiento del cáncer con fitomedicamentos y aplicar estos conocimientos en pacientes que estén padeciendo la enfermedad. Después de once años de estar trabajando en inmunología, dice con picardía: “Susana me engañó porque yo le dije que no me gustaba la inmunología, me puso a estudiarla y ahora me encanta”.

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