En busca del antídoto contra el odio

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Por: Juana Salamanca Uribe | Fotografía: Juan Sebastían Perdomo

Nadie está obligado a perdonar. Sin embargo, quien logra hacerlo adquiere para sí una liberación que le permitirá ‘pasar la página’ y comenzar de nuevo. Por supuesto, sin olvidar.

“Olvidar para pasar la página”. Esta es una de las lecciones que arroja la investigación Creer en la reconciliación. Convivir en un mundo dividido, adelantada por la Iglesia Menonita de Colombia –de la que surgió la iniciativa–, la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana y la organización holandesa Kerk in Actie. Luego se unieron las iglesias Bautista de Cali y Reformada de Barranquilla, que realizaron labores de acompañamiento al proyecto. En ese sentido, se trata de una verdadera experiencia ecuménica que es en sí misma un ejemplo de reconciliación.

El proyecto se desarrolló a partir de encuentros de los investigadores –el teólogo católico Edgar López, de la Pontificia Universidad Javeriana y su colega protestante Enrique Vijver– con dos comunidades profundamente impactadas por la guerra: la de Trujillo (Valle del Cauca) y la de Pie de Pepé (Chocó). El enfoque se basa en la lectura contextual de la Biblia, una forma comunitaria de leer el texto sagrado de todo el cristianismo, nacida en Brasil, con la teología de la liberación. El ejercicio se adelantó en tres momentos: ver, juzgar y actuar.

Tras el repaso de un episodio bíblico, que seleccionan de común acuerdo los académicos y los asistentes, el grupo comienza por ‘ver’, esto es, hacer un diagnóstico de la situación que vive la comunidad; “juzgar es iluminar esa situación a partir de los textos bíblicos y actuar es transformar esa realidad”, explica López.

Del diálogo acerca del argumento, los personajes y sus mensajes, surgen preguntas como: ¿con cuál personaje se identifica? o ¿usted conoce historias parecidas?

Según López, “entonces la gente dice ‘sí, esta historia se parece a la mía’, y comienza la circulación entre el texto y la vida. Lo que pasa en el texto, pasa en mi vida, y cosas que no están en el texto sí puedan estar en mi vida. Se comienzan a llenar así los vacíos narrativos”.

Y ocurre que la Biblia está llena de narraciones de violencia, de guerra, de crímenes, y la gente se identifica, a pesar de los contextos diferentes. “Esto tiene un trasfondo teórico: decimos que la Biblia es un texto revelado, porque cuando se lee despliega su sentido. Los textos transforman la vida de la gente, y la gente transforma los textos, porque los hace significativos”, dice el investigador.


Los episodios que transforman

Entre las lecturas seleccionadas hay una que narra cómo el hijo menor de una familia pide su herencia, abandona el hogar, desaparece muchos años y dilapida el dinero, hasta que retorna donde su padre para pedir perdón; este lo recibe lleno de alegría y lo colma de atenciones. El hijo mayor, que había permanecido juicioso a su lado, no demora en advertir en todo esto una gran injusticia.

“Un grupo guerrillero se desarma y quiere participar en la democracia, y muchos que no hemos sido víctimas directas del conflicto decimos: ‘no pueden entrar, tienen que ser castigados’, la actitud del hijo mayor es la de buena parte de la población colombiana”, explica López.

Otro de los relatos utilizados es el del conflicto entre dos hermanos, Esaú y Jacob, en el cual, luego de reconciliarse, cada uno se va a vivir a un país diferente. Esto tiene un significado importante: “la reconciliación no implica que tengamos que vivir juntos para siempre. De lo que se trata es de dejar atrás un pasado y que cada cual pueda vivir tranquilo, sin hacerse daño”, continúa.


¿Perdón y olvido?

Contrario a lo que muchos predicadores del cristianismo señalan, esta investigación sostiene que, en el plano moral, interpersonal, nadie está obligado a perdonar: “obligar a perdonar es una revictimización. La persona hace su proceso y verá si se siente capaz. Y debemos respetar esa decisión”, sostiene el investigador López.

La investigación contempló tres momentos esenciales: ver, juzgar y actuar.

La investigación contempló tres momentos esenciales: ver, juzgar y actuar.

Explica que si la gente logra perdonar se libera de una presión que hace mucho daño. Y no es ‘borrón y cuenta nueva’, porque no es olvido. “Si yo olvido”, continúa López, “no puedo perdonar, no me acuerdo de qué pasó”. La gracia es recordar de una manera sana. Procesar el pasado para vivir el presente, y eso puede conducir a una mayor calidad de vida de quienes han sufrido. Como cuando las víctimas les decían a los investigadores: “yo perdoné porque tengo que seguir viviendo” o “yo no puedo pasarles este odio a mis hijos”.

En el plano político, donde actúan las instituciones, la cosa es distinta: “para que se reciba perdón tiene que haber un reconocimiento del daño causado; un propósito de no repetirlo; tiene que haber disposición para reparar y una justicia que restaure, que recupere el tejido social. La única justicia no es la cárcel”. López hace énfasis en esta perspectiva, según la cual Cristo ama por igual a quienes padecen el daño y a quienes lo generan, porque con frecuencia los roles se confunden, lo que comprobaron al entrevistar a paramilitares y guerrilleros desmovilizados; “nos impresionó mucho que sus historias eran muy parecidas a las de las víctimas”, dice.

Así, a lo largo de tres años de investigación, los académicos ayudaron a procesar el dolor, al tiempo que se nutrieron de las experiencias de las personas con las que tuvieron contacto. “Esa es la sabiduría de la gente que sufre. Ellos ven cosas en la Biblia que nosotros, con toda la teología que tenemos encima, no vemos”, reconoce López.

Las relaciones que los académicos y las comunidades tejieron en estos encuentros adquirieron un carácter perdurable; han surgido nuevas iniciativas, como un proyecto en Trujillo alrededor de la reconciliación con el medio ambiente, con base en lecturas bíblicas sobre el agua.

Esta experiencia permitió comprender cómo la violencia del narcotráfico y la minería ilegal, así como las otras violencias de orden cultural, impiden hacer realidad los sueños de una paz total, por lo menos a corto plazo. Hay territorios en los que la reconciliación todavía es una posibilidad remota. Lo que hay es trabajo, y mucho.


Para leer más

  • Vijver, E. y López, E. (Eds.). (2014). Creer en la reconciliación. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.
  • López, E. (2017). Más allá de la venganza: la generosidad de dar perdón y el valor de pedir perdón. En Fundación para la Reconciliación, ¿Venganza o perdón? Un camino hacia la reconciliación. Bogotá: Ariel.

INVESTIGACIÓN: Creer en la reconciliación. Convivir en un mundo dividido.
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Edgar Antonio López y Enrique Vijver.
Facultad de Teología
Iglesias Protestantes de Holanda, Iglesia
Menonita, Iglesia Bautista (Cali) e Iglesia
Reformada (Barranquilla)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2015

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