El lugar de la salud al comunicar ciencia

El lugar de la salud al comunicar ciencia

La escasa promoción de temas científicos por cuenta de las entidades públicas, y el hecho de que los colombianos no las identifiquen como promotoras ni referentes de este tema, fue el principal tema de conversación que convocó a académicos y servidores públicos en la Pontificia Universidad Javeriana, con la intención de buscarle una salida a uno de los inconvenientes más relevantes del sector de ciencia y tecnología en la actualidad. Esta charla tuvo lugar durante el primer foro de ILSI Latinoamérica sobre Comunicación responsable en ciencia, nutrición y alimentos, celebrado en febrero de 2018 en la capital colombiana.

En torno a este debate, moderado por Carlos Francisco Fernández, médico, docente y periodista de El Tiempo Casa Editorial, se discutió cómo afrontar el reto que significa hablar de ciencia en Colombia, particularmente cuando la producción de noticias no es rigurosa en un contexto de producción de contenidos mediáticos. En la conversación participaron Sergio Troncoso, director del área de alimentos del Invima; Ángela Patricia Bonilla, asesora del área de Apropiación social de la ciencia, tecnología e innovación en Colciencias; Ricardo Amórtegui, coordinador del Grupo de comunicaciones del Ministerio de Salud y Protección Social; y Carlos Lugo, director técnico del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

“Hablar de ciencia en un contexto técnico, responsable y de servicio, que es el papel que tenemos, es un asunto subalterno porque, lamentablemente, la ciencia en un país como éste no vende”, mencionó Fernández, quien además abrió el panel con preguntas como la forma en la que se está comunicando la ciencia en el país desde las instituciones públicas y su grado de compromiso con las comunidades.

Académicos, comunicadores y servidores públicos lideraron la discusión en torno al papel de las entidades y la comunicación de temas de salud.
Académicos, comunicadores y servidores públicos lideraron la discusión en torno al papel de las entidades y la comunicación de temas de salud.

Amórtegui fue el primero en reconocer la complejidad enorme actual al comunicar temas de salud porque “en el Ministerio trabajan muchas personas expertas en sus temas pero sin habilidades para comunicar, y hay una barrera del lenguaje, no se saben comunicar datos entre técnicos y comunicadores. Nos enfrentarnos a la realidad fiscal del gobierno y la escasez de los recursos”; también indicó que parte de los problemas de la comunicación de estos temas radica en los periodistas, quienes, según él, “se quedan con ‘la fácil’ de registrar los casos en los que las personas son las víctimas y eso se vuelve una mina de noticias”.

Durante la jornada de discusión académica se hizo énfasis  que  los retos a los que se enfrentan tanto la comunidad académica como los comunicadores, periodistas e instituciones públicas para lograr una efectiva y responsable comunicación de la ciencia son el desarrollo de una alfabetización digital fundamentada en el acceso a las tecnologías y el uso de los dispositivos, la gestión de procesos de apropiación del conocimiento y el empoderamiento para transformar el entorno; la formación de periodistas, investigadores y ciudadanos interesados en construir una cultura científica; la articulación entre productores del conocimiento y comunicadores para producir contenidos de calidad y la participación de la academia en los debates sobre comunicación asertiva respecto a la cantidad de información falsa que navega en internet.

Las estrategias para trabajar con datos técnicos y luego convertirlos en contenidos atractivos, sin dejar procesos de rigurosidad y calidad periodística, fue otro asunto controvertido durante este foro dada la necesidad de conformar una cultura científica nacional ante la desinformación y malformación, un problema de ‘salud pública’ cada vez más latente. En la jornada, liderada por Olga Lucía Mora, representante de la organización ILSI Nor-Andino, la Facultad de Comunicación y Dietética y la Pontificia Universidad Javeriana, también se discutieron los enfoques, dimensiones y estrategias de comunicación para trabajar responsablemente en la comunicación de la ciencia; los comportamientos de las audiencias en la era de la red; y la gravedad de las noticias falsas que se propagan por los medios sociales.

Finalmente, la Pontificia Universidad Javeriana, interesada en el desarrollo del país y una comunicación efectiva de la ciencia, se propuso apostarle a la formación de profesionales capaces de transmitir contenidos científicos de alta calidad y veracidad. Por eso, el docente José Miguel Pereira aprovechó este espacio para anunciar que la Facultad de Comunicación y Lenguaje abrirá la nueva maestría en Periodismo Científico, que entrará en vigencia a partir del 2019. Una excelente noticia no solo para la comunidad científica, sino para profesionales de cada una de las áreas del saber, quienes podrán tener acceso a herramientas efectivas para lograr una comunicación responsable de la ciencia.

La ciencia nos debería importar a todos en Colombia

La ciencia nos debería importar a todos en Colombia

Carlos A. Ordóñez-Parra*

Andrés Ordóñez P

La ciencia colombiana está amenazada como nunca. A finales de 2017 el Gobierno presentó un borrador del presupuesto nacional de 2018, que incluía un recorte de 42% del rubro asignado a Colciencias, el cual, luego de un cubrimiento mediático y un pronunciamiento por parte de la comunidad académica colombiana, “afortunadamente” no fue sino del 11%. A inicios de este año se destituyó a su Director, convirtiéndolo en el octavo en su cargo en los últimos ocho años. Incluso ahora en pleno periodo de propaganda electoral han comenzado a difundirse rumores de la desaparición de esta institución. Pero mientras el país –que invierte 1,54 dólares por habitante al año en ciencia– pone su casa en orden, debo decirles que nosotros, que nos hacemos llamar científicos o que estamos aprendiendo a serlo, tenemos gran parte de la culpa en esta crisis.

Para mí nunca fue un secreto que eran pocas las personas que deseaban ser científicos. Al tomar mi anuario y contar cuántos de mis compañeros escogieron una carrera en ciencias, difícilmente tendría que usar los dedos de una mano. La mayoría de ellos optaron por carreras en Administración, Derecho o Medicina (y no precisamente por la investigación que se desarrolla en esta última). Incluso, aquellos que se decidieron por alguna Ingeniería lo hicieron en aquellas relacionadas con finanzas o la industria. Ahora, que estoy próximo a terminar mis estudios, no sólo sé que mis compañeros de carrera pasaron por situaciones similares sino que esto es un reflejo de la realidad de nuestro país. Sólo basta con revisar el listado de las carreras más estudiadas por los beneficiados por el programa Ser Pilo Paga para darse cuenta de lo que les digo.

Esto no ocurre solamente entre los más jóvenes. Incluso mi mamá –que está enterada de lo que hago en mi carrera y los sueños que tengo de ser investigador– dice que se siente “excluida de ese mundo” y que, al ver las noticias de la crisis científica en Colombia, cree que no es algo que la afecta directamente sino que le concierne a unos pocos. Estoy seguro de que mi mamá no es la única que piensa así y, si no me cree, tómese la molestia de preguntarle a la persona a su lado.  Sé, casi que con toda seguridad, que le dará una respuesta similar.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué los colombianos sienten que la ciencia es algo que unos pocos hacen y que no pueden acceder a ella? Hay múltiples razones, pero hoy quiero que los científicos pensemos –y que aquellos que comparten el pensamiento de mi mamá les exijan a ellos que se lo pregunten–  en lo siguiente: ¿Qué hemos hecho para enamorar a Colombia de la ciencia? Yo diría que muy poco.

Puedo decir sin miedo que quienes hacemos ciencia sentimos que nuestro corazón late fuertemente cuando hacemos nuestros estudios, que nuestra mente vuela al discutir sobre los descubrimientos que hacemos y que nuestro espíritu investigador está ávido de emprender nuevos proyectos aún cuando los viejos no han acabado. Lastimosamente, todas las experiencias se traducen en un manuscrito donde las emociones son reemplazadas por jerga científica que solo captan los entrenados para leerla. Esto descarta a un público indiscutiblemente más grande que el científico. Ahora, no estoy diciendo que debamos dejar de escribir artículos científicos –aún siendo el principal criterio para calificar a los científicos en Colombia– pero no podemos permitirnos que eso sea lo único que hagamos, ya que es lo que tiene a los colombianos desligados y desencantados de la ciencia: no entenderla.

Grandes personalidades como Stephen Jay Gould, Carl Sagan y Richard Dawkins han hecho grandes esfuerzos por llevar el conocimiento científico a todos los públicos sin permitir que, al hacerlo, se vuelva menos riguroso o valioso. Incluso Kristin Sainani, doctora en epidemiología de la Universidad de Stanford, dicta un curso en línea llamado Writing in the Sciences, el cual inicia diciendo que para escribir lo que más se necesita es tener una historia y que los científicos tenemos muchas por contar. Siendo así, solo nos falta empezar a contarlas. Sé que esto ha sido discutido antes, incluso por personas con mayor trayectoria académica. Pero, ¿no creen que una Colombia más cercana a su ciencia saldría a las calles a protestar junto a los científicos del mismo modo en el que marchan por la salud o la educación?

Solo resta una cosa más por decir: científicos colombianos, ¡enamoremos a Colombia de la ciencia! Unámonos para hacer lo que hicieron todos estos científicos que les presento y logremos que personas como mi mamá sientan también lo que nosotros sentimos al investigar. Se acercan tiempos difíciles para la ciencia de nuestro país, pero ahora es justo el momento de hacer que el público no-científico –nuestras familias, amigos, vecinos, conocidos y todos los colombianos– se sientan incluidos en la ciencia y les duela también lo que le pasa en Colombia.


* Estudiante de Ecología y Biología de la Pontificia Universidad Javeriana. Coordinador del Semillero de Investigación en Ecofisiología de Semillas y Plántulas, del Departamento de Biología (Facultad de Ciencias).

El futuro del periodismo científico

El futuro del periodismo científico

Lisbeth

El periodismo científico tiene futuro, es mi conclusión, después de haber participado en la X Conferencia Mundial de Periodismo Científico que tuvo lugar en San Francisco, California, y donde nos reunimos alrededor de 1.400 científicos y periodistas que cubrimos ciencia, representando a 75 países. Y son miles las posibilidades de hacerlo y hacerlo bien, a pesar de todos los obstáculos que puedan presentarse en el camino.

Como por ejemplo, que somos pocos y muchas veces “el patito feo del medio”, o que falta fortalecer mucho más los espacios de formación de quienes nos dedicamos a esta labor, o que, aunque los investigadores nos han perdido un poco el miedo, hay momentos en que la comunicación no fluye, o no entendemos bien las estadísticas o las simplificamos erróneamente.

Pero sí hay futuro porque cada vez surgen nuevas maneras de empaquetar la información científica y es más diversa la forma de presentar los contenidos, con más ilustración, más conversación, más interacción, mejor calidad y mucho más creatividad. Contar un proceso de investigación en una secuencia de viñetas, en un minuto o en 140 caracteres son algunos de los retos que nos imponen las nuevas tecnologías de la comunicación.

El mayor desafío, a mi modo de ver, es combatir a quienes producen pseudociencia, porque rápidamente están aprendiendo a comunicar de manera convincente. Si los científicos y los periodistas no nos ponemos las pilas, se irán desvaneciendo las posibilidades de futuro del periodismo científico. Es necesario actuar ya.

Javier Santaolalla: los desafíos de divulgar ciencia en la era digital

Javier Santaolalla: los desafíos de divulgar ciencia en la era digital

Javier Santaolalla ha dedicado su trayectoria al estudio y divulgación de la física. En el campo académico es doctor en física de partículas y fue investigador en el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (proyecto GALILEO), ganó una beca pre doctoral del CIEMAT para investigar en el CERN (experimento CMS) y realizó un posdoctorado en la Universidad del Estado de Rio de Janeiro, conjuntamente con el CERN.

Si bien son logros notables, ejecutados en “apenas nueve años”, como él mismo indica, la relevancia de su trabajo la ha conseguido a través de su labor como divulgador científico al trasladar nociones de la física fuera del laboratorio y llevarlos a las plataformas digitales. Con un estilo ameno y cercano, Santaolalla se ha convertido en una personalidad digital a través de sus canales de YouTube donde suele abordar temas que van desde explicar qué es la teoría de cuerdas hasta si es posible viajar en el tiempo o cómo funciona el GPS de los celulares.

Santaolalla, además de cofundador del grupo de científicos Big Van, es presentador del Telecienciario para el diario español El Mundo y cuenta con dos canales de Física en YouTube: “Date un voltio” y “Date un vlog”, que cuentan con cerca de 400.000 suscriptores.

En su tarea como divulgador científico ha escrito cuatro libros, entre ellos: Si tú me dices gen lo dejo todo, ¿Si venimos del mono por qué somos tan cerdos? e Inteligencia física. Su más reciente libro, El bosón de Higgs no te va a hacer la cama, le ha permitido dar charlas y monólogos en diferentes lugares del mundo, como Colombia, donde Pesquisa Javeriana tuvo la oportunidad de charlar con él.

El enigma de las audiencias de medios

El enigma de las audiencias de medios

Los resultados arrojados por los estudios que miden audiencias definen parte de la economía colombiana y del mundo. Para cada medio masivo de comunicación, una empresa se encarga de entregar cifras sobre mayores audiencias o más altos consumos. Su supervivencia depende de estas cifras.

Las empresas de medición aplican diversas metodologías para intentar dar cuenta del número de personas que ven cierto tipo de canales y programas en televisión, cuáles son las emisoras de radio más escuchadas, los diarios y revistas más vendidos o los sitios de internet más consultados.

“Las industrias culturales de comunicación cada vez dependen más de la medición de audiencias”, dice Juan Carlos Valencia, profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, quien lideró una investigación para comprender cómo se construyen las cifras de audiencia en los diferentes medios de comunicación de Colombia. El ejercicio acogió por el camino a colegas en China, España y Estados Unidos, quienes indagaron sobre los estudios de audiencia en sus países.

“Queríamos entrar a la caja negra”, dice Valencia; “conocer los métodos que utilizan, describirlos desde adentro, tratar de entender cómo se mide, con qué recursividad e ingenio, pero también con qué limitaciones”.


Los currencies y los ratings

Los investigadores identificaron el estudio más reconocido por cada industria mediática. Así, expertos en cada medio analizaron cómo se miden comercialmente las audiencias de las publicaciones impresas, como periódicos y revistas, a través del Estudio General de Medios (EGM); los oyentes de las emisoras de radio de AM y FM, por medio del Estudio Continuo de Audiencia Radial (ECAR); los televidentes con el estudio que realizan Kantar Media y el Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística (Ibope); ComScore para los sitios de internet de grandes empresas mediáticas colombianas, y Cadbox para los públicos que asisten a salas de cine.

Los investigadores constataron que “es muy difícil medir las audiencias de los medios de comunicación porque somos cada vez más nómadas como consumidores de medios”, según afirma Valencia. “Uno puede leer la última edición de la revista Semana porque la compró en la librería, pero también puede leer la de hace seis meses en la finca del amigo”. Es difícil llegar a cifras precisas, y las que se obtienen realmente no abarcan al grueso de la diversa población colombiana.

Principales estudios de audiencias en Colombia

  • EGM: Mide el hábito de consumo de quienes responden una encuesta cara a cara por recordación de logos de las publicaciones. No abarca ciudades intermedias ni zonas rurales.
  • ECAR: Emplea encuestas telefónicas basadas en la recordación, que aplican a hogares en las principales ciudades del país.
  • IBOPE: Se basa en las mediciones de más de mil dispositivos electrónicos (people meters) instalados en hogares de las grandes zonas urbanas.

El profesor Valencia y su equipo de trabajo tenían la ilusión de que estas mediciones de audiencias servirían para mejorar los contenidos en cuanto a programas e historias. Pero encontraron que “ese es el propósito secundario; realmente la función principal de esos estudios es construir cifras para vender publicidad”. Además, “la industria casi no cree en esas cifras realmente, pero es lo que hay” y si les va bien, las usan como moneda de intercambio: el llamado currency.

“Los estudios de medición de audiencias necesitan reinventarse, así como el profesional que los interpreta”, concluye la también docente Mónica Baquero.


Algunos hallazgos, medio tras medio

En relación con la prensa escrita, la investigación concluyó que, si bien “el EGM es comúnmente descrito como un estudio de lecturabilidad, [esta]puede ser vista desde muchas perspectivas, pero dentro de la industria de los medios impresos priman las miradas del mercadeo”.

El Estudio General de Medios mide la lecturabilidad de los medios impresos.
El Estudio General de Medios
mide la lecturabilidad de los medios impresos.

En radio se encontró que los resultados del ECAR son objeto de frecuentes polémicas, que a veces llevan a las cadenas radiales a rechazarlos y utilizar los de otros estudios: “Cuando les va mal, citan el EGM para decir que les va bien”, dice Valencia.

“La televisión en Colombia representa el 48% total de ingresos de la pauta publicitaria, y comparada con la radio, prensa, revistas y los medios digitales, continúa siendo el medio con mayor inversión”, encontró la investigación. Quizá sea esa una de las razones por las cuales la televisión privada depende cien por ciento de esta herramienta. De acuerdo con Mauricio Rodríguez, director de audiencias de Caracol, “todos los días hacemos comités y revisamos información sobre cada programa, cada sección, el comportamiento por regiones y por edades para tomar decisiones con respecto a la parrilla de programación”.

Esto tiene dos propósitos: medir el rating, lo que es usado por el área comercial para vender pauta; y, desde el área de programación, para tener información de lo que se llama el share, una medida de audiencia que contabiliza televidentes de equis programa de televisión con respecto al total de televisores encendidos. Sin embargo, dicen los investigadores, la muestra representa a menos de la mitad de los hogares colombianos y no abarca el consumo de televisión en espacios públicos ni en internet. Tampoco logra detectar si la audiencia estaba, efectivamente, viendo la televisión o realizando otras actividades.

Kantar-Ibope podría abrir “una ventana interesante para entender y conocer a las personas, sus hábitos cotidianos, la forma en que se relacionan y experimentan diversas formas de mediación simbólica, pero el afán capitalista reduce a la investigación de audiencias a ser un mecanismo para generar ingresos”, concluye la investigación. “La audiencia se convierte en un producto que se comercializa”.

Desde una mirada crítica, la investigación describe cómo se miden las audiencias de publicaciones impresas, radio, cine, televisión e internet en Colombia.

Internet prometía ser el primer medio confiable para la inversión publicitaria, pues “ofrecía técnicamente la posibilidad de medir con exactitud el volumen de las audiencias y crear perfilados más detallados de estas. […] Sin embargo, la medición de audiencias online presenta un panorama aún más confuso que el de los medios tradicionales del siglo XX, como la televisión o la prensa. No existe un acuerdo entre los diferentes jugadores del mercado sobre las métricas adecuadas para dar cuenta de la complejidad del consumo en el nuevo ecosistema de medios digitales”. Una parte significativa del tráfico en internet está a cargo de programas cibernéticos (robots o spiders), y las personas que navegan lo hacen desde múltiples plataformas y dispositivos, lo cual hace muy difícil la medición.


¿Cantidad o calidad?

“Hay una presión brutal sobre las industrias de los medios de comunicación, incluso sobre los medios públicos, comunitarios y universitarios para meterse en esta lógica de la medición”, concluye Valencia. “Cada vez miden más, con mayor frecuencia, con más costos, pero al mismo tiempo hay un escepticismo creciente de la industria de si realmente esas mediciones les dicen algo o no”. Cada vez hay más estudios pero menos confiabilidad.

En esa lucha por el rating y por la pauta hay una tendencia a manipular las cifras, lo que se confirmó a través de información de los mismos medios: “La manipulación significa que yo puedo leer una cifra de manera diferente a como la lee mi competencia”.

Los investigadores proponen hacer estudios más incluyentes, que abarquen a toda la población, combinar las cifras con una comunicación más directa con quienes consumen medios, lo que daría pistas más cualitativas de la receptividad de las audiencias. Elementos como las cartas del lector, llamadas, correos, tuits y likes pueden crear lazos y generar una mayor participación, porque “toda esta obsesión cuantitativa está dejando de lado otras formas en las cuales los medios de comunicación pueden entrar en relación con sus audiencias”, remató Valencia.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Contando colombianos: medición y mercantilización de audiencias mediáticas, conocimiento científico y biopolítica.
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Juan Carlos Valencia Rincón
COINVESTIGADORES: María Patricia Téllez, Mónica Baquero, Alcides Velásquez, John Gutiérrez, Carlos Barreneche, Laura Méndez, Alejandra Beltrán, Antonia Moreno y Paola Saravia
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Departamento de Comunicación
Grupo de Medios, Comunicación y Cultura
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

La nueva imagen de Pesquisa Javeriana

La nueva imagen de Pesquisa Javeriana

A partir de este lunes, Pesquisa Javeriana presenta su nueva edición digital, más dinámica y accesible a las nuevas audiencias en internet.

Esto no quiere decir que le diremos adiós a nuestra edición impresa: por el contrario, hemos decidido reforzarla con una mayor presencia de contenidos en nuestro portal.

Más allá de un nuevo diseño de la página web y de nuestras secciones, pensadas en los intereses de los internautas, este relanzamiento se centra en un solo objetivo: contar los avances científicos javerianos, colombianos y mundiales de una forma sencilla, ágil y fácil de entender. Queremos derrumbar esa vieja concepción de que la ciencia es, por definición, aburrida.

Todas las semanas compartiremos con nuestra audiencia nuevos contenidos, concebidos desde diferentes lenguajes transmedia: videos, fotografías, ilustraciones, audios, etc.

¡Síganos en esta nueva etapa de Pesquisa Javeriana!

Ya circula la edición 40 de Pesquisa Javeriana

Ya circula la edición 40 de Pesquisa Javeriana

Gracias a la alianza con El Espectador, la edición 40 de la revista Pesquisa Javeriana circula este 23 de julio con la edición dominical del diario dirigida a sus suscriptores.

Para esta edición, Pesquisa Javeriana presenta:

  • Editorial sobre la innovación en las universidades.
  • Investigación multicéntrica en enfermería de América Latina.
  • Perfil de la investigadora en temas rurales Flor Edilma Osorio.
  • Informe especial sobre la atención a menores víctimas de violencia sexual.
  • Entrevista con Alba Alicia Trespalacios, investigadora de la bacteria que puede generar el cáncer gástrico.
  • Perfil de Sebastián Velandia, joven investigador dedicado a la educación en poblaciones vulnerables.
  • Reseña sobre la medición de audiencias en los medios masivos.
  • Investigación sobre las imágenes infrarrojas en cámaras de seguridad.
  • Recomendaciones de la Editorial Javeriana.
  • Las nuevas tecnologías desarrolladas desde la Universidad Javeriana para los industriales colombianos.

Asimismo, hacemos una invitación a todos los interesados en el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana, que se llevará a cabo en nuestra sede de Bogotá entre el 11 y el 15 de septiembre de 2017.

Quien desee acceder a los contenidos de Pesquisa Javeriana y no sea suscriptor de El Espectador, puede descargar la versión digital (PDF) de la edición 40 en nuestra página web.