Javeriana da la bienvenida a nueva rectora de la Nacional

Javeriana da la bienvenida a nueva rectora de la Nacional

El próximo miércoles 2 de mayo se posesiona la investigadora Dolly Montoya Castaño como nueva rectora de la Universidad Nacional de Colombia. Es la primera mujer que llega a ese cargo en los 150 años de esta institución pública colombiana.

Cuando termine su mandato, o sea, en 2021, Montoya espera dejar “una universidad que haya rescatado nuestra cultura institucional de trabajo colectivo”, y consolidar una Red de cultura, ciencia y tecnología para la paz activa “porque hay que bajar [la paz]de los escritorios a los territorios”, dice.

Trabajará por erradicar la corrupción del ADN de muchos colombianos, para lo cual propone una red que piense y proponga una educación centrada en el estudiante más que en el maestro desde los primeros años escolares. Una red que trabaje para “desarrollar en todos los estudiantes del país actitudes ciudadanas en un medio de innovación, siempre cambiando y transformando”.

En diálogo con Pesquisa Javeriana, dijo que asume “una responsabilidad enorme no solo con la universidad sino con el país y con el mundo. Somos un proyecto cultural de Nación”.

Montoya ha estado en la Nacional durante 35 años. Creó y dirigió el Instituto de Biotecnología (IBUN), tema al que ha dedicado su quehacer profesional. Esa iniciativa implicó aprender a conseguir fondos de cooperación internacional, crear grupos interdisciplinarios e interfacultades, diseñar y armar más de 16 laboratorios, entre otras labores. También ha ocupado cargos administrativos como Vicerrectora de Investigación, donde se dedicó a armonizar las tres funciones misionales de la Universidad –investigación, docencia y extensión–, lo que ella denomina “arquitectura organizacional”, y buscó hacerlo no solamente desde el nivel central sino con el aporte y la actividad de las sedes en todo el país. Uno de los logros que destaca es la gestión para crear el Centro de Excelencia en Geociencias, en colaboración con el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y la creación de “25 centros de pensamiento donde se reúnen profesores para pensar problemas nacionales y hacer política pública”.

Como buena investigadora, cree en la investigación científica. Propone “soportar la investigación básica de manera fuerte porque de ahí sale la innovación disruptiva; los grandes descubrimientos se hacen en los laboratorios, los que cambian los paradigmas de la sociedad”, y menciona el diseño de hamacas y carpas contra rayos, una innovación reciente de la Nacional que obtuvo dos patentes por los dispositivos insertados en su tejido con el fin de desviar las corrientes eléctricas y proteger a quienes las usan.

“Si no hacemos investigación básica no podemos hacer desarrollo tecnológico ni podemos hacer innovación”. Reforzó su respuesta así:

El Congreso de la República inicia el próximo jueves 3 de mayo un debate sobre la propuesta de Iván Darío Agudelo Zapata, representante a la Cámara por el Partido Liberal, de crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

La profesora Montoya no está muy convencida de la necesidad de crearlo: “¿Qué ganaríamos? Lo primero es ponernos de acuerdo en lo que queremos hacer. Yo creo que es la voluntad de los pueblos la que define qué hacer, la voluntad de los equipos y actores para construir. Primero saber qué hacer y luego qué estructura montar”.

Esa respuesta llevó a a la pregunta: ¿Cómo convencer a los tomadores de decisión de la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación?

Y remata: “Convencer a los tomadores de decisión a través de proyectos, no de carreta ni de críticas. Tenemos tantos y diversos problemas de acuerdo con la región que, por lo menos, debemos establecer unos con fuerza nacional para poder hacer desarrollo económico también”.

Inicia pues una nueva era en la Universidad Nacional de Colombia con visión femenina. Es la segunda vez que Montoya participa en las elecciones para Rector y pasará a la historia como la primera mujer elegida para el cargo. “Serán tres años como rectora, pero lo importante es sembrar semillas y que ellas vayan germinando”.

Ciencia en época electoral

Ciencia en época electoral

Lisbeth

La comunidad científica se está moviendo. En diferentes espacios se reúnen los investigadores  para analizar, debatir, consensuar y hacer sus propuestas con miras a sacar adelante al sector porque lleva tiempo en una situación lamentable. Colciencias continúa, afortunadamente, pero me da la impresión de que el Gobierno  en ese aspecto espera que llegue pronto agosto para no tener que pensar en el siguiente director que tendrá que nombrar. Se le volvió al Presidente Santos un dolor de cabeza, a veces comprensible con todas las otras jaquecas que ha padecido en estos años de mandato.

Pero les comentaba de las reuniones de la comunidad científica. Por un lado, los exdirectores de Colciencias, liderados por el primero en la entidad, el capitán  Alberto Ospina Taborda, y con el concurso de otros investigadores, pusieron en circulación el documento titulado Diez propuestas cruciales para una Colombia mejor, con fecha de 15 de abril pasado.

Por otro lado, la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales lideró un encuentro en Paipa, Boyacá, a finales de enero de este año, en el que participaron algunos de sus miembros, así como de las academias de Economía y de Medicina, invitados de universidades y representantes de asociaciones como Ascun y ACAC, entre otros, 31 en total, que debatieron sobre el estado de la ciencia, la tecnología, la educación y el medio ambiente; en un documento que está empezando a circular, titulado Manifiesto de la ciencia, Desafíos para el 2030, ofrecen 45 propuestas concretas, 13 en ciencia y tecnología, 17 en educación y 15 en medio ambiente.

Se tomaron su tiempo los primeros en varias reuniones y los segundos en armar el documento producto de las discusiones en Paipa, y en líneas generales les presento lo que a mi juicio son las coincidencias y las diferencias, que, más que eso, son temas complementarios:

¿En qué coinciden?

  1.  Ambos buscan llegar con sus propuestas a manos de los candidatos a Presidente de la República, o al menos a sus asesores, pero también advierten que se trata de documentos que bien pueden servirles al sector privado, a la sociedad civil y el de la Academia sostiene que al sector educativo, puesto que, además de ciencia y tecnología, trata temas de educación y de medio ambiente.
  2. Ambos coinciden en recordar las recomendaciones de la Misión de Sabios de 1994, que nunca llegaron a ser una realidad pero cuyos postulados continúan vigentes.
  3. Ambos urgen aumentar el presupuesto para ciencia y tecnología y dan diferentes alternativas. ¿Para qué? Será una respuesta interesante para quienes no son cercanos al sector. Los exdirectores de Colciencias responden: “Fortalecer el sector de ciencia, tecnología e innovación del país para enfrentar el subdesarrollo, la desigualdad y la pobreza”. El Manifiesto responde: “Invertir en ciencia, tecnología e innovación nos ayudará a construir un país con más oportunidades, equidad, justicia y desarrollo económico”. ¿Hay que explicar más?
  4. Ambos destacan su preocupación por la asignación de los dineros de las regalías para la ciencia y la tecnología. El Manifiesto de la ciencia apoya el proyecto de ley que cursa en el Congreso actualmente y pretende enderezar el proceso para adjudicar los dineros a proyectos de investigación científica, modificando el parágrafo 5 del artículo 361 de la Constitución Política.
  5. Creo entender en ambos que la propuesta es fortalecer los centros de investigación y desarrollo tecnológico, centros de innovación y de pensamiento, incubadoras de empresas, en lugar de crear nuevos centros –como lo están ofreciendo algunos candidatos–. Apoyar lo presente para lograr su solidez es muy acertado porque su existencia no ha sido fácil y muchos de ellos están en las últimas.
  6. Ambos urgen la institucionalidad de la ciencia, la tecnología y la innovación para el desarrollo del país y proponen nombrar un Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que sea el que le hable al oído al propio Presidente y al Gobierno Nacional en general.

¿En qué se complementan?

El de los exdirectores de Colciencias propone la construcción de una cultura científica y “asegurar que los líderes responsables por la conducción de los destinos del país comprendan la importancia de la ciencia para el desarrollo y se comprometan a proveer los medios para generar cultura científica en toda la población”. También se refiere a la importancia de promover la investigación en ciencias sociales y humanas “para garantizar la dimensión ética, estética y ambiental”.

Este documento propone invertir en formación y preparación del talento humano, en investigaciones en salud y en las nuevas tecnologías como la ingeniería biomédica, la biónica y la práctica de telemedicina, en los problemas y retos del agua, la biodiversidad y las consecuencias del cambio climático, en estudios sociales que pueden dar al país ventajas comparativas como la producción de alimentos, la bioprospección, la generación de energías limpias, entre otras, en las tecnologías como la genómica, la biotecnología, la nanotecnología, la tecnología digital, las TIC y las tecnologías del espacio.

Por su parte, el Manifiesto de la ciencia urge la autonomía del sector de ciencia y tecnología, se detiene en la educación como “camino para consolidar la paz y el desarrollo”, y profundiza en el tema del medio ambiente con propuestas para garantizar la calidad ambiental para los ciudadanos y cumplir con los compromisos adquiridos por el país en el contexto internacional, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por las Naciones Unidas.

Se trata de dos derroteros que bien vale la pena analizar y, si es que los candidatos a la Presidencia tienen interés en el tema, ayudarán a tener una visión más clara del camino que pueden tomar para lograr un país mejor. Pero por favor, que no nos prometan más que invertirán el uno por ciento del PIB en investigación y desarrollo. Actúen.

La importancia de los experimentos ecológicos a largo plazo para Colombia

La importancia de los experimentos ecológicos a largo plazo para Colombia

Col Basto C
En 2010, trece reconocidos investigadores a nivel mundial (Jonathan Silvertown y colaboradores) hicieron un llamado a la comunidad científica, a los tomadores de decisiones y a las entidades que financian proyectos de investigación, a evitar la “miopía ambiental” que se genera por la falta de financiación para experimentos ecológicos a largo plazo, ya que son, en palabras textuales, “una herramienta científica para el beneficio de las generaciones futuras”.

Los experimentos a largo plazo son escasos, no obstante, algunos de ellos se han venido desarrollando por más de 120 años. Los estudios ecológicos de amplia duración son importantes porque las alteraciones que se presentan en los ecosistemas, frente a fenómenos como el cambio climático, no siempre se pueden evidenciar en el corto periodo que dura la financiación de la mayoría de proyectos de investigación, sino que se registran después de más de una década de experimentación. Esto se debe a que las respuestas de los ecosistemas son complejas, porque son el resultado de la interacción de numerosos factores que no pueden valorarse completamente en el corto plazo.

Además, los disturbios producen efectos de forma lenta sobre algunos componentes del ecosistema y no son detectados en el corto plazo; por consiguiente, estudios llevados a cabo por espacios cortos de tiempo pueden mostrar tendencias opuestas a aquellos de mayor alcance. En consecuencia, se pueden obtener conclusiones erróneas y realizar predicciones imprecisas que, si se emplean como guía para la toma de decisiones en conservación, pondrían en riesgo la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas.

Por otro lado, a través de los experimentos a largo plazo se pueden realizar hallazgos inesperados que abran las puertas a futuras investigaciones para comprender mejor los impactos que causan los agentes del cambio ambiental en los ecosistemas. En mi experiencia, por ejemplo, al estudiar los efectos de la contaminación por nitrógeno y la sequía en el banco de semillas –semillas viables que se acumulan sobre el suelo después de ser dispersadas de la planta madre– durante 13 y 14 años, respectivamente, se evidenció que estas amenazas para la biodiversidad tienen efectos negativos mayores e insospechados a lo que previamente se conocía y que, contrario a la predicción de los estudios realizados durante menos de 6 años, el ecosistema de pastizales tiene baja capacidad de recuperación frente a los cambios ambientales. ¿Qué sucedería si los criterios para la toma de decisiones, en torno a la contaminación ambiental y el cambio climático, se basaran únicamente en los resultados de los estudios a corto plazo? La respuesta la dejo a consideración del lector.

En mi caso, tuve la excelente oportunidad de participar en esos estudios en Inglaterra, que hoy en día completan más de dos décadas de experimentación. La robustez de las conclusiones obtenidas me permitió darle una mayor visibilidad a la investigación a través de la publicación de artículos científicos en revistas de prestigio, aunque lo más importante es que el conocimiento generado se está incorporando en las discusiones académicas sobre los efectos de los agentes del cambio ambiental en los ecosistemas. Esto no hubiera sido posible sin el apoyo financiero y la cooperación internacional que hay detrás del establecimiento, mantenimiento y monitoreo de mi investigación. Resalto la enseñanza que me dejó el trabajar con científicos de diferentes partes del mundo, abiertos a compartir su conocimiento, datos y experiencias para alcanzar un objetivo común.

¿Cuál es la situación de Colombia? Desde finales de los años 80, institutos de investigación, entidades públicas, ONG y universidades han unido fuerzas para realizar estudios ecológicos a largo plazo; no obstante, algunos de ellos no tuvieron la financiación para darles continuidad. Por lo tanto, es necesario que, pese a la escasez de recursos económicos para financiar proyectos de investigación y a la visión inmediatista y, por lo tanto, limitada que se tiene sobre las prioridades de producir nuevo conocimiento, se comprenda y se visualicen los beneficios de realizar estudios a largo plazo, de manera que se tomen decisiones acertadas sobre la asignación de recursos para financiarlos. Colombia necesita ampliar la inversión económica en este tipo de estudios para que contribuyamos a las decisiones que, a nivel mundial, se toman sobre el futuro del planeta.

Para ello, primero tenemos que despojarnos de la creencia de que somos dueños de los temas de investigación, para que se genere y fortalezca la confianza entre investigadores e instituciones y así se garantice la permanencia en el tiempo de estudios ecológicos. Segundo, podemos acudir a la colaboración internacional para acceder a infraestructura, herramientas y métodos que otros países tienen, y así disminuir los costos de los proyectos a la vez que, al evidenciar la complementariedad del conocimiento, habilidades y experiencia entre los miembros de la alianza, contemos fácilmente con fuentes de financiación externa. Finalmente, que se discuta en las agendas del gobierno sobre el fortalecimiento y proyección de programas de investigación a largo plazo. Temas como el cambio climático y la contaminación ambiental son ejes trasversales que permiten la integración de investigadores de diferentes disciplinas y la articulación con los intereses de investigación de otros países.


*Bióloga, doctora en Ciencia Animal y Vegetal de la Universidad de Sheffield, docente investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana.

Un llamado a los electores

Un llamado a los electores

El 16 de septiembre de 1993, Rodolfo Llinás inició su intervención en la instalación de la Misión de Sabios con estas esperanzadoras palabras: “Este es un momento mágico para Colombia. Por primera vez, que yo sepa, un gobierno acepta la posibilidad de hacer un gran vuelco en el triángulo interactivo de la educación, la ciencia y el desarrollo tecnológico de este país. Esto se debe subrayar como una revolución positiva y sin precedentes”. Veinticinco años después, atientas de un nuevo proceso electoral del cuerpo legislativo y presidencial, las promesas anunciadas se ahogan en una perspectiva oscura para esta triada de la que habló el reconocido neurofisiólogo colombiano, formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Esa revolución nunca se concretó, ni siquiera con la Ley 1286 de 2009.

Las apuestas de esta política pública, sin ser la salvación de la investigación y la innovación colombianas, apuntaban a fortalecer la producción de nuevo conocimiento en el país, para impulsar el desarrollo social, económico y productivo y “propiciar una nueva industria nacional”, como lo indicaba la citada ley. Entre sus estrategias se proyectó formular un Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) e incorporar estos tres elementos como ejes transversales en la política económica y social del país, además de fortalecer las capacidades de la comunidad científica, para que sean relevantes en esferas regionales e internacionales; así como ajustar instrumentos, mecanismos financieros y de liderazgo para solventar el Sistema de CTI, entre otros.

Y las expectativas no tienden a mejorar cuando se confirmó una reducción del presupuesto en ciencia, tecnología e innovación para 2018, mucho menos cuando se esperaba una reglamentación por parte del Consejo Nacional de Política Económica y Social, que “arreglaría la casa”, pero finalmente se quedó en borrador. Nuestro país invierte hoy alrededor del 0,4 % de su producto interno bruto (PIB) en actividades de ciencia y tecnología, lo que no implica recursos netos directos para la producción de nuevo conocimiento. Por el contrario, las cifras del Banco Mundial indican que los países destinan en promedio más del 2 % de su PIB a ciencia e innovación.

Más allá de las cifras que evidencian nuestra desventaja global, lo cierto es que este es un año de reflexiones y de apuestas para alcanzar un crecimiento sostenido y sustentable. Y qué mejor que ir de la mano de la ciencia para este propósito. Sería, sin duda, un círculo virtuoso. Así es que tenemos el reto de exigir un nuevo enfoque a los dirigentes que habremos elegido en las urnas para los próximos cuatro años.

Los desafíos que enfrentamos como país en reconstrucción nos exigen altas cuotas de creatividad, claridad y respaldo académico. La ciencia, la tecnología y la innovación son el camino garantizado para cumplir dichas transformaciones. Hay que fortalecer la política pública en CTI para que cuente con herramientas jurídicas y presupuestales que permitan a los dirigentes defender a capa y espada el desarrollo basado en el conocimiento. Como sociedad podemos contribuir, desde nuestros diferentes roles, a que la ciencia haga parte de nuestra agenda pública, nuestra cotidianidad y nuestras soluciones.


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

La ciencia nos debería importar a todos en Colombia

La ciencia nos debería importar a todos en Colombia

Carlos A. Ordóñez-Parra*

Andrés Ordóñez P

La ciencia colombiana está amenazada como nunca. A finales de 2017 el Gobierno presentó un borrador del presupuesto nacional de 2018, que incluía un recorte de 42% del rubro asignado a Colciencias, el cual, luego de un cubrimiento mediático y un pronunciamiento por parte de la comunidad académica colombiana, “afortunadamente” no fue sino del 11%. A inicios de este año se destituyó a su Director, convirtiéndolo en el octavo en su cargo en los últimos ocho años. Incluso ahora en pleno periodo de propaganda electoral han comenzado a difundirse rumores de la desaparición de esta institución. Pero mientras el país –que invierte 1,54 dólares por habitante al año en ciencia– pone su casa en orden, debo decirles que nosotros, que nos hacemos llamar científicos o que estamos aprendiendo a serlo, tenemos gran parte de la culpa en esta crisis.

Para mí nunca fue un secreto que eran pocas las personas que deseaban ser científicos. Al tomar mi anuario y contar cuántos de mis compañeros escogieron una carrera en ciencias, difícilmente tendría que usar los dedos de una mano. La mayoría de ellos optaron por carreras en Administración, Derecho o Medicina (y no precisamente por la investigación que se desarrolla en esta última). Incluso, aquellos que se decidieron por alguna Ingeniería lo hicieron en aquellas relacionadas con finanzas o la industria. Ahora, que estoy próximo a terminar mis estudios, no sólo sé que mis compañeros de carrera pasaron por situaciones similares sino que esto es un reflejo de la realidad de nuestro país. Sólo basta con revisar el listado de las carreras más estudiadas por los beneficiados por el programa Ser Pilo Paga para darse cuenta de lo que les digo.

Esto no ocurre solamente entre los más jóvenes. Incluso mi mamá –que está enterada de lo que hago en mi carrera y los sueños que tengo de ser investigador– dice que se siente “excluida de ese mundo” y que, al ver las noticias de la crisis científica en Colombia, cree que no es algo que la afecta directamente sino que le concierne a unos pocos. Estoy seguro de que mi mamá no es la única que piensa así y, si no me cree, tómese la molestia de preguntarle a la persona a su lado.  Sé, casi que con toda seguridad, que le dará una respuesta similar.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué los colombianos sienten que la ciencia es algo que unos pocos hacen y que no pueden acceder a ella? Hay múltiples razones, pero hoy quiero que los científicos pensemos –y que aquellos que comparten el pensamiento de mi mamá les exijan a ellos que se lo pregunten–  en lo siguiente: ¿Qué hemos hecho para enamorar a Colombia de la ciencia? Yo diría que muy poco.

Puedo decir sin miedo que quienes hacemos ciencia sentimos que nuestro corazón late fuertemente cuando hacemos nuestros estudios, que nuestra mente vuela al discutir sobre los descubrimientos que hacemos y que nuestro espíritu investigador está ávido de emprender nuevos proyectos aún cuando los viejos no han acabado. Lastimosamente, todas las experiencias se traducen en un manuscrito donde las emociones son reemplazadas por jerga científica que solo captan los entrenados para leerla. Esto descarta a un público indiscutiblemente más grande que el científico. Ahora, no estoy diciendo que debamos dejar de escribir artículos científicos –aún siendo el principal criterio para calificar a los científicos en Colombia– pero no podemos permitirnos que eso sea lo único que hagamos, ya que es lo que tiene a los colombianos desligados y desencantados de la ciencia: no entenderla.

Grandes personalidades como Stephen Jay Gould, Carl Sagan y Richard Dawkins han hecho grandes esfuerzos por llevar el conocimiento científico a todos los públicos sin permitir que, al hacerlo, se vuelva menos riguroso o valioso. Incluso Kristin Sainani, doctora en epidemiología de la Universidad de Stanford, dicta un curso en línea llamado Writing in the Sciences, el cual inicia diciendo que para escribir lo que más se necesita es tener una historia y que los científicos tenemos muchas por contar. Siendo así, solo nos falta empezar a contarlas. Sé que esto ha sido discutido antes, incluso por personas con mayor trayectoria académica. Pero, ¿no creen que una Colombia más cercana a su ciencia saldría a las calles a protestar junto a los científicos del mismo modo en el que marchan por la salud o la educación?

Solo resta una cosa más por decir: científicos colombianos, ¡enamoremos a Colombia de la ciencia! Unámonos para hacer lo que hicieron todos estos científicos que les presento y logremos que personas como mi mamá sientan también lo que nosotros sentimos al investigar. Se acercan tiempos difíciles para la ciencia de nuestro país, pero ahora es justo el momento de hacer que el público no-científico –nuestras familias, amigos, vecinos, conocidos y todos los colombianos– se sientan incluidos en la ciencia y les duela también lo que le pasa en Colombia.


* Estudiante de Ecología y Biología de la Pontificia Universidad Javeriana. Coordinador del Semillero de Investigación en Ecofisiología de Semillas y Plántulas, del Departamento de Biología (Facultad de Ciencias).

Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

Ciencia en Colombia, ¿una utopía?

Lisbeth

La gota que rebosó la copa de la situación actual de Colciencias y del Sistema Nacional de Ciencia, tecnología e Innovación fue la expedición de la Ley 1286 de 2009. Por muchas razones, entre ellas porque puso a la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) al servicio de un modelo productivo “para darle valor agregado a los productos y servicios de nuestra economía y propiciar el desarrollo productivo y una nueva industria nacional”, dejando el apoyo a la generación del conocimiento, que no necesariamente tiene utilidad inmediata, en el último rincón de las prioridades. Así se demostró en 2015 cuando los científicos sociales se sintieron marginados por el desinterés en las convocatorias de Colciencias frente a este tipo de investigación, pero también porque el concepto de innovación se asumió exclusivamente desde la perspectiva “productivista”, sin tener en cuenta que el proceso para lograr innovaciones de impacto exige tiempo para pensar, investigar, crear, ensayar, aprender sobre la teoría y la práctica y sobre el conocimiento histórico, enfrentar el error y construir sobre él, así como generar alianzas entre diferentes disciplinas y, sobre todo… contar con tiempo. Las innovaciones no surgen frotando lámparas.

Pasaron por la dirección de Colciencias Jaime Restrepo –fue uno de los autores de la Ley junto a la hoy candidata presidencial Marta Lucía Ramírez–, Jorge Cano, Carlos Fonseca, Paula Marcela Arias, Alicia Ríos (QEPD), Yaneth Giha, Alejandro Olaya, César Ocampo y ahora, nuevamente, el economista Olaya, cada uno con enfoques diferentes, con muy poco tiempo para diseñar su ‘política científica’ –ni siquiera alcanzan a activarla cuando salen de su cargo– y lograr resultados.

Se necesitaba tiempo también para sentarse a armar esta nueva institución y proyectarla hacia 2050, con visión de largo plazo, como lo exige la investigación en CTI. La ley tiene párrafos interesantes que podrían haber guiado una política coherente, por ejemplo, preguntándose: ¿cómo lograr que el país, como dice la ley, incorpore “la ciencia, la tecnología y la innovación como ejes transversales de la política económica y social del país”? ¿Cómo insertar la CTI y comprometer a todas las instancias que nos gobiernan, a aquellas del sector industrial, a las familias, al sector educativo, a las comunidades minoritarias, etc., etc., para que las incluyan en su ‘canasta familiar’, como proponía el propio Gabriel García Márquez en 1994 cuando integró la Misión de Sabios? ¿Qué se puede rescatar de las recomendaciones de dicha Misión?

No hubo tiempo. Las responsabilidades asumidas bajo el nuevo estatus de la entidad se multiplicaron –la ley ascendió a Colciencias de Instituto a Departamento Administrativo– y la inversión del gobierno fue disminuyendo sistemáticamente en los últimos cinco años, lo que demuestra falta de coherencia. ¿Cómo pensar en entrar a la OCDE en esa situación? Se necesitan hechos, no palabras. Pero la promesa ha sido que lograremos llegar a una inversión del 1% del PIB para CTI… y tampoco. Ni siquiera hemos llegado a la tercera parte.

Con la expedición de la ley, el gobierno prometió ampliar la nómina de Colciencias: con más responsabilidades se necesitaba más gente para cumplir. Pero el número de funcionarios de planta hoy no supera los 130 –cifra muy similar a la de 2008–, y los contratistas –que llegan a ser 300, de acuerdo con el actual director Olaya– no tienen estabilidad por las características de sus contratos, y así no es posible pensar en la Colombia ‘científica’ del largo plazo.

La ley 1286 constituyó un Consejo Asesor que no se reúne con regularidad, o cuando se cita es cancelado porque no asiste alguno de los cuatro ministros o el director del DNP que no pueden delegar su asistencia, y cuando logran reunirse, y en el mejor de los casos asesorar, lo máximo que alcanzan las propuestas de sus miembros es quedar en el acta.

Se asoman algunas iniciativas que pueden ser exitosas, como Colombia Bio –aún no es tiempo de cantar victoria– o los resultados que pueda estar generando el Programa Ondas, pero no ve uno coherencia en el nivel del diseño de una política integral, que lleve a la CTI a posicionarse, actuar en el concierto nacional y traspasar fronteras. ¿Cuántas veces el Consejo de Ministros ha citado al director(a) de Colciencias? Es que ni siquiera el propio presidente Santos los recibe en su despacho, a excepción, muy probablemente, de la actual ministra Giha, con quien tiene una mayor cercanía, y con quien firmó el enorme cheque en el que se comprometieron a invertir el 1% del PIB en Actividades de CTI –no en Investigación y Desarrollo, que es diferente–, “con al menos 50% de inversión privada” para agosto de 2018. Les quedan menos de siete meses para alcanzar esa meta y no se vislumbra que lo logren.

Por último, aunque podría ir párrafo por párrafo demostrando lo absurdo de la práctica de la Ley 1286, se establece que “el Conpes determinará anualmente, las entidades, la destinación, mecanismos de transferencia y ejecución y el monto de los recursos en programas estratégicos de ciencia, tecnología e innovación, para la siguiente vigencia fiscal, mediante la expedición de un documento de política, en el cual además, se especificarán las metas e indicadores de resultado sobre los cuales se hará medición del cumplimiento”. ¿Dónde están esos Conpes? El único que se elaboró en decenas de versiones se archivó como ‘borrador’.

Desidia total por parte de los tomadores de decisión en las altas esferas. Politización e incoherencia en el gobierno, por un lado quitándole recursos de regalías a la ciencia para destinarlas a carreteras mientras aprueba un préstamo del Banco Mundial para hacer lo que hubiera podido ejecutar con recursos de regalías.

Buena parte de la Ley 1286 se ha quedado en letra muerta. Por eso difícilmente lograremos metas como entrar a la OCDE, o volver a Colombia la más educada, o consolidar a la comunidad científica, o ser visibles a nivel nacional e internacional, o lograr una cultura científica nacional. No sé cómo ha resistido Colciencias este abandono. Las circunstancias en que despierta en este 2018 de elecciones no permiten ser positivos. Lástima.

Las encrucijadas de la ciencia colombiana

Las encrucijadas de la ciencia colombiana

Para esto, no solo se requieren excelentes equipos de investigadores e innovadores y buenas prácticas de gestión de la investigación, sino un conjunto articulado de instituciones, reglas de juego e instrumentos de financiación, así como una definición clara de las apuestas del país en ciencia, tecnología e innovación.

Más que sumarme a la gran cantidad de voces de lamento sobre las encrucijadas de la ciencia colombiana, quiero proponer puntos concretos de reflexión y acción sobre estas problemáticas. Estamos ante un nuevo proceso electoral que será determinante para Colombia en varios frentes, el cual plantea a su vez grandes desafíos para la comunidad científica en términos de su participación en la definición y rediseño de instrumentos como el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, y en la construcción de políticas de fomento a la investigación y la educación, articuladas entre Colciencias, los ministerios y otras entidades del Gobierno nacional.

En cuanto a las apuestas nacionales en ciencia, tecnología e innovación (CTeI), así como las relativas a la educación en general, será determinante examinar con el espíritu crítico y reflexivo propio de las comunidades académicas cada una de las propuestas de los candidatos. Es preciso tener claro que en estos campos se juegan en buena medida los cambios que requiere el país en lo referente a inclusión, paz y prosperidad. Igualmente, sería muy valioso que los candidatos contaran con los aportes de la comunidad científica para el diseño de una política pública que apunte a fortalecer tanto la educación como la ciencia y la innovación. Este reconocimiento recíproco de políticos y científicos será uno de los factores diferenciadores de una política de CTel que aspire a articular a los actores claves y a perdurar en el largo plazo.

En lo relativo al rediseño de instrumentos, como el Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías, quiero llamar la atención sobre dos puntos: el primero, ya mencionado, tiene que ver con la forma como las instituciones nacionales valoran y propician la participación de la comunidad científica en dicho rediseño. El segundo, y más apremiante, está relacionado con la articulación de las entidades que forman parte del ciclo de formulación, priorización y aprobación, ejecución y seguimiento, y cierre de los proyectos en el marco de dicho fondo. Las universidades y grupos de investigación estamos expuestos a todo tipo de desafíos y adversidades para acceder a la información sobre tiempos, procedimientos y oportunidades para participar en la construcción de las agendas departamentales y regionales sobre CTeI.

Vemos con gran inquietud la manera como el país desaprovecha la capacidad institucional de Colciencias, entidad que cuenta con la experiencia requerida para hacer un seguimiento de la ejecución de este tipo de proyectos, cuyas particularidades, a diferencia de los proyectos de infraestructura, hacen que sea necesario un conocimiento especializado sobre las dinámicas propias del sector de la ciencia y la innovación.

Por último, preocupa el continuo recorte presupuestal a Colciencias. Según las últimas noticias, se disminuirán notablemente los recursos para el último año de gobierno. Si bien la financiación a través del Sistema General de Regalías se concibe como una opción, quedan vacíos, por ejemplo, en los casos de investigaciones que por su naturaleza no apuntan a dar respuestas inmediatas de conocimiento aplicado, como ocurre en la ciencia básica en sus primeras fases.

Así pues, los elementos señalados en esta columna –como la necesidad de articulación institucional con los diferentes actores y la coherencia de las políticas de ciencia, tecnología e innovación con aquellas que apuntan a fortalecer la educación superior y a impulsar desarrollos en las TIC y las tecnologías agropecuarias, entre otras políticas sectoriales– se hacen indispensables en procura de propósitos y mecanismos de fomento de largo plazo para lograr transformaciones profundas en el país. Esta, en últimas, debería ser la apuesta de la ciencia y la innovación.


Luis Miguel Renjifo Martínez
Vicerrector de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La Javeriana celebra su fiesta de la investigación

La investigación científica vuelve a tomarse las aulas javerianas. Como es ya tradición, y después de dos años, el centro académico celebrará, entre el 11 y el 15 de septiembre de 2017, el XIV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. Esta cita no solo mostrará el conocimiento generado por sus profesores y estudiantes, también se convertirá en un espacio de discusión en torno a la paz, la reconciliación y el papel que la ciencia puede jugar en la Colombia del postconflicto.

Este evento contará, además, con la participación de tres conferencistas de amplio reconocimiento académico:

  • El padre Francisco de Roux, jesuita que ha participado en diversos procesos de paz y construcción de sociedad civil en Colombia. El 13 de septiembre hablará sobre el papel de la investigación en escenarios de paz y en la reconciliación.
  • Marta Zambrano, doctora en antropología y académica de la Universidad Nacional de Colombia. Su conferencia, el 14 de septiembre, girará en torno a las decisiones que debe tomar el país en materia de ciencia y tecnología de cara al futuro.
  • Roberto Kolter, profesor de microbiología de la Universidad de Harvard, quien nos hablará el 15 de septiembre sobre la difusión de contenidos científicos para diversos públicos.

Las conferencias se realizarán en el auditorio Alfonso Quintana S.J., del Edificio Jorge Hoyos S.J. (edificio 20 del campus universitario) a partir de las 8:00 a.m. de cada día.

Por otro lado, durante el Congreso se realizarán seis simposios sobre temas tan variados como las problemáticas sociales, el medio ambiente, la construcción de paz o la interdisciplinariedad y las redes de colaboración, en los cuales se presentarán más de 100 resultados de procesos investigativos; asimismo, se presentarán al público nueve tecnologías desarrolladas enteramente en la Universidad Javeriana.

Uno de los puntos centrales será la entrega del Premio Bienal de Investigación, el cual tendrá dos categorías: a los mejores trabajos de investigación desde el congreso anterior (del año 2015), y Vida y Obra en Investigación, destinado al profesor javeriano con el recorrido y los aportes más destacados en su campo.

Dentro de las actividades a resaltar, como los toures guiados por laboratorios o charlas de investigación, sobresalen las jornadas de cerveza, tapas y posters, las cuales buscan generar una charla amena entre investigadores, profesores y estudiantes en torno a diferentes proyectos científicos, donde puedan realizarse aportes, compartirse experiencias, sugerirse métodos de investigación, etc. Se realizarán los días 13 y 14 de septiembre, después de las 5:00 p.m., en la Sala de exposiciones del edificio Gerardo Arango S.J. (edificio de la Facultad de Artes).

Aquí puede encontrar la programación para guiarse sobre las actividades del Congreso, al igual que puede inscribirse como asistente en este enlace.

El plantón por la ciencia se vivió en todo el país

El plantón por la ciencia se vivió en todo el país

Más de 22.000 firmas alcanzaron a recolectar los científicos organizadores del plantón que se vivió hoy en las principales ciudades del país, entre las que se encuentran no solamente las de los científicos colombianos sino de la comunidad internacional y ciudadanos solidarios.

Firmaron en rechazo al recorte presupuestal propuesto por el Gobierno nacional para 2018 –más del 40%–, pero también por la falta de políticas de Estado en el tema de ciencia, tecnología e innovación, porque no hay continuidad en el apoyo a programas y proyectos de investigación, porque no se piensa en el mediano y largo plazos, entre otras razones.

“Si hay inversión sostenida y compromisos constantes, finalmente la ciencia da sus frutos”, dijo Patricia del Portillo, directora ejecutiva del centro de investigación Corpogen, a Pesquisa Javeriana. “Lo que no puede pasar es que en este país, en un año, le dan a uno un poco de recursos y al siguiente, se los quitan”.

En el plantón que tuvo lugar en Bogotá el jueves 24 de agosto en la Plaza de Bolívar, asistieron alrededor de 200 personas, entre ellas varios científicos y académicos de centros de investigación y universidades.

De la Pontificia Universidad Javeriana, María del Pilar Márquez, bióloga, docente e investigadora, expresó que el plantón es “un reconocimiento a que la ciencia es el motor del desarrollo sostenible”, y lamentó no solamente el recorte al presupuesto sino la falta de una política “seria y clara” para ciencia y tecnología. “Año tras año, gobierno tras gobierno, las políticas cambian y si esto no está claro en el país, no tendremos un norte en ciencia y tecnología”.

Por su parte, su colega Sandra Baena aseguró que este recorte no perjudica solo al sector científico sino a la “docencia de calidad y a la educación, y eso es negarle oportunidades al país, al desarrollo, a todas estos jóvenes que están esperando proyectarse como profesionales en el campo de la ciencia”.

Entre las consignas de los estudiantes, futuros científicos del país, se escuchaba: “¡Para qué, para qué más doctorados; para qué, para qué si no hay trabajo!”.

Baena propuso revisar la asignación presupuestal para la ciencia en 2018, pero ante todo llamó la atención sobre los esfuerzos que el país ha realizado como el apoyo a los centros de excelencia, al fortalecimiento de los grupos de investigación, la formación de estudiantes de doctorados, objetivos en los que se ha invertido en años anteriores pero el impulso se ha ido desvaneciendo.

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En la entrega de las cajas con las 22 mil firmas frente al Congreso de la República, Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Accefyn), dejó un contundente mensaje: “Que la ciencia se convierta realmente en una prioridad para los gobiernos colombianos”.

Y en la carta abierta al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, firmada por decenas de científicos, se lee: “Colombia enfrenta grandes retos ambientales, como los relacionados con el cambio climático y la deforestación, además del proceso de desindustrialización y la necesaria modernización del atrasado sector rural. Todo esto exige que el país genere su propio conocimiento en universidades y centros de investigación, lo cual solo puede lograrse con el apoyo a una educación que reivindique el valor de la ciencia, el fortalecimiento de la formación de investigadores y el decidido financiamiento a proyectos de investigación y desarrollo tecnológico de valor estratégico”.

El plantón tuvo lugar simultáneamente en Cali, Medellín, Bucaramanga, Tunja, Manizales y Armenia, entre otras ciudades. La comunidad científica presente en el Valle del Cauca propuso crear un comité en cada ciudad para organizar la agenda a seguir, para así articular el movimiento y no permitir que se termine con esta movilización.

De plantón se va la ciencia

De plantón se va la ciencia

“Cultura, educación y ciencia están al final de la lista desde hace muchos años”, aseguró Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, durante una rueda de prensa en respuesta al recorte anunciado por el Gobierno de 40% al presupuesto del sector de ciencia, tecnología e innovación para 2018. Por esa razón, la comunidad científica y académica está convocando a un plantón que se llevará a cabo mañana jueves, 24 de agosto de 2017, en diferentes ciudades del país.

Citó cifras contundentes: mientras un país vecino como Brasil invierte al año 473 dólares por habitante en ciencia, Colombia no alcanza a invertir siquiera dos dólares. “Es una vergüenza”, dijo, y agregó que mientras Brasil tiene 800 investigadores por millón de habitantes, en Colombia solo hay 180.

Por su parte, Eduardo Posada, presidente de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, aseguró que “para llevar a cabo un proceso de paz exitoso y para salir de la crisis económica, hay que invertir en investigación y desarrollo”.

El plantón de los científicos tendrá lugar en Bogotá, Medellín, Cali, Armenia, Manizales, Bucaramanga y Tunja. Pesquisa Javeriana se enteró de que otras ciudades se están uniendo a dicha movilización.

Finalmente, Forero dijo que, como “con este Gobierno no tenemos futuro por la falta de comprensión absoluta de la importancia de la ciencia y la tecnología”, la Academia está invitando a los precandidatos presidenciales a su sede –ya lo ha hecho con tres de ellos– para que incluyan este tema en sus planes de desarrollo y lideren una política de ciencia, tecnología e innovación de largo plazo.

Aquí puede encontrar las ciudades y las horas de convocatoria de este plantón por la ciencia:Plantón