La ciencia del sueño: efectos y consejos

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Por: Alejandra Díaz Sandoval | Fotografía: Felipe Abondano

Dormir bien se trata de descansar y conciliar un sueño reparador. Una investigación javeriana busca brindar ayuda, a través del tratamiento y de un dispositivo oral en proceso de patente, a quienes padecen apnea del sueño.

A pesar de que un adulto debería dormir entre siete y ocho horas aproximadamente, la rutina y la sociedad que no duerme impiden que esta sugerencia, casi tratamiento, se cumpla a cabalidad. Es decir, más allá de un tema biológico o genético, factores como los turnos laborales o los centros comerciales 24 horas están llevándonos directo al camino de la carencia de energía.

Lo verdaderamente preocupante sale a la luz a través de dos aspectos significativos: por una parte, el peligro que corre la salud del paciente, pues aquel que no concilia un sueño reparador en el número suficiente de horas “es más propenso a asociarse con eventos como mortalidad temprana, hipertensión arterial y generación de diabetes; por otra, el hecho de no dormir bien conlleva a un déficit en el desempeño diario, somnolencia diurna excesiva y baja productividad, ya que el cuerpo está sufriendo por la energía que debió recuperar’’, asegura Patricia Hidalgo, investigadora, médica internista, neumóloga y somnóloga del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) y de la Pontificia Universidad Javeriana.

Los seres humanos, en promedio, gastan la tercera parte de su vida durmiendo. Sin embargo, muchas veces lo hacen de manera incorrecta. “En Colombia, el trastorno de sueño es muy alto, significa que no le estamos poniendo todo el cuidado a la calidad de nuestro sueño’’, agrega Hidalgo, quien hace parte del grupo de investigadores de la Universidad Javeriana que está tratando uno de los trastornos menos documentados en Colombia: la apnea del sueño.

¿Imagina dejar de respirar involuntariamente algunos segundos? Pues eso es, básicamente, lo que viven los pacientes que sufren apnea del sueño. Después de este episodio, su cuerpo reacciona desenfrenadamente en busca de esa bocanada de aire hasta que vuelve a tomar el control de sí mismo. Ese dejar de respirar puede ser central, cuando, desde el cerebro, no se manda una orden a los músculos para ejercer la respiración, u obstructivo si hay algo que impide el flujo de aire a través de las vías respiratorias. Así lo explica Liliana Otero, odontóloga, doctora en Ciencias Biológicas e investigadora líder del programa de ‘Prevalencia y pruebas diagnósticas de trastorno de sueño y su relación con riesgo cardiovascular en Colombia a diferentes altitudes’, que trata este trastorno y ha desarrollado un dispositivo oral en proceso de patente.

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La apnea del sueño se produce por una obstrucción en las vías respiratorias cuando el paciente duerme.

Desde 2011 ha venido trabajando junto a sus co-investigadores en una posible solución a este trastorno produciendo pruebas piloto de biomarcadores genéticos para esta condición con 340 personas en tres ciudades del país (Bucaramanga, Santa Marta y Bogotá), razón por la cual sus conclusiones no son definitivas. Sin embargo, los resultados demostraron que, por un lado, el paciente con apnea del sueño es más propenso a padecer enfermedades como trombosis cerebral, infarto o hipertensión pulmonar. La situación en niños y en adultos no se presenta de igual manera: dependiendo de la ciudad en la que se encuentren, su prevalencia de tiempo de sueño es menor o mayor. Las pruebas mostraron que en Santa Marta y Bogotá dormían en una menor calidad que en Bucaramanga.

“Generalmente es más prevalente en hombres mayores de 40 años y en mujeres después de la menopausia”, asegura Otero. La verdadera cuestión es que la apnea se presenta de acuerdo a la edad en diferentes tipos: una, de los 0 a los 2 años; otra, de los 2 a los 12; y otra, de los 12 a los 18. Así mismo, las asociaciones que se puedan hacer dependen de la edad. Por ejemplo, en el caso de los niños se puede relacionar con hiperactividad o con diferentes síndromes, pero, en general, nadie está exento de sufrir apnea del sueño.

Patricia Panqueva, neumóloga, somnóloga y pediatra del HUSI, aclara que, de acuerdo a la edad, los niños deben dormir cierta cantidad de horas. Por ejemplo, el tiempo ideal de un lactante sería entre 14 y 16 horas al día con siestas, y, a medida que crece, esa cantidad disminuye. “Es importante que los niños duerman la cantidad adecuada de horas, pues se asocia con la liberación de hormonas de crecimiento’’, asegura.

Las pruebas realizadas a 340 personas revelaron que duermen mejor en Bucaramanga que en Bogotá y en Santa Marta.

Las pruebas realizadas a 340 personas revelaron que duermen mejor en Bucaramanga que en Bogotá y en Santa Marta.

Después de todo el desarrollo que ha tenido el programa, el dispositivo pensado ya está siendo validado en varios pacientes con apnea del sueño. Sin embargo, el proceso de patentarlo tarda aproximadamente uno o dos años y, por lo tanto, el equipo de investigadores está a la espera de ayudar a los pacientes que padecen la enfermedad para mejorar su calidad de descanso a través de esta alternativa, la primera de su clase en Colombia. “De esos dispositivos, la mayoría de patentes son de Estados Unidos. Pero también las hay chinas, japonesas, de Brasil, de otras partes del mundo. El nuestro se encuentra en ese proceso’’, comenta Otero.

“Es muy importante la parte de la higiene del sueño, que la gente sepa que lo ideal es dormir ocho horas, levantar la cabecera de la cama, tener un peso óptimo, evitar la ingesta de alcohol, el tinto, las bebidas energizantes, las comidas copiosas, el ejercicio después de las tres de la tarde. También se debe procurar despertar y acostarse a la misma hora, evitar la cercanía de aparatos electrónicos a la cama. Se debe descansar’’, dice Hidalgo, dejando a su paso la invitación abierta a tomar conciencia de la calidad del sueño y la relevancia del mismo para la salud.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Prevalencia y pruebas diagnósticas de trastornos de sueño y su relación con riesgo cardiovascular en Colombia a diferentes altitudes.
INVESTIGADORA: Liliana Otero.
COINVESTIGADORES: Patricia Hidalgo, Patricia Panqueva, Álvaro Ruiz, Martín Rondón, Martín Cañón, Juan Camilo Ospina y Luis Felipe Uriza.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-actualidad.
Facultad de Medicina.
Pontificia Universidad Javeriana.

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