UNIVERSITAS  PHILOSOPHICA, Año 15 - número 31 - diciembre 1998,
Santafé de Bogotá - Colombia
RESUMEN

Es necesario filosofar: el 'Protréptico' de Aristóteles

FABIO RAMÍREZ S.J


 Lo que pretendo en esta conferencia o lección es hacer una introducción a un texto muy leído en la antigüedad, conservado hoy en forma sólo fragmentaria, sobre el que hay poca literatura accesible, y que es muy útil para la comprensión del pensamiento de Aristóteles, especialmente de su ética.
 
Haré la presentación histórica del escrito y una síntesis de su contenido, y examinaré si es un manifiesto platónico o un anticipo del aristotelismo.
 En cuanto el tiempo me lo permita, referiré la historia de la conservación, la pérdida y la recuperación del texto, y me fijaré en algunos aspectos particulares.

Aristóteles en Atenas

 El año 367 (a. C) llegó a Atenas, para estudiar en la escuela fundada hacía unos 20 años por Platón en los jardines del Gimnasio de la Academia, un joven de 17 años del norte de Grecia. Era hijo de un médico, ya fallecido, de la corte real de Macedonia. Platón tenía entonces 60 años, y estaba comprometido en intentos de hacer efectivas sus ideas políticas en Siracusa, una ciudad griega de Sicilia. Pronto fracasaría y volvería al trabajo "académico en la Academia".

 Aristóteles permaneció en Atenas 20 años, en la Academia, hasta la muerte de Platón en 347. Como meteco (griego de otra ciudad) no podía intervenir en política, pero era un prestigioso y envidiado profesor y escritor, y hacía parte de la élite intelectual y social de Atenas. Platón le pondrá los sobrenombres de "nous", inteligencia, (tal vez recordando unos versos del poeta Epicarmo: "la inteligencia ve, la inteligencia oye; los demás son sordos y ciegos") y de "ho anagnostes", el lector. Con él se pasa del uso de oir leer, a la lectura y los apuntes personales (de la lectura en voz alta a la lectura privada). Para Aristóteles Platón será siempre, a pesar de las diferencias teóricas, el "amigo". Cuando regrese a Atenas, años después, erigirá en su recuerdo un altar a la amistad.

Isócrates

 Cuando llevaba apenas cinco años en la Academia, hacia el año 362, se enfrenta en una discusión pública con algunos discípulos de uno de los grandes personajes de Atenas, Isócrates. Isócrates pertenecía a la oligarquía ateniense. Fue un "makrobios", un longevo de gran vitalidad, que todavía escribía discursos a los 97 años. Era ocho años mayor que Platón, y murió de 98 años, en 338. Su escuela de retórica (él la llamaba de filosofía) era rival de la Academia de Platón, y se fundaba en principios educativos contrarios: la valoración y aceptación de la opinión recibida, la desconfianza en los saberes teóricos (desde las matemáticas hasta la "dialéctica", en el sentido platónico), el entrenamiento en elegancia del estilo y de la dicción, y no menos importante, la promesa de pocos requisitos de admisión y una capacitación rápida de los estudiantes.

 En la Academia, en cambio, la base de la enseñanza eran las matemáticas y la culminación, la dialéctica; se creía en la necesidad de una fuerte fundamentación teórica, se consideraba la opinión como una forma inferior de conocimiento, y los estudios eran largos y exigentes.

 Hacia el año 352, Aristóteles, de 32 años, e Isócrates, de 84, se enfrentan de nuevo: en su Antídosis éste defiende su educación (la llama paideia y filosofía), frente a las pretensiones para él elitistas y teóricas de la Academia. Aristóteles publica, dirigida a un hoy desconocido Temisio, autócrata o tirano de una ciudad de Chipre, una invitación a la Filosofía, su Protréptico.

 Un Protréptico era, estricta y originariamente, un discurso de propaganda académica, lo equivalente a la publicidad que hoy hacen las universidades e institutos. Con el Protréptico de Aristóteles la palabra pasa a significar una exhortación más general a dedicarse a una actividad del espíritu: así habrá otros "protrépticos" a la Filosofía como el de Epicuro, el de Jámblico o el Hortensio de Cicerón, el Protréptico a la Medicina de Galeno o el Protréptico a los Paganos de Clemente de Alejandría (invitación a la fe cristiana).

 El Protréptico de Aristóteles fue muy leído en la antigüedad, más que muchas de las obras que hoy conocemos de Aristóteles. Fue también imitado y aún copiado por otros. A través del Hortensio de Cicerón influye decisivamente en San Agustín. Sin embargo, desapareció, como muchas otras obras antiguas, hacia el siglo V. Desde entonces y hasta 1869 sólo se conocían de él dos citas, hechas por Alejandro de Afrodisia y Estobeo. Pero de esa fecha hasta hoy se ha ido reconstruyendo hasta permitirnos tener en este momento un texto bastante verosímil, de unas 20 a 25 páginas. Sin embargo, el orden, la articulación y la extensión de los párrafos conservados o reconstruidos no son muy seguros.

Resumen del Protréptico

 En la introducción, Aristóteles invita a Temisio a dedicarse a la filosofía, pues su posición económica y social se lo permiten. Le advierte sin embargo que la riqueza sin la sabiduría no es sólo inútil sino perjudicial.

 En el resto del escrito se argumenta de diversos modos para mostrar que hay que filosofar o, lo que para él es lo mismo, que lo más estimable de las actividades del hombre es la phronesis entendida como saber teórico puro (sabiduría), y en cuanto sea posible, como saber teórico de los principios.

1. Un famoso argumento, muy conocido (y discutido) en la antigüedad:

O hay que filosofar
o no hay que filosofar.
Si hay que filosofar, hay que filosofar.
Si no, hay que filosofar (para demostrarlo)
2. La mayor parte de la argumentación se fundamenta en la concepción finalística de la naturaleza: el hombre es lo más excelente de la naturaleza, la actividad más excelente del ser humano es conocer, y el conocer teórico que se ejercita por causa de sí mismo, y sobre todo el más cognoscible por sí y el mejor, es el conocimiento de los principios. Esta actividad teórica es el constitutivo esencial de la eudaimonía (felicidad).
 En esta argumentación, que ocupa la mayor parte de los textos conservados, se exponen en forma absolutamente clara tesis típicas de las obras maduras de Aristóteles.
Todo lo que obra, obra por un fin.
El bien es el fin de la actividad, no una idea platónica.
Lo que se produce naturalmente es bueno, y lo mejor.
La producción humana es complemento e imitación de la naturaleza.
El conocimiento teórico es más estimable que el productivo y que el práctico; es praxis pura, que vale por sí misma.
El conocimiento más valioso es el de los principios.
La actividad propia de un ser es de por sí placentera.
3. Pero algunos de los argumentos corresponden a formas de pensar típicas del Platonismo, rechazadas o silenciadas en las obras maduras de Aristóteles. Este tipo de argumento se introduce como una concesión a opiniones ajenas y se subordina a la argumentación general.
Son principalmente dos:
-El saber teórico gobierna los otros saberes, y la vida. Es el sabio quien debe gobernar.
-El saber teórico es útil para el saber productivo, pues permite que la producción (el arte) sea imitación de la naturaleza. Nótese que no se trata de contemplación de las ideas, sino de la naturaleza.

¿Es Platónico o Aristotélico el Protréptico?

 Puede decirse, que el Protréptico está dominado por dos tesis centrales y originales del Aristotelismo:

 El finalismo naturalista y el saber teórico como forma superior de la actividad humana, elemento esencial de la eudaimonía, a la cual se subordinan las demás actividades.
 Pero también hay posiciones típicas aristotélicas que, dada la temática de la obra, deberían aparecer y no aparecen: el concepto de virtud y la distinción entre virtudes morales y virtudes intelectuales; y la distinción clara entre entendimiento teórico y entendimiento práctico. El que estas distinciones no estén hechas aún se manifiesta en la manera como se expresa el objetivo del Protréptico: mostrar que hay que filosofar, o dicho de otra manera, mostrar (por varios caminos) que la actividad más estimable, el fin último del hombre, es la sabiduría, entendida como saber teórico puro y principalmente como saber de los principios. Aristóteles llama a esta sabiduría "phronesis", que era el término usado por Platón (especialmente en la República) para la virtud propia de quien conoce verdaderamente las ideas. En la obra madura de Aristóteles la "phronesis" será la excelencia del saber práctico o ético, (la "prudentia" del aristotelismo latino), inferior (y en esto seguirá fiel a lo expresado en el Protréptico) a la excelencia del saber teórico, la "sophia" (la "sapientia" del aristotelismo latino).
 Phronesis en el Protréptico es normalmente intercambiable con otros términos nuevos usados (theoria, sophia, philosophia). El adjetivo correspondiente es "phronimos".
 Por supuesto el escrito es fiel a otras posiciones platónicas que Aristóteles siempre sostuvo. Quiero resaltar dos: la íntima unión entre excelencia ética y felicidad: sólo es feliz el hombre bueno; la exigencia del examen, del conocimiento, para vivir bien. La vida sin examen no vale la pena vivirse (B41).
 El epílogo del Protréptico suele presentarse, a partir del libro de Werner Jaeger sobre Aristóteles, como una muestra de platonismo radical, y si se quiere de "pesimismo místico dualista". Compara primero Aristóteles la relación cuerpo-alma con la tortura que se dice se infligía en Etruria: atar a un vivo con un muerto, cara a cara y miembro a miembro. Y luego se dice que, "o se debe filosofar o se debe partir de aquí, pues todo lo demás es tontería y vanidad". Se trata de un texto chocante pero breve, que a mi parecer debe entenderse, en el contexto, como una expresión de la vanidad de la vida sin examen, y de la superioridad del saber como liberador.

 Creo que el Protréptico es un anuncio del pensamiento más original de Aristóteles, y no es ya un escrito platónico. Como dice Ingemar Düring: "Cuando Aristóteles, aproximadamente hacia 352/1, publicó su exhortación a ocuparse de la filosofía, la gente de fuera de la Academia pudo haberlo considerado como portavoz de esa escuela. La finalidad de su escrito era, como lo expresa Platón, alabar la filosofía, y su ideal de un filósofo era el mismo que Platón había descrito en el Teeteto. Hemos visto cuántas ideas tomó de Platón, entretejiéndolas con su propia filosofía. Pero, vista como un todo, la filosofía en el Protréptico no es platónica, pues la base es muy diferente. Como en los escritos éticos y en la Física, también en el Protréptico encontramos una cercanía a Platón en algunos detalles, unida a una lejanía de él en lo fundamental. La originalidad en la filosofía no consiste solamente en anunciar nuevos puntos de vista que llamen la atención; reside también, en la síntesis vigorosa, en la audaz combinación e integración de las ideas en orden a un todo nuevo" (Düring 1990, 669).

Las vicisitudes del texto del Protréptico

 El Protréptico tuvo temporalmente como texto una gran fortuna: fue una obra conocida, criticada, y aun plagiada. Aristóteles no publicó sino una parte de sus obras (probablemente las destinadas a eso, al gran público). La otra, la que él escribió para sus cursos o para su uso personal, la fue corrigiendo y completando, como hacemos los profesores con nuestros apuntes. Las obras publicadas tuvieron el destino de lo que se publica, sobre todo si es en la juventud de un filósofo o un de científico: tarde o temprano para los especialistas no tuvieron el valor de texto filosófico sino de documento histórico.

 Tal vez por eso, cuando la literatura griega fue pasando del rollo de papiro a los libros en pergamino, el Protréptico fue poco copiado y desapareció. Le pasó lo mismo también al Hortensio de Cicerón, que reproducía muchos elementos del Protréptico.

 Como dije antes, hasta 1869 se sabía que había existido esa obra y se conservaban dos citas: la dedicatoria a Temisio y unas siete versiones del argumento aquel: o hay que filosofar o no hay que filosofar.

 En 1869 I. Bywater hizo caer en la cuenta de que en el Protréptico de Jámblico (un filósofo neoplatónico de los siglos III-IV) había largos párrafos que por su contenido, estilo y vocabulario tenía que ser de Aristóteles, y claramente del Protréptico de Aristóteles.

 Desde entonces y hasta ahora se han completado otras referencias y citas. Para algunos, como Ingemar Düring, hoy podemos reconstruir verosímilmente casi toda la obra. Otros creen que, sin poder reconstruirla, tenemos buena parte del texto. Otros, en fin, creen que tenemos propiamente los dos textos que se conocían desde antes, y una cantidad de material (topoi protreptikoi, lugares protrépticos) seguramente de Aristóteles, provenientes de la copia servil hecha por Jámblico.

Conclusión

 Yo pienso que el texto que conservamos, aprovechando el intento verosímil de reconstrucción por Düring (utilizado por ejemplo en la edición inglesa de las Obras de Aristóteles, de Jonathan Barnes), es muy útil para la comprensión del pensamiento de Aristóteles, especialmente de la ética. Falta, eso sí, en español una traducción correcta y directa del griego. A la que se encuentra en la edición española del libro de Düring le falta fluidez, y la versión de los términos técnicos no es feliz ni coherente.
 

Bibliografía

Obras de Aristóteles:

Aristotelis Fragmenta Selecta, edición de W. D Ross, Oxford, 1955.

Aristotelis Opera, edición de I. Bekker, H. Bonitz y O. Gigon, 5 vols., Berlin, 1931-1987.

The Complete Works of Aristotle, edición de J. Barnes, 2 vol., Princeton, 1984.

The Works of Aristotle, vol. 12, edición de W. D. Ross, Oxford, 1952.

Otras obras:
Allan, D.J., "Critical and Explanatory Notes on some passages assigned to Aristotle's Protrepticus", en Phronesis No. 21, 1976, pp. 219-240.
Bignone, Ettoxe, L'Aristotele perduto e la formazione filosofica di Epicuro, 2 vols., 2a. ed., Florencia, 1973.

Düring, Ingmar, Aristótle's Protrepticus, Göteborg, 1961.

Düring, Ingmar, Aristóteles: exposición e interpretación de su pensamiento, México, 1990.

Guthrie, W. K. C., Historia de la Filosofía Griega, vol. 6, Madrid, 1993.

Isócrates,Discursos, 2 vols., ed. de Juan Manuel Guzmán, Gredos, Madrid, 1979.

Jaeger, Werner, Aristóteles: bases para la historia de su desarrollo intelectual, México, 1946.

Lesky, Albin, A history of Greek literature, Londres, 1966.


 

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