La participación: clave en manejo de recursos naturales

La participación: clave en manejo de recursos naturales

Sin agua no hay bosque y sin bosque no hay alimento. Eso lo han sabido las comunidades ancestrales por cientos de años, al tiempo que reconocen la importancia de la biodiversidad y la utilizan en su cotidianidad. Pero el mundo cambia, sus territorios entran a formar parte de estructuras políticas, sociales y económicas y la relación dinámica del ser humano con la naturaleza se transforma. Entonces surge la necesidad de llegar a acuerdos de manejo con las instituciones públicas y privadas presentes en los territorios.

Los consejos comunitarios de las comunidades negras del bajo río Calima y del alto y medio Dagua, habitantes del Pacíficosur colombiano, se unieron a un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana para buscar modelos de administración de los recursos naturales, principalmente de toda la biodiversidad y los ríos que nutren sus territorios, amenazados como están por diversos conflictos socioecológicos, como la extracción ilegal de madera y de minerales, la caza,la sobreexplotación del bosque y la pesca y el desarrollo de infraestructura, así como por la presencia de cultivos ilícitos y de grupos armados al margen de la ley.

Durante tres años, los nativos –actuando como coinvestigadores– y académicos fueron conversando, exponiendo sus conocimientos, planteando problemas y sus posibles soluciones, para poder llegar a modelos comunitarios de gobernanza y gestión de los recursos del bosque, de cara a la creciente demanda que jalona su uso y a los efectos del cambio climático. Los consejos comunitarios tienen la responsa bilidad legal de administrar de manera autónoma sus territorios, que les fueron entregados por mandato de la Constitución de 1991 y la Ley 70 de 1993, y lo deben hacer adaptándose a las presiones externas, tarea que no ha sido fácil.

Inmersos en estas preocupaciones, la construcción de la doble calzada Buga-Buenaventura les puso una prueba, de la que las comunidades salieron victoriosas. En un trabajo conjunto entre las comunidades y la Pontificia Universidad Javeriana, estas se capacitaron en manejo técnico de sus recursos naturales y en fortalecer su organización y los javerianos tuvieron la oportunidad de conocer cómo estaban conformados los consejos comunitarios, con sus dinámicas y culturas de administración, de modo que cuando se citaron las consultas previas estos ya estaban empoderados para enfrentar las negociaciones.

“Qué más que uno mismo, siendo dueño de los territorios, pueda hacer las cosas a conciencia, como debe ser”, dice Lucila Martínez, líder del Consejo Comunitario del alto y medio Dagua y parte de su grupo ambiental. “Nosotros ya teníamos la capacidad técnica para hacer el establecimiento de las parcelas y no hubo que traer gente de otra parte a hacer el trabajo”, dice, reconociendo las capacitaciones recibidas, así como un curso del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y el apoyo de laFundación Fundapav. Así que la recuperación de todas las áreas forestales afectadas por la construcción de la vía fue una tarea hecha “conciencia” por las propias comunidades y lo mismo se hizo con las parcelas reforestadas.


Consejos comunitarios, estructuras socioecológicas complejas

En esos espacios de liderazgo, las comunidades crean “unas estructuras organizacionales que les permiten mejorar sus niveles de bienestar y los medios de vida que administran en esos entornos, para lo cual necesitan del bosque y de los recursos naturales”, explica César Ortiz, ingeniero, experto en desarrollo rural y planeación regional, profesor y director del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, y añade que “las estructuras ecológicas que encontramos en el Pacífico y las estructuras sociales no se pueden separar, tienen una racionalidad que se ha venido construyendo hace cientos de años”.

Recursos Pacífico 1
Los nativos del suroccidente de Colombia y los profesores javerianos buscan un modelo para el manejo ecosostenible de los recursos naturales.

No ha sido una tarea fácil para las comunidades, porque no tienen presupuesto para dedicarse a pensar en un modelo de manejo que las blinde de las adversidades y les solucione su diario vivir. Por ello, en acuerdos de colaboración, buscaron conjuntamente llegar a un modelo que les facilitara el manejo ecosostenible de los recursos naturales que encuentran en sus territorios. Por esta vía, llegaron a consensos sobre la forma de adelantar el proyecto y sobre la estructura ideal para el manejo, por ejemplo, involucrando a los jóvenes para que participaran y aprendieran a hacer investigación. “Recibimos como parte del equipo de investigación a 15 jóvenes entre mujeres y hombres, los capacitamos en elementos básicos de conocimiento para poder abordar la investigación a través de cursos en métodos de participación e investigación, sobre sistemas socioecológicos para que adquirieran las habilidades necesarias y entraran a trabajar a la par como coinvestigadores”, continúa Ortiz.

Entre todos hicieron encuestas, trabajo de campo, recolección, sistematización e interpretación de datos, para construir conocimiento conjuntamente, basados en la adaptación de dos técnicas recientes en el campo de la administración de recursos: el análisis constructivo y el manejo de escenarios. Se logró comprender que es necesario hacer el análisis desde una perspectiva sistémica, donde, a partir de las diferentes variables que inciden en una situación, se piensa en los posibles escenarios o proyecciones de futuro.

“Qué más que uno mismo, siendo dueños de los territorios, pueda hacer las cosas a conciencia, como debe ser”.
Lucila Martínez, líder de Consejo Comunitario del Alto y Medio Dagua y parte de su grupo ambiental.


El camino de la investigación

El primer reto fue involucrar a las comunidades en el ejercicio, si bien ya tenían un camino recorrido en trabajos previos adelantados por colegas. El segundo consistió en identificar las variables que inciden en el sistema socioecológico, para lo cual todos se internaron en el bosque para entender cómo lo usan y de qué manera lo transforman. El tercer reto exigió ver de qué manera esa “creación de escenarios afectaba el proceso de toma de decisiones” y qué impacto podría generar. Identificaron diferentes elementos de gobernanza, como el ‘conocimiento ecológico tradicional’, que se transmite de generación en generación, como por ejemplo cuándo cazar a cuál especie.

“Eso les ha permitido crear unas instituciones muy específicas que se reflejan en esa dimensión política, en términos de orientaciones, de normas, de condiciones para poder utilizar esos recursos naturales; por ejemplo, tener presente que cierta especie no se puede cazar durante cierta época del año, porque en ella sucede la reproducción; o sea que, si usted la caza, la está afectando”.

Recursos Pacífico 2

También identificaron la necesidad de reforzar escuelas de líderes jóvenes que permitan continuar con el legado de las propias comunidades. Finalmente, insiste Ortiz, es necesario reconocer todo ese conocimiento que la gente ha venido creando en el campo. “No solo aplaudirlo, sino reconocerlo”, dice. “Solamente de la conjunción de esas dos formas de conocimiento, la que viene por el lado tradicional y la que viene por el lado formal de la academia, nos permitirá reorganizar de nuevo el papel de la ciencia”. Lucila reconoce la importancia de ese diálogo de saberes: “Yo creo que fue de parte y parte: que nosotros aprendimos en las capacitaciones y nos fortalecimos, pero también les dimos a conocer a ellos cómo funcionaba un consejo comunitario”.


Proyecto trinacional

El proyecto fue financiado por el Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea y contempló tres estudios de caso, donde la relación entre la sociedad y la naturaleza fuera muy evidente: el de Colombia, centrado en biodiversidad y agua; el de México, en bosque y tierra; y el de Argentina, en áreas costeras y marinas.

Compartir los resultados de las experiencias permitió reafirmar que “tenemos que cambiar esas formas lejanas teledirigidas centradas en el cientificismo occidental, para administrar la naturaleza”, dice Ortiz. “Fue interesante ver similitudes a partir de las diferencias. Eso nos ayuda a mejorar sustancialmente la forma como administramos los recursos naturales en el país”. Silvia London, coordinadora del análisis social del proyecto argentino, dijo a PESQUISA JAVERIANA que las técnicas usadas, como el análisis de escenarios, son instrumentos muy útiles para el manejo de recursos naturales. “Aun así”, continuó, “fue muy difícil llevarlo a cabo en un contexto con tanta incertidumbre macroeconómica general, sumado a que, por idiosincrasia, al argentino le cuesta pensar en el futuro”.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Community-based Management of Environmental Challenges in Latin America – COMET-LA
INVESTIGADORA PRINCIPAL: María Adelaida Farah Quijano
COINVESTIGADORES: César Ortiz, Diana Lucía Maya, Pablo Ramos, Bryann Avendaño U., Natalia Ocampo
D., Lina Pinzón, Evelyn Garrido
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Departamento de Desarrollo Rural y Regional, Pontificia Universidad Javeriana
Consejos Comunitarios de Comunidades Negras del Bajo Calima y de Alto y Medio Dagua (Buenaventura)
Universidad de Córdoba, España
Comité Español de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), España
Norsk Institutt for Luftforskning, Noruega
The James Hutton Institute LBG, Reino Unido
Sagremarisco-Viveiros de Marisco Lda, Portugal
Universidad Nacional Autónoma de México
Estudios Rurales y Asesoría Campesina, México
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina
Fundación Aquamarina-CECIM, Argentina
Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2012-2015

El arte de describir el mundo con trazos

El arte de describir el mundo con trazos

Nadie ama lo que desconoce y mucho menos cuando no existe alguien que se encargue de mostrar que eso no solo es capaz de transformar cómo se ve la vida, sino también de narrar la historia de la humanidad. Por eso, Juan Pablo Vergara Galvis, profesor de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, ha dedicado más de 30 años de su vida a enseñar que las manos de los artistas pueden ser guiadas por los ojos del botánico y el zoólogo para hacer arte con trazos.

La cita está agendada de dos a tres horas por semana para encontrarse con jóvenes de diversas facultades de la Javeriana y mostrarles en cada sesión su pasión por la ilustración científica: el arte de describir el mundo a través del dibujo. Cada estudiante llega a la clase con un lápiz y papel; a partir de recursos gráficos, como diapositivas y copias con diseños impresos de especies botánicas, Vergara les enseña las formas que deben seguir.

Asisten de 20 a 30 estudiantes por clase, algunos de ellos pertenecen a colegios jesuitas y que inscriben esta asignatura con el propósito de definir si se dedicarán a este arte por el resto de sus vidas. Además, una de las actividades predilectas del docente javeriano consiste en llevar a los jóvenes al Jardín Botánico José Celestino Mutis, en donde les enseña a bocetar la estructura de hojas, follajes y diversos perfiles de vegetación.

Durante cada encuentro, este bogotano de 64 años discute con sus alumnos cómo ilustrar conceptos de biología, botánica o zoología, por mencionar algunas disciplinas, porque, según él, primero es necesario aprender a observar el mundo para posteriormente ilustrar y hacer de esta actividad un recurso sublime de narración gráfica. Tal y como lo señalaba el científico francés Yves Coineau: “El dibujo es una forma de expresión tan preciosa para la morfología como el lenguaje hablado lo es para la filosofía”.

I. Botánica 1
Las sesiones en el Jardín Botánico José Celestino Mutis, de Bogotá, son esenciales para que el profesor Vergara explique los aspectos fundamentales del trazo a sus estudiantes.

Con sus botas de escalador, Vergara entra al salón e inicia la clase. Uno a uno, sus alumnos hacen silencio mientras él acomoda una bufanda sobre su camisa a cuadros color azul; un sorbo de agua y está listo, empieza con una frase del francés George Cuvier, reconocido como el padre de la paleontología: “Sin el arte del dibujo, el desarrollo de la historia natural no hubiera sido posible”. ¿Qué quiere decir? ¿Qué significa esa afirmación en el contexto en el que se cree que la fotografía “ha reemplazado” al dibujo? ¿Cuál es la importancia del arte?

Si bien la ilustración científica se empezó a gestar en Europa desde la época del Renacimiento, los siglos XVIII y XIX fueron decisivos para el surgimiento de los primeros viajes y expediciones en las Américas, lo cual permitió el desarrollo de la historia botánica en el país.

Colombia fue uno de los primeros países suramericanos del siglo XVIII donde se empezó a hablar de una tradición histórica sobre ilustración botánica, cuenta el profesor Vergara durante su clase. Y menciona a José Celestino Mutis, a su juicio el precursor de este arte con el trabajo que realizó en la Real Expedición Botánica (1783 a 1816), en el cual produjo un inventario de la naturaleza que tenía el Virreinato de Nueva Granada durante el reinado de Carlos III de España; a este empeñole siguió la Comisión Corográfica, de 1850 a 1859, en cabeza del italiano Agustín Codazzi. Durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta comienzos del XX, Colombia es recorrida por cerca de 140 exploradores, la gran mayoría europeos, muchos de ellos también dibujantes

La Expedición Botánica le permitió al país clasificar y registrar 2.708 especies de plantas y 974 anatomías en 7.618 dibujos de gran formato, monocromos y coloreados, y en 40 óleos sobre especies animales y grupos étnicos –llamados “fauna cundinamarquesa”–, según narra Vergara; para lograrlo fue necesario el trabajo de muchos dibujantes y pintores.

Su experiencia de más de 30 años como ilustrador, le ha permitido a Juan Pablo Vergara desarrollar un ojo experto hacia el más mínimo detalle botánixo y zoológico.
Su experiencia de más de 30 años como ilustrador, le ha permitido a Juan Pablo Vergara desarrollar un ojo experto hacia el más mínimo detalle botánixo y zoológico.

Así fue como la influencia traída por los españoles al continente permeó el oficio de la ilustración con un estilo lúgubre, originario de las pinturas religiosas y de la nobleza de aquella época. Sin embargo, gracias a las exploraciones hechas por los científicos, la interpretación de la ilustración cobraría después un nuevo significado con la botánica.

“El inventario de la ilustración botánica, obtenida luego de la Expedición Botánica, fue de 104 cajones de especímenes colectados, dibujos y grabados, de los cuales hay solo 1.270 piezas firmadas”, recuerda el profesor javeriano, quien añade que su gusto por el dibujo inició desde muy pequeño y por eso decidió estudiar Biología en la Universidad Nacional y Bellas Artes en la Academia de Artes Guerrero de Bogotá, para posteriormente poner en práctica sus habilidades como dibujante en el Jardín Botánico José Celestino Mutis.

Este maestro, como muchos lo reconocen, sabe muy bien que para ilustrar no solo se necesita disposición y voluntad, también “un deseo ferviente por investigar, conocer, amar, proteger y administrar la biodiversidad del país”. Por eso, pasar noches enteras en el herbario de la Universidad Nacional durante los años 80 le permitió entender que la labor de los botánicos, astrónomos y científicos durante la Expedición Botánica fue el primer paso para transformar la ilustración en Colombia y, por ende, el punto de partida para la apertura de instituciones que se encargaran del patrimonio natural del país.

La Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia fue la primera academia de este tipo fundada en 1867, seguida del Instituto de Ciencias Naturales de la misma universidad, la Oficina de Longitudes y Fronteras en 1902 –conocida ahora como Instituto Geográfico Agustín Codazzi– y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt en 1993, entre otros.

Así luce el trabajo del profesor Vergara.
Así luce el trabajo del profesor Vergara.

Aunque su particular candado blanco sobre su rostro es una de sus características más evidentes, el profesor Vergara se destaca por la firmeza de sus manos, la seguridad con la que traza líneas, la calidad de sus obras y la paciencia que desborda cuando de educar se trata. Pero, ¿cómo entender que todavía es vigente una clase de ilustración botánica en una época en la que día a día nacen nuevos dispositivos tecnológicos con altas capacidades para capturar imágenes instantáneas?

A pesar de los enormes progresos tecnológicos ocurridos durante los últimos años, como la creación de la primera cámara fotográfica en 1826, el primer computador digital en 1940, el surgimiento de la era del internet en 1969 o el desarrollo de aplicaciones móviles como Instagram, en 2010, con la cual se pueden capturar y publicar fotografías inmediatamente, la perspectiva de un ilustrador científico presenta detalles y cuestiones de precisión en los trazos que ni aún estas innovaciones son capaces de exponer.

“Sin desvirtuar a la fotografía, resulta bastante complicado, a veces imposible, mostrar los diversos temas de la Ilustración científica con todo el detalle, volumen y textura que requiere”, reconoce Vergara. En ese sentido, la mano del hombre ha plasmado las huellas que él mismo ha dejado sobre la Tierra desde sus inicios; un ejemplo es la fuente de información arrojada por las pinturas rupestres en Colombia de los abrigos rocosos de Chiribiquete, o las presentes en el Desierto del Sahara datadas de hace más de 4.000 años.

Gif Armadillo

En ese sentido, la educación en arte y la responsabilidad que hay tras ello fueron dos de las tantas motivaciones que llevaron a Vergara a dedicarse a la docencia. De 1992 a 1994, mientras este ‘cachaco’ estudiaba arte y trabajaba como dibujante en el Jardín Botánico de Bogotá, la reflexión sobre su trabajo y la pasión por compartir su conocimiento lo llevaron a perfeccionar su técnica en la ilustración de plantas y animales para darlo a conocer a jóvenes interesados en desarrollar la ilustración como un medio para comunicar la ciencia, los mismos que ahora asisten a sus clases.

“Esto ha sido mi modo de vida por más de 30 años, con altos y bajos, pero he llegado a ver que la ilustración es fundamental en la comunicación por la frase ‘una imagen vale más que mil palabras’”, concluye.

Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

Lisbeth

La gota que rebosó la copa de la situación actual de Colciencias y del Sistema Nacional de Ciencia, tecnología e Innovación fue la expedición de la Ley 1286 de 2009. Por muchas razones, entre ellas porque puso a la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) al servicio de un modelo productivo “para darle valor agregado a los productos y servicios de nuestra economía y propiciar el desarrollo productivo y una nueva industria nacional”, dejando el apoyo a la generación del conocimiento, que no necesariamente tiene utilidad inmediata, en el último rincón de las prioridades. Así se demostró en 2015 cuando los científicos sociales se sintieron marginados por el desinterés en las convocatorias de Colciencias frente a este tipo de investigación, pero también porque el concepto de innovación se asumió exclusivamente desde la perspectiva “productivista”, sin tener en cuenta que el proceso para lograr innovaciones de impacto exige tiempo para pensar, investigar, crear, ensayar, aprender sobre la teoría y la práctica y sobre el conocimiento histórico, enfrentar el error y construir sobre él, así como generar alianzas entre diferentes disciplinas y, sobre todo… contar con tiempo. Las innovaciones no surgen frotando lámparas.

Pasaron por la dirección de Colciencias Jaime Restrepo –fue uno de los autores de la Ley junto a la hoy candidata presidencial Marta Lucía Ramírez–, Jorge Cano, Carlos Fonseca, Paula Marcela Arias, Alicia Ríos (QEPD), Yaneth Giha, Alejandro Olaya, César Ocampo y ahora, nuevamente, el economista Olaya, cada uno con enfoques diferentes, con muy poco tiempo para diseñar su ‘política científica’ –ni siquiera alcanzan a activarla cuando salen de su cargo– y lograr resultados.

Se necesitaba tiempo también para sentarse a armar esta nueva institución y proyectarla hacia 2050, con visión de largo plazo, como lo exige la investigación en CTI. La ley tiene párrafos interesantes que podrían haber guiado una política coherente, por ejemplo, preguntándose: ¿cómo lograr que el país, como dice la ley, incorpore “la ciencia, la tecnología y la innovación como ejes transversales de la política económica y social del país”? ¿Cómo insertar la CTI y comprometer a todas las instancias que nos gobiernan, a aquellas del sector industrial, a las familias, al sector educativo, a las comunidades minoritarias, etc., etc., para que las incluyan en su ‘canasta familiar’, como proponía el propio Gabriel García Márquez en 1994 cuando integró la Misión de Sabios? ¿Qué se puede rescatar de las recomendaciones de dicha Misión?

No hubo tiempo. Las responsabilidades asumidas bajo el nuevo estatus de la entidad se multiplicaron –la ley ascendió a Colciencias de Instituto a Departamento Administrativo– y la inversión del gobierno fue disminuyendo sistemáticamente en los últimos cinco años, lo que demuestra falta de coherencia. ¿Cómo pensar en entrar a la OCDE en esa situación? Se necesitan hechos, no palabras. Pero la promesa ha sido que lograremos llegar a una inversión del 1% del PIB para CTI… y tampoco. Ni siquiera hemos llegado a la tercera parte.

Con la expedición de la ley, el gobierno prometió ampliar la nómina de Colciencias: con más responsabilidades se necesitaba más gente para cumplir. Pero el número de funcionarios de planta hoy no supera los 130 –cifra muy similar a la de 2008–, y los contratistas –que llegan a ser 300, de acuerdo con el actual director Olaya– no tienen estabilidad por las características de sus contratos, y así no es posible pensar en la Colombia ‘científica’ del largo plazo.

La ley 1286 constituyó un Consejo Asesor que no se reúne con regularidad, o cuando se cita es cancelado porque no asiste alguno de los cuatro ministros o el director del DNP que no pueden delegar su asistencia, y cuando logran reunirse, y en el mejor de los casos asesorar, lo máximo que alcanzan las propuestas de sus miembros es quedar en el acta.

Se asoman algunas iniciativas que pueden ser exitosas, como Colombia Bio –aún no es tiempo de cantar victoria– o los resultados que pueda estar generando el Programa Ondas, pero no ve uno coherencia en el nivel del diseño de una política integral, que lleve a la CTI a posicionarse, actuar en el concierto nacional y traspasar fronteras. ¿Cuántas veces el Consejo de Ministros ha citado al director(a) de Colciencias? Es que ni siquiera el propio presidente Santos los recibe en su despacho, a excepción, muy probablemente, de la actual ministra Giha, con quien tiene una mayor cercanía, y con quien firmó el enorme cheque en el que se comprometieron a invertir el 1% del PIB en Actividades de CTI –no en Investigación y Desarrollo, que es diferente–, “con al menos 50% de inversión privada” para agosto de 2018. Les quedan menos de siete meses para alcanzar esa meta y no se vislumbra que lo logren.

Por último, aunque podría ir párrafo por párrafo demostrando lo absurdo de la práctica de la Ley 1286, se establece que “el Conpes determinará anualmente, las entidades, la destinación, mecanismos de transferencia y ejecución y el monto de los recursos en programas estratégicos de ciencia, tecnología e innovación, para la siguiente vigencia fiscal, mediante la expedición de un documento de política, en el cual además, se especificarán las metas e indicadores de resultado sobre los cuales se hará medición del cumplimiento”. ¿Dónde están esos Conpes? El único que se elaboró en decenas de versiones se archivó como ‘borrador’.

Desidia total por parte de los tomadores de decisión en las altas esferas. Politización e incoherencia en el gobierno, por un lado quitándole recursos de regalías a la ciencia para destinarlas a carreteras mientras aprueba un préstamo del Banco Mundial para hacer lo que hubiera podido ejecutar con recursos de regalías.

Buena parte de la Ley 1286 se ha quedado en letra muerta. Por eso difícilmente lograremos metas como entrar a la OCDE, o volver a Colombia la más educada, o consolidar a la comunidad científica, o ser visibles a nivel nacional e internacional, o lograr una cultura científica nacional. No sé cómo ha resistido Colciencias este abandono. Las circunstancias en que despierta en este 2018 de elecciones no permiten ser positivos. Lástima.

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

¿Cómo hablan los jóvenes bogotanos?

Todo empezó como un ejercicio de clase, en 2007. El oído afinado de varios lingüistas identificó el uso recurrente de dos prefijos, re- y super-, en el habla de jóvenes colombianos. “Super lindo”, “re tierno”, “super rico”, “re mamón”, escuchaban repetidas veces. La clase terminó, pero después de seis años seguían escuchando frases como “la fiesta estuvo re chimba”. Así empezó una investigación en la que participaron los lingüistas Juliana Molina, del Departamento de Lenguas de la Universidad Javeriana, Jhon Jairo Aguirre, de la Universidad EAN, y Bibiana Romero, del Colegio Mayor de Antioquia, en la que compararon el uso de estos dos prefijos durante 2007 y 2013 en el habla coloquial de los jóvenes en Bogotá.

En Colombia tenemos una gran variedad de dialectos y esto se refleja en un “país con muchas actitudes lingüísticas”, afirma Juliana Molina, y con esto se reafirma que también existe un prestigio lingüístico relacionado con la clase social de una persona. De ahí el “no hable ñero” o “no hable gomelo”, que algunas personas expresan frente a una forma determinada de hablar. De esa manera, la investigación buscó ver cómo funciona el uso de esos prefijos en relación con la estratificación socioeconómica de los jóvenes bogotanos.

“¿Qué dirías si te dicen que te descubrieron una enfermedad terminal?” o “¿qué dirías de una cerveza fría a la orilla del mar Caribe?”. Así empezaban las entrevistas que hacían a jóvenes de 15 a 20 años, a los que también les mostraban varias imágenes que representaban desde un plato de fresas con crema hasta un cadáver. De 60 entrevistas que se realizaron en 2007, 37 personas hicieron uso de los prefijos re- y super- 91 veces; y en 2013, de 60 entrevistas realizadas, 43 personas los usaron 108 veces.

Resultados de la investigación:

Clase socioeconómica baja:
– En 2007 utilizó el prefijo re- 28 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.
– En 2013 usó el prefijo re- 18 veces, y en 2013, el prefijo super- seis veces.

Clase socioeconómica media:
-En 2007 utilizó el prefijo re- 16 veces, y en 2013, el prefijo super- cuatro veces.
-En 2013 utilizó el prefijo re- solo do veces, y en 2013, el prefijo super- 37 veces

Clase socioeconómica alta:
-En 2007 usó el prefijo re- 20 veces, y el prefijo super-, 17 veces
-En 2013 usó el prefijo re- solo cinco veces, y el prefijo super-, 40 veces

La gente suele pensar que los jóvenes son inmaduros y que su habla no es elaborada, sin embargo, el uso de estos prefijos y sus variaciones a través del tiempo reflejan una identidad juvenil y un rasgo constitutivo que los hace pertenecientes a esa colectividad llamada jóvenes. Cada persona tiene una actitud lingüística frente a los dialectos presentes en Colombia pero, desde este campo de conocimiento, no se puede afirmar que haya una variedad mejor que otra, según Molina.

Para estos lingüistas, no se trata de calificar a alguien como “bien hablado” o “mal hablado” sino de entender que el uso de estos prefijos hace parte de una identidad lingüística que no empobrece el habla sino todo lo contrario, refleja una riqueza lingüística y una creatividad de los jóvenes, algo constitutivo en esa etapa de su vida.

Por ahora, los investigadores han publicado un artículo sobre esta investigación en Colombian Applied Linguistics Journal, publicación de la Universidad Distrital. Estos intereses investigativos se han continuado estudiando, desde el campo de la sociolingüística, en otros espacios sociales.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Estratificación socioeconómica del uso de los prefijos re- y super- en los jóvenes de Bogotá: acercamiento a un estudio diacrónico
INVESTIGADORES: Juliana Angélica Molina Ríos, Jhon Jairo Aguirre Londoño y Bibiana Yaneth Romero Chala
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2007 – 2015
Con el apoyo de Universidad Eafit y Colegio Mayor de Antioquia
Departamento de Lenguas
Facultad de Comunicación y Lenguaje

La Claraboya | Episodio 3: Murciélagos

La Claraboya | Episodio 3: Murciélagos

¡Hola a todos!

En esta edición de La Claraboya, nuestro podcast sobre ciencia para los que no somos expertos, hablaremos sobre los murciélagos.

Colombia tiene un importante sistema de cuevas en la región de Santander que no ha sido explorado completamente, por lo que su importancia para la conservación de los murciélagos sigue siendo en gran parte desconocida. Esta investigación del profesor Jairo Pérez, además de buscar diversas especies, también surge de la necesidad de generar conocimiento, políticas de conservación y educación ambiental sobre las especies de murciélagos en el departamento de Santander a turistas y comunidades aledañas.

Además, junto al profesor Pérez, derrumbamos algunos mitos que han convertido a los murciélagos en especies temidas por el humano.

Lee aquí nuestro artículo sobre esta investigación.

Reconstruir los pasos de los expedicionarios

Reconstruir los pasos de los expedicionarios

Dos proyectos inconmensurables: por un lado, recrear el árbol de la vida, desde la bacteria original, de todas las especies que han habitado la Sierra Nevada de Santa Marta; por el otro, recrear fidedignamente el trayecto de Otto Fuhrmann y Eugène Mayor, dos científicos suizos, durante su expedición por Colombia recolectando muestras biológicas y culturales a inicios del siglo XX.

Ambas quimeras habían reunido nuevamente a dos compañeros de estudios. Fernando Salazar, biólogo, fundador de SiGaia (firma especializada en cartografía digital) y la mente detrás del proyecto en la Sierra Nevada, había recurrido a su colega Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana de la Javeriana, para que lo ayudara a organizar de forma taxonómica la información de todas las especies.

Esas conversaciones, que pasaban rápidamente de familias naturales y coordenadas de latitudes y longitudes a las aficiones de cada uno, no podían sino derivar en una tercera quimera. Igual de ambiciosa, igual de inconmensurable. “Fernando estaba tratando de configurar un sistema binario para organizar la relación de cada especie. Y así surgió la idea de reconstruir en un mapa digital el recorrido de los científicos suizos”, recuerda Gómez. La idea no solo los entusiasmó sino que, de inmediato, los lanzó al trabajo de seguirles la pista a dos profesores universitarios que el 20 de julio de 1910 arribaron a Puerto Colombia.

Por cerca de cuatro meses, el zoólogo Fuhrmann y el médico y naturalista Mayor recorrieron buena parte de la Costa Atlántica y de la Región Andina, especialmente las cordilleras Oriental y Central, recolectando más de 3.000 especímenes de plantas, animales, cerámicas, hongos, etc, que enviaron a reconocidos especialistas para su posterior análisis (por ejemplo, el psicólogo Jean Piaget analizó las muestras de caracoles que recibió).

El fruto de este viaje fue Voyage d’exploration scientifique en Colombie (Viaje de exploración científica a Colombia), un compendio de 1.200 páginas que contiene la crónica de su viaje por pueblos y lugares tan diversos como Magangué (Bolívar), Puerto Wilches (Santander), Yarumito (Antioquia) o Supía (Caldas), algunos con evidencia fotográfica; asimismo, el listado y análisis de las especies recolectadas, de las cuales varias eran nuevas para la época.

Alberto Gómez es un apasionado de seguirles los pasos a los científicos que recorrieron Colombia. Esa afición suya es el germen de Geoatico.
Alberto Gómez es un apasionado de seguirles los pasos a los científicos que recorrieron Colombia. Esa afición es el germen de Geoatico.

Sin embargo, el libro, publicado en 1914 por la Universidad de Neuchâtel en Suiza, permaneció en los anaqueles y bodegas de la biblioteca universitaria solo al alcance de unos pocos lectores especializados. Hasta que en un viaje a Europa, hacia 2010, Gómez se topó con él: “Un libro muy agradable, muy especial”. Tras adquirir un ejemplar, se decidió a traducirlo con el auspicio de la Editorial Javeriana y la financiación de la Embajada de Suiza en Colombia.

Esa meta se materializó un año después cuando se publicó La expedición helvética. Pero algo había cambiado: una nueva dimensión le surgió al proyecto cuando su autor intuyó que la traducción podría correr la misma suerte del original: permanecer por años en una estantería. “La plataforma virtual y la cartografía digital son la manera de difundir este trabajo como debe ser”, puntualiza.


Cartografía digital

La idea de una plataforma virtual mostrando los trayectos de ambos científicos por Colombia comenzó a tomar forma en 2012, cuando el padre Vicente Durán, para la época vicerrector Académico de la Javeriana, puso en contacto a Gómez y Salazar con Germán Rey, entonces director del Centro Ático, el instituto enfocado en la creación de nuevos contenidos digitales.

Todo el desarrollo tecnológico se había montado sobre la plataforma tecnológica ArcGIS, de la empresa californiana Esri, un software que permite ubicar información sobre un mapa digital. Una herramienta sumamente novedosa para el contexto colombiano. “Tuvimos que aprender a usarla desde cero, pero favorecía el trabajo por ser tan robusta para administrar toda la información que necesitábamos publicar”, explica Mauricio Cubides, ingeniero de software y desarrollador del Centro Ático.

Como tal, el proyecto le permitía al usuario no solo aprender sobre los pormenores de esta expedición sino también acceder al material esencial de la misma, como las fotografías de los lugares visitados, la sistematización de las especies recolectadas, el análisis que, en su momento, hicieron los expertos, la biografía de los científicos y su crónica de la travesía.

Geoatico permite al usuario encontrar información adicional a los trayectos de los expedicionarios, como las crónicas de los viajes, las fotografías de los lugares visitados, los elementos recolectados, etc.
Geoatico permite al usuario encontrar información adicional a los trayectos de los expedicionarios, como las crónicas de los viajes, las fotografías de los lugares visitados, los elementos recolectados, etc.

Y puede consultarse al tiempo que se sigue el trayecto cronológico y las rutas que emprendieron, una obsesión personal de Gómez: “Me pareció fundamental georreferenciar la expedición. No me gustan los mapas que ponen los sitios y unas líneas rectas que los unen, como si la gente hubiera viajado en avión, del punto A al B. Es impreciso, inexacto”.

Tras varios meses de trabajo intenso, a finales de 2012, se conquistó la quimera con el lanzamiento al público de Geoatico. De inmediato, el potencial de la plataforma comenzó a materializarse con la inclusión de los trayectos que Alexander von Humboldt realizó a comienzos del siglo XIX por el territorio que hoy ocupa Colombia; asimismo, han incluido los datos sobre la Comisión Corográfica, el proyecto que en 1851 la naciente república le encomendó al geógrafo italiano Agustín Codazzi para trazar el mapa estatal, y los de la Expedición Humana, la travesía impulsada por la academia colombiana a inicios de los años 90 del siglo pasado para rastrear la huella cultural, sociológica, antropológica y genética de los pobladores del territorio nacional.

Ese crecimiento, tras poco más de cinco años de funcionamiento, no se detiene. Geoatico está destinado a convertirse en el portal de los viajeros que han dejado su huella y su trabajo científico en Colombia. Sus impulsores, Gómez, Salazar y el equipo de desarrollo de la Javeriana, pretenden extender el cubrimiento de la plataforma a las salidas de campo que profesores de distintas universidades realicen para catalogar o estudiar la fauna y flora colombiana.

“Creemos que este portal le sirve hoy, por ejemplo, a un biólogo que se va de viaje para que registre todo lo que ve. En vez de dejarlo en una tesis para la biblioteca, que deposite ese conocimiento con todos los recursos disponibles aquí”, explica Gómez.

Gómez espera que el portal no solo aloje a las expediciones científicas históricas, sino que los investigadores lo apropien para registrar sus propios viajes y catalogar sus hallazgos.
Gómez espera que el portal no solo aloje a las expediciones científicas históricas, sino que los investigadores lo apropien para registrar sus propios viajes y catalogar sus hallazgos.

Para ello, la Javeriana trabaja en una nueva versión de la plataforma que permita una mejor interacción del usuario con el conocimiento. “Tendrá una mejor interfaz gráfica, un motor de búsqueda más potente, un look moderno. La idea también es que se puedan realizar búsquedas integradas, que una persona, al seleccionar un punto geográfico, vea cuáles son los científicos y las investigaciones que se realizaron allí a lo largo del tiempo”, explica Cubides.

Se espera que eso ocurra a inicios de 2018 con un protagonista de primera: Alexander von Humboldt.


Tras los pasos del científico alemán

Los viajes se han convertido en una pasión para Gómez, biólogo de formación y genetista de profesión. Buena parte de su vida la ha dedicado a reconstruir las huellas de aquellos que lo precedieron, los hombres que siglos atrás llegaron al territorio colombiano para buscar respuestas a sus preguntas.

Esa pasión surgió en una biblioteca de París, donde estudió su doctorado en Bioquímica en los años 80. Allí se topó con Voyage à la Nouvelle Grenade (Viaje a la Nueva Granada), la crónica de viaje que escribió el médico francés Charles Saffray sobre su expedición en 1861 a territorio colombiano. Treinta años después, Gómez expresa su emoción al recordar especialmente los grabados incluidos en la obra: “Me fascinó absolutamente. Lo que me parece tan interesante es cómo se relatan esos viajes en ese lenguaje literario, muy diferente a la noticia puntual”.

El encanto y la profesión lo llevaron a integrar la Expedición Humana: él fue uno de los científicos que recorrió las poblaciones nativas del Pacífico, la costa Caribe, la alta Guajira, entre otros, analizando sus genes. Por ello ha escrito varios libros que tienen como protagonistas a hombres de ciencia que, en su momento, hicieron expediciones; por ejemplo, en A impulsos de una rara resolución, reconstruye el dilema que llevó a José Celestino Mutis a quedarse en el entonces Virreinato de la Nueva Granada para continuar sus investigaciones sobre botánica, o en Al cabo de las velas: Expediciones científicas en Colombia, sigue la pista a los expedicionarios que dejaron su huella en la historia.

Los grabados del siglo XIX despertaron la pasión de Alberto Gómez por las crónicas de viaje y sus protagonistas.
Los grabados de los viajeros despertaron la pasión de Alberto Gómez por las crónicas de viaje y sus protagonistas.

Sus libros, que también contemplan la reconstrucción histórica de la ciencia médica y de la genética en Colombia, suelen convertirse en quimeras de alta magnitud. Como reconstruir los pasos de Alexander von Humboldt, el geógrafo, naturalista y expedicionario que se adentró en América a principios del siglo XIX para estudiar con detalle su flora, su fauna y sus paisajes. El proyecto se ha traducido en una colección temática de cinco tomos en el que intervinieron siete universidades colombianas (entre ellas, la Javeriana, los Andes, el Rosario, el Externado y EAFIT) y que se lanzará a inicios de 2018.

“El libro cuenta episodios como su encuentro con Francisco José de Caldas, su paso desde Venezuela hasta Estados Unidos. Tene la crónica de viaje, los reportes específicos sobre la Nueva Granada, la sistematización de su obra en zoología, botánica, geología, su cartografía”, adelanta Gómez.

La colección se integrará con Geoatico. Los lectores no solo podrán seguirle la pista, paso a paso, a cada viaje, también encontrarán detalles tan insólitos como el lugar exacto en que von Humboldt durmió en Bogotá. “Todo este trabajo ha sido construido a partir de una intensa investigación académica, validada por expertos. Puedo asegurar que no hay ninguna otra fuente académica con el nivel de precisión en los datos que contiene Geoatico”, dice Cubides.

A la par de su trabajo en genética, Gómez ha escrito libros sobre la historia de la medicina, el recorrido de la genética en Colombia y los viajes de expedicionarios como Mutis, Codazzi y Humboldt.
A la par de su trabajo en genética, Gómez ha escrito libros sobre la historia de la medicina, la genética en Colombia y los viajes de expedicionarios como Mutis, Codazzi y Humboldt.

De esa forma, Gómez, Salazar y el equipo de desarrollo del Centro Ático esperan que esta plataforma se convierta en un punto crítico sobre la generación de conocimiento científico en Colombia. Y una puerta que inspire a otros a emprender trabajos de este tipo.

Ya en su hogar, cada vez que regresa de un viaje, el profesor Gómez tiene un ritual diferente. Sobre su escritorio reposa un mapa clásico del territorio colombiano con varios trazos hechos con lápiz rojo. Es su forma de marcar los trayectos que realiza en sus excursiones familiares. “Ese es mi Geoatico”, dice antes de rematar con una carcajada: “Además de esto, a mí me gusta viajar en la expedición de los demás”.

El arte, una forma de sanar y perdonar

El arte, una forma de sanar y perdonar

En un mismo día le propusieron dos proyectos con propósitos parecidos. El primero, trabajar con la Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas en la producción de una serie de microdocumentales de reparación colectiva sobre 25 pueblos en Colombia; el segundo, realizar un documental sobre el Grupo por la Defensa de Tierra y Territorio en Córdoba (GTTC) para el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP). “No los busqué, pero llegaron a mí”, afirma Ana Camila Jaramillo, realizadora audiovisual desde hace cinco años y actual estudiante de Sociología de la Pontificia Universidad Javeriana. Ella aceptó ambos.

Fueron 14 meses de entrevistas con las víctimas, grabaciones, edición y viajes a Sucre, Magdalena, Cesar, Córdoba, Antioquia, Nariño, Valle del Cauca, Amazonas y Cundinamarca. Ana cuidó los detalles que consideraba importantes para los microdocumentales. Por ejemplo, registrar que Don Miguel, un señor que vive en Córdoba, siempre asistió a todas las reuniones con un periódico que cuenta la noticia de una masacre en su región, y que guarda desde entonces. Además, en su posición de observadora, se dio cuenta de que había un factor común: en cada una de las zonas que visitaba, las víctimas creaban obras de teatro y danzas, escribían poemas, componían canciones, tejían y pintaban dibujos que relataban las historias por las que ellos y sus regiones vivieron, como si esas expresiones artísticas fueran una necesidad que sale naturalemente de ellas.

 “Ayer lloraba un abuelo,
entonces le pregunté
por qué es que lloras mi viejo,
por qué es que llora usted.
Yo quiero vivir en paz, el abuelo contestó.
También yo quiero regresar
allá de onde vine yo”
Relato de Pedro Ramón Gonzáles, en Córdoba.

Así, su cámara se fue llenando de grabaciones de versos como Anhelos y Esperanza, de Germán Agámez, y fue conociendo expresiones como las obras de teatro de la organización juvenil Talento y Futuro, que son creadas para recordar, mejorar y construir realidades nuevas porque “así, como se construye un guión para una obra de teatro, se lo construye para la propia vida”, según Ramón García, uno de sus integrantes.

En un semillero sobre el desarraigo y justicia social que se llevó a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana, Ana explicó que los trabajos que realizó no solo se trataron de empoderar a las víctimas con la cámara sino colaborar en conjunto con ellas para hacer un reconocimiento de emociones y atmósferas que sean transmitidas. De esa manera, buscó la perspectiva de las víctimas pero también la de ella como artista externa a las diferentes historias. “El artista puede ver cosas que una víctima, como lo vivió, no lo puede analizar de la misma forma. Esas dos visiones en conjunto son las que se necesitan y las que apoyan a un país en posconflicto”, asegura.

“Resistente en él estoy,
de mi pueblo yo no me voy.
Esta vieja trocha por donde voy
me atrapa el recuerdo de lo que soy.
Supervivientes con corazones de valientes
soportamos la violencia y nos apodan resistentes.
¡Valientes! Eso gritaba mi gente,
cuando ya estaba cansada
del maltrato delincuente”.
Fragmento de la canción Supervivientesdel grupo de rap Afromúsica, en Sucre.

“El desarraigo es una pérdida de sentido, tanto simbólico como físico, y desde Aristóteles el arte es un acto de reconocimiento”, dice Ana. Así, concluye que esas diferentes expresiones artísticas que fue encontrando son una forma que tienen las víctimas de construir ese sentido perdido, hacer catársis y perdonar.

El arte puede ser de mucha ayuda para los lugares que han pasado por periodos de extrema violencia y las producciones audiovisuales pueden aportar a que esas historias no solo sean conocidas, sino que por medio de ellas se visualice el porvenir y la superación de las distintas situaciones por las que han pasado las víctimas.

Realizar estos trabajos le ha dado pie a Ana para cuestionarse sobre la historia del conflicto armado, la función que la producción audiovisual tiene en la construcción de esa historia, el problema de difusión que existe con este tipo de proyectos y el porqué no son tan conocidos en un país que está en pleno posconflicto; sin embargo, haber trabajado en ellos la ha encaminado para querer seguir haciendo de la producción audiovisual y la sociología su proyecto de vida.

El país visto y narrado a través de Cromos

El país visto y narrado a través de Cromos

Peluquería que se respete en este país tiene entre pelos y tocadores la revista Cromos. No importa si es una vieja edición, la mirada de aquel que espera su turno se pierde entre esas páginas que cuentan el cambio de vida que tuvo un famoso o aquello que piensan las reinas días antes de la coronación. Lo curioso es que esta revista, creada el 15 de enero de 1916 por los payaneses Miguel Santiago Valencia y Abelardo Arboleda (padre del jesuita José Rafael Arboleda, fundador de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana), es mucho más que eso. Sin exagerar, se puede decir que la historia de Colombia ha sido narrada en Cromos. Ningún investigador que estudie algún suceso centenario de este país puede obviar esta revista; muchos le han sacado provecho a su invaluable archivo fotográfico, por ejemplo, pero pocos le han dado el crédito que se merece.

Tal vez por eso, y aprovechando este importante aniversario, un grupo de profesores de la Javeriana decidió pasar las páginas de las 4937 ediciones de Cromos y adelantar el estudio El país visto y narrado en cien años de la revista Cromos (1916-2016).

Pero, ¿cómo abarcar 100 años de historia y revisar todas las ediciones de la revista que, salvo un par de semanas después del incendio de sus talleres el 9 de abril de 1948, nunca ha dejado de circular? Lo primero que hizo el equipo interdisciplinario de trabajo fue definir una agenda de diez temas de estudio, con el fin de construir un repositorio de información básico: las distintas líneas editoriales (es decir, entender los vaivenes de la revista según las afinidades políticas de cada director), la imagen gráfica, belleza, moda, vida social y cotidiana, cultura y literatura, Bogotá y las regiones, espectáculos, deportes y la publicidad como correlato de la revista. Dada la coyuntura que vive el país, los investigadores incluyeron, además, una línea de tiempo de guerra y paz, con los hitos que cubrió la revista desde la década de los cincuenta.

Por tratarse de un corpus de estudio tan desbordante, se definió como pauta metodológica la revisión de las ediciones especiales de aniversarios (20, 25, 50, 80, 90 y 95 años, principalmente). “Este barrido fue muy importante porque nos dio claridad sobre los hitos del cubrimiento, los autores que publicaban en Cromos y los temas que habían sido relevantes en la revista. Con esa guía, cada investigador se metió en la colección para ahondar en los temas correspondientes, porque obviamente es insustituible el contacto con la colección”, dice la comunicadora Maryluz Vallejo, líder de la investigación.

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En el levantamiento inicial de esta información, los estudiantes de los cursos de Historia Social de la Comunicación e Historia de la Comunicación de Masas cumplieron un papel fundamental, porque gracias a ellos no se quedó ningún mes sin explorar y empezaron a aflorar datos e imágenes significativas.

Los investigadores descubrieron, por ejemplo, que durante los primeros 30 años la revista publicaba novelas por entregas; en 1958 publicó completo, en una sola edición, El coronel no tiene quién le escriba (publicado como libro en 1961). Descubrieron que había gente que coleccionaba la revista por las piezas de arte que se publicaban en la portada. Era una pinacoteca. Descubrieron que a través de Cromos uno puede seguir el desarrollo de las grandes obras de infraestructura vial, el sistema ferroviario, los cables de comunicación, edificios, urbanizaciones, aviación, etc. Descubrieron que los reporteros de la revista recorrían el país y que la gente de las distintas regiones se veía en Cromos; paradójicamente, el Chocó y La Guajira fueron por años el foco de grandes reportajes de altísima calidad literaria, escritos, entre otros, por Gonzalo Arango. Estos reportajes exaltaban a la vez la exuberancia y las necesidades de las regiones. De otro lado, muchos intelectuales reconocen que en Cromos hicieron lecturas importantes, porque el existencialismo pasó por estas páginas, al igual que los grandes debates que se dieron en el país en relación con la revolución sexual y la píldora.

“Quienes han leído con atención la revista saben que hizo una apuesta editorial audaz, queriendo parecerse incluso a Paris Match, pero como la mayoría de los lectores buscaban solo las reinas y la farándula, quedó el estigma de que Cromos era una publicación ligera”, agrega la profesora Vallejo.

De hecho, la revista fue muy política desde sus inicios, cuando declaró su espíritu liberal afín al republicanismo. Cubrió la guerra con el Perú, la época de La Violencia, el Frente Nacional, el paro del 77, la toma del Palacio de Justicia, además de las primicias que dio en los distintos procesos de paz. Cuando se estaba dando la negociación con el M-19, sacó una de las primeras entrevistas con Jaime Bateman.

En 1982, Margarita Vidal, la directora de la revista de ese entonces, fue nombrada por Belisario Betancur como comisionada de paz. Así lo recuerda la propia periodista: “Él me llamó y me ofreció que fuera su representante en la Comisión de Paz. Y yo le dije: ‘Bueno, yo acepto, desde luego, sin pensarlo dos veces, presidente. Pero acuérdese que yo dirijo una revista y la revista tiene que cubrir el proceso de paz. Ahora, evidentemente, yo no voy a ser la fuente. No puedo serla. Pero mis periodistas investigarán y tendrán otras fuentes’. Y me dijo: ‘Claro, eso se entiende’. Y yo nunca di ni la hora. No podía. Pero ellos, mis periodistas, se averiguaban por todos lados lo que pasaba en el proceso: entrevistaban a los comisionados; la periodista Ligia Riveros se tiraba por las tapias, eso era la cosa más increíble. Se cubrió muy bien así, con ellos investigando por su cuenta. Ese fue el compromiso”.

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Obviamente, para estar a la moda había que mirar Cromos, pero como resalta el estudio, la revista ha sido más que eso. “Lo que hemos querido demostrar es que para contar la historia del país es necesario pasar revista a Cromos, literalmente, porque justamente ese balance de los temas blandos con los temas duros hizo que no fuera tan sectaria como otros impresos, sobre todo en la época del bipartidismo”, dice la coinvestigadora María Isabel Zapata, del Departamento de Historia.

A raíz de esta investigación han surgido trabajos de grado sobre moda y belleza, que son dos tópicos fuertes en la agenda de Cromos, pero también sobre la evolución del deporte o sobre Ricardo Arbeláez, el ‘loco Arbeláez’, que entre 1972 y 1974 tuvo una columna de humor político llamada ‘El Alacrán’. “Un día estaba en clase de Periodismo de Opinión hablando de los antecedentes del periodismo de humor político, y tras mencionar a Arbeláez, un estudiante alzó la mano y me dijo: ‘Profe, él es mi abuelo’. El estudiante estaba haciendo su trabajo de grado sobre otro tema y a raíz de esto le tocó cambiarlo, porque era importante rescatar la vida y obra de este personaje clave de nuestra tradición periodística”, comenta la profesora Vallejo.

También se han descubierto fotografías y ediciones que habían pasado inadvertidas, incluso para Darío Forero, director de arte de Cromos, que lleva en el medio más de 20 años. “Gracias a este trabajo descubrí una edición muy bella de esa Bogotá moderna, costaba 50 centavos y nunca le había prestado atención. Todavía la tengo en mi escritorio”, dice.

La relación que se ha tejido entre la academia y el medio ha sido otro aporte valioso de esta investigación. “La experiencia fue muy enriquecedora”, afirma la editora de Cromos, Gloria Castrillón, quien fue el puente entre el medio y la universidad para publicar el especial de aniversario. “Pueden parecer visiones distintas, pero yo creo que son complementarias. El ojo de un periodista no siempre coincide con el del académico; el académico tiene una mirada más profunda, aunque no significa que nosotros no la tengamos. Uno como periodista tiene el ojo más entrenado para encontrar hechos, fotos o elementos. Entonces terminan siendo miradas complementarias”.

Esta investigación, que narra la historia sociocultural, política y económica del país visto por la revista, a través de una lectura cruzada entre textos, imágenes y anuncios, fue posible gracias a que las facultades de Comunicación y Ciencias Sociales ganaron la convocatoria de apoyo a proyectos de investigación-creación, una línea reciente de la Universidad para el fomento de la producción artística y creativa. Además de la publicación de un libro que mostrará en detalle los resultados del estudio, los investigadores han utilizado soportes audiovisuales para contar la historia de Cromos

Ahora el reto, como dicen, es reivindicar la revista, lograr que la gente entienda que para contar la historia del periodismo en Colombia y la misma historia del país es necesario pasar por Cromos. Después de todo, y más en estos tiempos, cualquier medio no cumple 100 años.

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Novedades Editoriales Pesquisa 36

Convivencia y reconciliación. Construcción de nuevos vínculos sociales para una Colombia diferente.

convivencia

Freddy a. Guerrero (editor). cali: Ponti cia Universidad Javeriana Cali, 2015. 290 páginas.

Este libro recopila una serie de reflexiones de organizaciones sociales, instancias estatales y académicas en torno a temas fundamenta- les para nuestro país como la convivencia y la reconciliación. En un esfuerzo por continuar el legado de Ignacio Martín Baró, S. J., se con- sidera la importancia de la convivencia y la reconciliación como maneras de traducir, en clave de nuestro contexto, las salidas a lo que identi có este pensador como la relación entre salud mental y conflicto, fatalismo y desigual- dad social, al exponer otras formas de poder que aquel que ha determinado el conflicto y la explotación entre los seres humanos. Es- tas reflexiones aparecieron en el marco del IX encuentro de la Cátedra Internacional Ignacio Martín Baró, una iniciativa interuniversitaria promovida por la Ponti cia Universidad Jave- riana de Colombia, la Universidad José Simeón Cañas de El Salvador y la Universidad Alberto Hurtado de Chile, cuyo propósito es generar una reflexión colectiva, rigurosa y sistemática, y una acción consecuente con esta sobre las condiciones de violencia social y política que sufren los pueblos latinoamericanos.

En la publicación se evidencian las experien- cias de Nariño, Cauca y Valle del Cauca en la voz de algunos de sus habitantes y organizaciones como el Observatorio de Paz y Conflicto de la Universidad Nacional de Colombia, la Agencia Colombiana para la Reintegración, la Unidad para la Reparación y Atención Integral a las Víc- timas, el Instituto Mayor Campesino del Valle del Cauca y la Agenda Local de Paz de Nariño. El libro contiene una serie de imágenes que ilustran la publicación, resultado de un concur- so de fotonarrativa desarrollado en 2014 desde la Cátedra Ignacio Martín Baró inspiradas en la convivencia y la reconciliación.

Justicia transicional en equilibrio. Comparación de procesos, sopeso de su eficacia

justicia

Tricia D. Olsen, Leigh A. Payne y andrew G. reiter. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 280 páginas.

Publicado originalmente en inglés en el año 2010 por el Instituto de Paz de los Estados Unidos, este estudio es uno de los primeros en evaluar empírica y comparativamente el funcionamiento de los procesos de justicia transicional. El libro analiza críticamente el éxito de la justicia transicional en cuanto al fortalecimiento de la democracia y la reducción de las violaciones de los derechos humanos, gracias a una base de datos que explora las particularidades de 161 países que en las últi- mas cuatro décadas adoptaron mecanismos de justicia transicional para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos del pasa- do, tras periodos de agitación política, represión estatal o conflicto armado. Con esta traducción, nanciada por la Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Institucionales, la Editorial Ponti- cia Universidad Javeriana espera contribuir con materiales analíticos y de investigación a la discusión sobre un tema actual y crucial en la realidad política y social de Colombia.

Providencia. Más allá de la etnicidad y la biodiversidad, una insularidad por asumir

providenciaCamila Rivera González. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2015. 237 páginas.

En una narrativa que entrelaza la subjetividad de la autora con las vivencias y las voces insulares, Providencia muestra cómo la perspectiva de protección al multiculturalismo y al medio ambiente de la Constitución de 1991 es apropiada y resigni cada en las fronteras de la nación por los raizales de la isla. La autora describe los procesos de etnización, biodiversificación y ecoturistificación que los providencianos adelantan para articularse a Colombia, proteger su sociedad y tramitar sus particularidades insulares y caribeñas. La construcción étnica como raizales ha traído tanto bene cios y ventajas, como di cultades, encrucijadas y tensiones identitarias. El texto analiza entonces los sentidos de insularidad, frontera y a nidad, como nuevos posicionamientos que les permitan a los raizales desmarcarse de los cajones étnicos para alcanzar mayor soltura, adeptos y efectos en sus procesos de a rmación de su identidad.

Idiomas espectrales. Lenguas imaginarias en la literatura latinoamericana

idiomasJuan Cristóbal Castro. Bogotá: Editorial Ponti cia Universidad Javeriana, 2016. 398 páginas.

La lengua y la escritura son formas de rebelión, desde los lenguajes imaginarios que inventamos cuando niños para evitar el control de los adultos hasta la resistencia cultural de algunas comunidades a partir de la preservación de su idioma. La constitución misma de la lengua es política porque desde ella construimos las relaciones con el otro y las formas comunes y diversas de ver y entender el mundo: el poder se erige desde la palabra. La búsqueda de una identidad, de un ser común (de un enemigo común), pasa por ser parte de una comunidad lingüística, por entender lo que dice el otro, ya que si no entendemos, el otro es un extraño detrás de una barrera. Los idiomas espectrales surgieron a principios del siglo XX en Latinoamérica cuando todavía luchaba por de nir una identidad propia, alejada de modelos extranjeros; por eso son signi cativos para entender los procesos de identidad de esta parte del mundo. Estas lenguas aparecen como repuestas a las políticas del lenguaje (muchas veces desde su parodia), los cambios en la cultura (guiados en ocasiones por creaciones fantásticas como la radio, el cine, la máquina de escribir, la televisión) y los dramáticos momentos de la historia política que forzaron la aparición de voces distintas que escaparan a los silencios impuestos. Desde las vanguardias, en la máxima expresión que les dio César Vallejo, pasando por Borges, Cortázar o Cabrera Infante, hasta llegar a Eugenio Montejo o Ricardo Piglia, las lenguas imaginarias se han consolidado en las letras latinoamericanas como propuestas críticas y subversivas; como creaciones verbales de difícil comprensión que nos inducen al error, pero que recuerdan que en ocasiones no hay nada que nos acerque más a la realidad que lo fantástico.

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La marca del conflicto en la salud mental de los colombianos

La marca del conflicto en la salud mental de los colombianos

Poco se habla de cómo tratar el impacto psicológico de la violencia en Colombia, aspecto clave en un escenario de posconflicto. La Pontificia Universidad Javeriana lleva varios años explorando las consecuencias de esta historia sangrienta y sus posibles soluciones, razón por la cual el grupo de investigadores que coordinó la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015 (ENSM) propuso que entre los énfasis de esta cuarta versión se incluyeran el conflicto y otro tipo de violencias.

Carlos Gómez-Restrepo, médico psiquiatra, psicoanalista, psiquiatra de enlace y epidemiólogo clínico de la Universidad Javeriana, fue quien lideró el equipo de expertos en el que también participaron funcionarios del Mini
2000
sterio de Salud y Protección Social y Colciencias. Para PESQUISA, el doctor Gómez-Restrepo analizó algunos de los resultados de este nuevo componente, que incluyó además la población infantil.

Pesquisa: ¿Cómo ha afectado psicológicamente la violencia a los colombianos?

Carlos Gómez-Restrepo: Los tipos de violencias —autoinflingida, interpersonal y colectiva— repercuten en las personas y su cultura. Hay desconfianza, dificultades con la empatía, con manifestaciones afectivas, en el reconocimiento del otro y con las emociones, que es necesario intervenir. Entre los problemas que suscita la violencia están rasgos de tipo depresivo, ansioso, dificultades con el sueño, de personalidad, consumo de alcohol y sustancias ilícitas. Muchas alteraciones mentales medidas se asocian con estrés postraumático, trastornos afectivos, ansiosos y abuso de sustancias psicoactivas. Es la primera vez que la encuesta profundiza en las repercusiones en la salud mental de los niños.

P: Justamente la encuesta encontró comportamientos violentos en niños y niñas entre 7 y 11 años…

CGR: Los resultados muestran un panorama que nos debe hacer pensar como sociedad. A nivel global, un tercio de los hogares son disfuncionales, existe una gran asociación entre enfermedades físicas y mentales, del 10 al 20% de las personas dice no tener ayuda de alguien cuando tiene problemas. Hay resultados que pueden sugerir grandes dificultades con el reconocimiento de sentimientos como la tristeza y el miedo, lo que hace factibles problemas de empatía y capacidad para ponernos en el lugar del otro, tan relevantes en un proceso de paz y posconflicto. Entre los niños de 7 a 11 años, el 45% tiene por lo menos un problema psicológico que ameritaría atención profesional, alrededor del 15% puede tener problemas de aprendizaje. Los trastornos mentales medidos son del 5% y el más frecuente es el déficit de atención. Además, el consumo de sustancias ilícitas se inicia a edades tempranas.

P: ¿Cómo evitar que sean los violentos del futuro?

CGR: Hay que enseñarles a responder de otra forma a los conflictos, a ser más tolerantes, a expresar sus emociones de forma constructiva; promover el dibujo, el juego y las actividades lúdicas colectivas; educarlos para que sean colaboradores, perdonen y se reconcilien con los demás. Evitar educar para la defensa, dar ejemplo de vida, convivencia, honradez e interés por los otros.

P:¿Qué dicen los resultados en adolescentes y adultos?

CGR: Alrededor del 12% de adolescentes presenta posibles problemas de salud mental, 5% consume alcohol en exceso, 9% puede tener dificultades con la alimentación y un 4% presentó trastornos mentales depresivos o de ansiedad en los últimos 12 meses. En adultos, el consumo y abuso de alcohol está entre 10% y 20% según la edad; un 12% tiene problemas de salud mental; un 5% presentó trastornos mentales depresivos y ansiosos en los últimos 12 meses, sin contar con el 3% de posibles síntomas de estrés postraumático y de 5% a 8% de posibles alteraciones de personalidad. Estas son algunas de las cifras más relevantes y llevan a pensar en la necesidad de concebir la salud mental como una de los aspectos más importantes de salud en Colombia.

P: El desplazamiento forzado es el tipo de violencia que más dicen experimentar los colombianos, ¿qué consecuencias psicológicas trae?

CGR: El 11% de niños entre 7 y 11 años ha sido desplazado por el conflicto armado o la inseguridad, al igual que el 18% de adolescentes de 12 a 17 años, el 19% de personas entre 18 y 44 años, y el 16% de mayores de 45. Por el tipo de estudio no podemos asegurar que las manifestaciones en lo mental sean totalmente derivadas de esto. Sí podemos decir que hay repercusiones en la tolerancia y la aceptación de la violencia como medio para solucionar problemas.

“ enseñarles a responder de otra forma a los conflictos, a ser más tolerantes, a expresar sus emociones de forma constructiva; promover el dibujo, el juego y las actividades lúdicas colectivas; educarlos para que sean colaboradores, perdonen y se reconcilien con los demás. Evitar educar para la defensa, dar ejemplo de vida, convivencia, honradez e interés por los otros”.

P: ¿Qué consecuencias trae la falta de atención en salud mental?

CGR: Los traumas repetidos, como se evidencian en Colombia, disminuyen el bienestar de la persona y del medio en que se desenvuelve. Recordemos que la salud es un ‘completo’ bienestar físico, mental y social, esferas en las que ha repercutido el conflicto.

P: ¿Colombia tiene los recursos económicos y humanos para atender a la población afectada psicológicamente por el conflicto?

CGR: No podemos echar por la borda los recursos que existen, estos siempre son limitados y con ellos hay que beneficiar a la mayoría de afectados. En la Facultad de Medicina se han implementado cursos y diplomados en atención psicosocial dirigidos a profesionales y promotores de salud y orientadores escolares que pueden ser de gran utilidad. En las sedes de Bogotá y Cali, y en otras dependencias de la comunidad jesuita, hay experiencias exitosas en reconstrucción del tejido social y en entrenamiento a personal de salud y educación en estrategias de intervención individual, familiar y comunitaria, y en liderar procesos exitosos en estas áreas.

Hay que redistribuir médicos psiquiatras en el país. Muchos profesionales de la salud, entre ellos médicos, enfermeras y psicólogos generales, requieren mayor preparación para actuar más eficazmente en lo psicosocial. Necesitamos proveer material actualizado y basado en la mejor evidencia que mejore competencias a un costo accesible.

PFinalmente, ¿qué plan de atención recomienda para las grandes ciudades, receptoras de buena cantidad de desplazados?

CGR: Lo ideal sería poder retornar a las tierras y condiciones de bienestar anteriores al conflicto. Acompañar en este proceso para que reconstituyan su hogar, familias, comunidades, actividades laborales y económicas es fundamental para una rehabilitación real y para el mantenimiento de la paz. En muchos casos, las personas pueden no querer regresar por diversos motivos, por lo que se hace necesario acompañarlos en este mismo proceso en las ciudades donde se han establecido y crear las condiciones para que tengan una vida autosostenible y digna. Habrá casos que requieran intervenciones psicoterapéuticas. Como es claro, es un proceso que rebasa, pero no excluye, las medidas psicosociales.

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