Entrevista con el profesor Francisco Sierra
Por: Mauricio Burbano Alarcón S.J.
Licenciatura en Filosofía
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá D.C.
 

Auditorio Marino Troncoso S. J. Jueves 19 de abril. 6:30 p.m. Acabábamos de escuchar las ponencias del panel de cierre del XV Coloquio Interno de Estudiantes: El papel de la filosofía en el proceso de paz. Se abrió el espacio para preguntas y éstas no se hicieron esperar: una, dos preguntas. Cinco, diez minutos, el panel se alargó más de lo previsto. En el auditorio: ojos inquietos, piernas con ganas de salir, gargantas que esperaban refrescarse en el coctel de clausura. Con todo, en un acto de atrevimiento, levanté la mano para preguntar, pero el moderador sentenció: ¡No más preguntas! Los interrogantes, sin embargo, no se callaron.

Fue así como, acudiendo a la generosa invitación de participar en CuadrantePhi, decidí hacer una entrevista a nuestro estimado profesor Francisco Sierra, mejor conocido en los corredores como simplemente “Pacho”, para que nos aclare algunos interrogantes que, estoy seguro, inquietaron a más de uno.

Mauricio Burbano: Su intervención se centró en cuatro llamados, uno de los cuales es “el llamado a filosofar en nuestra circunstancia de una manera más creativa y prospectiva”. Es decir, asume que la filosofía tiene “algo que ver” con el proceso de paz; sin embargo Manuel Salamanca, profesor de Ciencias Políticas, acudiendo a la teoría de “resolución de conflictos” daba a entender que cuando la violencia o la guerra imperan, se necesita de acciones y respuestas rápidas; por lo que la filosofía como tal no tendría cabida “en el proceso”, sino más bien –si algún espacio tiene– después del proceso. ¿Qué opina al respecto?

Francisco Sierra: No puede pensarse un país, una sociedad, una cultura sin filosofía. La filosofía tiene que ver con el proceso de paz. Se pueden examinar los discursos que justifican el proceso de paz como tal y también las acciones llevadas a cabo por el gobierno. Nosotros debemos aclarar conceptos y evaluar la racionalidad que pueda tener el proceso de paz como tal.

En mi exposición hice una observación que tomaba de un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional en el sentido de que el proceso de paz se hallaba empantanado, sin ninguna producción en este momento y que se lo estaba empleando más bien como una bandera política e ideológica, extendiéndose hasta que este mandato termine el próximo año; y a expensas de esa conversación que se sostiene con los grupos armados. Lo que se ha llamado “encuentros”, “diálogo” y “mesas de negociación”, no se ha hecho con la participación de los distintos sectores de la sociedad. Esto no se puede confundir con el desfilar uno a uno en la mesa de negociación del Caguán, donde los actores armados asisten –con uniforme y armas– a escuchar intervenciones de cinco minutos en las que no hay posibilidad de argumentar, discutir, ni posibilidad de analizar más a fondo las propuestas. Creo que en la gran discusión nacional que hay que hacer detrás de esto deben intervenir la Universidad, la academia y la filosofía en especial.

El proceso de paz hay que ampliarlo, no es un asunto que convenga exclusivamente a un único negociador. Yo creo que hay que ampliar la base de la discusión. A nosotros no nos corresponde negociar en última instancia: la filosofía puede iluminar el proceso y profundizar en los temas porque está en el fondo la necesidad de reconstruir, de reinventar esta nación. No se trata de hacer concesiones para cada grupo, lo cual sería trabajar de una forma inmediatista. Evidentemente hay que comenzar por una exigencia de un cese al fuego, y en este sentido probablemente tiene razón el Profesor Manuel Salamanca; sin embargo considero que la filosofía debe acompañar todo el proceso y no puede caer en inmediatismos. Las acciones inmediatas podrían ser: abrir los diálogos, las discusiones, motivar a que el Estado se comprometa a realizar otro tipo de reflexiones que tienen que ver con la estructura del país.

Tampoco estoy de acuerdo con que la filosofía entre a participar después del proceso. Nuestro acompañamiento debe ser crítico, interpretativo, debe permitir que no se caiga en un inmediatismo ni en un practicismo. Considero que lo principal es el llamado a la discusión y la reflexión.

Mauricio Burbano: Ahora bien, si leemos los periódicos o miramos la televisión; pareciera que quienes llevan el proceso de paz son políticos, politólogos, y algunos sociólogos; pero no aparece –que yo sepa– ningún filósofo. ¿No será que el filósofo mismo vislumbra que nada tiene que hacer ahí de tal manera que simplemente no participa?

 

 

Francisco Sierra: La participación del filósofo se ha hecho en distintos niveles; en algunos congresos nacionales de filosofía se ha tocado la temática sin que sea el tema central del congreso. También en la Javeriana el año pasado hubo una reflexión sobre la guerra, y el año antepasado una reflexión sobre la violencia en Colombia. Así mismo en reuniones de profesores hemos podido debatir nuestra posición frente al conflicto. Algunos profesores hemos ofrecido cátedras o seminarios que abordan estas problemáticas; pero, ciertamente, nuestra acción no se ha dirigido a un público más amplio ni se ha hecho más visible en el ámbito de la sociedad. Me parece que esto es una gran deficiencia, puesto que mientras otras ciencias sociales están participando con sus investigadores, nosotros no tenemos esa visibilidad pública. Pero dicha visibilidad no es meramente publicitaria, sino más bien se la debe hacer a través de artículos o debates públicos, en los que logremos elevar la discusión y los acercamientos entre las distintas fuerzas, se puedan dar a un nivel de mayor profundidad.

Lo que está en nuestras manos es el futuro de nuestra nación, la vida de nuestros hijos. Frente a nosotros no se encuentra simplemente un conjunto de temas económicos, sociales, políticos, sino también problemas de carácter antropológico, ético, problemas de filosofía política, de filosofía del derecho que tenemos que saber enunciar en sus términos precisos. La filosofía debe ir temantizando estas discusiones, elevarlas del nivel inmediatista de negociación con temas de discusión como el empleo, la seguridad social, la educación, la participación en las elecciones, la conciencia y la cultura política que tenemos que formar. En definitiva, al diálogo hay que darle la altura de las preocupaciones profundamente humanas, y allí tiene cabida la contribución del filósofo.

Mauricio Burbano: En su ponencia ve la “necesidad de oxigenar la reflexión filosófica en los distintos programas de la Facultad de Filosofía” logrando así “abrir la filosofía a su interrelación con otro tipo de situaciones, problemas, disciplinas y discursos”. ¿Cómo se concretaría esta propuesta?

Francisco Sierra: Nuestro currículo del pregrado ha cumplido con los objetivos que se propuso ya hace algunas décadas. Es la hora de introducir una reforma a ese plan curricular.

Considero que la reforma no es tan estructural. Estoy de acuerdo en que haya un ciclo básico fundamental y un ciclo más abierto a partir de quinto semestre, pero considero que en las materias del ciclo básico debemos introducir como cátedras obligatorias, y no meramente electivas, los cursos de Filosofía Política, Filosofía del Lenguaje y Filosofía de la Ciencia –que implica también ciencias sociales y humanas y no únicamente las ciencias empírico-analíticas–. Sin las bases que nos proporcionan estas materias no es posible intervenir en los procesos que nos exige nuestra realidad.

En el área más abierta de los seminarios considero que es conveniente no programar únicamente seminarios de autores, sino también programar seminarios sobre problemas. De esta manera podremos acercarnos a una temática desde distintos autores, interpretaciones y perspectivas de los estudiantes, así aprenderemos a plantear problemas que van más allá de una exégesis de un autor. Por ejemplo, como en el caso que estamos tratando, se podría realizar un seminario sobre la Problemática de la paz en Colombia. Además sugeriría que en esos seminarios hubiese la colaboración de algún profesor o profesores de otras disciplinas de tal manera que un taller con estas características fomente poco a poco en nosotros una nueva forma de filosofar.

Considero que nuestro pregrado necesita de otras actividades paralelas. Ya hemos hablado de los coloquios; de los “lunes de filosofía”, conferencias que dictamos en otros contextos, pero creo también que debemos tener cursos paralelos con una serie de actividades extracurriculares en las cuales se ventilen diversos temas y se logre participar en discusiones que se hacen en Ciencias Políticas o en Economía; un ejemplo de esto es la participación actual con algo en Bioética.

La participación en estas actividades se debe convertir en práctica académica tanto de profesores como de estudiantes, pero lamento que en los “lunes de filosofía” el mismo cuerpo de profesores no seamos lo suficientemente comprometidos con este proyecto, y no acompañemos a nuestros colegas en sus exposiciones. De igual manera, la presencia de los estudiantes no es numerosa. Con estas actitudes estamos perdiendo un espacio de discusión de problemas importantes y un espacio para crear comunidad filosófica sólida y confiable.

Francisco Sierra

 

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