Migración: la experiencia de los niños según los niños

Migración: la experiencia de los niños según los niños

Hasta hace unos veinte años las investigaciones en antropología, las ciencias sociales y de la salud se enfocaban, en su mayoría, en estudios sobre los niños y no con los niños. En general, asumían que no era necesario tenerlos en cuenta en las investigaciones porque, tal vez, eran vistos como un apéndice de las familias: con raras excepciones se les entrevistaba, eran los padres quienes asumían la vocería. Esto pasaba en los estudios indígenas, afros, sobre la violencia y sobre la migración, claro. La caracterización de las migraciones dentro y fuera del país se lograba a partir de la voz de los adultos: de sus experiencias, vivencias y dramas.

A comienzos del siglo XXI las migraciones internacionales de colombianos aumentaron de manera notoria y varios investigadores relacionaron este fenómeno con las rupturas del núcleo familiar. Algunos juzgaron a los hijos de padres en situación de migración como personas abandonadas, peligrosas y perezosas. Se empezó a hablar de esas “malas madres” que los dejaban “botados”; se empezó a hablar de esos padres a quienes solo les interesaba el dinero.

Bajo ese contexto –en medio de ese paraguas “teórico”–, la enfermera y antropóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, María Claudia Duque, decidió realizar su tesis de doctorado en Antropología, sobre migración desde la perspectiva de los niños –en este caso, desde la perspectiva de niños colombianos que vivían en Tampa, Florida, en Estados Unidos–. Gracias a esa decisión –no bien vista por algunos colegas–, desde hace unos quince años Duque se convirtió en una de las primeras investigadoras del país y de América Latina que vio a los niños como agentes que influyen y construyen realidades sociales; o sea, como informantes claves para comprender la cultura.

En su tesis doctoral de 2004 –Colombian Immigrant Children in the United States: Representations of Food and the Process of Creolization­– Duque concluye que los niños migrantes son agentes y actores capaces de construir identidades que se expresan en sus prácticas y gustos alimentarios.

Después del doctorado Duque volvió a Colombia y analizó, a través de entrevistas individuales y grupales, y encuestas, las experiencias de varios niños de Risaralda y Bogotá en circunstancias de migración parental. Descubrió que ellos son agentes que, aunque comparten realidades comunes con ciertos miembros de las familias, viven sus experiencias propias. Descubrió que la mayoría de niños entiende la migración de sus padres, a pesar de ser una situación difícil y dolorosa, como un sacrificio para el bien de toda la familia –incluyéndolos. Y lo anterior, desde la mirada de ellos, a veces vale la pena, a veces no, todo depende de la edad del niño, de qué padre se ha ido –si es uno, si son los dos, si es una madre cariñosa, si no lo es. También depende de los cuidadores que se encargan de su cuidado –si lo tratan bien– y, desde luego, depende de las estrategias para mantener los vínculos afectivos –las remesas, regalos que recibe desde el exterior, llamadas, fotos… Duque demostró que los niños colombianos viviendo migración parental no son hijos abandonados, imaginario que aún perdura entre algunas oenegés, medios de comunicación e investigadores sociales–.

“Las narrativas de los niños en su mayoría no hablan de rupturas, sino de transformaciones y formas familiares diferentes a la nuclear (padre, madre, hijo) (…) Los niños viviendo situaciones de migración parental pueden ser al mismo tiempo poderosos e impotentes miembros de sus familias”, escribió la investigadora en su artículo Niños colombianos viviendo migración parental, en 2011.

“Las investigaciones de María Claudia sobre migración con niños fueron innovadoras y respondían a una necesidad investigativa que, hace diez años, pocos asumían por sus grados de dificultad –no es nada fácil trabajar con niños de seis años para adelante”, dice William Mejía, economista y Magíster en Migraciones Internacionales, profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira y coordinador de la red sobre migraciones Latinoamericanas, Colombiamigra.

Lo de María Claudia Duque ha sido una brega por romper estereotipos y evidenciar mundos complejos que no se pueden representar, simplemente, con un “pobrecitos” o un “malos padres”. Eso de que la migración es un hacha que corta raíces, bueno, no es tan cierto, no es tan negro ni blanco. Las conclusiones de sus estudios no son maniqueas y abordan el tema desde su complejidad… Y esa complejidad tiene una intención: deconstruir los estereotipos y los prejuicios, y, así, delimitar los problemas, definir las acciones de intervención y políticas sociales: “La investigación tiene que ser política”, dice la investigadora, y concluye: “Sí. Tiene que ser política, mas no politizada ni manipulada”.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Migración y niñez (serie de investigaciones desde 2003 hasta 2011).
INVESTIGADOR PRINCIPAL: María Claudia Duque Páramo.
Facultad de Enfermería – Departamento de Enfermería en Salud Colectiva – (Profesora jubilada).
PERÍODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2003 – 2011.

Planta bogotana contra el rotavirus

Planta bogotana contra el rotavirus

Le dicen suso o cenizo, pero para encontrarla en alguna plaza de mercado en Bogotá es mejor preguntar por vira-vira. No es difícil reconocerla, aunque se confunde con otras. Es una planta arbustiva de entre 60 cm y un metro de alto, con tallo delgado y hojas alargadas. Su color es verde pálido o incluso grisáceo, pero las flores, que son pequeñas y brotan en la parte de arriba, son amarillas. Las personas la usan desde hace mucho: con ella preparan bebidas para expulsar las flemas del resfriado, desinflamar la próstata o limpiar las vías urinarias. Crece en la sabana de Bogotá y algunas zonas de Boyacá, sobre todo en suelos rocosos, y aunque tiene primas muy parecidas en varios lugares del continente, esta especie, la Achyrocline bogotensis, solo ha sido reportada en esta zona del país.

Alba Nohemí Téllez, profesora del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias, cuenta que la vira-vira ha sido estudiada por su Grupo de Investigación de Fitoquímica desde hace más de 30 años. Según explica, lo que se quería desde entonces era dar un aporte científico sobre los componentes químicos de la planta y describir algún compuesto que no hubiera sido reportado en la literatura científica. Ya se le habían realizado estudios etnobotánicos y el grupo de investigación sabía de los amplios usos que tenía en medicina tradicional, pero les interesaba descubrir si esta planta tenía una actividad contra los virus.

Entonces se unió con el profesor Juan Carlos Ulloa, del Departamento de Microbiología de la misma facultad, y juntos, en 2011, empezaron los primeros análisis sobre las propiedades antivirales de la Achyrocline bogotensis. “Nuestro modelo principal de investigación es el rotavirus, la mayor causa de diarrea severa en niños en todo el mundo, así que decidimos enfocarnos en él”, aclara Ulloa, quien indica que desde las exploraciones iniciales notaron ciertas particularidades en esta planta exclusivamente colombiana que los llevaron a un nuevo reto investigativo: serían los primeros en estudiar la relación entre vira-vira y rotavirus.


Escudriñar la vira-vira

El profesor Ulloa se recorrió toda la sabana de Bogotá y parte de Boyacá buscando poblaciones de la famosa planta. Esta es una especie que no ha sido domesticada y por eso tuvo que recoger el material vegetal en campo. Durante esa travesía, se percató de que la vira-vira requiere condiciones especiales para crecer, es poco tolerante al agua y un ojo poco entrenado puede considerarla fácilmente como maleza. Sabía que la actividad de las sustancias puede ser mayor cuando está florecida, factor clave para determinar el espécimen que debía recolectar. Tomó tallos, hojas y flores –la parte aérea de la planta– y los llevó al laboratorio de fitoquímica, donde limpiaron muy bien el material y luego lo secaron a una temperatura de 40 °C, alejado de la radiación solar directa.

La patente obtenida luego de más de seis años explica el método por el cual se obtuvo la fracción antiviral HM1.
La patente obtenida luego de más de seis años explica el método por el cual se obtuvo la fracción antiviral HM1.

El siguiente paso fue moler el material seco y mezclarlo con agua y etanol para obtener un extracto. Este procedimiento, según Téllez, “no tiene efectos de toxicidad y es aceptado por la farmacopea”. Posteriormente, ese universo de sustancias presente en el extracto se fraccionó en partes más simples para luego aplicar una metodología de ensayos biológicos guiados, que consistió en enfrentar in vitro cada fracción obtenida con los rotavirus y describir los resultados obtenidos. “Esos bioensayos nos dijeron cuáles eran los compuestos de la planta responsables de la actividad antiviral”, afirma la profesora, quien agrega que su grupo de investigación ha estado a cargo de caracterizar los compuestos.

La diarrea que causa el rotavirus en los niños puede llevar a una deshidratación severa e incluso la muerte. Algunas poblaciones no tienen acceso a vacunas.

Gracias a técnicas avanzadas como la citometría de flujo, que examina múltiples parámetros en una sola célula y arroja datos numéricos bastante robustos, Ulloa pudo identificar una fracción con compuestos de la Achryrocline bogotensis capaz de adherirse a los rotavirus y evitar que entren a un sistema celular. El compuesto, al que denominaron HM1, no solo puede neutralizar la mitad de una población de rotavirus sino también penetrar las células infectadas y, desde allí, reducir su multiplicación. Eso significa que “la primera correspondería a una potencial estrategia de protección contra la enfermedad y la segunda sería de tratamiento”, explica Ulloa.


Más por analizar

Los datos recogidos en ese primer proyecto de exploración se convirtieron en la base de una solicitud de patente de invención en Colombia, que, con el acompañamiento y asesoría en propiedad intelectual y transferencia de conocimiento por parte de la Dirección de Innovación de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad, los profesores empezaron a gestionar en enero de 2016 y fue aprobada el 3 de agosto de 2017 por la Superintendencia de Industria y Comercio.

De acuerdo con Ulloa, la diarrea que causa el rotavirus en los niños puede llevar a una deshidratación severa e incluso la muerte. Pero lo peor de todo es que, si bien existen vacunas comerciales, hay poblaciones que no tienen acceso a ellas y, así lo tuvieran, estas pueden no funcionar contra todos los tipos de rotavirus, especialmente los emergentes. Además, no existen alternativas específicas para tratar el rotavirus –ni medicina occidental, ni un producto fitoterapéutico–, y “es en ese vacío donde quisimos tratar de contribuir”, insiste la profesora Téllez.

La patente explica el método por el cual se obtuvo la fracción antiviral HM1. Para lograrla fue necesario embarcarse en un segundo proyecto de investigación que evaluó la toxicidad de las sustancias obtenidas de este vegetal. Aunque el Vademécum Colombiano de Plantas Medicinales especifica su baja toxicidad, “los elementos que están allí son insuficientes y nosotros quisimos complementarlos para que estuvieran acordes con normas internacionales”, indica Ulloa, y agrega que los resultados nuevamente fueron muy positivos.

Investigadores
Juan Carlos Ulloa y Alba Nohemí Téllez, los investigadores detrás de este proyecto.

En este momento, la investigación está en una tercera fase que, dice Téllez, “pretende ahondar en la caracterización química de las sustancias que componen la planta, la búsqueda de la fracción menos compleja y la evaluación de marcadores de toxicidad hepática e intestinal no medidos a la fecha”. Estos estudios más profundos permitirán no solo rastrear fácilmente el HM1 en nuevas muestras, sino también determinar factores para el cultivo y la recolección del material que garanticen mayor concentración del compuesto. Todo esto con el fin de crear en un futuro un producto de consumo oral.

Según Ulloa, ahora que ya cuentan con la patente, el siguiente reto es, por un lado, desarrollar el cultivo de la vira-vira para garantizar la sostenibilidad y reproducibilidad de obtención de la materia prima y, por el otro, hacer pruebas in vivo. Aunque los resultados tienen un gran peso científico, la mayoría han sido arrojados por experimentos in vitro, es decir, fuera de organismos vivos. Las pruebas en animales podrían obviarse porque la planta tiene una tradición de uso sustentada en el vademécum de plantas medicinales, pero para comercializar su producto en el país primero deben realizar pruebas en seres humanos. “Si logramos cultivar la planta y comprobamos su actividad antiviral en personas, será algo verdaderamente beneficioso”, asegura Ulloa.


Para leer más

  • Ministerio de Protección Social. 2008. Vademécum Colombiano de Plantas Medicinales.

 


INVENTORES: Juan Carlos Ulloa, Alba Nohemí Téllez y Mayra Alexandra Téllez
Facultad de Ciencias
Departamentos de Química y Microbiología
Grupos de Investigación de Fitoquímica y Enfermedades Infecciosas, área de Virología
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2011-2017

Los temores de un niño hospitalizado

Los temores de un niño hospitalizado

Las noches suelen ser estresantes en la unidades de cuidados intensivos. Se escucha todo el tiempo el mismo sonido: un beep continuo que molesta, tensiona, que no deja dormir pero es esencial. Sin él, literalmente, el paciente no viviría.

Ese beep proviene de los monitores que revelan el estado de salud de cada uno de los pacientes. Están presentes en cada habitación de la unidad, junto a las camas. Suelen ser espacios pequeños, asépticos, blanquísimos, donde las visitas de familiares se restringen a unos cuantos minutos al día; en su lugar los pacientes tienen un contacto directo con enfermeros y médicos para hablar de un tema específico, el mismo cada vez: su enfermedad.

Es un ambiente estresante y desolador. Y lo es aún más cuando los pacientes son niños.

“Nos propusimos que no se estresaran tanto durante su estancia en la unidad”, explica Herly Alvarado, enfermera y profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, quien lideró, junto a la doctora Rosalba Pardo, pediatra intensivista, y Claudia Ariza, doctora en Enfermería, una investigación sobre la experiencia de los menores en la UCI.

Desde finales de 2014 las investigadoras se centraron en los pacientes de cuidados intensivos de la Clínica Infantil de Colsubsidio. Tras contar con la autorización de los padres, indagaron por la experiencia de hospitalización de 16 niños entre los 7 y los 17 años de edad. Escuchándolos aprendieron a identificar el origen de sus temores, sus miedos, qué los irrita o los diferentes factores causantes del estrés.

“Le tienen miedo a las cosas desconocidas. Nos empezamos a dar cuenta de que muchos niños necesitaban, más que el medicamento, estar acompañados o que les explicaran realmente qué procedimientos les íbamos a hacer”, revela.

La situación es impactante a todas luces. Cuando un niño llega a las instalaciones de cuidados intensivo se debe a que su estado de salud es tremendamente delicado. Por lo general se les practican procedimientos invasivos dolorosos, tales como instalación de catéteres en la vena yugular o intubación endotraqueal.

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Así es una jornada en la UCI de la Clínica Infantil de Colsubsidio.

Todo esto, visto desde la perspectiva de un niño, genera miedos profundos. De hecho, las investigadoras identificaron que estos tienden a cambiar con la edad: entre los 7 y los 9 años no quieren estar solos, a los 12 les aterra no saber qué les van a hacer; para los mayores, el pánico lo genera la posibilidad de morir.

También es persistente el miedo a la soledad. “Lo que da más duro es el rompimiento del vínculo familiar, porque el baño se lo hacen las enfermeras o en ocasiones el niño tiene que comer solo”, comenta la profesora Alvarado.

Una de las fases de la investigación consistió en darles a los pacientes una hoja de papel para que dibujaran sus temores. Los resultados impactan: niños pequeñísimos acostados en camas enormes, rodeados de jeringas, colores rojos (en alusión a la sangre) y los monitores omnipresentes. También suelen dibujar a las enfermeras, las encargadas de acompañarlos durante su estadía; en ocasiones, las pintan como ángeles.

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Por medio de esta serie de dibujos, los niños expresaron su vivencia en la UCI. Se pueden apreciar sus temores por las inyecciones, la soledad que soportaron o el lento paso del tiempo.
/ Imágenes cortesía, Herly Alvarado

Tras casi dos años de trabajo, las investigadoras compilaron una serie de sugerencias pensadas en aliviar un poco el estrés generado por la rutina de la UCI. Desde consejos sencillos como decorar mejor los espacios de atención (con cenefas o dibujos de caricaturas) o mantener una adecuada temperatura del agua al momento del baño, hasta medidas esenciales para el paciente, como no demorar las visitas de los familiares, disponer un espacio para que la familia se reencuentre y pase tiempo a solas, o tener un diálogo sencillo y franco sobre los procedimientos que les van a realizar.

Estas recomendaciones, que han sido acogidas positivamente por las directivas de Colsubsidio (varias, de hecho, ya se han implementado), son el eje principal del artículo científico que las investigadoras esperan publicar en 2017, uno de los primeros enfocados en la experiencia de hospitalización de los niños en la UCI (la literatura científica suele centrarse en el adulto para tratar estos temas).

“Hace la diferencia que tú, como profesional, seas amable, cordial y humano”, resume Alvarado al hablar sobre la experiencia que dejó esta investigación para su vida profesional y académica: “El temor no acaba cuando el niño sale de la unidad, a veces, ya en la habitación de hospital o en su casa, tienen pesadillas con lo que vivieron en cuidados intensivos. Puede generarles insomnio. Y entre menos estrés o miedo sientan durante su paso, menos repercusiones negativas tendrán a futuro”.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Experiencia vivida por el niño hospitalizado en la unidad de cuidado intensivo con relación al cuidado recibido.
INVESTIGADORA: Herly Alvarado.
COINVESTIGADORAS: Rosalba Pardo y Claudia Ariza.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2017.
Facultad de Enfermería.
Pontificia Universidad Javeriana.

Rompecabezas de microbios en bocas infantiles

Rompecabezas de microbios en bocas infantiles

Investigadores javerianos logran caracterizar los microbios en la boca de niños con y sin caries dental para, a partir de los resultados, enseñarles cómo mantener y mejorar la salud oral. La educación es la clave.

Bacteriólogos y odontólogos de la Pontificia Universidad Javeriana se sumergieron en la boca de un grupo de niños y lograron hacer un mapa descriptivo (microbioma) de los microorganismos que allí viven. El resultado: pequeños escolares que aprendieron cómo mantener alejada la posibilidad de desarrollar caries dental.

La principal novedad del proyecto la aportaron los bacteriólogos Fredy Gamboa y Adriana García, utilizando una técnica de estudio con potencia de análisis a nivel de ADN que les permitió detectar los microorganismos que no son identificados mediante técnicas de cultivo de laboratorio. De esa forma, lograron detectar el mapa completo de los microorganismos benéficos y perjudiciales que allí habitan.

Tener el panorama completo de lo que los niños tenían —y no tenían— en la boca fue esencial para desarrollar el componente que los investigadores consideran el éxito del proyecto: la educación.

El proceso

El grupo de investigación trabajó con 18 niños de 6 y 7 años matriculados en el Colegio José María Vélaz —de Fe y Alegría, obra social de la Compañía de Jesús—, en la localidad de Suba, Bogotá, a quienes les hicieron un diagnóstico inicial para detectar caries y tomar muestras de su biopelícula, más conocida como placa dental, una capa blancuzca-amarillenta que se produce cuando ha pasado mucho tiempo sin lavarse los dientes. En esas circunstancias, los microorganismos toman azucares y restos de comida que quedan sobre y entre los dientes y producen sustancias que los dañan y desarrollan caries dental, uno de los grandes problemas de salud oral en el mundo, según el profesor Gamboa, líder de la investigación titulada Descripción del microcosmos bacteriano ligado a placa dental en niños con y sin caries dental seguimiento a 3 y 6 meses después de un proceso de educación. El objetivo de la investigación fue identificar los microorganismos benéficos y los dañinos en la boca de los niños, y hacer pedagogía al respecto a través de talleres y otras estrategias de educación.

Iniciaron entonces un proceso educativo de prácticas de higiene oral y orientación nutricional, y repitieron las mediciones a los tres y seis meses para evaluar el progreso. “Es normal que tengamos estos microorganismos en la boca, pero hay que tenerlos en equilibrio para que no sean dañinos. Lo que hicimos fue enseñarles a los niños una correcta higiene oral y una buena alimentación para mantenerlos controlados”, precisó la odontóloga Ana Lucía Sarralde. Les explicaron por qué alimentos como dulces, golosinas, gaseosas, harinas, jugos y bebidas no naturales ponen en peligro la salud de sus dientes, y el beneficio que se produce al consumir frutas y verduras. A través de los niños lograron transmitir a padres y profesores buenos hábitos de salud oral.

“No se trata de que supriman esos alimentos, sino de que los reduzcan, ya que todo niño necesita consumir dulce para tener energía. La idea era que los padres entendieran que es mejor darles alimentos en su forma natural, pues son más saludables que los alimentos endulzados artificialmente”, indicó Sarralde.

Los investigadores aclararon que la biopelícula es necesaria porque protege a la cavidad oral de otras infecciones incluso más dañinas que la caries; no se trata de evitarla, pero sí removerla constantemente mediante el cepillado porque entre más tiempo se deje allí, más aprovechan los microorganismos malos para hacer de las suyas. Lo ideal es alejar a los malos y crear un equilibrio.

Un cambio notable

Sin hacer énfasis en técnicas de cepillado dental, porque cada niño lo hacía de acuerdo con sus habilidades motrices, lo importante era que interiorizaran la importancia de cepillarse después de cada comida. Los profesores empezaron a crear espacios en la jornada escolar para estimular a los pequeños a hacerlo y los niños terminaron solicitándolo después de los refrigerios. Al principio del proceso, los padres confesaron en encuestas que para ellos no era importante el lavado nocturno de dientes; al final aseguraron que sus hijos no se iban a dormir sin cepillarse.

En las loncheras empezaron a verse más frutas y jugos naturales, y luego de monitorear el proceso los investigadores registraron una disminución de casi el 35 % en el índice de higiene oral y de 40 % en los microorganismos cariogénicos que promueven la caries dental. Con procesos de educación en salud oral bien llevados es posible reducir los microorganismos que causan caries, más aún si se inicia a temprana edad porque los hábitos saludables impactan más cuando se es niño, concluyen.

No es la primera vez

El profesor Gamboa ya había liderado un proyecto similar con 53 niños entre los tres y cinco años de una escuela en Boyacá. En esa oportunidad identificaron microbios buenos y sus posibles efectos sobre los malos.

Con el panorama completo que arrojó la segunda investigación, financiada por Colciencias, la idea es tomar ahora los hallazgos de ambos procesos y crear estrategias para sacar de la boca a los microorganismos perjudiciales, sin afectar a los buenos. En ese caso, se impactará a una mayor población en Bogotá, llegar a otras regiones de Colombia y apoyar el diseño de políticas públicas. “Puede ser un aporte para el Ministerio de Salud, para que los ámbitos escolares vuelvan a ser lo que eran hace unas décadas cuando la salud oral era un referente de calidad de vida”, dijo la investigadora Sarralde.

Novedades editoriales

Novedades editoriales

Vitrolas, rocolas y radioteatros. Hábitos de escucha de la música popular en Medellín, 1930-1950

Delgado, Carolina. Vitrolas, rocolas y radioteatros. Hábitos de escucha de la música popular en Medellín, 1930-1950. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 234 páginas.

La importancia de Medellín, entre las décadas del treinta y del cincuenta, como centro industrial de la música popular y eje del negocio de la radio privada a nivel nacional, explica la tremenda vitalidad que sigue teniendo el consumo de música de esa época en la ciudad. Esto lo confirman la cantidad de grupos, constituidos formalmente o al azar, que se reúnen a discutir sobre sus intérpretes o sus canciones preferidas.

El vigor del consumo de música popular en Medellín parece explicarse por la apropiación local de repertorios musicales extranjeros, en algunas ocasiones centrada en el disco como objeto de colección, como “fetiches” que permiten una manera concreta de acumulación de capital cultural.

En este libro, escrito por Carolina Santamaría-Delgado, se estudian las tensiones sociales, políticas y técnicas; los cambios de gustos y de mentalidad, así como las construcciones de identidad que se desarrollaron alrededor de tres géneros musicales: el bambuco, el tango y el bolero.

La autora da cuenta de la construcción simultánea de diversos imaginarios modernos alrededor del consumo de música popular en la capital antioqueña: desde los discursos nacionalistas del bambuco, que quizás no alcanzaron el éxito popular deseado, pasando por el arraigo de la narración mítica del tango en la cultura urbana medellinense, hasta la consolidación de la expresión del imaginario burgués en el bolero. En ellos, se evidencia la tensión entre la homogeneidad y la diferencia, es decir, la constante contradicción entre narraciones que buscan la inclusión de los sujetos en una comunidad imaginada y, al mismo tiempo, marcan la diferencia entre unos y otros.

Errores innatos del metabolismo. Un abordaje integral del diagnóstico al tratamiento

Barrera Avellaneda, Luis Alejandro; Espejo Mojica, Eugenia; Espinosa García, Eugenia; Echeverri Peña, Olga Yaneth. Errores innatos del metabolismo. Un abordaje integral del diagnóstico al tratamiento. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 446 páginas.

Esta publicación constituye una aproximación integral del diagnóstico al tratamiento de los errores innatos del metabolismo (EIM). Breve, de fácil lectura y con rigurosidad científica, presenta una descripción general de estas enfermedades, su etiología, síntomas y formas de tratamiento, para luego adentrarse en un estudio más profundo, pasando por aquellos desórdenes que afectan el metabolismo de aminoácidos, de ácidos orgánicos, de carbohidratos, de purinas y pirimidinas, de lípidos y de vitaminas. Así mismo, se presentan los grupos de enfermedades que se originan en el peroxisoma y aquellas que afectan al lisosoma. Finalmente, dedica una sección al grupo de trastornos neurodegenerativos más importantes. A lo largo de 47 capítulos escritos y 45 capítulos virtuales de consulta en línea, describe más de 50 enfermedades, e incluye su presentación clínica, la caracterización bioquímica genética, así como una guía de diagnóstico y tratamiento de cada una.

En este libro, los editores reúnen, en un interesante sincretismo académico, un selecto grupo de médicos, investigadores y expertos, quienes, de manera cuidadosa y clara, presentan una valiosa obra. Esta sirve de guía a médicos y pediatras para precisar el diagnóstico y tratamiento de los EIM, y a la vez es una invitación a estudiantes y profesionales de otras áreas de la salud para el estudio de este tipo de desórdenes bioquímicos.

Filosofía y dolor. Hacia la autocomprensión de lo humano

Cardona, Luis Fernando (Editor). Filosofía y dolor. Hacia la autocomprensión de lo humano. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 624 páginas.

En este libro se puede leer el problema del dolor como una categoría filosófica capaz de dar cuenta de la pregunta por lo humano, pues el dolor nos configura como seres finitos y contingentes, cuyas vidas son, esencialmente, sufrimiento. La publicación, que pertenece al grupo Filosofía del Dolor de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, más allá de entregar respuestas a sus lectores sobre la pregunta por el dolor humano, problematiza el hecho de que estemos inmersos en un mundo en el cual este interrogante no nos puede ser indiferente. En última instancia, cada uno de los autores asume la experiencia del dolor como aquello que revela lo más profundo de las posibilidades de nuestra vida en este mundo.

Epilepsia en niños. Clínica, diagnóstico y tratamiento.

Pérez, Juan Carlos, editor principal. Epilepsia en niños. Clínica, diagnóstico y tratamiento. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2014. 614 páginas.

Los autores hacen un riguroso ejercicio de investigación en el libro Epilepsia en niños. Clínica, diagnóstico y tratamiento. En él discuten con amplitud y profundidad los estados actuales de los conocimientos sobre epilepsia en edades tempranas, desde las generalidades hasta las especificidades de sus múltiples patologías y sus posibles tratamientos. Además, el libro incluye una lista de referencias bibliográficas relevantes y actualizadas, que constituye un aporte científico a las investigaciones sobre la epilepsia infantil. Para pediatras, neuropediatras y neurólogos en general, será un paso necesario en la actualización de sus conocimientos e investigaciones en este campo del saber médico.


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