Lo que cuentan los rieles del ferrocarril de La Dorada

Lo que cuentan los rieles del ferrocarril de La Dorada

Por: Lisbeth Fog Corradine // Fotografía: Guillermo Santos

La interrupción de la navegabilidad del río Magdalena debido a los saltos de Honda promovió la construcción de una línea férrea que funcionó hasta 1985. Investigadores javerianos reconstruyen el trazado y explican cómo transformó el territorio.

Bajo el sol ardiente del Magdalena, untados de repelente de la cara hasta los pies, dos investigadores javerianos persiguen los rieles del ferrocarril de La Dorada, que funcionó desde 1881 hasta 1985, y del cual ahora solo quedan ruinas. Algunas estaciones se salvan, como la de Ambalema o la de San Felipe, pero los rieles no son continuos, están tapados por la maleza o por construcciones o, en el caso de Armero, por la avalancha que desapareció la población y que, de paso, interrumpió la vía férrea, lo cual marcó el ocaso del ferrocarril de La Dorada.

El 15 de diciembre de 1881, el ingeniero Francisco José Cisneros entregó el primer tramo de la carrilera, que iba desde el puerto de Caracolí, al norte de Honda, hasta el centro de la ciudad: poco más de kilómetro y medio de lo que luego sería la vía férrea de 111 kilómetros, entre La Dorada y Ambalema. El trazado cumplía una función clave, dado que el río Magdalena interrumpe la navegación por los famosos saltos —o rápidos— de Honda. Todas las mercancías y los pasajeros que en los siglos XIX y XX navegaban por el Magdalena desde el sur o desde su desembocadura hacia el interior del país debían bajarse antes de llegar a esta población colonial y continuar a caballo o en mula. El tren solucionaría y agilizaría este impasse geográfico.

Aunque algunas estaciones han sido remodeladas, como la de Ambalema, otras se encuentran en muy malas condiciones.
Aunque algunas estaciones han sido remodeladas, como la de Ambalema, otras se encuentran en muy malas condiciones.

Pero ya no hay más ferrocarril que recorra esta ruta, porque ahora son las tractomulas y los autobuses los que cumplen la función de transportar la carga por las carreteras del país. Solo quedan los restos, que estos dos arquitectos, docentes e investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana han empezado a recorrer para armar, como en un rompecabezas, todos los elementos que conformaron la línea férrea: estaciones, bodegas, campamentos y oficinas de los administradores. Los puentes de hierro, que hoy pueden verse desde las carreteras que los reemplazaron, oxidados y camuflados entre la naturaleza, develan la historia de lo que en su época fueron los rieles que transportaban buena parte de la economía del país.


“El esfuerzo por mantener
esos árboles genealógicos del
patrimonio industrial tiene de
por sí un gran valor”.
Carl os Eduardo Nieto,
investigador principal


La investigación respondió “cómo la articulación de diferentes elementos del ferrocarril conforma el territorio general”, explica Carlos Eduardo Nieto, de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Javeriana. También buscó “articular las diferentes estaciones, los puentes y todos los demás elementos que conforman el sistema, porque tienen sentido solo si pueden ser vistos en un contexto territorial, si tienen una incidencia en la construcción social e histórica de un territorio, si han logrado mantener o crear nexos con una comunidad específica”, continúa.


“Los saltos de Honda
caracterizan este tramo como
elemento natural ordenador
de la lógica territorial y de
la configuración urbana del
municipio, y el ferrocarril
acopló su estructura funcional
y técnica a esta determinante
superior del territorio”.
yenny Andrea Real,
coinvestigadora


Su colega Yenny Andrea Real le explicó a PESQUISA cómo, tras recorrer los 111 kilómetros, que hoy producen una gran nostalgia y forman parte del patrimonio cultural del país, se definieron cinco tramos con características geográficas y funcionales propias.

En un barrio mariquiteño los rieles simplemente separan las casas construidas recientemente.
En un barrio mariquiteño los rieles simplemente separan
las casas construidas recientemente.

Reconstruir la historia del ferrocarril de La Dorada implicó muchas horas en bibliotecas y archivos, búsqueda de planos y aerofotografías, lecturas y conversaciones con tolimenses y caldenses. “Fue reconstruir esa línea férrea, ubicarla y comprender cómo su desarrollo transformó el territorio a su paso”, dice la arquitecta Real.

Los investigadores concluyen que “para el caso de los ferrocarriles, el proceso histórico de desarrollo, madurez y muerte de una infraestructura tan importante como la del ferrocarril de La Dorada resume dilemas nacionales acerca de la idea del desarrollo del país y de la modernización de las dinámicas territoriales, así como de los errores cometidos por los encargados de la planeación de este tipo de proyectos”.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Valoración patrimonial del Ferrocarril de La Dorada, desde la transformación del territorio en el tránsito entre el bajo y el alto Magdalena.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Carlos Eduardo Nieto
COINVESTIGADORA: Yenny Andrea Real
Facultad de Arquitectura y Diseño, Departamento de Arquitectura
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2015

2 thoughts on “Lo que cuentan los rieles del ferrocarril de La Dorada

  1. Este Ferrocarril lleno mi vida. Trabajé en el, al igual que mi padre. Las historias son infinitas. Pienso escribir un libro con las anécdotas vividas por sus personajes. Este era un mundo en el que viví desde los cinco años. Ojala el gobierno retome el proyecto férreo como política de estado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *