La infancia en la pintura histórica

La infancia en la pintura histórica

¿Qué es la infancia? Esta fue la pregunta que se planteó el doctor Gabriel Lago Barney cuando asumió un proyecto convocado por la Presidencia de la República a inicios de los años 90. En aquel tiempo Colombia vivía momentos difíciles, con el protagonismo violento de Pablo Escobar, el desarrollo de la epidemia del VIH, la catástrofe de Armero, la toma del Palacio de Justicia y, posteriormente, los asesinatos de candidatos presidenciales, algunos llevados a cabo por menores de edad. Ante este contexto y con la iniciativa de una nueva Constitución Política, Lago, junto a un grupo de profesionales, llevó a cabo aquel proyecto con el fin de abordar el tema del maltrato infantil desde una perspectiva científica.

Gabriel Lago estudió medicina, se especializó en pediatría, hizo maestría en Administración en Salud y Seguridad Social en la Pontificia Universidad Javeriana, y posteriormente su doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Si bien en su formación académica no encontramos estudios relacionados con el arte, ha hecho un recorrido exhaustivo por esta área, especialmente a partir de la pintura, con el fin de entender cómo se ha representado la infancia a lo largo de la historia.

Sobre el proceso de rastreo de la infancia, en el proyecto de la Presidencia de la República, Lago recuerda: “Cuando pidieron las estadísticas a distintas áreas para construir los denominadores y los índices de maltrato infantil en el país, el área de salud reportaba datos referenciando a los menores de 15 años; el área de justicia, a los menores de 18; el área trabajo, a los menores de 12; y el área de bienestar, a los menores de 7. En conclusión, no había un parámetro general que definiera el concepto de niño”. Un dato esencial, pues los expertos, considerando que su trabajo debería centrarse en la alta mortalidad infantil y los procesos judiciales que se acumulaban por cuenta de la violencia al interior de las familias, dieron con el concepto de ‘menor de edad’.

“En aquel momento se estaba desarrollando la nueva Constitución, la cual contempla los artículos 42 y 44 que hablan de la familia, los hijos y los derechos fundamentales de los niños, lo cual dio bases para que se generara el actual Código de Infancia”, agrega Lago, quien, al notar que existía cierta ambigüedad en la conceptualización de la niñez, optó por investigar el tema históricamente. Al buscar en la bibliografía se dio cuenta de que el concepto de infancia no estaba bien construido desde la antigüedad, lo que explica que, por ejemplo, Puyi -el último emperador chino- fuera proclamado como tal a los dos años de edad. Sin embargo, el pediatra encontró que la literatura no abarca este tema con la suficiente profundidad y, de hecho, son muy pocos los autores que hablan de manera conceptual del tema.

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‘Baco’, de Pieter Paul Rubens (hacia 1640). /Pinterest


Una percepción de los niños no muy acertada

Cuando Lago inició su búsqueda en el arte, se dio cuenta de que en la Grecia antigua se les daba mayor importancia a los amigos por encima de la familia, lo cual daba la posibilidad de que se dieran amistades entre los adultos y los adolescentes, muchas veces retratadas en pinturas de bacanales. “En el arte de Grecia y Roma se aprecia la desnudez de los niños como un signo de pureza”, comenta.

Posteriormente, durante un largo periodo, se percibe la ausencia de niños en el arte y vuelven a aparecer con la representación de tres personajes clave. La primera es en la Edad Media en la representación de la Virgen María con el niño Jesús; en esta primera imagen, Lago resalta que los niños “tienen corporalidad de adultos, es decir, son adultos miniatura y adicionalmente se muestran inexpresivos”. Posteriormente se representa a María siendo niña y, en varias pinturas, siendo educada en la lectura de los evangelios; al igual que en la primer imagen, la representación es de una mujer en miniatura. La tercera es la representación de San Juan Bautista jugando con Jesús.

Santa Ana y la Virgen niña, de castillo (siglo XVII). /Pinterest
‘Santa Ana y la Virgen niña’, de Castillo (siglo XVII). /Pinterest


Los niños protagonizando pinturas

'Niña pelando papas', de Albert Anker (1886). /Wikimedia
‘Niña pelando papas’, de Albert Anker (1886). /Wikimedia

En el Renacimiento empieza a quedar en un segundo plano la importancia de representar lo divino y se le da mayor foco a retratar a las personas. El condado de Holanda (actualmente Holanda) y España fueron los primeros en representar en la pintura a los niños con su corporalidad, la imagen retratada se acerca mucho más a la real. Posteriormente se empiezan a hacer mucho más notables pinturas de niños y niñas. Pintores como Bartolomé Esteban Murillo y Francisco de Goya retratan paisajes con niños y familias; a su vez, se hacen notables sus roles en las pinturas, como en el caso de las realizadas por Pieter Brueghel el Viejo en 1560 con más de 230 niños en escena jugando.

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‘Niño durmiendo en el heno’, de Albert Anker (1897). /Kunstkopie

“Los niños son representados en el medio externo acompañados de medios de transporte como caballos y vehículos, mientras que las niñas son retratadas en roles maternos u hogareños, acompañadas de muñecas”, comenta Lago. Estos elementos característicos van definiendo poco a poco ciertos roles sociales que se empiezan a atribuir según el género: por ejemplo, al retratar las actividades de la infancia, se muestra a las niñas al interior del hogar dedicadas al aseo, la cocción de alimentos, el cuidado de la casa y de otros niños, a aprender de la mano de otra mujer cómo leer, bailar y tocar instrumentos musicales o a acicalarse. Muy pocas veces se retratan niñas en el exterior de su hogar y, cuando sucede, no están solas sino en compañía de adultos realizando actividades como recogiendo flores o leña, mercando o lavando la ropa, mientras que, en el caso de los niños, se retratan generalmente fuera del hogar jugando en la calle, hablando con sus amigos o, simplemente, descansando.

Al retratar el contexto escolar de los niños, en primera estancia, se hacen visibles escuelas masculinas y, a medida que pasa el tiempo, las niñas van apareciendo de manera marginal, sentadas en la parte de atrás del salón de clases o en bancas laterales. “Es hasta el siglo XIX que aparecen retratos de escuelas femeninas y mujeres enseñando en el aula; sin embargo, la representación de los profesores hombres es mucho más rígida y estricta en comparación de la representación de profesoras, en donde se ve perdido ese rigor”, explica el doctor Lago.

'Escuela de pueblo', de Morgan Weistling (1857). /Pinterest
‘Escuela de pueblo’, de Morgan Weistling (1857). /Pinterest


La infancia como un tema importante

Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia
Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia

El arte pasó por distintas corrientes, como el Romanticismo y el Impresionismo, hasta surgir el abstracto. Al aparecer la fotografía, se retoma el registro de lo que está sucediendo socialmente con la infancia para capturar fielmente el contexto, y solo a partir del siglo XIX surge una oleada de sucesos que marcan la historia de la infancia. Lago resalta el ejemplo de Mary Ellen Wilson, la niña que protagonizó el primer rescate por una asociación protectora de animales (en la época no existía el concepto de maltrato infantil ni la sociedad se movilizaba a favor de los infantes) que sufrió por sus padres adoptivos. Con este tipo de historias se alzó la voz para hacer realidad la adopción de la Declaración de Ginebra por parte de la Sociedad de Naciones en 1924, donde por primera vez se reconoce el hecho de que los niños tienen derechos y los adultos una responsabilidad sobre esta población vulnerable.

“Todo lo que abarca el término de infancia es una construcción social con una trayectoria histórica”, concluye Lago. Aspectos como la nutrición, la higiene, la educación, la apariencia, la obediencia y la familia son parámetros que se fueron estableciendo a lo largo del tiempo como condiciones necesarias que debían tener los niños. “Pero, -dice- en el análisis situacional del proyecto de la Presidencia de la República surgió un punto de discordancia: los adolescentes”.

Ellos eran los tristes protagonistas de la violencia en Medellín, considerada a inicios de los años 90 como la ciudad más violenta del mundo por cuenta del narcoterrorismo y el sicariato. “En un mes se llegó a registrar que el 90% de homicidas y el 95% de víctimas eran menores de edad. Era casi lógico pensar en que no se podía tratar a los adolescentes como niños, por esto el Código de Infancia contempla un manejo jurídico diferente sin dejar de reconocer su condición de menor de edad. Por ello su articulado contempla conceptos como ´menor maduro´ o ´menor emancipado´, teniendo en cuenta aquellos menores en capacidad de hacer ciertas cosas que, de pronto, no todos los demás tenían la madurez de hacer. Al final, las dos variables trazadoras que pueden definir la infancia en Colombia son la reproducción de la niña y la posibilidad de fuerza laboral del niño”, reflexiona Lago.

Eso sí, resalta que, ante todo, deben ser protegidos por la ley ya que son personas en proceso de desarrollo, pero, al fin y al cabo, personas: “No podemos permitir que los niños solo tengan derechos y no deberes porque, en últimas, lo que se busca es formar personas autónomas. La autonomía conlleva responsabilidad, entonces se debe volver a los niños responsables”.

Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano
Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano
Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Imagen de mujer en la prensa caleña del siglo XX

Pasando una a una las páginas del periódico quincenal caleño El Correo del Valle, la socióloga Alexandra Martínez fue descubriendo lo que había detrás de cada uno de los retratos de damas de la élite caleña, casadas y solteras, publicados bajo el título Belleza colombiana.

Al analizar no solamente la serie fotográfica sino algunos de los textos publicados en el periódico, ella y sus colaboradores fueron evidenciando los posibles significados de las imágenes, el papel de la mujer de la primera década del siglo XX y el concepto de belleza que priorizaba sus cualidades morales, estéticas e intelectuales de sus personalidades. Luego la imagen física empieza a tener importancia.

En artículo publicado en la revista Maguaré de la Universidad Nacional de Colombia y titulado Retratos de mujer: imágenes en la prensa caleña a comienzos del siglo XX (1907 y 1908), la investigadora javeriana explica cómo la imagen de la belleza femenina representa a una ciudadanía con necesidades sociales, el auge de la industrialización y la modernización, y cómo se va fundiendo con la publicidad.

Fuente: El Correo del Valle.
/Fuente: El Correo del Valle.

“La intención era darle identidad a la región, aportar a la construcción de región que en ese entonces buscaba constituir a Cali como la ciudad capital”, explica Martínez, mostrando algunas de las imágenes en la pantalla de su computador.

Esta indagación forma parte de una base de datos más amplia, elaborada como parte de la investigación Imágenes e impresos. Los usos y la circulación de las imágenes en la construcción de ciudadanía y de la diferencia. Colombia, 1900-1930, realizada en nueve ciudades del país, que compiló más de 14.000 fotografías, grabados, fotograbados y dibujos publicitarios. El álbum Belleza colombiana publica 53 fotografías, de las cuales 39 son de mujeres de las familias acomodadas de la ciudad.

En el cambio de siglo (XIX a XX), las fotografías femeninas pasan de un ámbito local, íntimo, de los álbumes familiares, a un espacio regional que sugiere posicionar una identidad local en un entorno de progreso. El sentido social de lo femenino representa a la esposa y madre, bella en su interior, símbolo de una ciudadanía pujante.

Los retratos, dice el artículo, “demuestran una tensión visual entre las características que mantienen a la mujer en la austeridad, la espiritualidad, la ausencia de lo terrenal, provista de su belleza interior, vocacionalmente dada al servicio, y la nueva figura emergente de la mujer joven, como una figura pública femenina, burguesa, cuya belleza, protegida por el mundo masculino, garantiza su lugar socialmente reconocido, y el lujo proporciona marcas de prestigio familiar y económico. Este último aspecto delimita una frontera que diferencia el mundo femenino que hace a la mujer de la élite, visible en un mundo social, abierto al público y con condiciones claramente establecidas de inclusión”.

El retrato fotográfico expresa tres aspectos significativos de interés para pensar los retratos de las mujeres de la élite caleña, de acuerdo con Martínez:

  1. Las relaciones domésticas y cotidianas como una forma de fortalecer los lazos emocionales, en especial los familiares, donde se destaca el lugar de la tradición, el apellido heredado y el reconocimiento social.
  2. La profesionalización, que se fue definiendo con el dominio de la técnica fotográfica y, con ello, la firma del fotógrafo comienza a constituirse en garante de la calidad del retrato.
  3. El álbum que aparece como lugar en el que se representa esta doble exhibición: la intimidad de la vida privada, un poco amenazada por su exposición al público.

El tema de la inclusión femenina está presente desde la inauguración de El Correo del Valle, cuya publicación incluía poesía, cuentos cortos, breves ensayos, crónicas, noticias locales, crítica literaria, biografías de hombres notables, consejos para las mujeres, informes de interés municipal y departamental, concursos y publicidad. Además, la imagen fotográfica y grabada constituyó un aspecto interesante para el periódico.

Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: 'El Correo del Valle', 2 de julio de 1907.
Señora Susana Palau de Velásquez. / Fuente: ‘El Correo del Valle’, 2 de julio de 1907.

Las imágenes publicadas de mujeres representan una serie de valores de la mujer perteneciente a una élite social. Susana Palau de Velásquez, cuyo retrato fue publicado el 2 de julio de 1907, pertenecía a una familia que hizo parte de la clase industrial y política de Cali. “El retrato de esta mujer la presenta reclinada en el espaldar de una silla, en un plano entero, posando de perfil. Por la proporción de su cuerpo parece de rodillas, y la silla aparece sobre una línea de horizonte más elevada. Lleva un vestido dividido en dos partes, la superior es un corpiño que cierra en un cuello alto con encaje, de mangas largas, y la inferior es una falda con enagua al estilo de la moda burguesa del siglo XIX. El marco es rectangular, ornamentado a cada lado. La imagen va acompañada, en la parte inferior, por el poema Pétalos de Ezequiel Gamboa (seudónimo Mario del Mar), quien fue alcalde municipal del Distrito de Cali en 1907; además de la referencia a las flores en el título del breve poema, la referencia a la blancura tanto en la imagen saturada por el velo de su vestido blanco (¿de novia?) que se proyecta por todo el espacio como en las líneas del poema, “De todo lo blanco, de todo lo tenue, de todo lo suave / En vuestra belleza, señora, palpita un resumen […]”.

La escuela, el hogar y la prensa configuran el lugar social de la mujer como educadora moral y cuidadora. “La belleza de la mujer que aparece en los retratos indica la presencia de la familia como elemento central que permite la visibilidad de lo femenino en el mundo de las imágenes, y lo ensancha a una serie de virtudes que deben cultivarse en las mujeres jóvenes que serán preparadas para el matrimonio”.

Las fotografías, en blanco y negro, aparecen en la portada y en las páginas interiores del periódico, generalmente acompañadas de un verso o poema corto.

Señorita Leonor López. /Fuente: 'El Correo del Valle', 30 de mayo de 1907.
Señorita Leonor López. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 30 de mayo de 1907.

El retrato de la señorita Leonor López, del 30 de mayo de 1907, muestra una imagen austera en su composición, de una mujer que posa de pie en un plano americano, el cabello recogido por una cinta que se anuda en la parte posterior de su cuello, luciendo un vestido de media manga que deja al descubierto uno de los brazos. La expresión de su rostro y su mirada son de apariencia relajada, pero la imagen en general tiene una expresión menos pasiva que las del siglo anterior. El marco de la foto es rectangular y está adornado a ambos lados con diseños heráldicos que se proyectan hacia arriba, terminando en flor de lis. La imagen va acompañada con un verso anónimo titulado Ofrenda: “Ornada con las galas de noble gentileza / Te aprestas a la vida. Tus ojos, la alegría / Serán de muchas almas. (Tú ignoras todavía / Que hay almas ¡pobres almas! Enfermas de tristeza)”.

Señorita Mercedes Navia. /Fuente: 'El Correo del Valle', 20 de junio de 1907.
Señorita Mercedes Navia. /Fuente: ‘El Correo del Valle’, 20 de junio de 1907.

El retrato de la señorita Mercedes Navia muestra a una mujer joven de pie al lado de un arreglo floral. El vestido le cubre completamente los brazos y el cuello; lleva el cabello recogido y dirige su mirada a la cámara directamente, aunque en una expresión reposada. El óvalo dentro del marco rectangular ya es usual en el siglo XIX. La mujer tiene un aspecto sutil, provocado por un mayor movimiento en la posición de los brazos y las manos, la coquetería inocente en el gesto del cuerpo, la mirada enigmática hacia la cámara y las orquídeas. Una pose que sugiere una composición intencional –probablemente del fotógrafo– evoca la imagen de la belleza como ausencia. En los cuadros literarios que aparecen en el periódico podríamos usar las palabras de Alberto Carvajal en su composición sobre las muchachas del Valle del Cauca: “¿En qué pensará esa muchacha? –me he preguntado muchas veces mientras seguía mi camino silencioso pensando en la vida” (pp. 3624).

El 11 de junio de 1908 se publican los resultados del Concurso de bellezas, realizado un año y medio después de la publicación de los retratos de bellezas colombianas. El jurado seleccionó a cinco señoritas. “Reconocidas como dotadas de gracia y distinción, fueron publicados los resultados en una página completa del periódico”.

Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: 'El Correo del Valle', octubre de 1907 y diciembre de 1908.
Las señoritas Emma Giraldo (izq.) y Leonor Navia (der.). /Fuente: ‘El Correo del Valle’, octubre de 1907 y diciembre de 1908.

Emma Giraldo, hija de Julio Giraldo, cofundador del Banco Giraldo & Cía., y Leonor Navia fueron unas de las ganadoras. La primera aparece en la imagen fotográfica con un movimiento de los brazos que expresa cierta sensualidad y gracia. La imagen está representada en un espacio íntimo, donde la presencia de la silla le da un ambiente familiar, tal vez destinado a la alimentación. Vestida de blanco y adornada con pulseras y un anillo en su mano izquierda, significaría un compromiso matrimonial. Es una imagen urbana y burguesa de una futura ama de casa.

En la imagen de Leonor Navia su nombre aparece escrito en el centro y en tamaño mayor que el nombre del resto de las cinco ganadoras. Se diferencia por el efecto que causa la técnica fotográfica de oscurecer el fondo. Es una imagen que flota en el espacio, más cercana a la representación de la ausencia, tanto por su mirada como porque no se ubica en un lugar determinado. Esta ausencia, tal vez dolorosa y, por ello, sublime, se ve neutralizada por la opulencia de las joyas, la belleza y el prestigio que ellas exhiben; es también una novedad que contrasta con la austeridad decimonónica.

Martínez concluye que las imágenes de mujer publicadas en la prensa implica que “la ciudadanía ya no es entendida simplemente como ciudadanía política y como forma de participación política, sino que se convierte en un plural: en ciudadanías, y en distintas formas de ciudadanías. Las mujeres, de alguna manera, asumen un rol activo en la medida que permiten ser fotografiadas y aparecen en un escenario, tienen un nombre”.

Indígenas y misioneros en las imágenes de principios del siglo XX

Indígenas y misioneros en las imágenes de principios del siglo XX

Desde 1911, los informes de las misiones de comunidades religiosas en el territorio nacional incluyen imágenes, principalmente fotografías, que publican para dar cuenta de su labor como redentores, pues su objetivo era “civilizar a aquellos que consideraban salvajes para convertirlos en hijos de Dios y de la patria”. Las fotografías pretendían demostrar que estaban allí presentes, eran benefactores de los indígenas y “se sometían a todo tipo de sacrificios para redimir a los pobrecitos y desgraciados indios”.

Estas frases que surgieron de la lectura principalmente de los informes de misiones no solo en Colombia sino en otros países de América Latina sorprendieron a la historiadora Amada Carolina Pérez Benavides, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, porque lo que más le generaron fue preguntas. Como ratón de biblioteca y dado el interés por entender las relaciones que se vivían entre misioneros e indígenas, se dedicó a leer cuanto documento llegaba a sus manos que le diera pistas para comprender lo que allí sucedió en los primeros 30 años del siglo XX.

Se concentró en las imágenes en periódicos, revistas, informes de misión, libros, postales, recorrió nueve ciudades y actualmente, junto con la investigadora Alexandra Martínez, tienen más de 14.000. “Lo que nos interesaba era analizar la manera como se producían las imágenes, cómo circulaban y cómo se usaban, pues a partir de ellas se construyeron los imaginarios de ciudadanía y de diferencia”, le dice a Pesquisa Javeriana.

Postal Ensayos de agricultura en Sibundoy, Misiones de padres capuchinos (Colombia). /Fuente: Archivo Diócesis Mocoa-Sibundoy.
Postal Ensayos de agricultura en Sibundoy, Misiones de padres capuchinos (Colombia). /Fuente: Archivo Diócesis Mocoa-Sibundoy.

Esta postal exhibe lo que se ha denominado performance civilizatorio. En ellas se presenta a los frailes dirigiendo a los indígenas en labores relacionadas con el progreso y la civilización: la agricultura.

Las misiones recibían recursos del Estado para la educación de las poblaciones marginadas y el desarrollo del territorio, y de la Iglesia para evangelizar a las comunidades apartadas. Los misioneros, por tanto, debían rendirle cuentas al Presidente de la República y al Nuncio Apostólico, por lo que las misiones se convertían en un establecimiento entre privado y público. El uso de fotografías era una manera de demostrar lo que plasmaban en los textos.

Pérez se concentró en las imágenes de indígenas, que buscó en archivos de Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Medellín, Pasto-Sibundoy, Popayán, Quibdó y Santa Marta. En ellas “entra en juego una serie de negociaciones para definir qué es la ciudadanía pero también cómo los indígenas van señalando sus propias rutas de construir su presente y su futuro, porque, efectivamente, las misiones se imponen como una manera de construir la civilización pero los indígenas no son pasivos frente a ellas. Hay muchas formas de resistencia que se configuran y en las imágenes podemos ver esas tensiones de diferente forma”, explica.

Durante las primeras décadas del siglo XX se consideraba que la fotografía mostraba la realidad y se usó como registro incontrovertible del progreso. Pero como las imágenes no son neutras, el análisis buscó responder varias preguntas: quién las produce, para qué, cuáles son las características de los formatos y a qué público están dirigidas. “No las entendemos como reflejo sino como representación y ese es uno de los temas centrales de la investigación; es decir, constituyen una manera de ver el mundo pero, de alguna manera, también constituyen el mundo”.

Pérez se detiene en la imagen de las niñas vestidas con la ropa que les regaló el Ropero de Lourdes de Bogotá. “En la fotografía vemos a las niñas vestidas con esta ropa”, dice la investigadora; “sin embargo, vemos que no están cómodas. En la imagen hay una tensión muy fuerte porque están mirando hacia abajo, hacia el lado o tapándose la cara. El fotógrafo no logra configurar la escena por más que quiera hacerlo”, continúa.

Las niñas en la escuela de Santiago, vestidas con la ropa que donó el Ropero de Lourdes de Bogotá, por conducto de la Junta Arquidiocesana Nacional de las Misiones en Colombia. /Fuente: Las misiones en Colombia. Obra de los misioneros capuchinos en el Caquetá y Putumayo, 1912.
Las niñas en la escuela de Santiago, vestidas con la ropa que donó el Ropero de Lourdes de Bogotá, por conducto de la Junta Arquidiocesana Nacional de las Misiones en Colombia. /Fuente: Las misiones en Colombia. Obra de los misioneros capuchinos en el Caquetá y Putumayo, 1912.

Al leer los textos que acompañan las fotografías se confirma la interpretación de la imagen por parte de la investigadora, porque los misioneros mencionan que las niñas regalaban la ropa o la botaban en los ríos. Claro, era algo impuesto, atuendo muy diferente al que acostumbraban en sus comunidades.

Las imágenes eran tomadas por los misioneros, con sus pesadas cámaras, y ellos mismos seleccionaban las que saldrían publicadas en los diferentes formatos, que podían ser sus informes pero también en periódicos y revistas, o en postales que ponían a circular retratando prácticas específicas como la agricultura, la enseñanza de carpintería, la participación en fiestas cívicas y religiosas, etc. Era su manera de publicitar su labor para que los feligreses hicieran donaciones y legitimar su pertinencia frente a la Iglesia y el Estado. “Las publicaciones se convertían en un espacio de exhibición narrativa y visual de unos pobladores considerados otros para la sociedad mayoritaria”, de acuerdo con el artículo Fotografía y misiones: los informes de misión como ‘performance’ civilizatorio, publicado en la revista Maguaré, de la Universidad Nacional de Colombia. Los informes estaban dirigidos a sus patrocinadores –en Colombia, en otros países de América Latina y en Europa–, los libros, a un público más amplio, y las revistas se repartían en parroquias y escuelas.

Uno de estos textos, publicado en 1911, hablaba de los beneficios de la educación impartida por los misioneros: “Niños que hace poco no se distinguían exteriormente de las bestias, y que tenían aversión innata a los blancos, viven ahora gozosos en el pueblo, juegan y se divierten con sus compañeros y van dejando insensiblemente sus instintos salvajes. En sus corazones, que parecían insensibles a todo sentimiento delicado, se despiertan ya nobles aspiraciones. Por medio del canto suavizamos sus costumbres, y con la agricultura procuramos crearles afición a la propiedad”.

“No es simplemente una imagen objetiva sino que viene cargada con toda la subjetividad del misionero, pero también con toda la subjetividad de la mirada de Occidente, de la manera de producir verdad y generar una sensación en quienes ven esas imágenes que les permita luego aportar, a través de la caridad, a las misiones”.
Amada Carolina Pérez.

Pero los indígenas demostraban su inconformismo ante una situación que restringía su posibilidad de autodeterminación y su libertad, y en ese análisis ‘de filigrana’, como lo describe Pérez, es donde se concentra su investigación: “En esas tensiones es en lo que trabajamos, en qué es lo se muestra y lo que no se está mostrando”.

Aún queda por estudiar la apropiación de las imágenes por parte de diferentes públicos. “Podemos tener algunas pistas sobre cómo las usaban o si estaban en un contexto y luego las pasaban a otro, por ejemplo, de una revista a una postal”. Pero ¿cómo las interpretaron los diferentes públicos? Todavía no hay respuesta precisa a este interrogante. Será motivo de la segunda fase de la investigación.

Postal Indígenas mocoanos, Misiones de padres capuchinos, Caquetá (Colombia). /Fuente: Archivo Diócesis Mocoa-Sibundoy.
Postal Indígenas mocoanos, Misiones de padres capuchinos, Caquetá (Colombia). /Fuente: Archivo Diócesis Mocoa-Sibundoy.

En esta postal un hombre y tres mujeres posan con sus vestidos tradicionales para la foto, con la vegetación de fondo; dos de las mujeres miran hacia el piso mientras que la tercera mira a la cámara con una actitud corporal de retraimiento; el hombre mira de frente, con los brazos cruzados y una actitud corporal altiva. Parece que todos están incómodos con la fotografía que los exhibe con una viñeta en la que se ubica su tipo social y se lo enmarca en las misiones capuchinas colombianas.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Imágenes e impresos. Los usos y circulación de las imágenes en la construcción de la ciudadanía y la diferencia. Colombia, 1900-1930
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Amada Carolina Pérez Benavides
COINVESTIGADORA: Alexandra Martínez
Facultad de Ciencias Sociales
Departamento de Historia
Grupo de Prácticas Culturales, Imaginarios y Representaciones
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2016