Formación ciudadana: aporte invaluable a la paz

Formación ciudadana: aporte invaluable a la paz

Las voces de niños y jóvenes hacen eco en Quibdó, Puerto Inírida, Barranquilla y Bogotá. Gracias a los estudios de caso que realizaron siete investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana en estas cuatro ciudades, Colombia tiene ahora la oportunidad de evidenciar cambios sustanciales en las comunidades por medio de prácticas innovadoras en formación ciudadana que adelantan los maestros en las regiones.

Luz Marina Lara Salcedo, doctora en educación y líder de la investigación que estudió prácticas educativas innovadoras en formación ciudadana a través de cinco estudios de caso explica que este proyecto surgió de la necesidad de analizar e identificar los ámbitos de trabajo de los maestros en sus prácticas de formación ciudadana: “queríamos conocer cuáles son los procesos de formación que los profesores privilegian, los objetivos e intencionalidades sociales y políticas que persiguen y caracterizar las corrientes y tendencias pedagógicas que fundamentan estas experiencias en formación ciudadana”.
Ricardo Delgado Salazar, sicólogo con doctorado en Niñez y Juventud, afirma que la base de la investigación son los estudiantes, porque se trata de “pensar la educación para la ciudadanía en el marco de la convivencia de los contextos escolares; también es pensar la formación del ciudadano hacia afuera, pues hay una estrecha relación entre escuela y ciudad”.

¿Qué es la formación ciudadana?

El profesor Delgado argumenta que la formación ciudadana hace alusión a un conjunto de capacidades que le permitan al sujeto participar constructivamente en el diseño de normas, instituciones y relaciones de convivencia. Asegura que con la enseñanza de estas bases se adquiere la capacidad de solucionar los conflictos de una manera constructiva para favorecer la convivencia en el marco de la diversidad.
Todo lo anterior confluye en que los ciudadanos sean los protagonistas de la toma de decisiones a nivel político. “Un elemento fundamental desde la educación ciudadana es poder movilizar unos sentimientos de afiliación y pertenencia a una comunidad política con el fin de construir colectivamente proyectos de país, de región, de localidad”, puntualiza.
Este propósito se evidenció en las instituciones educativas elegidas para la investigación. Los colegios y escuelas de estas cuatro ciudades tienen en común el interés por la formación ciudadana, independientemente del campo de formación de los maestros y de las asignaturas que enseñan. La relevancia de la investigación en sus territorios es la base para que los estudiantes generen acciones participativas e innovadoras en sus comunidades a partir de la enseñanza de las ciencias sociales y naturales.

En Quibdó están ‘Historichoquiando’

Los alumnos juegan un papel fundamental en la documentación de su propia historia en Quibdó. El proyecto Historichoquiando, de la Escuela Normal Superior, está centrado en la enseñanza de la historia local. “Esta experiencia se enfoca en que los estudiantes conozcan y se acerquen a su territorio más inmediato. Lo que quieren es construir la historia de su barrio y de su comunidad desde las voces de los padres, de los abuelos, de los actores”, explica Delgado.
Para ello, y bajo la orientación de los docentes, los estudiantes de la institución desarrollaron acciones para indagar y conocer sobre el territorio que habitan. Por ejemplo, los jóvenes investigaron sobre mitos y leyendas y conocieron sobre los recursos naturales, las actividades económicas, laborales y agropecuarias de su entorno, lo que sirve, finalmente, para construir la memoria local de su comunidad.
Dicha experiencia se materializó en una especie de ‘museo viviente’, en el que los jóvenes cuentan con un archivo fotográfico sobre cómo se fue poblando el territorio, mapas y maquetas que ellos mismos levantaron, cuentos y leyendas que ellos mismos escribieron. “Los proyectos de aula y de investigación son la estrategia central para hacer la articulación entre teoría y práctica, lo cual desarrolla las competencias investigativas de los alumnos desde muy temprana edad”, finaliza Delgado.

Las Crónicas de una científica democrática, en Puerto Inírida

En la capital de Guainía se tomaron muy en serio la enseñanza de las ciencias naturales para proteger su territorio. En la Institución Educativa Custodio García Róvira, a raíz de las actividades de extracción de minerales que hay en el humedal Caño Terpel, una docente se dio a la tarea de enseñar a sus estudiantes a investigar sobre las consecuencias de las acciones de las empresas mineras sobre sus recursos naturales.

“La participación de los estudiantes se evidencia a través de talleres ambientales. Por ejemplo, ellos crearon unos lavaderos comunitarios para las comunidades indígenas, con el fin de evitar la contaminación al interior del caño. Además, el colegio tiene una revista virtual llamada Róvira TIC, en la que además de hacer denuncias, también promueve la participación de los jóvenes, el desarrollo humano y el desarrollo comunitario”, explica la profesora Lara.

Los investigadores exaltan que este caso es muy significativo porque muestra cómo la participación ciudadana promueve la cohesión social comunitaria y solucionar los problemas ambientales.

Barranquilla aprende de sus escenarios urbanos

En la Institución Educativa Técnica Distrital Elena de Chauvín, consideran que la ciudad es el lugar básico de aprendizaje para sus estudiantes. Por eso, a través de la pedagogía urbana como posibilidad de formación ciudadana, los alumnos estudian la historia de su localidad y su barrio. Con el proyecto Conociendo la ciudad a partir del transporte público, interpretan la lógica de la planificación urbana que conlleva este tipo de transporte.
“A través de este proceso aprenden de geografía, códigos, normas, parámetros de regulación del transporte público. Así fueron levantando sus mapas, su archivo fotográfico y realizaron videos”, puntualiza Delgado.

Bogotá como ‘un solo cuerpo’

Desde la enseñanza de las ciencias sociales, la educación artística y la educación física, los docentes de la Institución Educativa Distrital Agustín Fernández enseñan a sus alumnos “a crecer con derechos”. Desde 2009 se optó por los derechos humanos como la opción para desarrollar el concepto de ciudadanía y formar políticamente a los estudiantes.

En el proyecto No hay derechos sin los otros, por ejemplo, los estudiantes aprenden el significado de la libertad, y cómo, a través de la participación activa y de manera asertiva, es posible defender los derechos individuales y colectivos. “Desde la formación ciudadana ellos trabajan los principios de justicia, igualdad, diferencia, solidaridad”, anota la líder de esta investigación.

Uno de los maestros de dicha institución educativa afirma que “pensarse políticamente es la razón de ser de la formación ciudadana y la escuela es un escenario para la participación y la formación”. Esta frase define, en gran medida, los estudios de caso que realizaron los investigadores de este proyecto. Ellos consideran que estas experiencias permiten señalar que la formación ciudadana es un elemento crucial para poder resolver los conflictos de manera constructiva en estos tiempos en los que Colombia busca la paz.

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