Hidroeléctricas en la Amazonía, una amenaza para la cuenca

Hidroeléctricas en la Amazonía, una amenaza para la cuenca

De las 142 hidroeléctricas –funcionando o en construcción- en los ríos amazónicos que nacen en la cordillera de Los Andes, ninguna se encuentra en los ríos colombianos Caquetá o Putumayo. De las 160 que están planeadas, solo una se considera construir en el Caquetá.

Esta es una buena noticia para el país, dice el ecólogo Javier Maldonado-Ocampo, experto en peces de agua dulce, profesor del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana y coautor del artículo científico publicado hoy en la última edición de la revista de acceso abierto Science Advances, titulado Fragmentation of Andes-to-Amazon connectivity by hydropower dams.

El dorado (Brachyplatystoma rousseauxii), un bagre que recorre alrededor de 8.000 kilómetros por aguas amazónicas, siendo reconocido como el que hace la mayor migración a nivel de agua dulce en el mundo, es uno de los peces perjudicados con la construcción de estas represas. Como él son muchas las especies que se ven afectadas, incluyendo las comunidades indígenas y campesinas de la cuenca amazónica que viven de la pesca y otros servicios de los ríos. El dorado es uno de los peces más importantes para las pesquerías comerciales de la cuenca.

Durante las migraciones anuales de peces, los indígenas del río Caquetá pescan en los rápidos. /Sandra Bibiana Correa
Durante las migraciones anuales de peces, los indígenas del río Caquetá pescan en las aguas rápidas. /Sandra Bibiana Correa


Sí generan energía, ¿pero a costa de qué?

Los investigadores estudiaron ocho de los ríos más importantes de la región. Las represas, dice el estudio, alteran el hábitat de las especies de peces y crean insalvables barreras para su movimiento a través de los ríos.

Concluyen que el desarrollo hidroenergético tiene consecuencias que rompen la conectividad de la biodiversidad entre los Andes y el Amazonas, y esa interrupción hace que el flujo del río ya no sea natural. “Como se corta, se afecta la temperatura del río y los cambios de temperatura son muy importantes para la supervivencia de las larvas de los peces migratorios”, explica Maldonado.

Los ocho ríos amazónicos del estudio
Ríos C

Se afecta también lo que Maldonado llama “el pulso natural del río”, que se refiere a épocas de inundaciones y aguas bajas porque ya no se presentan de manera natural sino que dependen de que una determinada hidroeléctrica, según la demanda de energía a producir, abra o cierre sus compuertas para dejar pasar el agua y generar energía. “Se pierde el pulso natural de inundación, lo cual afecta toda la diversidad acuática y todos los sistemas de sobrevivencia de las comunidades amazónicas que dependen del plano de inundación”.

Las represas también influyen en el flujo natural de los sedimentos del rio, “que son los que le dan la riqueza al agua, los que nutren los planos de inundación”, continúa Maldonado. “Si hay una retención tan alta de sedimentos, aguas abajo no llegan y todos estos sistemas ricos en nutrientes ya no lo serán, con las graves consecuencias a nivel de todos los componentes de la biodiversidad y los servicios que prestan a las comunidades para agricultura, para pesca, para todo”.

Las represas en los ríos de la Amazonía andina generalmente desvían a distancias de varios kilómetros todo el caudal del agua. /Elizabeth Anderson
Las represas en los ríos de la Amazonía andina generalmente desvían a distancias de varios kilómetros todo el caudal del agua. /Elizabeth Anderson


El camino navegado por la investigación

“La huella del desarrollo de hidroeléctricas en la región Andino-Amazónica ha sido drásticamente subestimada”, dice el estudio, señalando que el número de represas encontradas en el mapa es casi dos veces mayor a lo reportado previamente.

Si bien no se trata de una investigación basada en salidas de campo, los científicos usaron varias metodologías para recabar información de fuentes confiables, y con ojo detectivesco analizaron los datos: algunos parcialmente eran de libre acceso como la información de los países sobre sus proyectos hidroeléctricos (localización, capacidad de generación de energía, altura de la presa). Luego, con el listado completo , los mapearon en la red hídrica de la región Andino Amazónica apoyados en la plataforma HydroSHEDS, y de esta forma calcularon el Índice de Conectividad Dendrítica (DCI, por sus siglas en inglés), que en últimas es el que les permitió determinar el porcentaje de fragmentación de las cuencas analizadas bajo dos escenarios de desarrollo hidroenergético, el actual y el futuro.

En entrevista con Pesquisa Javeriana, la autora principal del artículo, la ecóloga Elizabeth Anderson, codirectora del Instituto Tropical de Conservación y profesora asistente del Departamento de Tierra y Ambiente de la Universidad Internacional de Florida, con sede en Miami, dijo que el estudio presenta “una perspectiva regional sobre la transformación de ríos por el desarrollo hidroeléctrico en la región Andino-Amazónica. La escala grande del estudio fue un gran desafío, especialmente el reto de conseguir y unir información de cinco países: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, y Brasil”.

No obstante, como estas iniciativas son de trabajo colaborativo en donde constantemente se buscan alianzas estratégicas para el caso de la información y los datos de los peces distribudos en la región, el proyecto Amazon Fish, que construye la base de datos más completa sobre biodiversidad de peces dulceacuícolas para toda la cuenca del Amazonas, liderado en Colombia por la Universidad Javeriana, alimentó el estudio con todos los datos disponibles a la fecha.


¿Qué ha salvado a la Colombia amazónica?

Son dos razones, de acuerdo con Maldonado: “El mayor desarrollo hidroenergético del país ha estado enfocado en la cuenca del Magdalena-Cauca, pero es muy probable que, como ya está colapsada, se voltee la mirada hacia sitios como el Caquetá y el Putumayo. Pero también porque era zona roja, con presencia del conflicto armado”.

Ríos 3
Los ríos Caquetá (izq., foto de Daniela Molano) y Putumayo (der., foto de Álvaro del Campo) surcan y le dan vida a la Amazonía colombiana.

El escenario de las hidroeléctricas podría cambiar significativamente en el futuro para Colombia, recalca el estudio, en tanto los acuerdos de paz traen acceso y seguridad, atractivos intereses para los negocios en la región Amazónica.


El llamado al futuro

Los investigadores proponen un cambio hacia un mayor reconocimiento de lo ecológico, lo cultural y los vínculos económicos con ríos en los Andes y en la cuenca Amazónica.

“Los ríos que todavía mantienen alto nivel de conectividad entre los Andes y las zonas bajas amazónicas representan una gran oportunidad para la conservación en la Amazonía”, explica Anderson. “De hecho, la protección de ríos es uno de los temas de más urgencia, como una nueva frontera para la conservación. Ha habido mucha inversión en áreas protegidas terrestres –eso es muy bueno–, pero ahora se necesita un mayor esfuerzo para que la sociedad en general empiece a reconocer qué ríos de flujo libre también son objetos de conservación, parecido a un bosque intacto de pie. El dinamismo natural de los ríos –¡que se mueven!– es algo critico a su funcionamiento y bienestar”.

Anderson quisiera que este estudio resalte la importancia de los ríos andinos para toda la Amazonia por sus “valiosas contribuciones en cuanto a la exportación de sedimentos, nutrientes, agua y materia orgánica, su papel clave para el cumplimiento del ciclo de vida de muchas especies migratorias de peces, y los fuertes vínculos entre ríos y cultura humana en la Amazonía occidental. Hay necesidad de nuevos marcos legales para la conservación de ríos de flujo libre. Ya Colombia felizmente tiene el marco de Rio Protegido. Es un buen punto de partida para la protección de sus aguas”.

El preocupante futuro de los ecosistemas colombianos

El preocupante futuro de los ecosistemas colombianos

Buena parte de los ecosistemas naturales de la costa Caribe colombiana han sido transformados drásticamente por la actividad humana en las últimas décadas. “Ya casi no existen”, afirma el profesor investigador Andrés Etter, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana. La construcción de carreteras y otras obras de infraestructura, la urbanización, pero principalmente la expansión de la frontera agrícola, son algunas de las razones para que esto ocurra.

Lo mismo ha sucedido con una gran extensión de las tres cordilleras que recorren el país de sur a norte. Y es en estas regiones donde también el Grupo de Ecología y Territorio de la Javeriana, en cabeza de Etter, ha identificado los ecosistemas en peligro crítico (CR): lo que queda del bosque seco tropical en el Caribe y el desierto tropical de la Guajira y la Tatacoa en el Huila; los ecosistemas secos de los Andes, como el Cañón del Chicamocha en Santander y, en menor escala, Dagua en el Valle del Cauca; los ecosistemas húmedos como los humedales que agonizan en el altiplano cundiboyacense empezando por Jaboque, en pleno Bogotá, y las áreas de bosque húmedo tropical del piedemonte llanero. Allí es donde la situación está más complicada.

Estos resultados podrían apoyar la toma de decisiones de quienes juiciosamente diseñan los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) en los más de mil municipios del país, porque el trabajo de los investigadores javerianos lleva más de 30 años y tiene evidencia científica del cambio en el paisaje desde hace cinco siglos. El estudio, además de caracterizar el nivel de riesgo de los ecosistemas naturales que subsisten, permite establecer el nivel de protección en el sistema nacional de Áreas Protegidas. De los ecosistemas que se encuentran en peligro crítico (CR) o en peligro (EN), que en total son 38, no subsisten sino 19 millones en las 114 millones de hectáreas que tiene el territorio colombiano. El estudio también permite ubicar los tipos de ecosistemas que han desaparecido y los lugares que estos ocupaban, para identificar necesidades de restauración.

Figura 1. Mapa de la ubicación de los ecosistemas CR y EN que se perdieron por el proceso de expansión de la frontera agrícola y urbana, y que deberían ser la base para focalizar procesos de restauración.
Figura 1. Mapa de la ubicación de los ecosistemas CR y EN que se perdieron por el proceso de expansión de la frontera agrícola y urbana, y que deberían ser la base para focalizar procesos de restauración.

Con base en esto, Etter recomienda priorizar la restauración de aquellos ecosistemas que están en peligro crítico o en peligro. Hace énfasis en aquellas zonas rojas y naranjas del mapa (Figura 1), pero focalizándose en aquellas que presentan baja productividad y altos niveles de impacto ambiental. Sin demeritar los beneficios de la industria ganadera, llama la atención porque “la ganadería ha sido la gran transformadora de los ecosistemas colombianos”, y agrega que “el 80% de la frontera agrícola colombiana son vacas, frecuentemente con bajos niveles de productividad”, alrededor de 23 millones de reses. Si estuviera en sus manos, entre estas se enfocaría en aquellas áreas alejadas de las carreteras, cercanas a ecosistemas naturales y a ríos, entre otras características que viene analizando con sus colegas.


Una lista roja de ecosistemas

Ahora que en Colombia tanto el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), han presentado sus mapas de amenaza de los ecosistemas colombianos, Etter y sus colaboradores entregan la Lista Roja de Ecosistemas (LRE) que representa un nuevo estándar unificado de carácter global mediante el cual es posible evaluar el estado de todos los ecosistemas del mundo en riesgo, con una metodología basada en cuatro criterios básicos: la reducción en la distribución geográfica, el patrón que ha llevado a esa reducción, la degradación ambiental física, que incluye aspectos como el suelo y el clima, y la alteración de procesos bióticos asociados a los ecosistemas, como, por ejemplo, los cambios en los procesos de dispersión de semillas o de polinización. “Estamos mostrando en qué ecosistemas ha sido más severo el deterioro y cómo, si se juntan las variables, se puede valorar ese riesgo de una manera más transparente”, explica el ecólogo (Ver Figura 2). Esta metodología, originalmente ideada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), se empezó a diseñar en 2010, y en 2013 se publicó en el artículo titulado Scientific Foundations for an IUCN Red List of Ecosystems, de David Keith, Jon Paul Rodríguez y colaboradores.

Figura 2. Mapa que corresponde a la evaluación final de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia
Figura 2. Mapa que corresponde a la evaluación final de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia

Colombia ha sido uno de los pocos países que, junto con Costa Rica, Chile y Venezuela, iniciaron en América Latina el estudio con financiación internacional. La experiencia del investigador Etter al haber recorrido el país entero durante más de tres décadas y haber realizado análisis históricos de transformación de ecosistemas, sumado a insumos importantes liderados por otros investigadores como, por ejemplo. las tasas de deforestación en el país del IDEAM, permitieron avanzar en la investigación que, según Etter, es reconocida como una de las aplicaciones de la metodología más completas.

Los investigadores javerianos se concentraron en los ecosistemas terrestres, identificando 81 tipos: 54 corresponden a ecosistemas forestales, seis a ecosistemas arbustivos, 16 a sabanas y páramos, y cinco a humedales. “Los ecosistemas son la base del soporte de la vida humana. Conservándolos, conservamos oportunidades a futuro, en términos de la biodiversidad”. Pero también, resalta, como país megabiodiverso, “Colombia tiene una responsabilidad más allá de sus fronteras, en términos globales, de responder como guardianes de esa riqueza biológica”.


A futuro

Con base en los mapas históricos (Ver Figura 3), y si sigue la tendencia actual de lluvias, dentro de 20 o 30 años, el área con los mayores cambios será la península de la Guajira, seguida de la parte norte del departamento de Norte de Santander y la región central de Arauca y Casanare.

Figura 3. Transformación de los ecosistemas colombianos a través de los años.
Figura 3. Transformación de los ecosistemas colombianos a través de los años.

Desde el punto de vista de las tasas de pérdida o degradación de los ecosistemas en relación con la dispersión de semillas y polinización, las regiones que más sufrirán serán las ubicadas en la cordillera de los Andes, el norte de la Amazonia y el sur de la Orinoquia, unas 60 millones de hectáreas afectadas.

Si bien el ejercicio realizado hasta ahora ha contemplado las amenazas por el cambio climático de manera preliminar, los investigadores no dudan en que esta categoría empezará a jugar un papel más importante en futuras evaluaciones.


INVESTIGADOR PRINCIPAL: Andrés Etter Rothlisberger
COINVESTIGADORES: Ángela Andrade, Kelly Saavedra, Paula Amaya, Paulo Arévalo, Juliana Cortés, Camila Pacheco, Diego Soler.
COLABORADORES: Tito Muto, Andrés Páez, Mauricio Vejarano, Miguel A. Cañón, Laura Eraso, Yaneth Muñoz.
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Pontificia Universidad Javeriana
Conservación Internacional, Colombia

Financiación
Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, IUCN
Convention of Ecosystem Management, CEM
Provita
Fundación Moore

Apoyo institucional
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt
Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andreis

PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2010 – 2017

Observación de aves, un aporte a la ciencia

Observación de aves, un aporte a la ciencia

Muchas veces sin saberlo, con sus fotografías, dibujos y notas, los observadores de aves contribuyen a conocer más sobre las diferentes especies que cruzan su mirada cada vez que participan en una salida de campo. Ataviados con binóculos, grabadoras, cámaras fotográficas, lápiz y libreta, sus registros dan cuenta del lugar donde las vieron, su forma y sus colores, sus costumbres y, en general, las características de su observación.

Esta actividad forma parte de lo que se llama ciencia ciudadana o investigación participativa, en las que el público general apoya con sus vivencias, conocimiento y recursos visuales —como dibujos y fotografías de las especies— o auditivos —como las grabaciones de sus cantos— a quienes, desde la academia, se encargan de analizar dicha información. Cada vez son más los observadores de aves en un país que, como Colombia, ocupa el primer puesto en diversidad de este grupo —más de 1.900 especies—, y cada vez serán más, porque incentivar el avistamiento de aves se ha convertido en una política de gobierno. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha promovido la actividad como un renglón más de ingresos para el país, y anunció que espera recibir unos 15.000 observadores en 2017.

En el mejor momento para la actividad, sale entonces a la luz pública el segundo volumen del Libro rojo de aves de Colombia, que describe el estado de amenaza en el que se encuentran muchas de las especies que, si no se hace nada al respecto, ya no estarán allí para los observadores de aves… y menos para generarle ingresos a Colombia. “De toda la sociedad colombiana depende que esta avifauna tenga un futuro o se extinga”, dice Luis Miguel Renjifo, principal autor de la obra y científico y observador de aves. “Pero lo que es aún más delicado es que con su desaparición dejarían de cumplir sus papeles ecológicos como dispersores de semillas, polinizadores, controladores de plagas y en general reguladores de los ecosistemas”.

Tabla


El Libro rojo de aves de
Colombia es el resultado de una
investigación muy compleja,
que fue posible gracias a la
colaboración, lo que implica
diferentes tipos de fortalezas
investigativas y actores, en
la cual la ciencia ciudadana
cumple un papel importante
al aportar datos de difícil
obtención”.
Luis Miguel Renjifo,
autor principal


Detrás de la publicación

Para llegar a editar los dos tomos, los integrantes del grupo núcleo, como lo llama Renjifo —actual vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana—, han trabajado desde el año 2008, todos sin duda apasionados por la naturaleza y por las aves. Para el primer volumen, que incluye las aves de los bosques húmedos de los Andes y la costa Pacífica, siete investigadores hicieron los análisis con base en los modelos de distribución de las especies generados por Jaime Burbano y Jorge Velásquez —dos de los investigadores del grupo núcleo— y en las fichas que produjeron colaboradores expertos; en el volumen dos, que se concentró en ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos, continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos del centro, norte y oriente del país, cuatro de ellos continuaron la labor.

Y si bien este segundo volumen completa la información de todo el país, esta labor no termina. Es necesario hacer un seguimiento para conocer el progreso o retroceso del estado de conservación de las especies, explica la coinvestigadora del Libro rojo y profesora de cátedra de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Ángela María Amaya-Villarreal, porque las especies pueden cambiar de categoría a través del tiempo. “Por ejemplo —dice— al comparar nuestros resultados de este segundo volumen con el Libro rojo de aves del 2002, notamos que 15 especies entraron por primera vez a alguna categoría de amenaza y cuatro pasaron de la categoría Preocupación menor a Casi amenazadas. Además, siendo Colombia un territorio tan biodiverso, con relativa frecuencia se descubren nuevas especies, y algunas de ellas no acaban de ser descritas cuando ya están siendo sujetas al análisis de riesgo de extinción, y resultan amenazadas”.

Foto 3  Foto 2

 

 

 

 

 

 

El ecólogo Jorge Eduardo Botero, observador de aves y promotor de los ‘censos navideños’ (ver recuadro), fue uno de los 104 colaboradores que se encargaron de escribir las síntesis con la información de cada especie para esta segunda entrega, lo que incluye el nombre científico, el común en español y en inglés, la ecología (hábitos, tipo de hábitat, dieta, etc.), el tamaño de la población (en algunos casos), las amenazas que enfrenta (por ejemplo pérdida de hábitat, cacería, tráfico ilegal, contaminación) y medidas de conservación tomadas. Para hacerlo, consultó diferentes fuentes de información científicas, así como la plataforma eBird, proyecto desarrollado por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell y la Sociedad Nacional Audubon, de Estados Unidos, que tiene versión en español y donde los observadores de aves pueden subir la información obtenida en sus salidas de campo, incluso de las aves que visitan su jardín.

Por su parte, el grupo núcleo de investigadores escribió la sección ‘Situación de la especie’, donde se encuentra el análisis de riesgo de extinción (con la categoría asignada) y los mapas de distribución y de idoneidad de hábitat de cada especie. Decenas de fotógrafos aportaron sus mejores tomas, que Daniel Uribe seleccionó para el libro. Cuando no había fotos, el artista Robin H. Schiele se encargó de dibujar las ilustraciones originales.

Para que una especie persista en el tiempo debe tener resueltas sus condiciones mínimas de sobrevivencia, y esa es obligación de varias instituciones del país, como las Corporaciones Autónomas Regionales. “Con este libro sabemos qué especies están amenazadas, por qué, dónde están, y sugerimos desarrollar medidas para evitar su extinción”, dice Renjifo, haciendo énfasis en que, además de la participación para la obtención de datos, los “esfuerzos de conservación pueden ser promovidos por la ciencia ciudadana”.

Los conteos navideños son una iniciativa que busca generar información para conocer el estado actual y los cambios que puedan tener las poblaciones de aves a lo largo del tiempo en lugares específicos, además de fortalecer el conocimiento y la generación de herramientas adecuadas para el manejo y la conservación de la avifauna.

La Sociedad Caldense de Ornitología coordina generalmente el desarrollo y recolección de datos de los censos navideños en Colombia, en los que participan expertos y ciudadanos interesados en observación de aves.

Los ciudadanos aportan a la ciencia

Fueron muchas las personas que aportaron información para hacer los análisis de este libro. Aparte de los 104 colaboradores antes mencionados, cientos de ciudadanos aportaron sus registros de observación de las especies. Esta participación colaborativa permitió recopilar la información que sirvió de base para evaluar el riesgo de extinción de las aves. “Sin esta valiosa participación ciudadana sería muchísimo más difícil lograr una investigación tan compleja como esta, considerando que, para hacer los análisis de riesgo de extinción, se requiere de información que se obtiene a varios niveles que no podría ser generada por un equipo de pocos investigadores. Además, otro aspecto que resultó muy beneficioso de esta colaboración fue acceder a registros que no necesariamente están publicados en artículos científicos o en bases de datos”, explica Amaya-Villarreal.

Sin duda, la mayor motivación de los ciudadanos, expertos y no expertos, para participar en esta investigación ha sido su pasión por el estudio, la ecología y la conservación de las aves. Fueron aportes ofrecidos de manera desinteresada y voluntaria a través de correos electrónicos dirigidos a los investigadores, o por medio del ingreso de la información obtenida por ellos, como resultado de sus salidas de campo, a plataformas de captura de información en línea como eBird o xeno-canto.

“eBird Colombia fue una fuente importante de registros recientes y confiables con los cuales pudimos construir los modelos de distribución de las especies, información muy importante para los análisis del riesgo”, continúa Renjifo, aunque confiesa que de todas maneras fue necesario invertir mucho tiempo en ‘limpiar’ los datos pues con “registros de baja precisión se obtienen modelos ecológicos de baja precisión”.

Fotografa aves

El encanto de las aves

“Hay una razón muy importante para que la apreciación por las aves sea muy alta, y es que ellas viven en el mismo mundo sensorial de los seres humanos: vemos los mismos colores, escuchamos el mismo rango de sonidos y la comunicación de las aves entre ellas se hace a través del sonido y de señales visuales, como en nuestro caso”, explica Renjifo.

Desde hace diez años, el médico veterinario Daniel Uribe creó Birding Tours Colombia, para promover el avistamiento de aves. Dice que desde los siete años las está observando; actualmente es un gran conocedor. Británicos, estadounidenses, canadienses, japoneses y de muchos países europeos vienen en grupos para salir a ‘pajarear’ por todo el país bajo su guía. “Las aves son indicadores importantes del estado de conservación y manejo del ecosistema”, dice.

En Colombia existen grupos de ciudadanos interesados en aves en los que, por lo general hay un ornitólogo. Además de los censos navideños y los de aves acuáticas, que se realizan en unas fechas específicas del año, casi todas las asociaciones de ornitología ofrecen salidas de campo periódicas. Cada vez son más los colombianos que madrugan a observar los pájaros despertando y cantando al asomarse el sol; y cuando se acostumbran a sistematizar la información obtenida y la comparten, se convierten en científicos ciudadanos. Y es que “para poder defender y conservar hay que conocer; y para poder conocer hay que amar”, concluye Uribe.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Libro rojo de aves de Colombia
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Luis Miguel Renjifo
COINVESTIGADORES: Ángela María Amaya-Villarreal, Jaime Burbano-Girón y Jorge Velásquez-Tibatá
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales; Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible; Instituto de Investigación de Recursos Biológicos, Alexander von Humboldt; Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, Ideam; Red Nacional de Observadores de Aves, RNOA; BirdLife International, y Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2008-2017

Aves en riesgo, una radiografía de Colombia

Aves en riesgo, una radiografía de Colombia

Nuestro país es el de mayor biodiversidad de aves del mundo y alberga cerca del 20% de las especies del planeta. Ellas son, junto a los peces, los vertebrados con más presencia a lo largo y ancho de nuestro país. Sin embargo, muchas de ellas se encuentran en riesgo: ¡menuda responsabilidad enfrentamos entonces! Por
eso, documentos como los libros rojos cumplen un papel preponderante de seguimiento al riesgo de las especies, de advertir sobre las condiciones precarias de su hábitat y, de esta manera, contribuir en su conservación.

En esta edición de PESQUISA JAVERIANA presentamos la forma en que desarrollamos el segundo volumen del Libro rojo de aves de Colombia, que circula en marzo y que hace parte de las evaluaciones periódicas que monitorean el estado de conservación de las más de 1.900 especies de aves identificadas en nuestro país.
Pero, ¿por qué se hace tan relevante hablar del riesgo de estos animales? Y, ¿por qué hacerlo a través de un libro rojo?

Para responder la primera inquietud, más allá de mi compromiso personal, profesional y científico como estudioso de la ornitología con unos buenos años a cuesta, solo quiero mencionar algunos aspectos que dan cuenta de su preeminencia. Las aves son el grupo biológico mejor conocido en la ciencia: se encuentran en casi todos los ecosistemas (desérticos, antárticos, selváticos, etc.); son ecológicamente diversas: existen 10.672 especies en el mundo; tienen gran importancia ecológica: son polinizadoras, dispersoras de semillas, depredadoras de insectos; y también por su diversidad, así como por el hecho de vivir en el espectro sensorial de los seres humanos, es decir, tienen percepciones visuales y auditivas del entorno similares a las nuestras. El conocimiento que de ellas se tiene ha aportado enormemente a nuestro entendimiento de cómo funciona el mundo y, además, se ha convertido en un potencial para la economía del país mediante actividades relacionadas con la observación de aves. Sin duda, su desaparición implica una enorme pérdida ecológica, económica y cultural.

Ahora, ¿por qué libros rojos? La evaluación del riesgo de extinción es fundamental para la planeación y la práctica de la conservación de las especies. Dichas evaluaciones, realizadas con el uso de categorías y criterios cuantitativos, son consignadas en documentos conocidos como ‘libros rojos’, el primero de los cuales apareció en los años 60. Estos esfuerzos académicos de alertar a las autoridades responsables permiten también valorar si las acciones a favor de su protección tienen éxito o si se hace indispensable replantear las políticas o estrategias para su cuidado y conservación. Además, buscan identificar cómo la destrucción de los hábitats, el comercio ilegal y los cultivos ilícitos avanzan inexorablemente hacia la destrucción de nuestro patrimonio biológico.

Por esta razón, un grupo de investigadores javerianos y de muchas otras entidades colombianas, así como de diversas partes del mundo, acompañados por cientos de estudiantes, campesinos, biólogos, fotógrafos expertos, observadores de aves, entidades ambientales y otros colaboradores, desarrollamos durante casi una década una recopilación sobre la ecología de las aves en Colombia, sus características, hábitats y formas de vida, y también sobre las amenazas que enfrentan. Luego, en los libros rojos recopilamos esta información y analizamos el riesgo de extinción que enfrentan las especies.

Solo como abrebocas: en el segundo volumen de esta publicación presentamos información sobre 140 especies amenazadas. Razones hay de más para que el Libro rojo de aves, con su rigurosidad, sea un insumo que sirva para orientar la actuación de las autoridades ambientales. Esta es, pues, mi invitación personal y entusiasta a leer cómo fue nuestra experiencia recolectando estos datos para la conservación de la biodiversidad colombiana, en especial de las aves.

Con igual inquietud, espero que disfruten la historia sobre la huella genética que los muiscas dejaron en Boyacá; exploren la infografía del proyecto de la Facultad de Artes, en la que se presenta cómo suenan los cerros orientales de Bogotá; visiten la vía La Dorada-Ambalema a través de las imágenes que reconstruyen la línea férrea en esa zona del país, y reflexionen sobre el sector minero y su relación con las comunidades campesinas y étnicas. También, que conozcan la propuesta que profesores de la seccional Cali hicieron para medir la apropiación de las TIC y a que conozcan la historia de vida del joven que investiga de esta edición, quien plantea irrupciones a los estereotipos tradicionales en el mundo científico. Todo este diverso material compone las siguientes páginas que preparamos para ustedes, nuestros lectores.

Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Convivencia y reconciliación. Construcción de nuevos vínculos sociales para una Colombia diferente.

convivencia

Freddy a. Guerrero (editor). cali: Ponti cia Universidad Javeriana Cali, 2015. 290 páginas.

Este libro recopila una serie de reflexiones de organizaciones sociales, instancias estatales y académicas en torno a temas fundamenta- les para nuestro país como la convivencia y la reconciliación. En un esfuerzo por continuar el legado de Ignacio Martín Baró, S. J., se con- sidera la importancia de la convivencia y la reconciliación como maneras de traducir, en clave de nuestro contexto, las salidas a lo que identi có este pensador como la relación entre salud mental y conflicto, fatalismo y desigual- dad social, al exponer otras formas de poder que aquel que ha determinado el conflicto y la explotación entre los seres humanos. Es- tas reflexiones aparecieron en el marco del IX encuentro de la Cátedra Internacional Ignacio Martín Baró, una iniciativa interuniversitaria promovida por la Ponti cia Universidad Jave- riana de Colombia, la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador y la Universidad Alberto Hurtado de Chile, cuyo propósito es generar una reflexión colectiva, rigurosa y sistemática, y una acción consecuente con esta sobre las condiciones de violencia social y política que sufren los pueblos latinoamericanos.

En la publicación se evidencian las experien- cias de Nariño, Cauca y Valle del Cauca en la voz de algunos de sus habitantes y organizaciones como el Observatorio de Paz y Conflicto de la Universidad Nacional de Colombia, la Agencia Colombiana para la Reintegración, la Unidad para la Reparación y Atención Integral a las Víc- timas, el Instituto Mayor Campesino del Valle del Cauca y la Agenda Local de Paz de Nariño. El libro contiene una serie de imágenes que ilustran la publicación, resultado de un concur- so de fotonarrativa desarrollado en 2014 desde la Cátedra Ignacio Martín Baró inspiradas en la convivencia y la reconciliación.

Justicia transicional en equilibrio. Comparación de procesos, sopeso de su eficacia

justicia

Tricia D. Olsen, Leigh A. Payne y andrew G. reiter. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 280 páginas.

Publicado originalmente en inglés en el año 2010 por el Instituto de Paz de los Estados Unidos, este estudio es uno de los primeros en evaluar empírica y comparativamente el funcionamiento de los procesos de justicia transicional. El libro analiza críticamente el éxito de la justicia transicional en cuanto al fortalecimiento de la democracia y la reducción de las violaciones de los derechos humanos, gracias a una base de datos que explora las particularidades de 161 países que en las últi- mas cuatro décadas adoptaron mecanismos de justicia transicional para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos del pasa- do, tras periodos de agitación política, represión estatal o conflicto armado. Con esta traducción, nanciada por la Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Institucionales, la Editorial Ponti- cia Universidad Javeriana espera contribuir con materiales analíticos y de investigación a la discusión sobre un tema actual y crucial en la realidad política y social de Colombia.

Providencia. Más allá de la etnicidad y la biodiversidad, una insularidad por asumir

providenciaCamila Rivera González. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2015. 237 páginas.

En una narrativa que entrelaza la subjetividad de la autora con las vivencias y las voces insulares, Providencia muestra cómo la perspectiva de protección al multiculturalismo y al medio ambiente de la Constitución de 1991 es apropiada y resigni cada en las fronteras de la nación por los raizales de la isla. La autora describe los procesos de etnización, biodiversificación y ecoturistificación que los providencianos adelantan para articularse a Colombia, proteger su sociedad y tramitar sus particularidades insulares y caribeñas. La construcción étnica como raizales ha traído tanto bene cios y ventajas, como di cultades, encrucijadas y tensiones identitarias. El texto analiza entonces los sentidos de insularidad, frontera y a nidad, como nuevos posicionamientos que les permitan a los raizales desmarcarse de los cajones étnicos para alcanzar mayor soltura, adeptos y efectos en sus procesos de a rmación de su identidad.

Idiomas espectrales. Lenguas imaginarias en la literatura latinoamericana

idiomasJuan Cristóbal Castro. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 398 páginas.

La lengua y la escritura son formas de rebelión, desde los lenguajes imaginarios que inventamos cuando niños para evitar el control de los adultos hasta la resistencia cultural de algunas comunidades a partir de la preservación de su idioma. La constitución misma de la lengua es política porque desde ella construimos las relaciones con el otro y las formas comunes y diversas de ver y entender el mundo: el poder se erige desde la palabra. La búsqueda de una identidad, de un ser común (de un enemigo común), pasa por ser parte de una comunidad lingüística, por entender lo que dice el otro, ya que si no entendemos, el otro es un extraño detrás de una barrera. Los idiomas espectrales surgieron a principios del siglo XX en Latinoamérica cuando todavía luchaba por de nir una identidad propia, alejada de modelos extranjeros; por eso son signi cativos para entender los procesos de identidad de esta parte del mundo. Estas lenguas aparecen como repuestas a las políticas del lenguaje (muchas veces desde su parodia), los cambios en la cultura (guiados en ocasiones por creaciones fantásticas como la radio, el cine, la máquina de escribir, la televisión) y los dramáticos momentos de la historia política que forzaron la aparición de voces distintas que escaparan a los silencios impuestos. Desde las vanguardias, en la máxima expresión que les dio César Vallejo, pasando por Borges, Cortázar o Cabrera Infante, hasta llegar a Eugenio Montejo o Ricardo Piglia, las lenguas imaginarias se han consolidado en las letras latinoamericanas como propuestas críticas y subversivas; como creaciones verbales de difícil comprensión que nos inducen al error, pero que recuerdan que en ocasiones no hay nada que nos acerque más a la realidad que lo fantástico.

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¿Qué hay de nuevo?

¿Qué hay de nuevo?

Biodiversidad en la memoria nacional

Por: María Daniela Vargas Nieto | Fotografia: Guillermo Santos | La Colección Biológica Javeriana contiene muestras de migroorganismos, plantas, insectos, peces, reptiles y mamíferos, entre otros.

¿Qué tienen en común el oso de anteojos, el tiburón martillo gigante, la guacamaya verde y el cangrejo sabanero? Todas son especies que enriquecen la biodiversidad del país, conservan información única y están en peligro de extinción. Para preservar todo el conocimiento que ofrece este patrimonio, la Colección Biológica Javeriana ha abierto sus puertas con una de las más grandes selecciones biológicas conocida hasta el momento.

Está compuesta por tres grandes grupos: Microorganismos, Herbario y Museo Javeriano de Historia Natural, con más de 1.808 especímenes de mamíferos, 956 de reptiles, 6.866 lotes de peces, 19.207 de artrópodos, 525 de microorganismos y 26.837 ejemplares de plantas. La muestra está a cargo de un grupo docente académicamente calificado y cuenta, además, con una infraestructura eficiente y condiciones de temperatura y humedad adecuadas que garantizan su preservación.

La colección sustenta tres ejes de trabajo en relación con los objetivos que plantea: la investigación, con el fin de incentivar el estudio científico a partir de las especies colectadas; la docencia en cuanto trabajo conjunto entre profesores y estudiantes, y, por último, el servicio, pues se comporta como una biblioteca biológica: responde inquietudes externas sobre el contenido del mismo repositorio.

A partir de un proceso de formalización ante el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la Colección Biológica de la Universidad Javeriana se posiciona como una de las bibliotecas naturales más importantes de Colombia en permanente construcción, e incentiva la investigación, análisis y participación sobre el ecosistema nacional.

Economía del Valle por encima del promedio nacional

La economía del Valle del Cauca crece 3,8% por encima del promedio nacional, según el índice de actividad económica IMAE, desarrollado por la Universidad Javeriana Cali y el Banco de la República.

Por: Diana Milena López Duque

De acuerdo con el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), el segundo trimestre de 2015 reveló que el crecimiento del PIB en el Valle del Cauca fue ligeramente mayor que el del trimestre inmediatamente anterior. De continuar esta tendencia, el acumulado del PIB del departamento podría cerrar con un crecimiento de 4,1% en el 2015, lo cual constituye un crecimiento por encima del promedio nacional.

El IMAE es una herramienta diseñada por los investigadores Pavel Vidal y Lya Sierra de la Universidad Javeriana Cali, y Jaime Collazos y Johana Sanabria del Banco de la República. Permite elaborar un pronóstico para la tasa de crecimiento del PIB a través del monitoreo de las condiciones de la economía del Valle del Cauca y dar cuenta de la situación en tiempo real, información útil para la toma de decisiones de los diferentes sectores de la economía y del gobierno regional.

De las variables que componen el IMAE, se concluyó que los sectores de la construcción, industria y venta de vehículos jalonaron la economía del departamento, mientras que la tendencia de la caña molida, el consumo de energía del sector no residencial y el comercio exterior presentaron resultados discretos o negativos.

Según los investigadores, “aunque el PIB es usualmente utilizado para conocer las condiciones económicas de un país o región, a nivel departamental su publicación es anual y tiene un rezago de 10 meses, lo cual dificulta tener un conocimiento en tiempo real sobre la situación económica en una de las regiones que más importancia estratégica tiene para el país, pues constituye la puerta a las relaciones comerciales con Asia y toda la costa pacífica de Canadá, Estados Unidos y América Latina”.

El IMAE, que desde este año se usa en el Valle del Cauca, también puede utilizarse en otros departamentos de Colombia.


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Transformaciones culturales de la geografía colombiana

Transformaciones culturales de la geografía colombiana

Desde el periodo colonial, empezaron a circular ciertas representaciones sociales sobre las poblaciones, que apelaban a las influencias de los climas, los paisajes y los particulares tipos de mestizajes. De esta manera, se fueron estableciendo asociaciones entre ciertos lugares y las características de la gente que los habitaba, lo cual se acentuaba por el aislamiento derivado de la particular geografía del país y los ineficaces esfuerzos para posibilitar su comunicación. “Muchas de estas representaciones”, dice el antropólogo javeriano Eduardo Restrepo, “tienen sus orígenes en concepciones propias del determinismo climático, geográfico o racial, hace mucho tiempo refutadas por la ciencia”.

Biodiversidad, multiculturalismo y patrimonio fueron los tres ejes de la investigación “Identidades regionales en los márgenes de la nación. Políticas y tecnologías de la diferencia en el Caribe, los Llanos Orientales y el Pacífico”, en la que confluyeron distintos estudios de las universidades Javeriana y Magdalena, para evidenciar, como concluye el trabajo, que “desde las mismas regiones o desde afuera se han creado ideas que hacen ver a los llaneros, chocoanos y costeños como pueblos inferiores en términos raciales y culturales, y como si fueran entidades homogéneas”.

A través del concepto de formación regional de la diferencia, elaborado por los investigadores, se demuestra que concebir al país como fracturado en regiones responde a “políticas e intervenciones concretas que refuerzan o transforman las representaciones sobre la naturaleza, la historia y la cultura en el Caribe, los Llanos y el Pacífico”.

Liderado por Restrepo, su colega Julio Arias Vanegas, ambos profesores e investigadores de la Universidad Javeriana, y por Fabio Silva, de la Universidad del Magdalena, el trabajo parte de varios estudios de caso. “Lo más valioso de esta investigación”, dice Restrepo a Pesquisa, “es haber apoyado tesis de pregrado y de maestría en estas tres regiones y desde una dinámica de trabajo de grupos de investigación”.

En los Llanos orientales

En dos municipios del Meta, Puerto Santander y San Martín, Ingrid Díaz estudió el patrimonio, entendido como “aquello que construye la idea del pasado o del presente y que fue o debe ser dejado como herencia para el futuro”, según se lee en su tesis. Díaz se enfocó en dos casos: el museo arqueológico de la cultura guayupe, que tiene piezas arqueológicas relacionadas con el pasado indígena de la región de Puerto Santander, y las Cuadrillas de San Martín, consideradas patrimonio cultural de la nación. Estas consisten en “danzas” que representan las batallas entre grupos definidos, como españoles, árabes, indios y negros, en las que intervienen 48 jinetes.

Díaz advierte que, al analizar los discursos y las prácticas desarrolladas por quienes toman decisiones sobre el patrimonio, “funcionarios y entidades, a través de programas y legislaciones, definen e intervienen, no solo el patrimonio, sino la cultura, los territorios, las poblaciones, la historia y las identidades de las poblaciones involucradas en la patrimonialización”, esta última referida al patrimonio cultural.

Sergio Ramírez trabajó la dimensión ambiental de los Llanos, analizando cómo la idea de conservación empieza a atravesar políticas públicas, de desarrollo sostenible y de turismo en Puerto Gaitán, municipio que ha sido calificado como “paraíso natural”. Rocío Martínez, por su parte, profundizó en la transformación de la manera de mirar a los indígenas, que pasaron de no ser considerados seres humanos a ser pensados como parte del multiculturalismo nacional.

El profesor Arias, quien coordinó el equipo en los Llanos, hizo una lectura histórica de las formas en que ha sido concebida la naturaleza de esta región, primero como “natural”, para la ganadería extensiva, y más reciente y aceleradamente como “natural”, para la agroindustria a gran escala. Arias muestra así que estas distintas concepciones han estado asociadas a formas específicas de exclusión de la tierra, y de jerarquización racial y cultural de sus pobladores rurales.

En el chocó

La investigación de Mónica del Valle versó sobre la imagen de la naturaleza y su relación con lo humano en la literatura chocoana, principalmente en la obra Glosa paseada bajo el fuego y la lluvia, de Carlos Arturo Caicedo Licona, escritor de Quibdó, y cómo esa representación configura una identidad chocoana.

El trabajo de Sonia Serna, “En blanco y negro. Paisas y chocoanos en Quibdó”, se aproximó a la diferencia en la concepción de identidades dentro de la propia región. “La gente en el bajo Atrato tiene unas maneras de elaborar identidades locales —como el chocoano, el costeño, el chilapo, el cholo, el libre—, que no necesariamente operan en Nuquí o en Quibdó”, explica Restrepo. La investigación esbozó las categorías con que la gente se piensa a sí misma y piensa a los otros, y planteó límites entre las diferencias que existen de lo “chocoano” dentro del propio departamento.

¿Cómo la imagen del Chocó como región inhóspita, de naturaleza agreste, donde la civilización está ausente, se convierte en una gran riqueza por su biodiversidad y su valor genético y biológico? Esto se debe, de acuerdo con la investigación, al discurso ambientalista de los últimos años. Pero el del multiculturalismo también ha incidido mediante el proceso de etnización, lo que significa pasar de pensar en una gente que habita la zona occidental del país como campesinos o raza, a concebirla como grupo étnico, con tradiciones, prácticas particulares de producción y una relación armónica con la naturaleza.

En el caribe

La región caribe, coordinada por el profesor Silva, incluyó trabajos que demuestran cómo el discurso de “lo caribeño” se empieza a arraigar y reemplaza el de “lo costeño”, en un intento por reconceptualizar la región. Se trata de “un discurso que surge en un momento muy particular de la historia del país por parte de una élite de intelectuales y de poder”, explica Restrepo.

Andrés Forero hizo una etnografía del Museo del Caribe, en Barranquilla, y encontró que la narrativa se concentra en resaltar que “la región caribe es la más mestiza de Colombia, la más diversa en todos los sentidos de la palabra, y por el hecho de ser parte del Caribe insular”. Forero explica que “hay una intención consciente en el museo de no mencionar los conflictos sociales: las diferencias que se exponen no tienen que ver con la desigualdad social, sino con su carácter cultural”.

Por su parte, Álvaro Acosta se concentró en el proceso de creación del Centro Histórico de Santa Marta, una iniciativa apoyada por sectores económicos para generar proyectos turísticos, cuyo propósito es transformar el entorno, abandonado por la gente que tradicionalmente lo ocupaba, como los vendedores ambulantes. En este trabajo, dice Restrepo, Acosta explica “cómo se dan esas disputas por el espacio desde esta política de patrimonio del Centro Histórico”. Siguiendo la línea del turismo, Laura Chaves enfocó su trabajo en la perspectiva histórica de pensar este sector de la economía en los años setenta —al “estilo Rodadero”— en contra- posición a un turismo ecológico. “Ella muestra cómo, detrás de la producción de un espacio para que sea consumido como turístico, hay procesos políticos, militares e intereses económicos que se ponen en juego”.

Biodiversidad, multiculturalismo y patrimonio

Otros investigadores, como Álvaro Acevedo, estudiaron aspectos del concepto de lo caribeño en redes sociales; la producción artesanal como mercancías con identidad fue investigada por Daniel Ramírez; y Julián Montalvo hizo sus aportes al identificar instrumentos para la posible construcción de una identidad regional en el Caribe.

Uno de los resultados arrojados por la investigación fue que los discursos sobre la biodiversidad han impactado de manera más fuerte en el Chocó que en las otras dos regiones estudiadas porque, en términos de políticas públicas, allí está más claro el discurso de la conservación; y, en términos de procesos organizativos, el vínculo entre multiculturalismo y biodiversidad es evidente.

Con respecto al discurso del multiculturalismo, el estudio concluye que “ha transformado radicalmente las identidades regionales, pero sobre todo en ciertos sectores poblacionales” de una misma región.

Las conclusiones en cuanto al patrimonio también son diferentes de acuerdo con las regiones: mientras que en los Llanos el concepto está más ligado a procesos de apropiación locales, en el Caribe se articula más con el turismo para el “otro”.

“En últimas”, concluye Restrepo, “lo que hacemos es socavar la inocencia de las narrativas de la colombianidad, porque son producidas desde unos lugares, desde unas visibilidades, y también desde unas invisibilidades que ordenan gentes y geografías en proyectos, en nombre de los cuales se los somete: el desarrollo, la modernidad, la iniciativa empresarial, los trenes. Y nada de eso es inocente”.


Para saber más:
  • »  Restrepo, e.; Arias, J. & silva, F. (dirs.). (2011). “Identidades regionales en los márgenes de la nación: políticas y tecnologías de la diferencia en el Caribe, los Llanos Orientales y el pacífico”. Manuscrito.
  • »  Valle, M. del. (2011, julio-diciembre). “Glosa paseada bajo el fuego y la lluvia: cinco lentes para mirar el Chocó”. Perífrasis (Bogotá) 2 (4): 71-85.

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Bufeos en la cúspide

Bufeos en la cúspide

La ciencia como aventura. Éste podría ser el postulado que identifica una historia de ríos, biólogos, redes, genes, mitos, biopsias, laboratorios y operaciones matemáticas, en la que los delfines rosados que habitan los ríos de la Amazonia, la Orinoquia y la selva boliviana son los protagonistas.

El horizonte: 10.000 kilómetros de ríos por recorrer. La encrucijada: capturar delfines sin haber tenido experiencia previa. La misión: analizar la estructura genética del predador más importante de los ríos selváticos neotropicales. Un reto: comprender los mitos que hacen de este animal un espíritu acuático mágico en las comunidades indígenas de la zona.

En la primera línea de la aventura, se encuentra el catalán Manuel Ruiz-García, un biólogo que a los cuatro años ya dominaba la Enciclopedia Salvat de la fauna de Félix Rodríguez de la Fuente, con su sueño de niño multiplicado por 100 y 16 años en Colombia produciendo conocimiento fruto de la investigación en genética de poblaciones. Con él, estudiantes de maestría y doctorado de la Universidad Javeriana, pescadores y habitantes de las cuencas de ríos como el Amazonas, el Putumayo y el Orinoco en Colombia; el Napo, el Curaray, el Ucayali y el Marañón en Perú; el Mamoré, el Iruyañez, el Guaporé y el Tijamuchí en Bolivia; el Negro, el Yavarí o el Tapajós en Brasil.

Todo comienza en 2002, cuando, con el apoyo de Colciencias y el Fondo para la Acción Ambiental, se inicia la investigación Estructura y conservación genética de los delfines de río en las cuencas de la Amazonia y la Orinoquia, estudio que debería desarrollarse durante tres años con el objetivo de indagar las relaciones filogeográficas, la estructura poblacional y la diversidad genética en poblaciones de dos especies de delfines de río del género Inia. ¿Por qué hacerlo?

Se estima que el Amazonas alberga más de la mitad de la biodiversidad del planeta, almacena el 8% del dióxido de carbono de la biosfera y el 20% del ciclo de agua dulce de la Tierra. Los mamíferos y las aves que allí habitan están siendo afectados por la intervención humana. Desde el punto de vista biológico, como lo explica Ruiz-García, “el delfín rosado es uno de los grandes predadores que hay en los ríos de las selvas neotropicales, lo que es significativo ya que se encuentra en la cúspide de una pirámide alimenticia; de tal manera que si uno encuentra un área donde los predadores son abundantes, es porque las presas son abundantes, y si las presas son abundantes, las plantas de las que ellas se alimentan son abundantes y seguramente tienen la suficiente calidad para permitir la vida de todos esos organismos. Entonces, conocer cómo ha sido la evolución de una especie que está en la cúspide trófica de la Amazonia es importante para saber cuál es el estado de conservación de esas aguas y de esos lugares, y para establecer cómo ha sido la evolución climatológica y geomorfológica de las zonas donde habita”.

Tras las muestras

Pasaron 20 días en la primera salida de campo sin capturar un solo delfín en el río Ucayali y sus afluentes en la Amazonia peruana. Ruiz-García y su equipo cargaron 300 kilos de redes elaboradas en Medellín con las especificaciones necesarias para la captura de delfines, es decir, mallas gruesas con agujeros grandes para no lesionar a los animales. Al principio fue muy complicado, cuenta el biólogo, porque además, los pescadores que iban contratando no tenían experiencia. El delfín para ellos es un animal mítico y difícilmente interactúan con él.

Finalmente, en Requena, una pequeña población selvática cercana a la desembocadura del río Tapiche en el Ucayali, encontraron al pescador Isaías y a su familia, que aunque nunca habían capturado delfines, creían saber cómo podrían hacerlo: “Los primeros intentos no fueron certeros, pero en el tercero lo logramos hasta conseguir subir dos delfines a la canoa. Ahí, les tomaba una biopsia de la cola y el pequeño trocito del tejido se guardaba en alcohol absoluto a temperatura ambiente. Procedíamos también a medir 12 variables morfométricas para hacer estudios en cuanto al tamaño y la proporción de formas de las diferentes poblaciones en diversos ríos amazónicos. Luego, regresábamos el delfín al agua, sano y salvo”, explica Ruiz-García.

Fue una salida de dos meses en la que capturaron 24 delfines. Vinieron entonces tres años de trabajo y tres salidas más a campo navegando ríos en la Amazonia de Colombia, Bolivia, Brasil, Perú y Ecuador, con lo que adquirieron tal experiencia y habilidad que en cada tirada de redes atrapaban entre siete y ocho delfines. En total, el equipo de investigadores del grupo de Genética de Poblaciones Molecular y Biología Evolutiva (Unidad de Genética del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, Universidad Javeriana) logró recolectar 240 muestras de músculo de delfines del género Inia y un número similar de la especie del delfín Sotalia guianensis que se encuentra en la desembocadura del río Amazonas en Brasil.

Tenían en sus manos el material que sería la base para la que es considerada, en los círculos científicos internacionales, una investigación pionera en el análisis de la estructura genética de un delfín de río, y que lleva al laboratorio de la Javeriana a ser reconocido como referencia mundial para los estudios de genética de poblaciones con marcadores moleculares en el delfín rosado.

De recetario

Instalados en el laboratorio, Ruiz-García y su equipo se disponen a afinar sus habilidades y lograr sacar el mayor provecho posible a la información que les arrojan los trozos de músculo de los bufeos, como también se conoce a los delfines de río. Ya están lejos de las aguas mansas que gustan a los delfines y de las temibles anacondas que osaron deslizarse entre las piernas de los biólogos una mañana en el río Mamoré en Bolivia. Allí las capturas debieron hacerse literalmente dentro del agua, mientras los investigadores esperaban que los animales los embistieran molestos por el ruido que generaba con este propósito el motor de una lancha para lanzárseles encima, cogerlos, montarlos a la canoa y tomar la valiosa muestra.

La cosa allí es como de cocineros, dice Ruiz-García: “Se lleva al laboratorio el trozo de músculo como es el caso de esta investigación, o de hueso, un pelo que tenga raíces o una gota de sangre con el fin de extraer el ADN de un individuo, para lo cual existen diversos métodos. Como quien lleva el trozo de carne o pescado a la cocina de un chef en donde él, a partir de diversas recetas, prepara el plato que desea”. Con el ADN de los individuos, los investigadores proceden a estudiar unos genes concretos, no los miles que podrían tener a su disposición. Es cuestión de saber elegir qué genes estudiar y de la pericia del científico para, con su conocimiento matemático y la calidad de su formación en genética de poblaciones, analizar e interpretar los datos.

El buen viento de la ecología molecular

En las células hay dos tipos de ADN, los genes que están en el núcleo y el ADN que está en las mitocondrias de las células. Ese ADN que está en las mitocondrias sólo es de linaje materno porque cuando el espermatozoide y el óvulo se fusionan, las mitocondrias que quedan en el embrión son las de la madre, mientras que de las del espermatozoide sólo entra el contenido de su núcleo. Estudiando las pequeñas diferencias que van apareciendo en ese ADN que está en las mitocondrias es posible reconstruir cómo han sido los linajes de hembras a lo largo de la historia.

Lo que observaron los investigadores fue que la gran diferencia entre los delfines de Bolivia y los del Amazonas y el Orinoco les permitía proponer que la forma boliviana no fuera una raza del delfín rosado, sino una especie propia, la Inia boliviensis, que sería endémica de Bolivia y de una parte de Brasil, el río Iténez o Guaporé. Y en relación con las dos supuestas subespecies que habría, una en el Orinoco y otra en el Amazonas central, las diferencias no resultaban tan grandes y, de hecho, en el Orinoco existen dos linajes maternos diferentes que provienen del Amazonas. Así, dice Ruiz-García, “en vez de creer que hay una especie con tres razas o subespecies, creemos que hay dos especies y dentro de ellas no hay subespecies, es decir, la Inia geoffrensis en el Amazonas y el Orinoco y la Inia boliviensis en Bolivia”.

Otro resultado confronta lo que se creía antiguamente producto de los estudios morfológicos y paleontológicos, en el sentido de que la más primitiva de esas tres poblaciones era la boliviana y que de ella se había generado la del Amazonas y el Orinoco. Sin embargo, el análisis de los datos arrojados muestra que la población original es la que está en el Amazonas. En un momento determinado algunos animales del Amazonas migraron a lo que hoy en día son los ríos bolivianos. Hubo un cambio climatológico, ascendieron las rocas, o bajó dramáticamente el nivel de las aguas, del fondo de ríos como el Madeira, y formaron una especie de tapón que no permitió que los animales de la Amazonia pudieran regresar. Con el tiempo, se dieron mutaciones que se acumularon de forma diferencial en los delfines bolivianos. Entonces, al quedar aislados y no poder intercambiar material genético con los otros individuos, esas características se aúnan en determinada población hasta volverla diferente de la que provenía.

Al cotejar este planteamiento con referencias de estudios geológicos y climatológicos, los investigadores observaron que los datos moleculares concordaban con las dataciones de los cambios climatológicos de los ríos en el período del Cuaternario. Un primer corte que dejó aislada a la población boliviana y los dos cortes que permitieron que las poblaciones del Amazonas pasaran a la cuenca del Orinoco coinciden con momentos geológicos en los que hay cambios muy importantes en la dinámica de los ríos, porque se está en un período glacial seco o interglacial húmedo. Entonces, también contrario a lo que se creía, estos procesos no se dieron hace cinco o seis millones de años, en el Mioceno, sino que son típicos del Cuaternario. “La última glaciación empezó hace 120.000 años, lo que coincide perfectamente con el punto de corte que encontramos para los delfines bolivianos”, anota Ruiz-García.

En el caso de los marcadores microsatélite, es posible medir cuál es el tipo de cruzamiento que hay en las poblaciones de delfines, si hay flujo génico histórico, si los animales migran actualmente o no, y si hay estructura social en la reproducción o ésta se da al azar. Con los microsatélites vieron, efectivamente, que los animales bolivianos son diferentes a los restantes. Parece ser que son muy filopáticos, es decir, que se reproducen en las mismas lagunas o en lagunas cercanas a donde nacieron. Así, a lo largo de los ríos hay una estructura genética bien marcada; es posible diferenciar a nivel molecular los animales de una laguna y los de otra, aun cuando morfológicamente son idénticos. “El poder que tienen los marcadores moleculares es que son capaces de determinar diferencias que a nivel morfológico no se observan”, precisa el científico.

A embarcarse de nuevo

Hoy, el delfín rosado de la Amazonia es una especie abundante, a diferencia de Asia en donde se declaró en 2006 la extinción del delfín chino, que hasta hace poco habitaba en grandes cantidades en el río Amarillo. El amazónico, sin embargo, enfrenta tres amenazas que deben ser tenidas en cuenta. La primera, estar siendo utilizado como cebo para atraer mapuritos, una especie de bagre pequeño que se ha vuelto parte esencial en la dieta de la zona, práctica que comenzó en Colombia y empieza a regarse como pólvora en la región. Segundo, la posible construcción de grandes represas hidroeléctricas, especialmente en Brasil, que van a cambiar la dinámica del agua, y con ella la de los peces de los que se alimenta el delfín rosado. Finalmente, la contaminación de los ríos, producida por la utilización de mercurio para extraer oro, como sucede actualmente en Bolivia. Al estar el delfín en la cúspide de la pirámide trófica, recibirá el nivel acumulado más alto de mercurio.

De este bufeo que, según los mitos indígenas extendidos en toda la Amazonia, se presenta en las noches transformado en un hombre blanco con un sombrero que oculta el espiráculo por donde respira, como un excelente bailarín que encandila a las muchachas, las lleva al río, les hace el amor y las devuelve a la orilla embarazadas, se tiene ahora información valiosa y precisa que podría ser utilizada para la futura conservación de los sistemas acuáticos en donde habita.


Para leer más…
+Ruiz-García, M., Murillo, A., Corrales, C., Romero-Aleán, N. & Álvarez-Prada, D. (2007). Genética de poblaciones amazónicas: la historia evolutiva del jaguar, ocelote, delfín rosado, mono lanudo y piurí, reconstruida a partir de sus genes. Recuperado el 16 de septiembre de 2009, de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2524065
+Martínez-Agüero, M., Flores-Ramírez, S. & Ruiz-García, M. First Report of Major Histocompatibility Complex Class II Loci from the Amazon Pink River Dolphin (Genus Inia). (2006). Recuperado el 16 de septiembre de 2009, dehttp://www.funpecrp.com.br/GMR/year2006/vol3-5/gmr0202_full_text.htm
 

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